martes, 4 de mayo de 2010

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

AÑO SACERDOTAL VIII

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
SUMO Y ETERNO SACERDOTE

El sacerdocio de Cristo

El Nuevo Testamento, específicamente la Carta a los Hebreo, afirma que sólo Jesucristo es el sumo sacerdote en un sentido diverso al sacerdocio del Antiguo Testamento: Él ha cumplido plenamente la antigua Alianza, pues su culto es auténtico al consistir en la oblación de su persona. Esa entrega oblativa, santifica a la Iglesia (Jn 17, 19s), que por esa consagración ofrece al Padre en el Espíritu el sacrificio espiritual (1Ped. 2, 5-9; Ap 1, 6; 5, 10; 20,6). Cristo Jesús, siervo obediente, que por su misterio pascual ha entrado en el cielo lo ha hecho como sumo sacerdote para siempre, no a la manera del sacerdote levítico de Aarón, sino de Melquisedec (Heb 4, 14; 5, 10; 6, 20). A partir de la Encarnación en María, el sacerdocio antiguo con su complejo sistema de sacrificios y holocaustos ha pasado. Al asumir el Verbo un cuerpo se ha convertido en sacerdote y víctima de manera perfecta (cf. Sal 39), lo que le constituye en Mediador de la Nueva Alianza (1Tim 2,5; Heb 8,6; 9,1-28) realizando la comunión entre Dios y los hombres (Jn 14, 6).
Toda esta teología bíblica se ha concentrado pedagógica y magistralmente en esta fiesta que celebra el contenido de la obra sacerdotal de Cristo, su Misterio Pascual en favor de los hombres, realizado una vez para siempre.
(Manuel González López – Coros. Año Litúrgico. San Pablo. Mayo)

Un poco de historia

La Sagrada Congregación de Ritos, de acuerdo con el mandato del papa Pío XI en la encíclica Ad catholici sacerdotii, (1935), presenta a la Iglesia un formulario de la misa votiva de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Dos años más tarde, la Santa Sede concede una serie de indulgencias a quienes participen en esta celebración orando y ofreciéndose a Dios a favor de los sacerdotes y los seminaristas, para que sean santificados y formados según el corazón de Cristo sacerdote.
Sin embargo la iniciativa para la institución de la fiesta surge, en 1950, en el seno de la naciente congregación monástica Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote. Esta congregación fue fundada en España por monseñor José María García Lahiguera y Madre María del Carmen Hidalgo de Caviedes.
Lo que se pretendía con la creación de esta fiesta era dirigir la mirada al Sacerdote primero y único, Jesucristo, para redescubrir en él el rostro verdadero de sacerdocio cristiano, ministerial y bautismal.
La Santa Sede (1952) les concede festejar la fiesta de Cristo Sacerdote como “fiesta patronal”.
Al ser aprobados los textos definitivos de la Misa y la Liturgia de las Horas (21/XII/ 1971) la “Sagrada congregación para el Culto Divino” indica que ellos pasarían a ser los textos oficiales también para las naciones que lo soliciten.
Esto significa que esta fiesta puede incorporarse al Calendario propio de una Iglesia particular si así lo solicita la Conferencia Episcopal. Muchas lo han hecho. Entre otras Chile y Perú. No así nuestra Iglesia argentina. (Si no he leído mal, poco tiempo atrás, algunos obispos han pedido a la CEA que se dé ese paso).
La fiesta se celebra el jueves siguiente a Pentecostés. En consecuencia se puede celebrar la Misa votiva conforme a la IGMR nº 355c.
Las lecturas se encuentran en el Leccionario IV. Son estas.
-- Is 52,13-15; 53,12 o bien Heb 10, 12-23
-- Sal 39,6 ab. 10. 11ab.
-- Ev. Lc 22, 14-20

REFLEXION
* Sabemos que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2,5) y que Jesús, como permanece para siempre, posee un sacerdocio inmutable (…) vive eternamente para interceder por nosotros (…) es el Sumo Sacerdote que necesitábamos (Heb. 7, 24-26).
“Con toda razón se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo” (SC 7).
* Sabemos también que el sacerdote es alter Christus (Pío XI, Ad catholici sacerdotii), ya que por el sacramento del orden se configuran los presbíteros con Cristo sacerdote (PO 12)
* Sabemos que por los sacramentos del Bautismo y la Confirmación los fieles son consagrados para ser… un sacerdocio santo, y que el sacerdocio común de los fieles, a su manera, participa del único sacerdocio de Cristo (LG 10)
Y cómo no recordar que Cristo sumo sacerdote y único mediador ha hecho de la Iglesia un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre (1 Pe. 2, 5-9; Ap 1, 6; 5, 10; 20, 6)
Sobran razones para celebrar a Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, sobre todo, en este Año Sacerdotal. Ciertamente no debiera dejar de celebrarse en los seminarios y Casas de formación. No parece exagerado sugerir que esta celebración sea asumida a nivel diocesano.
La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, podrá ser para todos, una fuente inagotable de vida cristiana, en cuanto pueblo sacerdotal y una savia pujante y incesantemente renovadora del ser y de la vida de quienes hemos recibido la gracia especial que nos capacita para el ejercicio de los ministerios sagrados.
Monseñor García Lahiguera

MATERIALES
1.- Sugerencias
- Resaltar la celebración: Flores, iluminación, ornamentos, vasos sagrados…
- Guía / Guión
- Ministerio del canto (cantos apropiados)
- Distribuir la Oración pidiendo por los sacerdotes
- Homilía: Es una celebración para predicar no con el “cerebro” sino con el “corazón” No hay fuerza mayor a una ardiente convicción que testifica.

2.- Guión
Guión para la Santa Misa

1) Orientación de la celebración
¡Seguimos de fiesta! Hoy celebramos a Jesucristo como Sumo y Eterno Sacerdote. Él se ofreció en la cruz por nosotros y así se convirtió en Sumo Sacerdote, “misericordioso y fiel” en favor nuestro para siempre. Él se compadece de nuestras debilidades y vive junto al Padre para interceder por nosotros.
El único sacerdocio de Cristo se hace presente en el sacerdocio ministerial. En el servicio del sacerdote es Cristo mismo quien está presente en su Iglesia.
Nos ponemos de pie, y con alegría recibimos al padre NN que, en nombre de Cristo Sacerdote, presidirá nuestra celebración, Cantamos…

2) Acto penitencial
- Tú eres el único Mediador entre Dios y los hombres.
- Señor, ten piedad.
- Tú fuiste sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
- Cristo, ten piedad.
- Tú eres el mismo ayer, hoy y lo serás siempre.
- Señor, ten piedad

3) Liturgia de la Palabra (1)
- 1ª lectura: Is. 52, 13-15. 53,12
Es fácil, hermanos, advertir que este pasaje del profeta Isaías prefigura la pasión de Jesús a favor de toda la humanidad

- Salmo: 39, 6ab. 10. 11ab
Frente a las maravillas obradas por Dios, el salmo alaba y da gracias al Señor. Lo haremos también nosotros, aclamando: ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!

( - 2ª lectura: Heb 10,12-23
La Carta a los Hebreos muestra la eficacia del Sacrificio de Cristo a favor nuestro).

- Evangelio: Lc. 22, 14-20
Junto a la Eucaristía, Jesús instituyó el sacerdocio de la Nueva Alianza al ordenar: “Hagan esto en memoria mía”

(1) La Misa votiva tiene una sola lectura. Se puede optar entre las dos que sí se leen en la Fiesta

4) Oración de los fieles:
A cada intención pedimos: Renueva la alegría de su vocación.

1- Por los sacerdotes que representan y actúan en nombre de Cristo. Oremos.
2.- Por los sacerdotes afligidos, turbados, desalentados, en crisis…
3.- Por los sacerdotes vivos y difuntos, a quienes les debemos especial gratitud.
4.- Por quienes se están preparando para servir como pastores.
5.- Por el Pueblo de Dios, reino sacerdotal, que participa del único sacerdocio de Cristo.
6.- Por el padre NN (los padres) a quienes el Señor encomendó presidir nuestra comunidad.

5) Presentación de los dones
Cristo es nuestra gran ofrenda al Padre. Con él, por él y en él, ofrezcamos nuestra vida como “víctima viva, santa y agradable a Dios”.

6) Prefacio
Junto al “celebrante” demos gracias al Señor porque Cristo se entregó primero a sí mismo como víctima de salvación.



7) Comunión
El Cuerpo inmolado y la Sangre derramada de Cristo nos fortalecen y purifica. Con alegría vamos a recibir el Pan de Vida. Cantamos.

8) Después de la Oración poscomunión
Rezamos la Oración pidiendo por los sacerdotes.

9) Canto final
Queridos amigos:
Hemos glorificado a Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, con alegría nos retiramos cantando.

3.- Pistas para la homilía

El tema sacerdocio abarca tres realidades:
- El sacerdocio de Cristo.
- El sacerdocio ministerial.
- El sacerdocio común de los fieles.

Este desarrollo puede consultarse en X. Léon- Dufourt “Vocabulario de Teología Bíblica”. Herder. Artículos Sacerdocio/ Sacrificio. Algo similar se aborda en la homilía que reproducimos más adelante.
En el marco de nuestra homilía (siempre limitada por el tiempo) sugiero ser más modesto. A ello apunta estas pistas.
1.- Liturgia de las Horas: Oficio de Lectura.
- Primera lectura: Jesucristo, Sumo Sacerdote.
- Segunda lectura Cristo, Sacerdote y Víctima.
2.- Prefacios:
- De la Santísima Eucaristía I: Prevalece la idea de “Jesucristo, verdadero y único sacerdote que se entregó primero a sí mismo como víctima de salvación”
- De la Misa Crismal: Centra su mensaje en los “sacerdotes que renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención humana”.

4.- Oración pidiendo por los Sacerdotes:

Jesús, Buen Pastor, que has querido guiar a tu pueblo mediante el ministerio de los sacerdotes:
¡gracias por éste regalo para tu Iglesia y para el mundo!.
Te pedimos por quienes has llamado a ser tus ministros: cuídalos y concédeles el ser fieles. Que sepan estar en medio y delante de tu pueblo, siguiendo tus huellas e irradiando tus mismos sentimientos.
Te rogamos por quienes se están preparando para servir como pastores: que sean disponibles y generosos para dejarse moldear según tu Corazón.
Te pedimos por los jóvenes a quienes también hoy llamas: que sepan escucharte y tengan el coraje de responderte, que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora, que te descubran como el verdadero Tesoro y estén dispuestos a dar la vida “hasta el extremo”.
Te lo pedimos junto con María, nuestra Madre de Luján, y san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, en este Año Sacerdotal. Amén.

5.- ALABANZAS
A JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE
(De acuerdo a la Carta a los Hebreos)
Himno (Laudes)
Eres tu nuestro pontífice,
oh Siervo glorificado,
ungido por el Espíritu,
de entre los hombres llamado.

Eres tú nuestro pontífice,
el que tendiste la mano
a la mujer rechazada
y al ciego desamparado.

Eres tú nuestro pontífice;
el culto de los cristianos,
tu palabra que acontece
y el cuerpo santificado.

Eres tú nuestro pontífice;
morías en cruz clavado.
y abrías la senda nueva
detrás del velo rasgado.

Eres tú nuestro pontífice,
hoy junto al Padre, sentado;
hoy por la Iglesia intercedes,
nacida de tu costado.

Eres tú, nuestro pontífice;
¡Cristo, te glorificamos!
¡Que tu santo rostro encuentre
dignos de ti nuestros cantos! Amén

A cada intención aclamamos: ¡Gloria a ti, Señor Jesús

-- A ti, Jesús, perfeccionado por medio del sufrimiento para conducirnos a la salvación (2, 10).

-- A ti, Cristo, Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios (2, 17).

-- A ti, Jesús, que experimentaste la muerte a favor de todos (2, 9)

-- A ti, Cristo, Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos (3, 1)

-- A ti, Jesús, fiel como Hijo y como jefe de la casa de Dios (3, 6).

-- A ti, Cristo, Hijo de Dios, sumo Sacerdote insigne (4, 14)

-- A ti, Jesús, que fuiste sometido a las mismas pruebas que nosotros a excepción del pecado (4, 14)

-- A ti, Cristo, Sumo sacerdote que te compadeces de nuestras debilidades (4, 15)

-- A ti, Jesús, causa de salvación eterna para todos los que obedecen (5, 9)

-- A ti, Cristo, que aprendiste por medio del sufrimiento qué significa obedecer (5, 8)

-- A ti, Jesús, proclamado por Dios Sumo Sacerdote según el orden de Mequisedec. (5, 10)

-- A ti, Cristo, precursor en nuestro ascenso a la gloria, convertido en Sumo Sacerdote para siempre ( 6, 20)

-- A ti, Jesús, que posees un sacerdocio inmutable porque permaneces para siempre (7, 24)

-- A ti, Cristo, que vives eternamente para interceder por nosotros (7, 25)

-- A ti, Jesús, Sumo Sacerdote santo, inocente, sin mancha. (7, 26).

-- A ti, Cristo, que de una vez para siempre te ofreciste a ti mismo por nosotros. (7, 27)

-- A ti, Jesús, Sumo Sacerdote, tan grande que estás sentado a la derecha del trono de la Majestad del Cielo (8, 1)

-- A ti, Cristo, Sumo Sacerdote de los bienes futuros (9, 11)

-- A ti, Jesús, que, por tu propia sangre, nos obtuviste una redención eterna (9, 12)

-- A ti, Cristo, cuya sangre, purifica nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte (9, 14)

-- A ti, Jesús, mediador de la Nueva Alianza entre Dios y los hombres. (9; 15)

-- A ti, Cristo, que te presentaste delante de Dios a favor nuestro (9, 24)

-- A ti, Jesús, que te manifestaste para abolir el pecado por medio del Sacrificio (9, 26)

-- A ti Cristo, que al entrar en el mundo dijiste: “Aquí estoy, yo vengo para hacer, Dios, tu voluntad (10, 7)

-- A ti, Jesús, que nos santificas por la oblación de tu cuerpo hecha de una vez para siempre (10, 10)

-- A ti, Cristo, que mediante una sola oblación has perfeccionado para siempre a los que santificas. (10,14)

-- A ti, Jesucristo, que eres el mismo ayer, hoy, y lo serás siempre (13, 8).

Que el Dios de la paz – el mismo que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre de una Alianza eterna- nos capacite para cumplir su voluntad, practicando toda clase de bien. Que él haga en nosotros lo que es agradable a sus ojos, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén (13, 20 -21)

6.- Homilía
(Francisco Fernández Carvajal, “Hablar con Dios”. Meditaciones para cada día del año. Vol. 6).

JESUCRISTO
SUMO Y ETERNO SACERDOTE

-- Jesucristo supremo Sacerdote para siempre.
-- Alma sacerdotal de todos los cristianos. La dignidad
del sacerdote.
-- El sacerdote, instrumento de unidad.

I.- El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
La Epístola a los Hebreos define con exactitud al sacerdote cuando dice que es un hombre escogido entre los hombres, y está constituido a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Por eso, el sacerdote, mediador entre Dios y los hombres, está íntimamente ligado al Sacrificio que ofrece, pues éste es el principal acto de culto en el que se expresa la adoración que la criatura tributa a su Creador.
En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran ofrendas que se hacían a Dios en reconocimiento de su soberanía y en agradecimiento por los dones recibidos, mediante la destrucción total o parcial de la víctima sobre el altar. Eran símbolo e imagen del auténtico sacrificio que Jesucristo, llegada la plenitud de los tiempos, habría de ofrecer en el Calvario. Allí, constituidos Sumo Sacerdote para siempre, Jesús se ofreció a Sí mismo como víctima gratísima a Dios, de valor infinito: quiso ser al mismo tiempo sacerdote, Víctima gratísima y altar. En el Calvario, Jesús, Sumo Sacerdote, hizo la ofrenda y acción de gracias más grata a Dios que puede concebirse. Fue tan perfecto este Sacrificio de Cristo que no puede pensarse otro mayor. A la vez, fue una ofrenda de carácter expiatorio y propiciatorio por nuestros pecados. Una gota de la Sangre derramada por Cristo hubiera bastado para redimir todos los pecados de la humanidad de todos los tiempos. En la Cruz, la petición de Cristo por sus hermanos los hombres fue escuchada con sumo agrado por el Padre, y ahora continúa en el Cielo siempre vivo pata interceder por nosotros.” Jesucristo en verdad es sacerdote, pero sacerdote para nosotros, no para sí, al ofrecer al Eterno Padre los deseos y sentimientos religiosos en nombre del género humano. Igualmente, Él es víctima, pero para nosotros, al ofrecerse a sí mismo en vez del hombre sujeto a la culpa. Pues bien, aquello del apóstol: tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo, exige a todos los cristianos que reproduzcan en sí, en cuanto al hombre es posible, aquel sentimiento que tenía el divino Redentor cuando se ofrecía en sacrificio, es decir, que imiten su humildad y eleven a la Suma Majestad de Dios la adoración, el honor, la alabanza y la acción de gracias. Exige, además, que de alguna manera adopten la condición de víctima, abnegándose a sí mismos según los preceptos del Evangelio, entregándose voluntaria y gustosamente a la penitencia, detestando y confesando cada uno sus propios pecados (…)”. Éste es hoy nuestro propósito.
II.- De la misión redentora de Cristo Sacerdote participa toda la Iglesia, “y su cumplimiento se encomienda a todos los miembros del Pueblo de Dios que, por los sacramentos de iniciación, se hacen partícipes del sacerdocio de Cristo para ofrecer a Dios un sacrificio espiritual y dar testimonio de Jesucristo ante los hombres”. Todos los fieles laicos participan de este sacerdocio de Cristo, aunque de un modo esencialmente diferente, y no sólo de grado, que los presbíteros. Con alma verdaderamente sacerdotal, santifican el mundo a través de sus tareas seculares, realizadas con perfección humana, y buscan en todo la gloria de Dios: la madre de familia sacando adelante sus tareas del hogar, el militar dando ejemplo de amor a la patria a través principalmente de las virtudes castrenses, el empresario haciendo progresar la empresa y viviendo la justicia social… Todos, reparando por los pecados que cada día se cometen en el mundo, ofreciendo en la Santa Misa sus vidas y sus trabajos diarios.
Los sacerdotes – Obispos y presbíteros – han sido llamados expresamente por Dios, “no para estar
separados ni del pueblo mismo ni de hombre alguno, sino para consagrarse totalmente a la obra para la que el Señor los llama. No podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de una vida distinta de la terrena, ni podrían servir si permanecieran ajenos a la vida y condiciones de los mismos”. El sacerdote ha sido entresacado de entre los hombres para ser investido de una dignidad que causa asombro a los mismos ángeles, y nuevamente devuelto a los hombres para servirles especialmente en lo que mira a Dios, con una misión peculiar y única de salvación. El sacerdote hace en muchas circunstancias las veces de Cristo en la tierra: tiene los poderes de Cristo para perdonar los pecados, enseña el camino del Cielo…, y sobre todo presta su voz y sus manos a Cristo en el momento sublime de la Santa Misa: en el Sacrificio del Altar consagra in persona Christi, haciendo las veces de Cristo. No hay dignidad comparable a la del sacerdote. “Sólo la divina maternidad de María supera este divino ministerio”.
El sacerdocio es un don inmenso que Jesucristo ha dado a su Iglesia. El sacerdote es “instrumento inmediato y diario de esa gracia salvadora que Cristo nos ha ganado. Si se comprende esto, si se ha meditado en el activo silencio de la oración, ¿cómo considerar el sacerdocio una renuncia?. Es una ganancia que no es posible calcular. Nuestra Madre Santa María, la más santa de las criaturas – más que Ella sólo Dios – trajo una vez al mundo a Jesús; los sacerdotes lo traen a nuestra tierra, a nuestro cuerpo y a nuestra alma, todos los días: viene Cristo para alimentarnos, para vivificarnos, para ser, ya desde ahora, prenda de la vida futura”.
Hoy es un día para agradecer a Jesús un don tan grande. ¡Gracias, Señor, por las llamadas al sacerdocio que cada día diriges a los hombres!. Y hacemos el propósito de tratarlos con más amor, con más reverencia, viendo en ellos a Cristo que pasa, que nos trae los dones más preciados que un hombre puede desear. Nos trae la vida eterna.
III.-San Juan Crisóstomo, bien consciente de la dignidad y de la responsabilidad de los sacerdotes, se resistió al principio a ser ordenado, y se justificaba con estas palabras: “Si el capitán de un gran navío, lleno de remeros y cargado de preciosas mercancías, me hiciera sentar junto al timón y me mandara atravesar el mar Egeo o el Tirreno, yo me resistiría a la primera indicación. Y si alguien me preguntara por qué, respondería inmediatamente: porque no quiero echar a pique el navío”. Pero, como comprendió bien el Santo, Cristo está siempre muy cerca del sacerdote, cerca de la nave. Además, Él ha querido que los sacerdotes se vean amparados continuamente por el aprecio y la oración de todos los fieles de la Iglesia; “Ámenlos con filial cariño, como a sus pastores y padres – insiste el Concilio Vaticano II -; participando de sus solicitudes, ayuden en lo posible, por la oración y de obra, a sus presbíteros, a fin de que éstos puedan superar mejor sus dificultades y cumplir más fructuosamente sus deberes”; para que sean siempre ejemplares y basen su eficacia en la oración, para que visiten a los enfermos y cuiden con empeño de la catequesis, para que conserven siempre esa alegría que nace de la entrega y que tanto ayuda incluso a los más alejados del Señor…
Hoy es un día en el que podemos pedir más especialmente para que los sacerdotes estén siempre abiertos a todos y desprendidos de sí mismos, “pues el sacerdote no se pertenece a sí mismo, como no pertenece a sus parientes y amigos, ni siquiera a una determinada patria: la caridad universal es lo que ha de inspirar los mismos pensamientos, voluntad, sentimientos, no son suyos, sino de Cristo, su vida”.
El sacerdote es instrumento de unidad. El deseo del Señor es Ut omnes umum sint , que todos sean uno. Él mismo señaló que todo reino dividido contra sí será desolado y que no hay ciudad ni hogar que subsista si se pierde la unidad. Los sacerdotes deben ser solícitos en conservar la unidad, y esta exhortación de San Pablo “se refiere, sobre todo, a los que han sido investidos del Orden sagrado para continuar la misión de Cristo”. Es el sacerdote el que principalmente debe velar por la concordia entre los hermanos, el que vigila para que la unidad en la fe sea más fuerte que los antagonismos provocados por diferencias de ideas en cosas accidentales y terrenas. Al sacerdote corresponde, con su ejemplo y su palabra, mantener entre sus hermanos la conciencia de que ninguna cosa humana es tan importante como para destruir la maravillosa realidad del cor umum et anima una que vivieron los primeros cristianos y que hemos de vivir nosotros. Esta misión de unidad la podrá lograr con más facilidad si está abierto a todos, si es apreciado por sus hermanos. “Pide para los sacerdotes, los de ahora y los que vendrán, que amen de verdad, cada día más y sin discriminaciones, a sus hermanos los hombres, y que sepan hacerse querer de ellos”.
El Papa Juan Pablo II, dirigiéndose a todos los sacerdotes del mundo, les exhortaba con estas palabras: “Al celebrar la Eucaristía en tantos altares del mundo, agradecemos al eterno Sacerdote el don que nos ha dado en el sacramento del Sacerdocio. Y que en esta acción de gracias se puedan escuchar las palabras puestas por el evangelista en boca de María con ocasión de la visita a su prima Isabel: Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre (Lc 1,49). Demos también gracias a María por el inefable don del Sacerdocio por el cual podemos servir en la Iglesia a cada hombre. ¡Que el agradecimiento despierte también nuestro celo (…)!.
“Demos gracias incesantemente por esto; con toda nuestra vida; con todo aquello de que somos capaces. Juntos demos gracias a María, Madre de los sacerdotes. ¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho?. La copa de salvación levantaré e invocaré el nombre del Señor (Sal 115,12-13)”.

7.- Para profundizar EL ÚNICO SACERDOTE
Hebreos 5,5-10
(Philippe Gruson. JESUS. Trece textos del Nuevo Testamento. Cuad. Bíblico 50. Verbo Divino)

“Lo mismo sucedió con Cristo: cuando fue hecho sumo sacerdote, no se buscó él mismo esta gloria, sino que la recibió de Dios que le dijo: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”; o como se lee en otro salmo: “tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec”.
Durante los días de su vida mortal, presentó, con un gran grito y con lágrimas, sus plegarias y súplicas a Dios que podía salvarle de la muerte; y porque se hizo sumiso en todo, fue escuchado. Sin embargo, a pesar de ser Hijo, aprendió a obedecer por los sufrimientos de su pasión; y conducido así a su perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. Pues Dios lo proclamó sumo sacerdote según el orden de Melquisedec”.
La carta a los Hebreos es muy original; presenta un lenguaje sobre Cristo y una visión de la historia de la salvación que no se parecen a ninguna otra teología del Nuevo Testamento. El texto, elegido entre otros posibles de esta carta, destaca la figura de Cristo sumo sacerdote, un tema que no figura en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. El autor anónimo de esta predicación escrita es un gran teólogo y un maestro en la interpretación cristiana de las Escrituras.
Después de un majestuoso prólogo en donde Jesús, el Hijo superior a los ángeles, es proclamado sacerdote, profeta y rey, los primeros capítulos lo presentan como el hermano de los hombres (c. 2) y como el mediador entre Dios y su pueblo, superior a Moisés y a Josué (c. 3,4). Desde 2,17-18, el autor anuncia lo esencial de su mensaje: “Por eso (Jesús) tenía que hacerse semejante en todo a sus hermanos, para convertirse en un sumo sacerdote misericordioso y al mismo tiempo acreditado ante Dios, para borrar los pecados del pueblo. Pues, por haber sufrido él mismo la prueba, está en disposición de socorrer a los que son probados”.

EL TEXTO
La simple lectura permite ver en nuestro texto una comparación entre “todo sumo sacerdote” (1,4) y Cristo (5-10). Detallemos los elementos de esta comparación:
- la finalidad: el sumo sacerdote es mediador de la salvación para los hombres (1a y 9-10).
- el medio: la ofrenda de sacrificios (1b-3 y 7-8).
- la condición: ser llamado por Dios para esta función (4 y 5-6).
El paralelismo es claro, especialmente en el tercer miembro, que aparece en el centro de una composición concéntrica. Pero al mismo tiempo este paralelismo hace destacar diferencias importantes:
- Cristo no es sacerdote según Aarón, sino según el orden de Melquisedec: por tanto, no tiene que ver con el sacerdocio judío.
- Las dos únicas palabras de Dios se dirigen a Cristo y proclaman sus títulos: “hijo” de Dios y “sacerdote eterno”.
- Cristo no ofrece dones y sacrificios, ofrendas vegetales y animales, sino oraciones y súplicas; por tanto, este culto no guarda relación con los ritos levíticos del templo de Jerusalén. Hay ciertamente una inmolación, pero es la suya (v. 7).
- Todo sumo sacerdote tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, así como por los del pueblo, mientras que el sacrificio de Cristo es “sumisión” y “obediencia”.
En resumen, el paralelismo no está más que en la forma del texto y permite justificar el título de sumo sacerdote que se da a Cristo, pero las diferencias subrayan más aún la superioridad radical del sacerdocio de Cristo sobre el de los descendientes de Aarón.
Notemos además, en la descripción de Cristo, la importancia de los dos títulos: “hijo” (v. 5 y8) y “sumo sacerdote” (v. 5 y 10) o “sacerdote” (v. 6). La última fórmula “según el orden de Melquisedec” viene por otra parte a recoger, en inclusión, la segunda palabra divina para anunciar la gran exposición de los c. 7-10 sobre el sacerdocio de Cristo. Entretanto, la exhortación que sigue a nuestro texto (5, 11-6,20) interrumpe la exposición para dirigirse expresamente a los lectores e implicarles en esta reflexión sobre Cristo.

EL SACRIFICIO DE JESÚS
Adentrémonos más aún en el corazón del texto, los v. 7-8 que evocan el sacrificio ofrecido por Jesús. Su lenguaje nos desconcierta, ya que no contiene ninguna de las expresiones habituales del Nuevo Testamento para designar la cruz, el derramamiento de sangre, la muerte y la resurrección. A diferencia de los relatos de los evangelios es más bien desde dentro, desde el punto de vista de Jesús, desde donde se evocan los acontecimientos.
“Las plegarias y súplicas a aquel que podía salvarle de la muerte” son exactamente las de la agonía en Getsemaní. El vocabulario no es el de los evangelios, si exceptuamos el “gran grito” de Cristo en la cruz: la petición de ayuda del Sal 22 (Mc 15,34) y luego el otro grito que acompañó a su muerte (Mc 15,37). Pero la plegaria de Jesús la recogen los sinópticos como una súplica para que la muerte, la hora o el cáliz, se la evite el Padre que todo lo puede (Mc 14,35-36). El texto correlativo de Juan contiene también el verbo salvar: “Padre, sálvame de esta hora” (Jn 12,27), Dios puede salvar de la muerte y Jesús le suplica que así lo haga con él, ya que él no puede hacerlo por sí mismo. Tenemos aquí una expresión fuerte de la humanidad auténtica de Jesús, cuya vida, como la de cualquier hombre, depende sólo del Padre. Éste es el sentido de “los días de su carne”, donde la carne designa la fragilidad de la condición humana hasta la muerte.
Como en otros textos bíblicos, el título de Hijo de Dios, en sus diversos sentidos posibles, se piensa que garantiza una protección y una inmunidad absoluta contra el sufrimiento y la muerte. Así razonaban los impíos ante el justo. “Si el justo es hijo de Dios, entonces Dios vendrá en su ayuda” (Sab 2,18), y Mateo pone estas mismas palabras en boca de los adversarios de Jesús en el calvario (Mt 27,42-43). Esta misma es la confianza de los creyentes tal como se expresa en los salmos de súplica (Sal 22,10-12, Is 63,15-16). Los justos y los pecadores están de acuerdo en este punto: Dios no puede abandonar a su hijo, a su fiel. “Si eres Hijo de Dios ordena que estas piedras se conviertan en pan… Échate abajo desde el alero del templo…” (Mt 4,3-5). Pero la experiencia está ahí, imposible de refutar: Dios podría salvar, pero no siempre salva. ¿Por qué le deja a Satanás que haga daño a Job?. ¿Por qué deja a su Hijo morir en la cruz?. Nuestro autor evita estas cuestiones sin respuesta y adopta otro punto de vista: “A pesar de ser Hijo, aprendió a obedecer por los sufrimientos”. Después de la evocación de las súplicas de Getsemaní, las palabras “fue escuchado” resultan chocantes. ¿En qué fue escuchado?. ¿Acaso no acabó su vida en la cruz y en el sepulcro?. Este lenguaje para hablar de la resurrección es muy atrevido. La pascua es la gran respuesta del Padre a la obediencia y al grito de su Hijo. Dios intervino, no ya concediendo un plazo de vida suplementaria, como en el caso del rey Exequias (2 Re 20) o en el de Lázaro, sino de forma total y definitiva: “La muerte ya no tiene dominio sobre él (Jesús)” (Rom 6,9). Pues bien, fue escuchado precisamente por su “sumisión”: en este caso, nuestro autor se expresa como el himno de los Filipenses:“Haciéndose obediente hasta la muerte por eso Dios lo elevó soberanamente” (Fp 2,8-9).
Tal es el sacrificio de Cristo: “presentó sus plegarias y súplicas… fue escuchado porque se hizo sumiso en todo”. El autor emplea el verbo “presentar” que tiene un sentido sacrificial. Y cuando invita a los cristianos a “presentar un sacrificio de alabanza”, explica que se trata del “fruto de unos labios que confiesan su nombre” (13,15 citando a Os 14,3). La súplica y la alabanza pueden expresar la actitud profunda y el compromiso del creyente con su Dios, de la misma manera como Jesús “presentó en ofrenda” las palabras de su plegaria filial, frente a la muerte.

UN SACERDOCIO NUEVO
El genio de nuestro autor inspirado consiste en haber expresado el misterio de Cristo en términos de sacerdocio, de mediación. En el Antiguo Testamento, la mediación de los sacerdotes y de toda la tribu de Leví consistía en transmitir a los hombres la palabra de Dios y en presentar a Dios los sacrificios de los hombres. El sumo sacerdote es aquel que el Señor ha elegido y admite en su presencia (cf Nm 19,1-7). Al mismo tiempo, tiene que ser tomado del pueblo y seguir siendo solidario de él, para poder representarlo.
En Jesús se cumple esta doble condición, pero de otra manera muy distinta. No pertenece a la tribu de Leví, como Juan Bautista, sino a la de Judá, ya que es hijo de David (7,14). Si es aceptado, es porque Dios lo ha proclamado “sacerdote” o “hijo”. ¿A quién otro podía Dios decirle: “Siéntate a mi derecha”, más que a aquel que él mismo resucitó y entronizó como mesías y señor, según los salmos 2 y 110, citados por nuestro texto?. Sin embargo, esta exaltación no impide ni mucho menos a Jesús ser y seguir siendo el hermano de los hombres, no solamente por su nacimiento, sino sobre todo por sus pruebas y su muerte. “No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades: fue probado en todo a semejanza nuestra pero sin pecar” (4,15). El autor de nuestra carta supera de este modo la ilusión perpetua de las religiones que no pueden hacer otra cosa más que oponer a Dios y al hombre, mientras que Cristo está en perfecta comunión con el uno y con el otro. Su sacerdocio no lo sitúa aparte de los demás, sino por el contrario, en relación con los hombres y con Dios, ya que es a la vez “hermano” nuestro e “hijo” de Dios. Comparte nuestra condición humana, nuestra “carne y sangre”, pero no tiene que ofrecer sacrificios por sus pecados: su sacrificio no es más que adhesión a la voluntad del Padre y obediencia filial para liberar a sus hermanos. Y esto lo cambia todo.
La ambigüedad frecuente de los sacrificios deja creer a veces que es la inmolación, la muerte, la que obtiene el perdón y la salvación, como si la muerte pudiera agradar a Dios. No es así ni mucho menos, porque lo que importa no es la muerte, sino la vida, a través de su “sacramento”: la sangre. No es el sufrimiento lo que hace el sacrificio, sino el amor, el don libre de un inocente, como ya lo anunciaba la figura misteriosa de siervo doliente: “Si hace de su persona un sacrificio de expiación, verá una descendencia… el designio del Señor se realizará por su mano” (Is 53,10).
Así todo el juego está en el corazón del hombre que ofrece, que se ofrece. Cristo, se ofreció a sí mismo, por el Espíritu eterno, como “victima sin mancha” (9,14). Su mediación es toda ella acción de Dios: el Espíritu es el que lo conduce en la obediencia filial y la hace entrar en el santuario celestial, la gloria del Padre.
Pero, ¿cómo puede Cristo ejercer esta mediación con todos los hombres, con nosotros?. ¿No será su sacerdocio más que un modelo de obediencia que imitar?. La carta no deja de insistir en el cambio radical de nuestra situación. En el sacrificio de Cristo se nos dio ya el perdón, se concluyó ya la nueva alianza (c. 8,9). A diferencia de la primera alianza, ésta se les ofrece a todos los hombres y es interiorizada. Al ofrecerse a sí mismo, Cristo “purifica nuestra conciencia de las obras muertas para servir al Dios vivo” (8-14). Ya no hay en adelante ritos sacrificiales, ni figuras, como en el templo de Jerusalén, puesto que Cristo es la realidad, el templo nuevo.
Pero esta novedad de culto cristiano es tremenda, ya que pone de manifiesto la ambigüedad de todos los ritos; ningún cristiano debería utilizar el sacrificio eucarístico como un sacrificio del templo en el que el corazón puede estar muy alejado de los gestos. Es grande la tentación de seguir concediendo la prioridad a los rituales, de buscarlos por ellos mismos. ¡Qué tranquilizantes pueden parecer a veces los ritos, encerrando el único sacrificio en unos lugares y en unos tiempos sagrados, muy al abrigo de la vida profana!. Pero el culto cristiano, “en espíritu y en verdad”, no tiene más tiempos ni lugares que los de toda la vida, animada por el Espíritu Santo. Los mismos profetas de Israel habían puesto ya en guardia muchas veces contra un culto ritualista y formalista; sus advertencias y sus críticas siguen siendo necesarias, dada la gran novedad del sacerdocio de Cristo. Al darnos la presencia de Cristo, la eucaristía nos arrastra a todos nosotros por entero en su sacrificio, para consagrar en él nuestra existencia y llevar a cabo nuestro paso al Padre.

DOCUMENTOS
- Concilio Vaticano II. Lumen Gentium; Presbyterorum Ordinis; Perfectae Caritatis.
- San Pío X, Haerent animo (4- VII -1908)
- San Pío XI, Ad catholic, sacerdotii (20- XII - 1935)
- Pío XII, Mediator Dei (20- XI- 1942)
- Juan XXIII, Sacerdotii nostri primordia (I – VIII – 1959)
- Juan Pablo II, Novo incipiente (8- IV – 1979)

EL VALOR DE LA LIBERTAD

La libertad consiste en decir sí más que en decir no. Así se eligen unas cosas en lugar de otras. Esto tiene sus consecuencias lógicas en la vida, pues cada uno es y se hace a cada momento. Ortega y Gasset diría que el hombre es historia y, haciéndose, hace la historia. La libertad es una palabra positiva que conlleva una gran responsabilidad.

La principal repercusión de esta característica de la libertad se ve más explícitamente en las opciones de vida más fundamentales: el noviazgo, el matrimonio, la vida consagrada o el ser soltero, por poner algunos ejemplos. El novio enamorado dice que sí a cualquier compromiso que le implique sacrificarse por la mujer que ama; el que está a punto de casarse dice sí a un amor perdurable; un consagrado dice sí al amor que siente siguiendo a Cristo y donándose a través del amor y de la oración a más personas.

En estos casos se ve claramente que la libertad es positiva; es más, conlleva una variante de exigencia que brota de una virtud fundamental: el amor. Se es libre por amor, se hacen opciones radicales por amor. Todo radica en el saber decir sí por amor.

La mayoría de los problemas y dificultades en la vida comienzan cuando se cree que la libertad consiste sólo en decir no. En parte se tiene más madurez para decidir ciertas cosas. Pero siempre está la capacidad de pensar qué más se puede hacer o cómo se puede ayudar a los demás.

Es muy fácil escuchar un no de un padre de familia que responde a su hijo porque le pide más tiempo para jugar. Es menos común oír un sí. Pero, ¿qué pasaría si el padre de familia le dice al hijo que si hace a tiempo sus tareas y se las muestra terminadas, podrá tener otra media hora de juego? ¿Qué pasaría si se le propone al chico ver después con él una película de valores, o un juego en un parque el fin de semana si se porta bien? Muchas veces el amor lleva a decir que no. Pero no debe ser esto lo que predomine. La iniciativa y la imaginación deben ser las armas de los que quieran formar con amor en la libertad.

Reprimir las ideas o iniciativas no está de moda. Esto se ve en los jóvenes que se rebelan hoy porque no les dejan actuar en casa. Encauzar y proponer, no reprimir, son las actitudes del buen formador de la libertad en el amor.

En síntesis, se puede decir que tanto en las opciones fundamentales, como en las exigencias cotidianas por amor, es más fácil encauzar ideas y proponer que simplemente reprimir.



¡Vence el mal con el bien!

lunes, 3 de mayo de 2010

Juan Pablo y El Papa Benedicto XVI dicen lo mismo, Usemos todos los medios a nuestro alcance para evangelizar

Benedicto XVI: Debemos adentrarnos en el mar digital

27 de abril de 2010.- “Os exhorto a recorrer, animados por el valor del Espíritu Santo, los caminos del continente digital”, así habló el Papa Benedicto XVI el pasado sábado a los participantes en el Congreso "Testimonios digitales. Rostros y lenguajes en la era digital", promovido por la Conferencia Episcopal Italiana.

Al iniciar su discurso en italiano, el Santo Padre hizo un breve diagnóstico sobre las nuevas realidades virtuales, en medio de las cuales "aumentan los peligros de homologación y control, de relativismo intelectual y moral" y expresó su deseo de que este congreso apunte a "reconocer los rostros, supere esas dinámicas colectivas que pueden hacer desaparecer la percepción de la profundidad de las personas y quedarse en su superficie: cuando esto sucede, se convierten en cuerpos sin alma, objetos de cambio y de consumo".

Al hablar luego del camino de humanización, Benedicto XVI recordó su encíclica Caritas in veritate en la que señala la necesidad de que los medios estén centrados en "la promoción de la dignidad de las personas y los pueblos, estén animados por la caridad y puestos al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural".

"Solamente con tales condiciones el paso de época que estamos atravesando puede revelarse rico y fecundo de nuevas oportunidades. Sin temor queremos adentrarnos en el mar digital, afrontando la navegación abierta con la misma pasión que desde hace dos mil años gobierna la barca de la Iglesia. Más que los recursos técnicos, que son necesarios, queremos calificarnos habitando también este universo con un corazón creyente, que contribuya a darle un alma al ininterrumpido flujo comunicativo de la red".

Ésta, continuó el Papa, "es nuestra misión, la misión irrenunciable de la Iglesia: la tarea de todo creyente que obra en los medios es la de ‘allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y sus verdaderas necesidades espirituales, ofreciendo a los hombres que viven este tiempo ‘digital’ los signos necesarios para reconocer al Señor’".

"Queridos amigos, también en la red estamos llamados a colocarnos como ‘animadores de comunidades’, atentos a ‘preparar caminos que conduzcan a la Palabra de Dios’ y a expresar una particular sensibilidad para cuantos ‘están desesperanzados y tienen en el corazón deseos de absoluto y de verdad no caducos’. La red podrá así convertirse en una especie de ‘pórtico de los gentiles’ en donde se ‘haga espacio también para quienes Dios es todavía un desconocido’".

Tras alentar el trabajo de los medios católicos en Italia, el Santo Padre exhortó a "todos los profesionales de la comunicación a no dejar de nutrirse en el propio corazón de aquella sana pasión por el hombre que se convierte en tensión así como a acercarse siempre más a sus lenguajes y a su verdadero rostro. Los ayudará en esto una sólida preparación teológica y sobre todo una profunda y alegre pasión por Dios, alimentada en el continuo diálogo con el Señor".

Al finalizar, Benedicto XVI alentó a "recorrer, animados por el coraje del Espíritu Santo, los caminos del continente digital. Nuestra confianza no está acríticamente puesta en algún instrumento de la técnica. Nuestra fuerza está en el ser Iglesia, comunidad creyente, capaz de testimoniar a todos la perenne novedad del Resucitado, con una vida que florece en plenitud en la medida en que se abre, entra en relación, se dona con gratuidad".

Fuente: Vatican Information Service

Reunión mensual Escuela de Diáconado de la Diócesis de San justo

Hola
¿Como están todos?
Finalmente y con mucho gusto de mi parte, nos volveremos a ver todos juntos. Será el próximo domingo 9 del corriente, a las 17:00 horas en la parroquia San Pablo.
La convocatoria es,como siempre, para comenzar a la hora indicada y finalizar alrededor de las 19:00 horas.
Por favor, háganme saber si recibieron OK.
Un abrazo en Cristo y María.
Diácono: Jorge Roncagliolo
Prefecto Escuela San Pablo

viernes, 30 de abril de 2010

La Iglesia, hace uso de la Escritura, para adorar a Dios en el culto de la Misa:

El Catecismo de la Iglesia Católica declara que “La Liturgia es obra de la Santísima Trinidad”. (Segunda Parte, Primera Sección, Capítulo Primero, artículo 1)

Si la Sagrada Misa es obra del mismo Dios Trino y Uno...¿Se manifiesta la Sagrada Escritura solamente en una parte de ella o en su totalidad? Me parecía poco probable que la Santísima Trinidad redujera el uso de la Escritura solo a un momento de la Misa.

Todas y cada una de las partes de la Misa tienen su fundamento en la Escritura, como ya se había constatado a la luz del testimonio del Apocalipsis en la división tripartita con que se presenta la liturgia celeste. Desde su inicio hasta el final, el Espíritu Santo la empapó de textos de los Libros Santos a la Liturgia.

Por lo cual, podemos afirmar que la Iglesia adora y alaba a Dios usando la Biblia en toda la Misa.

El decir que la Iglesia no utiliza la Biblia en la Misa es -dicho sea de paso con todo respeto- una afirmación que no se ha verificado.

Veamos cómo la Iglesia, hace uso de la Escritura, para adorar a Dios en el culto de la Misa:

Inicio el análisis:

Se inicia la Santa Misa con una invocación a la Santísima Trinidad, ¡Utilizando la Biblia!

Invocación a la Santísima Trinidad

- En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo :
Mateo 28, 19: ...bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

- Amén :
Apocalipsis 3, 14: Así habla el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios. Isaías 65, 16: tal que, quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén, y quien jurare en la tierra, jurará en el Dios del Amén

El presbítero se dirige a la asamblea de fieles:

Saludo del celebrante

-Que el Señor esté con vosotros :
Filipenses 1, 2: La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Esté con vosotros.

- La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con vosotros :
2 Corintios 13, 14: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.

Es necesario acercarse a Dios con “un corazón puro” para albarle y glorificarle. Por eso, como Pedro (Lucas 5, 8), nos declaramos pecadores ante la Divina Majestad:

Confiteur (“Yo confieso”)

La compunción del corazón es otra de las buenas disposiciones para celebrar o asistir a la Santa Misa. Hacemos una confesión pública a Dios, iniciando con las palabras:

“Yo confieso ante Dios Todopoderoso” :
Salmo 32, : Mi pecado te reconocí, y no te oculté mi culpa; dije: «Confesaré a Yahvé de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado.

Invocamos con humildad la misericordia de Dios, como nos enseña Jesús en la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18, 9-14)


Kyrie (“Señor ten piedad”)

Son tres invocaciones, en lengua griega, para implorar el perdón y la asistencia de Dios, Padre y de Cristo. Kyrie significa "Señor"; eléison, "ten piedad". La primera y la tercera se dirigen al Padre y la segunda a Cristo.

Señor ten piedad.


Cristo Ten piedad


Señor ten piedad
Salmo 6, 3: Ten piedad de mí, Yahvé, que estoy sin fuerzas.

Mateo 9, 27: ¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!

Salmo 51, 3: Ten piedad de mí, oh Dios, según tu amor.)


Los días festivos o domingos, tras haber pedido perdón a Dios, le adoramos y alabamos con una plegaria completamente bíblica:

Gloria

Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombre de buena voluntad :
Lucas 2, 14

Te alabamos. : Hebreos 2, 12: ... en medio de la asamblea te alabaré

Te bendecimos. : Salmo 144, 1 : Bendito sea Yahvé, mi Roca

Te adoramos. : Mateo 4, 10 : Díjole entonces Jesús:...“porque está escrito: ´Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.”

Te glorificamos. : Salmo 86, 12: Gracias te doy de todo corazón, Señor Dios mío, glorificaré tu nombre por siempre.
1 Pedro, 4, 11: para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.)

Te damos gracias por tu grande gloria. : Salmo 92, 1: Bueno es dar gracias a Yahvé y salmodiar a tu nombre, Altísimo.

Señor Dios : Salmo 35, 23: Muévete y despierta para hacerme justicia, Dios mío y Señor mío...

Rey celestial : Salmo 24, 7-8: ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, que entre el Rey de la gloria! ¿Quién es ese Rey de gloria? Yahvé, el fuerte, el valiente, Yahvé, valiente en la batalla.

Dios Padre Omnipotente : Génesis 17, 1: Yo soy Dios Todopoderoso, anda en mi presencia y sé perfecto.

Señor, Hijo unigénito Jesucristo : Juan 1, 18: A Dios nadie le ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer

Cordero de Dios, Tú que quitas el pecado del mundo :
Juan 1, 29: Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Ten piedad de nosotros : Mateo 9, 27: Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»

Recibe nuestra suplica : 2 Crónicas 6, 21: Oye, pues, las súplicas de tu siervo Israel, tu pueblo, cuando oren hacia este lugar.

Porque Tú sólo eres Santo : Levítico 21 , : Le tendrás por santo, porque él es quien presenta el alimento de tu Dios; por tanto será santo para ti, pues SANTO soy yo, Yahvé, el que os santifico.

Solo Tú Señor : Filipenses 2, 11: y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre.

Solo Tú Altísimo, Jesucristo : Apocalipsis 1, 5-6: y de parte de Jesucristo, igual el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Marcos 5, 7: y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo?...

Con el Espíritu Santo en la gloria de Dios : Juan 15, 5: Ahora, Padre, glorifícame tú

Padre : junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.
1 Pedro, 4, 11: para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén

Amé : Apocalipsis 3, 14: Así habla el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios).
Isaías 65, 16: tal que, quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén, y quien jurare en la tierra, jurará en el Dios del Amén


La Misa está llena de oraciones que se dirigen a Dios Padre....y todas terminan cumpliendo una enseñanza bíblica:

Oraciones de la Santa Misa (“Oremos”)


Todas las oraciones que se dirigen a Dios en la Misa, terminan de la siguiente forma: “Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén” :
Juan 16, 23: En verdad, en verdad os digo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dará...



Liturgia de la Palabra

Hasta ahora, el celebrante y el pueblo fiel no han hecho otra cosa en la Misa que orar y cantar, como para preparar los corazones para la gran Acción; en adelante la Iglesia va a dirigirse especialmente al entendimiento, al que va a suministrar el alimento sólido y necesario de la palabra de Dios, proclamada en las lecturas y explicada en la homilía.

En los días ordinarios, la primera lectura está tomada Antiguo Testamento, de los Hechos de los Apóstoles o de las epístolas o del Apocalipsis.

Posteriormente se lee o se canta un Salmo.

En los días festivos y domingos, tras el salmo sigue la segunda Lectura, que es una Epístola de algún Apóstol.

Seguidamente se canta el aleluya (esta palabra aparece unas 26 veces en la Bilia, sea en el AT como en el NT [Salmos 104-106; 111-113; 115-117; 135.146-150Apocalipsis 19,1: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro.
La liturgia de la palabra culmina con la proclamación del Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.


Después de la homilía, todos juntos proclamamos Fe en Nuestro Señor Jesucristo, en el Padre y en el Espíritu Santo...y todo eso, usando la Biblia:

Credo

Creo en un solo Dios : Deuterenomio 6, 4: Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el ÚNICO Dios.

Padre : Deuterenomio 32, 6: Así pagáis a Yahvé, pueblo insensato y necio? ¿No es él tu PADRE, el que te creó, el que te hizo y te fundó?

Malaquías 2, 10: ¿No tenemos todos nosotros un mismo PADRE? ¿No nos ha creado el mismo Dios?

Todopoderoso : Génesis 49, 24: pero es roto su arco violentamente y se aflojan los músculos de sus brazos por las manos del PODEROSO de Jacob...

Isaías 1, 24: Por eso - oráculo del Señor Yahvé Sebaot, el PODEROSO de Israel...

Creador del cielo y de la tierra : Génesis 1, 1: En el principio, creó Dios los cielos y la tierra.

De todo lo visible y lo invisible : Colosenses 1, 16: porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él...

Creo en un solo Señor Jesucristo: Juan 3, 16: Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna).

Hijo único de Dios, Nacido del Padre antes de todos los siglos Mateo 16, 16: Tú eres el Cristo, el HIJO de DIOS vivo.

Juan 1, 18: A Dios nadie le ha visto jamás: DIOS UNIGÉNITO, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer.

Romanos 10, 9: Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es SEÑOR y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo.

Colosenses 1, 17: Él es antes que todo y todo subsiste en Él.

Dios de Dios : 2 Pedro 1, 1. Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo

Luz de Luz : Juan 1, 9: El Verbo era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

Dios verdadero de Dios verdadero : Tito 2, 11-13 : Se ha manifestado la gracia salutífera de Dios a todos los hombres..., con la bienaventurada esperanza en la venida gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jesús.

Engendrado, no creado: Hebreos 1, 5: En efecto, ¿a qué ángel dijo alguna vez: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy?

Hechos 13,33: Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús, como está escrito en los salmos: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy.

De la misma naturaleza del Padre: Hebreos 1, 3: el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia...

Colosenses 2, 9: Porque en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente.
Por quien todo fue hecho : Colosenses 1, 16: porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él,
Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo : Mateo 1, 21: Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados
Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen : Mateo 1, 20: José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
Lc 1,35: Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Y se hizo hombre : Juan 1, 14 Y por nuestra causa fue crucificado : Romanos 3, 24-25: todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente.
Hebreos 12, 2: fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en
lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia.
...en tiempos de Poncio Pilatos : Juan 18, 29: Salió pues, Pilato fuera...
Padeció : Hechos 17, : explicándolas y probando que Cristo tenía que padecer...
1 Corintios 15, 3: Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí:
que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras...

Y fue sepultado : 1 Corintios 15, 4: ...que fue sepultado Juan 19, 40-42: Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

Descendió a los infiernos : Efesios 4, 9-10: ¿Qué quiere decir «subió» sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? Este que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.

1 Pedro 3, 19.20: En Él fue también a predicar a los espíritus encarcelados,
en otro tiempo incrédulos...
Y resucitó el tercer día, según las Escrituras : 1 Corintios 15, 4 : ...y que resucitó al tercer día, según las Escrituras
Hechos 13, 32-34: También nosotros os anunciamos la Buena Nueva
de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús... Y que le resucitó de entre los muertos para nunca más volver a la corrupción...
Subió al cielo : Hebreos 9, 24: Pues no penetró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro;
Lc 24:51: Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado al cielo.
Y está sentado a la derecha del Padre : Marcos 16, 19: Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios
Hebreos 12, 2: y está sentado a la diestra del trono de Dios.
Y de nuevo vendrá con gloria : Mateo 25, 31: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.
Tito 2, 13: aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo.

Para juzgar a vivos y muerto : Mateo 25, 32: Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor
separa las ovejas de los cabritos.
Juan 5, 28-29: No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén
en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio.

Y su reino no tendrá fin: Apocalipsis 22, 5: el Señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos... Lc 1,33: y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin

Creo en el Espíritu Santo, Señor : 2 Corintios 3, 18: así es como actúa el Señor, que es Espíritu.
Y dador de vida : Juan 6, 63 : El Espíritu es el que da vida. Job 33, 4: El Espíritu de Dios y la inspiración del Omnipotente me dio vida.

Que procede del Padre : Juan 15, 26: el Espíritu de la verdad, que procede del Padre
Y del Hijo : (Gálatas 4, 6: La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!
Con el Padre y el Hijo recibe una misma Adoración y gloria : 2 Corintios 13, 13: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.
Y habló por los profetas : 2 Pedro 1, 21 : porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios.

Creo en la Iglesia que es una: Mateo 16, 18: Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré MI Iglesia...; Jn 17, 22-23 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado

Santa : Efesios 5, 25-27: como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada.

Católica : Mateo 18, 19: Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes ...
Marcos 16, 15: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación...

Y Apostólica. : Efesios 2,20-21: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor.

Confieso un solo bautismo para el perdón de los pecados. : Hechos 2, 38. Bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados.
1 Corintios 12, 13. Todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu,para constituir un solo Cuerpo.

Espero la resurrección de los muertos : 1 Tesalonisenses 4, 14-16: Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará
consigo a quienes murieron en Jesús. Os decimos eso como Palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron. El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar.

Y la vida del mundo futuro : 2 Pedro 3, 13: Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en lo que habite la justicia.

Amén : Apocalipsis 3, 14: Así habla el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios.

Isaías 65, 16: tal que, quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el
Dios del Amén, y quien jurare en la tierra, jurará en el Dios del Amén.


Tras la homilía tiene lugar la oración de los fieles. Ésta mira a pedir por las diversas intenciones que están en el corazón de las diversas comunidades. Esta oración de los fieles, tiene lugar antes de la segunda parte de la Misa, que es la “liturgia eucarística”. La procesión de las ofrendas implica la participación de los fieles que ofrecen los dones del pan y del fino, así como otros dones por diversas necesidades. Estos actos se hacen como respuesta a la invitación de Cristo en Lc 9-13 “Y yo os digo: Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente?¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”. Otro pasaje útil al respecto es Ap 5,8: “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos”.

Liturgia del Sacrificio o Liturgia

En efecto, las ofrendas son no sólo fruto de la tierra y del trabajo de los hombres, sino también oración, y ofrenda que Cristo consagrará, como bien dice Ap 5,8.
A estos sentimientos bíblicos corresponde la procesión de las ofrendas y las oraciones que las acompañan:

El sacerdote se acerca al altar, tras recibir las ofrendas del pan y del vino, de manos de los fieles y dice:
“Bendito seas Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida”.

A estas palabras el pueblo responde (salvo cuando se entona algún canto): “Bendito seas por siempre Señor”.

“Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación”.

También a estas palabras el pueblo responde (salvo cuando se entona algún canto): “Bendito seas por siempre Señor”.


Tobías 8,5: “Bendito seas tú, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu Nombre por todos los siglos de los siglos! Bendígante los cielos, y tu creación entera, por los siglos todos”

Daniel 3,26: “Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de loor, y tu nombre sea glorificado eternamente”
Lc 22,19: “tomó pan, dio gracias...” .
Jn 6,11: “Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias...”. Jn 6,23: “Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor”.
Jn 6,35: “Les dijo Jesús: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”.
Isaías 30,23: “Él dará lluvia a tu sementera con que hayas sembrado el suelo, y la tierra te producirá pan, fruto de la tierra, y será pingüe y sustancioso”.
Oseas 14,“8 Volverán a sentarse a mi sombra; harán crecer el trigo, florecerán como la vid, su renombre será como el del vino del Líbano”.

El sacerdote se lava las manos, mientras dice en voz baja: “Lava del todo mi delito limpia todo mi pecado”. Las palabras e remontan al Salmo 51,4: “Lávame a fondo de mi culpa,y de mi pecado purifícame”.

Acto seguido el sacerdote dice: “Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios Padre todopoderoso”.
Oseas 14,2: “Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Dios, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios”.
Levítico 22,19: “Y cuando ofrezcáis sacrificio de acción de gracias a Dios, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable”.
Efesios 5,2: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”.
Hebreos 13,15: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”.

El sacerdote pronuncia entonces una oración sobre las ofrendas, suelen ser diversas según las necesidades de tiempos y lugares. Dichas oraciones, suelen corresponder a los sentimientos bíblicos cuando se ofrecían sacrificios, de este modo, se ve con claridad cómo el Antiguo Testamento ha preparado al Nuevo; un ejemplo tomado de la liturgia cotidiana del tiempo ordinario: “Dígnate, Señor, aceptar esta ofrenda de tu pueblo; que ella nos santifique y nos alcance lo que ahora imploramos por tu misericordia, por Cristo, nuestro Señor”.
2Macabeos 1,26: “Acepta el sacrificio por todo tu pueblo Israel, guarda tu heredad y santifícala”.
1Tesalonicenses 5,23: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
1Timoteo 1,12: “Doy gracias a aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio”.


Prefacio (parte de la Misa que precede a la plegaria eucarística)

En el prefacio se recogen también diversas alusiones bíblicas. La primera parte, en que se alternan las palabras del sacerdote, es invariable; la segunda, reservada sólo al sacerdote, que ora con los brazos abiertos, varía según el período del año, festividades o circunstancias concretas.

El Señor Esté con vosotros
Y con tu espíritu.
Romanos 16,24 (Filipenses 4,26; Ap 22,21): “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros”.
2Tim 4,22: “El Señor sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros”.


Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
1Pedro 3,4 “Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios”.


Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
1Tes 3,9-10: “Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe?
2Tes 1,3: “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás”.


Parte variable del prefacio. No se pueden recoger aquí todos los prefacios que se recitan en diversas ocasiones, se tomará sólo uno, para mostrar su relación con la Sagrada Escritura: Prefacio II de difuntos.

“En verdad es justo y necesario es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todo poderoso y eterno, por Cristo, señor nuestro.
1Tes 3,9-10: “Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe?
2Tes 1,3: “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás”.
Jn 17,11: “Padre Santo...”
Ap 4,8: “Santo, santo, santo es el Señor, Dios todopoderoso”.
Rm 16,26: “Pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe”.
1Tesalonicenses 5,23: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Porque él aceptó la muerte, uno por todos,
Para libarnos del morir eterno; es más, quiso entregar su vida para que todos tuviéramos la vida eterna. Por eso, unidos a los coros angélicos te aclamamos llenos de alegría”...
Filipenses 2,8: “Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.
Rm 5,8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.
1Jn 2,2: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.
2Cor 5,14-15 “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.
Hebreos 2,11: Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos.


Tras el prefacio tiene lugar el canto del "Sanctus": la triple repetición del adjetivo "santo" (en hebreo "qadosh") indica en el AT un superlativo; pone de relieve, en efecto, que no hay ser más grande, excelso y sobre todo "santo" que Dios. El que se trate de una triple repetición también prepara el camino para la revelación plena del Dios trinitario en el NT.


Sanctus


Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo. Llenos están los cielos y la Tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo :
Apocalipsis 4, 8: Los cuatro Vivientes...
repiten sin descanso día y noche:
«Santo, Santo, Santo, Señor,
Dios Todopoderoso... »

Isaías 6, 2-3: Unos serafines se
mantenían erguidos por encima de él... Y se
gritaban el uno al otro: «Santo, santo,
santo, Yahvé Sebaot: llena está toda la
tierra de su gloria.».

Mateo 21, 9: Y la gente que iba delante y
detrás de él gritaba: «¡Hosanna al
Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!» (La palabra "hosanna" es un una suplica en hebreo que significa "salva",


Después del "Sanctus" sigue la plegaria eucarística. La liturgia católica prevé habitualmente al menos cuatro plegarias. Seguiremos la más frecuente hoy, que es la segunda.

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad
Ap 15,4 ¿Quién no te temerá, OH Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.
Salmo 22,3: Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
Is 57,15: Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

"Epíclesis": es la invocación al Espíritu Santo para que descienda sobre las ofrendas y que por su poder al lado del de las otras dos divinas personas, los dones que se han presentado a Dios queden santificados.

Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu:
1Cor 6,11: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados,ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
1Jn 4,13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.
De manera que sean para nosotros cuerpo y sangre de Jesucristo nuestro Señor
Jn 6,63: El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

El cual, cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente aceptada,
Jn 10,17-18: "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para tomarla de nuevo.
Nadie me la quita, sino que yo la doy de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Tal es el mandamiento que del Padre he recibido".
tomó pan, dándote gracias lo partió
y lo dio a sus discípulos diciendo

1Cor 11,23: Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; habiendo dado gracias, lo partió, y dijo


Consagración

Tomad y comed todos de él, porque éste es mi cuerpo que será entregado por vosotros.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo
Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alizna nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.

1Cor 11,24-25: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
Mt 26,26-28: Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.
Mc 14,22-24 Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo.
Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.
Lc 19,19-29 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
Después de la consagración el sacerdote proclama que la Eucaristía es un misterio o sacramento de fe:

Éste es el sacramento de nuestra fe
Estas palabras se remontan al espíritu de Jn 6, en que Cristo insiste en "creer" que su carne es verdadera comida y su sangre es verdadera bebida.
Jn 6,34-36: Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
Jn 6,40-41: Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.
Jn 6,47-51: De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Éste es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

A las palabras del sacerdote, el pueblo responde:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús
1Cor 11, 26: Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que él venga.
1Cor 15,11-12 Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído. Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
Ap 22,20 El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

El sacerdote continúa con la parte final de la plegaria eucarística con los brazos extendidos:

Así, pues, Padre,
al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo,
te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación
y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.
Rm 8,15: "Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!"
1Cor 11,24: haced esto en memoria de mí.
1Cor 11, 26: Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que él venga.
Ef 1,3-6: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia...

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del cuerpo y sangre de Cristo.
Ef 2,13-18: "Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra
Y con el Papa, con nuestro obispo, llévala a su perfección por la caridad.
Rm 9,15: "Porque la Escritura dice al Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra".
Hechos 17,26: "Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación".
Judas 20-21 "Pero vosotros, queridos, edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo,
manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna".
Hebreos 10,23-25: Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa. Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras, sin abandonar vuestra propia asamblea, como algunos acostumbran hacerlo, antes bien, animándoos: tanto más, cuanto que veis que se acerca ya el día.

Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección
y de todos los que han muerto en tu misericordia;
admítelos a contemplar la luz de tu rostro.
Hechos 23,6 "por esperar la resurrección de los muertos se me juzga».
Judas 21: "manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna".
Judas 24: Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,
1Pedro 1,3-5: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva. a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento".

Ten misericordia de todos nosotros,
Lc 17,13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

...y así con María, la Virgen, Madre de Dios,los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos merezcamos por tu Hijo Jesucristo,compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.
Rm 6,23: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Ap 5,8-13: Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo diciendo: «Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra».
Y en la visión oí la voz de una multitud de Angeles alrededor del trono, de los Vivientes y de los Ancianos. Su número era miríadas de miríadas y millares de millares, y decían con fuerte voz: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza». Y toda criatura, del cielo, de la tierra, de debajo de la tierra y del mar, y todo lo que hay en ellos, oí que respondían: «Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y potencia por los siglos de los siglos». Y los cuatro Vivientes decían: «Amén»; y los Ancianos se postraron para adorar.

Terminamos las Oraciones Bíblicas con una alabanza Bíblica:
El sacerdote toma el cuerpo y la sangre de Cristo y se dirige al Padre con una;

Doxología (alabanza)

Por Cristo, con Él y en Él, a Ti Dios Padre Omnipotente, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Romanos 11, 36: Por que de Él y por Él, y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por los siglos. Amén.)
Ap 5,13: «Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y potencia por los siglos de los siglos». Y los cuatro Vivientes decían: «Amén»; y los Ancianos se postraron para adorar.


Para acercarnos a la Comunión, también nos preparamos usando la Biblia:

La Comunión

Pater noster (Padre Nuestro)

Padre nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea el tu nombre.
Venga a nos el tu reino. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así
como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la
tentación.: Mateo 6, 9-13: Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los
cielos, santificado sea tu Nombre;venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.


Agnus Dei

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros! Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros!Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡danos la paz! :
Juan 1, 29: Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Mateo 9, 27: ¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!)


Ósculo de la paz

Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: Mi paz os dejo, mi paz os doy ;
Juan 14, 27: Mi paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.


Comunión

Ved aquí el Cordero de Dios, ved aquí al que quita los pecados del mundo :
Juan 1, 29: Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.


Los fieles responden con la Biblia:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, mas una palabra tuya, bastará para sanarme. :
Mateo, 8, 8: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Di una sola palabra y mi siervo quedará sano.


Finalizamos la Misa...¡CON LA BIBLIA!!!

Despedida

Podéis ir en paz : Juan 20, 29: Jesús en medio de ellos y les dijo: La paz con vosotros.

jueves, 29 de abril de 2010

Santa Catalina de Siena

Virgen y Doctora de la Iglesia

Martirologio Romano: Memoria de santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, que habiendo entrado en las Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo, deseosa de conocer a Dios en sí misma y a sí misma en Dios, se esforzó en asemejarse a Cristo crucificado y trabajó también enérgica e incansablemente por la paz, para que el Romano Pontífice regresara a la Urbe y por la unidad de la Iglesia, dejando espléndidos documentos llenos de doctrina espiritual (1380).

Etimológicamente: Aquella que es pura y casta, es de origen griego.Lo que más maravilla en la vida de Santa Catalina de Siena no es tanto el papel insólito que desempeñó en la historia de su tiempo, sino el modo exquisitamente femenino con que lo desempeñó. Al Papa, a quien ella llamaba con el nombre de “dulce Cristo en la tierra”, le reprochaba la poca valentía y lo invitaba a dejar Aviñón y regresar a Roma, con palabras humanísimas como éstas: “¡Animo, virilmente, Padre! Que yo le digo que no hay que temblar”. A un joven condenado a muerte y a quien ella había acompañado hasta el patíbulo, le dijo en el último instante: “¡a las bodas, dulce hermano mío! que pronto estarás en la vida duradera”.

Pero la voz sumisa de la mujer cambiaba de tono y se traducía frecuentemente en ese “yo quiero” que no admitía tergiversaciones cuando entraba en juego el bien de la Iglesia y la concordia de los ciudadanos.

Catalina nació en Siena (Italia) el 25 de marzo de 1347 y era la vigésimo cuarta hija de Santiago y Lapa Benincasa. A los siete años celebró su místico matrimonio con Cristo. Esto no se debió a fantasías infantiles, sino que era el comienzo de una extraordinaria experiencia mística, como se pudo comprobar después . A los quince años entró a la Tercera Orden de Santo Domingo, comenzando una vida de penitencia muy rigurosa. Para vencer la repugnancia hacia un leproso maloliente, se inclinó y le besó las llagas.

Como no sabía leer ni escribir, comenzó a decir a varios amanuenses sus cartas, afligidas y sabias, dirigidas a Papas, reyes, jefes y a humilde gente del pueblo. Su valiente compromiso social y político suscitó no pocas perplejidades entre sus mismos superiores y tuvo que presentarse ante el capítulo general de los dominicos, que se celebró en Florencia en mayo de 1377, para explicar su conducta.

En Siena, en el recogimiento de su celda, dictó el “Diálogo sobre la Divina Providencia” para tributar a Dios su último canto de amor. En los comienzos del gran cisma aceptó el llamamiento de Urbano VI para que fuera a Roma. Aquí se enfermó y murió rodeada de sus muchos discípulos a quienes recomendó que se amaran unos a otros. Era el 29 de abril de 1380: hacía un mes que había cumplido 33 años.

Fue canonizada el 29 de abril de 1461. En 1939 fue declarada patrona de Italia junto con San Francisco de Asís, y el 4 de octubre de 1970 Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia, y el 1 de Octubre de 1999 S.S. Juan Pablo II la declaró Patrona de Europa.

Además Santa Catalina tiene los siguientes patronatos:
° contra los incendios;
° contra los males corporales;
° contra la enfermedad;
° contra los abortos involuntarios;
° contra las tentaciones;
° Allentown, Pennsylvania;
° para la prevención de incendios;
° de los bomberos;
° de las enfermeras;
° de las personas ridiculizadas por su piedad;
° de los enfermos.

miércoles, 28 de abril de 2010

Fuerza !!! en nuestra perseverancia

Pedido por la perseverancia y santificación de las vocaciones
Campana (Buenos Aires), 27 Abr. 10 (AICA)

El obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga, presidió este domingo la misa por la jornada del Buen Pastor en Campana, donde pidió a la comunidad diocesana que “ore con gran confianza para que el Señor envíe obreros a su mies, por las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por la perseverancia y santificación de los sacerdotes”. Estimó que esta jornada por las vocaciones de especial consagración es también una ocasión para “recordar con afecto y valoración a nuestro Seminario diocesano San Pedro y San Pablo, donde se forman aquellos jóvenes que se preparan para entregarse al Señor y a la Iglesia como sus sacerdotes”.