sábado, 15 de mayo de 2010

El desafio de la Iglesia frente a los abusos

EL ABUSO DE LOS ABUSO
Gentileza: Profesor Arnaldo Cifelli
Autores: Cristo Hoy

El linchamiento mediático del que es objeto la Iglesia tiene como objeto debilitarla y restarle prestigio para que le sea costoso funcionar como conciencia moral de la humanidad, ya que el mundo no cuenta con ninguna otra institución que se le asemeje y que desempeñe ese rol espiritual. Algunos colectivos moralmente sanos y fuertes como el islam carecen de una institucionalidad y organización para desempeñar esta función.
Al respecto, y para demostrar el estado actual de la salud moral de occidente, es oportuna la siguiente cita extensa del artículo titulado “Por querer introducir al mundo dentro de la Iglesia…”, por Guillermo Elizalde Monroset, exraído del sitio infocatólica.

“Un mundo donde al menos el 50% de los abusos sexuales se comenten en la propia familia. Un mundo que sólo en EE.UU. cuenta 39 millones de víctimas de abusos, y 290 mil casos en escuelas públicas cada década. Un mundo que en 1993 nombró “consultor” de la ONU a la Asociación Internacional de Gay y Lesbianas (ILGA), entre cuyos miembros figuraban grupos de pederastas como la Asociación Norteamericana por el Amor Hombre-Chico (NAMBLA). Un mundo cuyos tribunales legalizan a un partido holandés, el PNVD, que pide aprobar las relaciones entre adultos y niños. Un mundo que en Suiza distribuye preservativos de talla preadolescente por iniciativa gubernamental. Un mundo que en España abusa del 23% de las niñas y el 10% de los niños. Un mundo que acaba de aprobar en Gran Bretaña una ley para “educar en sexo y relaciones” a niños de 5 años.

Las contraindicaciones desconciertan al sentido común. La ideología feminista tiene por biblia El “segundo sexo”, de Simone de Beauvoir , proveedora de menores para uso de Sartre. El homosexualismo venera al sexólogo Alfred Kinsey, para quien la pederastia era una manifestación normal de la sexualidad. El gobierno francés mantiene como Ministro de Cultura a Fréderic Mitterrand, que en 2005 publicó sus encuentros pedófilos en Tailandia. El PESOE se escandaliza del sexo con menores, mientras enseña a masturbarse a niños de 6 años. Los Verdes alemanes pidieron la despenalización de la pedofilia hace ya veinticinco años. El “New York Times”, en 1997 pedía no hablar de pedofilia, sino de “alguien que te quiere, aunque no de modo correcto”. ¿Dónde está la coherencia discursiva? ¿Acaso la modernidad ha perdido el juicio”?.
El Parlamento holandés en los últimos años ha legislado a favor de otorgar derecho a realizar acciones íntimas (entiéndase) en lugar públicos, es decir determinadas plazas y paseos, y también ha reconocido derecho a la poligamia y a la poliandria, lo que significa que tanto varones como mujeres puedan respectivamente convivir sexualmente en distintos grupos.
Con estos ejemplos se prueba la voluntad de caminar resueltamente en una dirección contraria a los cánones morales con que Occidente vivió desde la oficialización del cristianismo..
Todos sabemos que la hecatombe que ocasiona la destrucción de la familia, hoy por hoy ya operada, terminó en el invierno demográfico, luego de haber transitado por los fenómenos más inusitados y casi impensables hasta hace poco tiempo: festín de preservativos, travestismos y preconización de estándares de comportamiento según modelos que nadie antes se habría atrevido a suponer.
En este contexto se ha abusado de los abusos con el único fin de que la voz de la Iglesia sea neutralizada.

El Papa Benedicto XVI recibe a 90 Diáconos Permanentes

Diáconos permanentes: servidores de la verdad

Ciudad del Vaticano
AICA

Con motivo del 25º aniversario del restablecimiento del diaconado permanente en Roma, unos 90 diáconos permanentes de esta diócesis fueron recibidos por el papa Benedicto XVI, quien en su primera intervención específicamente dirigida a ellos, los alentó a anunciar la verdad con la caridad, respondiendo en particular a las nuevas pobrezas.

En la audiencia, que se llevó a cabo el 18 de febrero y tuvo lugar en la Sala Clementina, el Santo Padre afirmó que para que su ministerio "pueda testimoniar realmente el amor de Dios es muy importante la unión con Cristo mediante la oración, la vida sacramental y en particular, la adoración eucarística".

“Anunciando el Evangelio -añadió-, podrán ustedes ofrecer la Palabra capaz de iluminar y de dar significado al trabajo humano, al sufrimiento de los enfermos, y ayudarán a las nuevas generaciones a descubrir la belleza de la fe cristiana. De este modo, serán diáconos servidores de la Verdad que libera, y llevarán a los habitantes de esta ciudad al encuentro con Jesucristo. Para el ser humano, aceptar al Redentor en su vida es fuente de una alegría profunda que puede otorgar la paz también en lo momentos de prueba".

El Papa señaló que “no es suficiente anunciar la fe sólo con palabras”, es “necesario acompañar el anuncio del Evangelio con el testimonio concreto de la caridad. El ejercicio de la caridad pertenece desde el inicio al ministerio diaconal”, aclaró, en referencia a los primeros siete diáconos, que fueron elegidos, según los Hechos de los Apóstoles, para servir a los más necesitados, en particular a las viudas.

Refiriéndose a los numerosos pobres, "a menudo provenientes de países muy lejanos de Italia", que “tocan a las puertas de las comunidades parroquiales en busca de ayuda, dijo: "Reciban a estos hermanos con gran cordialidad y disponibilidad, y traten de subsanar sus necesidades en la medida de lo posible".

El Santo Padre constató que “en estos años surgieron nuevas formas de pobreza: muchas personas, de hecho, perdieron el sentido de la vida y no poseen una verdad sobre la cual construir su existencia; muchos jóvenes buscan hombres que los sepan escuchar y aconsejar en las dificultades de la vida. Junto a la pobreza material, nos encontramos también con una pobreza espiritual y cultural”, añadió agradeciendo a los diáconos el trabajo que realizan en Roma, en particular en la pastoral bautismal y familiar.

"Agradezco -continuó- a los que están comprometidos en este testimonio de caridad silencioso y cotidiano. Con su servicio, los pobres perciben que también forman parte de aquella gran familia de los hijos de Dios, que es la Iglesia".

Benedicto XVI concluyó recalcando que la vocación que habían recibido era "una gracia particular para la vida familiar de ustedes, que de este modo está llamada a abrirse cada vez más a la aceptación de la voluntad del Señor y de las necesidades de la Iglesia. Que el Señor recompense la disponibilidad con la que sus esposas y sus hijos los acompañan en el servicio a la comunidad eclesial".

Nota:
En 2004 había en el mundo 32.324 diáconos permanentes, un crecimiento importante si se piensa que en 1978 eran 5.562. Están presentes sobre todo en América del Norte y en Europa, con un porcentaje mundial del 47,3% y del 32,3%. Entre 2003 y 2004 crecieron en un 2,5%.y en sudamerica comienzan a ser considerados por el clero, haciendo caso al concilio Vaticano II.

martes, 11 de mayo de 2010

ESCUELA DE MINISTERIOS Y DIACONADO PERMANENTE PABLO VI ¿QUERES MEJORAR TU TAREA PASTORAL?

ESCUELA DE MINISTERIOS Y DIACONADO PERMANENTE

PABLO VI

¿QUERES MEJORAR TU TAREA PASTORAL?

¿PENSASTE EN UN MINISTERIO?
Ministerio de la Palabra
Ministerio del Alivio
Ministerio del Altar

INFORMES, REQUISITOS Y RESERVAS DE VACANTES
e-mail: pablovi.emld@gmail.com
TEL: 4656-2411 o 4443-4203


INICIO DEL CICLO LECTIVO 2010
10 DE ABRIL 9 hs.


Sábados de 9 a 12 hs.
Arieta 2962, 3º Piso, San Justo
Edificio Cáritas

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

AÑO SACERDOTAL VIII

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
SUMO Y ETERNO SACERDOTE

El sacerdocio de Cristo

El Nuevo Testamento, específicamente la Carta a los Hebreo, afirma que sólo Jesucristo es el sumo sacerdote en un sentido diverso al sacerdocio del Antiguo Testamento: Él ha cumplido plenamente la antigua Alianza, pues su culto es auténtico al consistir en la oblación de su persona. Esa entrega oblativa, santifica a la Iglesia (Jn 17, 19s), que por esa consagración ofrece al Padre en el Espíritu el sacrificio espiritual (1Ped. 2, 5-9; Ap 1, 6; 5, 10; 20,6). Cristo Jesús, siervo obediente, que por su misterio pascual ha entrado en el cielo lo ha hecho como sumo sacerdote para siempre, no a la manera del sacerdote levítico de Aarón, sino de Melquisedec (Heb 4, 14; 5, 10; 6, 20). A partir de la Encarnación en María, el sacerdocio antiguo con su complejo sistema de sacrificios y holocaustos ha pasado. Al asumir el Verbo un cuerpo se ha convertido en sacerdote y víctima de manera perfecta (cf. Sal 39), lo que le constituye en Mediador de la Nueva Alianza (1Tim 2,5; Heb 8,6; 9,1-28) realizando la comunión entre Dios y los hombres (Jn 14, 6).
Toda esta teología bíblica se ha concentrado pedagógica y magistralmente en esta fiesta que celebra el contenido de la obra sacerdotal de Cristo, su Misterio Pascual en favor de los hombres, realizado una vez para siempre.
(Manuel González López – Coros. Año Litúrgico. San Pablo. Mayo)

Un poco de historia

La Sagrada Congregación de Ritos, de acuerdo con el mandato del papa Pío XI en la encíclica Ad catholici sacerdotii, (1935), presenta a la Iglesia un formulario de la misa votiva de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Dos años más tarde, la Santa Sede concede una serie de indulgencias a quienes participen en esta celebración orando y ofreciéndose a Dios a favor de los sacerdotes y los seminaristas, para que sean santificados y formados según el corazón de Cristo sacerdote.
Sin embargo la iniciativa para la institución de la fiesta surge, en 1950, en el seno de la naciente congregación monástica Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote. Esta congregación fue fundada en España por monseñor José María García Lahiguera y Madre María del Carmen Hidalgo de Caviedes.
Lo que se pretendía con la creación de esta fiesta era dirigir la mirada al Sacerdote primero y único, Jesucristo, para redescubrir en él el rostro verdadero de sacerdocio cristiano, ministerial y bautismal.
La Santa Sede (1952) les concede festejar la fiesta de Cristo Sacerdote como “fiesta patronal”.
Al ser aprobados los textos definitivos de la Misa y la Liturgia de las Horas (21/XII/ 1971) la “Sagrada congregación para el Culto Divino” indica que ellos pasarían a ser los textos oficiales también para las naciones que lo soliciten.
Esto significa que esta fiesta puede incorporarse al Calendario propio de una Iglesia particular si así lo solicita la Conferencia Episcopal. Muchas lo han hecho. Entre otras Chile y Perú. No así nuestra Iglesia argentina. (Si no he leído mal, poco tiempo atrás, algunos obispos han pedido a la CEA que se dé ese paso).
La fiesta se celebra el jueves siguiente a Pentecostés. En consecuencia se puede celebrar la Misa votiva conforme a la IGMR nº 355c.
Las lecturas se encuentran en el Leccionario IV. Son estas.
-- Is 52,13-15; 53,12 o bien Heb 10, 12-23
-- Sal 39,6 ab. 10. 11ab.
-- Ev. Lc 22, 14-20

REFLEXION
* Sabemos que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2,5) y que Jesús, como permanece para siempre, posee un sacerdocio inmutable (…) vive eternamente para interceder por nosotros (…) es el Sumo Sacerdote que necesitábamos (Heb. 7, 24-26).
“Con toda razón se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo” (SC 7).
* Sabemos también que el sacerdote es alter Christus (Pío XI, Ad catholici sacerdotii), ya que por el sacramento del orden se configuran los presbíteros con Cristo sacerdote (PO 12)
* Sabemos que por los sacramentos del Bautismo y la Confirmación los fieles son consagrados para ser… un sacerdocio santo, y que el sacerdocio común de los fieles, a su manera, participa del único sacerdocio de Cristo (LG 10)
Y cómo no recordar que Cristo sumo sacerdote y único mediador ha hecho de la Iglesia un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre (1 Pe. 2, 5-9; Ap 1, 6; 5, 10; 20, 6)
Sobran razones para celebrar a Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, sobre todo, en este Año Sacerdotal. Ciertamente no debiera dejar de celebrarse en los seminarios y Casas de formación. No parece exagerado sugerir que esta celebración sea asumida a nivel diocesano.
La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, podrá ser para todos, una fuente inagotable de vida cristiana, en cuanto pueblo sacerdotal y una savia pujante y incesantemente renovadora del ser y de la vida de quienes hemos recibido la gracia especial que nos capacita para el ejercicio de los ministerios sagrados.
Monseñor García Lahiguera

MATERIALES
1.- Sugerencias
- Resaltar la celebración: Flores, iluminación, ornamentos, vasos sagrados…
- Guía / Guión
- Ministerio del canto (cantos apropiados)
- Distribuir la Oración pidiendo por los sacerdotes
- Homilía: Es una celebración para predicar no con el “cerebro” sino con el “corazón” No hay fuerza mayor a una ardiente convicción que testifica.

2.- Guión
Guión para la Santa Misa

1) Orientación de la celebración
¡Seguimos de fiesta! Hoy celebramos a Jesucristo como Sumo y Eterno Sacerdote. Él se ofreció en la cruz por nosotros y así se convirtió en Sumo Sacerdote, “misericordioso y fiel” en favor nuestro para siempre. Él se compadece de nuestras debilidades y vive junto al Padre para interceder por nosotros.
El único sacerdocio de Cristo se hace presente en el sacerdocio ministerial. En el servicio del sacerdote es Cristo mismo quien está presente en su Iglesia.
Nos ponemos de pie, y con alegría recibimos al padre NN que, en nombre de Cristo Sacerdote, presidirá nuestra celebración, Cantamos…

2) Acto penitencial
- Tú eres el único Mediador entre Dios y los hombres.
- Señor, ten piedad.
- Tú fuiste sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
- Cristo, ten piedad.
- Tú eres el mismo ayer, hoy y lo serás siempre.
- Señor, ten piedad

3) Liturgia de la Palabra (1)
- 1ª lectura: Is. 52, 13-15. 53,12
Es fácil, hermanos, advertir que este pasaje del profeta Isaías prefigura la pasión de Jesús a favor de toda la humanidad

- Salmo: 39, 6ab. 10. 11ab
Frente a las maravillas obradas por Dios, el salmo alaba y da gracias al Señor. Lo haremos también nosotros, aclamando: ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!

( - 2ª lectura: Heb 10,12-23
La Carta a los Hebreos muestra la eficacia del Sacrificio de Cristo a favor nuestro).

- Evangelio: Lc. 22, 14-20
Junto a la Eucaristía, Jesús instituyó el sacerdocio de la Nueva Alianza al ordenar: “Hagan esto en memoria mía”

(1) La Misa votiva tiene una sola lectura. Se puede optar entre las dos que sí se leen en la Fiesta

4) Oración de los fieles:
A cada intención pedimos: Renueva la alegría de su vocación.

1- Por los sacerdotes que representan y actúan en nombre de Cristo. Oremos.
2.- Por los sacerdotes afligidos, turbados, desalentados, en crisis…
3.- Por los sacerdotes vivos y difuntos, a quienes les debemos especial gratitud.
4.- Por quienes se están preparando para servir como pastores.
5.- Por el Pueblo de Dios, reino sacerdotal, que participa del único sacerdocio de Cristo.
6.- Por el padre NN (los padres) a quienes el Señor encomendó presidir nuestra comunidad.

5) Presentación de los dones
Cristo es nuestra gran ofrenda al Padre. Con él, por él y en él, ofrezcamos nuestra vida como “víctima viva, santa y agradable a Dios”.

6) Prefacio
Junto al “celebrante” demos gracias al Señor porque Cristo se entregó primero a sí mismo como víctima de salvación.



7) Comunión
El Cuerpo inmolado y la Sangre derramada de Cristo nos fortalecen y purifica. Con alegría vamos a recibir el Pan de Vida. Cantamos.

8) Después de la Oración poscomunión
Rezamos la Oración pidiendo por los sacerdotes.

9) Canto final
Queridos amigos:
Hemos glorificado a Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, con alegría nos retiramos cantando.

3.- Pistas para la homilía

El tema sacerdocio abarca tres realidades:
- El sacerdocio de Cristo.
- El sacerdocio ministerial.
- El sacerdocio común de los fieles.

Este desarrollo puede consultarse en X. Léon- Dufourt “Vocabulario de Teología Bíblica”. Herder. Artículos Sacerdocio/ Sacrificio. Algo similar se aborda en la homilía que reproducimos más adelante.
En el marco de nuestra homilía (siempre limitada por el tiempo) sugiero ser más modesto. A ello apunta estas pistas.
1.- Liturgia de las Horas: Oficio de Lectura.
- Primera lectura: Jesucristo, Sumo Sacerdote.
- Segunda lectura Cristo, Sacerdote y Víctima.
2.- Prefacios:
- De la Santísima Eucaristía I: Prevalece la idea de “Jesucristo, verdadero y único sacerdote que se entregó primero a sí mismo como víctima de salvación”
- De la Misa Crismal: Centra su mensaje en los “sacerdotes que renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención humana”.

4.- Oración pidiendo por los Sacerdotes:

Jesús, Buen Pastor, que has querido guiar a tu pueblo mediante el ministerio de los sacerdotes:
¡gracias por éste regalo para tu Iglesia y para el mundo!.
Te pedimos por quienes has llamado a ser tus ministros: cuídalos y concédeles el ser fieles. Que sepan estar en medio y delante de tu pueblo, siguiendo tus huellas e irradiando tus mismos sentimientos.
Te rogamos por quienes se están preparando para servir como pastores: que sean disponibles y generosos para dejarse moldear según tu Corazón.
Te pedimos por los jóvenes a quienes también hoy llamas: que sepan escucharte y tengan el coraje de responderte, que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora, que te descubran como el verdadero Tesoro y estén dispuestos a dar la vida “hasta el extremo”.
Te lo pedimos junto con María, nuestra Madre de Luján, y san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, en este Año Sacerdotal. Amén.

5.- ALABANZAS
A JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE
(De acuerdo a la Carta a los Hebreos)
Himno (Laudes)
Eres tu nuestro pontífice,
oh Siervo glorificado,
ungido por el Espíritu,
de entre los hombres llamado.

Eres tú nuestro pontífice,
el que tendiste la mano
a la mujer rechazada
y al ciego desamparado.

Eres tú nuestro pontífice;
el culto de los cristianos,
tu palabra que acontece
y el cuerpo santificado.

Eres tú nuestro pontífice;
morías en cruz clavado.
y abrías la senda nueva
detrás del velo rasgado.

Eres tú nuestro pontífice,
hoy junto al Padre, sentado;
hoy por la Iglesia intercedes,
nacida de tu costado.

Eres tú, nuestro pontífice;
¡Cristo, te glorificamos!
¡Que tu santo rostro encuentre
dignos de ti nuestros cantos! Amén

A cada intención aclamamos: ¡Gloria a ti, Señor Jesús

-- A ti, Jesús, perfeccionado por medio del sufrimiento para conducirnos a la salvación (2, 10).

-- A ti, Cristo, Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios (2, 17).

-- A ti, Jesús, que experimentaste la muerte a favor de todos (2, 9)

-- A ti, Cristo, Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos (3, 1)

-- A ti, Jesús, fiel como Hijo y como jefe de la casa de Dios (3, 6).

-- A ti, Cristo, Hijo de Dios, sumo Sacerdote insigne (4, 14)

-- A ti, Jesús, que fuiste sometido a las mismas pruebas que nosotros a excepción del pecado (4, 14)

-- A ti, Cristo, Sumo sacerdote que te compadeces de nuestras debilidades (4, 15)

-- A ti, Jesús, causa de salvación eterna para todos los que obedecen (5, 9)

-- A ti, Cristo, que aprendiste por medio del sufrimiento qué significa obedecer (5, 8)

-- A ti, Jesús, proclamado por Dios Sumo Sacerdote según el orden de Mequisedec. (5, 10)

-- A ti, Cristo, precursor en nuestro ascenso a la gloria, convertido en Sumo Sacerdote para siempre ( 6, 20)

-- A ti, Jesús, que posees un sacerdocio inmutable porque permaneces para siempre (7, 24)

-- A ti, Cristo, que vives eternamente para interceder por nosotros (7, 25)

-- A ti, Jesús, Sumo Sacerdote santo, inocente, sin mancha. (7, 26).

-- A ti, Cristo, que de una vez para siempre te ofreciste a ti mismo por nosotros. (7, 27)

-- A ti, Jesús, Sumo Sacerdote, tan grande que estás sentado a la derecha del trono de la Majestad del Cielo (8, 1)

-- A ti, Cristo, Sumo Sacerdote de los bienes futuros (9, 11)

-- A ti, Jesús, que, por tu propia sangre, nos obtuviste una redención eterna (9, 12)

-- A ti, Cristo, cuya sangre, purifica nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte (9, 14)

-- A ti, Jesús, mediador de la Nueva Alianza entre Dios y los hombres. (9; 15)

-- A ti, Cristo, que te presentaste delante de Dios a favor nuestro (9, 24)

-- A ti, Jesús, que te manifestaste para abolir el pecado por medio del Sacrificio (9, 26)

-- A ti Cristo, que al entrar en el mundo dijiste: “Aquí estoy, yo vengo para hacer, Dios, tu voluntad (10, 7)

-- A ti, Jesús, que nos santificas por la oblación de tu cuerpo hecha de una vez para siempre (10, 10)

-- A ti, Cristo, que mediante una sola oblación has perfeccionado para siempre a los que santificas. (10,14)

-- A ti, Jesucristo, que eres el mismo ayer, hoy, y lo serás siempre (13, 8).

Que el Dios de la paz – el mismo que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre de una Alianza eterna- nos capacite para cumplir su voluntad, practicando toda clase de bien. Que él haga en nosotros lo que es agradable a sus ojos, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén (13, 20 -21)

6.- Homilía
(Francisco Fernández Carvajal, “Hablar con Dios”. Meditaciones para cada día del año. Vol. 6).

JESUCRISTO
SUMO Y ETERNO SACERDOTE

-- Jesucristo supremo Sacerdote para siempre.
-- Alma sacerdotal de todos los cristianos. La dignidad
del sacerdote.
-- El sacerdote, instrumento de unidad.

I.- El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
La Epístola a los Hebreos define con exactitud al sacerdote cuando dice que es un hombre escogido entre los hombres, y está constituido a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Por eso, el sacerdote, mediador entre Dios y los hombres, está íntimamente ligado al Sacrificio que ofrece, pues éste es el principal acto de culto en el que se expresa la adoración que la criatura tributa a su Creador.
En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran ofrendas que se hacían a Dios en reconocimiento de su soberanía y en agradecimiento por los dones recibidos, mediante la destrucción total o parcial de la víctima sobre el altar. Eran símbolo e imagen del auténtico sacrificio que Jesucristo, llegada la plenitud de los tiempos, habría de ofrecer en el Calvario. Allí, constituidos Sumo Sacerdote para siempre, Jesús se ofreció a Sí mismo como víctima gratísima a Dios, de valor infinito: quiso ser al mismo tiempo sacerdote, Víctima gratísima y altar. En el Calvario, Jesús, Sumo Sacerdote, hizo la ofrenda y acción de gracias más grata a Dios que puede concebirse. Fue tan perfecto este Sacrificio de Cristo que no puede pensarse otro mayor. A la vez, fue una ofrenda de carácter expiatorio y propiciatorio por nuestros pecados. Una gota de la Sangre derramada por Cristo hubiera bastado para redimir todos los pecados de la humanidad de todos los tiempos. En la Cruz, la petición de Cristo por sus hermanos los hombres fue escuchada con sumo agrado por el Padre, y ahora continúa en el Cielo siempre vivo pata interceder por nosotros.” Jesucristo en verdad es sacerdote, pero sacerdote para nosotros, no para sí, al ofrecer al Eterno Padre los deseos y sentimientos religiosos en nombre del género humano. Igualmente, Él es víctima, pero para nosotros, al ofrecerse a sí mismo en vez del hombre sujeto a la culpa. Pues bien, aquello del apóstol: tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo, exige a todos los cristianos que reproduzcan en sí, en cuanto al hombre es posible, aquel sentimiento que tenía el divino Redentor cuando se ofrecía en sacrificio, es decir, que imiten su humildad y eleven a la Suma Majestad de Dios la adoración, el honor, la alabanza y la acción de gracias. Exige, además, que de alguna manera adopten la condición de víctima, abnegándose a sí mismos según los preceptos del Evangelio, entregándose voluntaria y gustosamente a la penitencia, detestando y confesando cada uno sus propios pecados (…)”. Éste es hoy nuestro propósito.
II.- De la misión redentora de Cristo Sacerdote participa toda la Iglesia, “y su cumplimiento se encomienda a todos los miembros del Pueblo de Dios que, por los sacramentos de iniciación, se hacen partícipes del sacerdocio de Cristo para ofrecer a Dios un sacrificio espiritual y dar testimonio de Jesucristo ante los hombres”. Todos los fieles laicos participan de este sacerdocio de Cristo, aunque de un modo esencialmente diferente, y no sólo de grado, que los presbíteros. Con alma verdaderamente sacerdotal, santifican el mundo a través de sus tareas seculares, realizadas con perfección humana, y buscan en todo la gloria de Dios: la madre de familia sacando adelante sus tareas del hogar, el militar dando ejemplo de amor a la patria a través principalmente de las virtudes castrenses, el empresario haciendo progresar la empresa y viviendo la justicia social… Todos, reparando por los pecados que cada día se cometen en el mundo, ofreciendo en la Santa Misa sus vidas y sus trabajos diarios.
Los sacerdotes – Obispos y presbíteros – han sido llamados expresamente por Dios, “no para estar
separados ni del pueblo mismo ni de hombre alguno, sino para consagrarse totalmente a la obra para la que el Señor los llama. No podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de una vida distinta de la terrena, ni podrían servir si permanecieran ajenos a la vida y condiciones de los mismos”. El sacerdote ha sido entresacado de entre los hombres para ser investido de una dignidad que causa asombro a los mismos ángeles, y nuevamente devuelto a los hombres para servirles especialmente en lo que mira a Dios, con una misión peculiar y única de salvación. El sacerdote hace en muchas circunstancias las veces de Cristo en la tierra: tiene los poderes de Cristo para perdonar los pecados, enseña el camino del Cielo…, y sobre todo presta su voz y sus manos a Cristo en el momento sublime de la Santa Misa: en el Sacrificio del Altar consagra in persona Christi, haciendo las veces de Cristo. No hay dignidad comparable a la del sacerdote. “Sólo la divina maternidad de María supera este divino ministerio”.
El sacerdocio es un don inmenso que Jesucristo ha dado a su Iglesia. El sacerdote es “instrumento inmediato y diario de esa gracia salvadora que Cristo nos ha ganado. Si se comprende esto, si se ha meditado en el activo silencio de la oración, ¿cómo considerar el sacerdocio una renuncia?. Es una ganancia que no es posible calcular. Nuestra Madre Santa María, la más santa de las criaturas – más que Ella sólo Dios – trajo una vez al mundo a Jesús; los sacerdotes lo traen a nuestra tierra, a nuestro cuerpo y a nuestra alma, todos los días: viene Cristo para alimentarnos, para vivificarnos, para ser, ya desde ahora, prenda de la vida futura”.
Hoy es un día para agradecer a Jesús un don tan grande. ¡Gracias, Señor, por las llamadas al sacerdocio que cada día diriges a los hombres!. Y hacemos el propósito de tratarlos con más amor, con más reverencia, viendo en ellos a Cristo que pasa, que nos trae los dones más preciados que un hombre puede desear. Nos trae la vida eterna.
III.-San Juan Crisóstomo, bien consciente de la dignidad y de la responsabilidad de los sacerdotes, se resistió al principio a ser ordenado, y se justificaba con estas palabras: “Si el capitán de un gran navío, lleno de remeros y cargado de preciosas mercancías, me hiciera sentar junto al timón y me mandara atravesar el mar Egeo o el Tirreno, yo me resistiría a la primera indicación. Y si alguien me preguntara por qué, respondería inmediatamente: porque no quiero echar a pique el navío”. Pero, como comprendió bien el Santo, Cristo está siempre muy cerca del sacerdote, cerca de la nave. Además, Él ha querido que los sacerdotes se vean amparados continuamente por el aprecio y la oración de todos los fieles de la Iglesia; “Ámenlos con filial cariño, como a sus pastores y padres – insiste el Concilio Vaticano II -; participando de sus solicitudes, ayuden en lo posible, por la oración y de obra, a sus presbíteros, a fin de que éstos puedan superar mejor sus dificultades y cumplir más fructuosamente sus deberes”; para que sean siempre ejemplares y basen su eficacia en la oración, para que visiten a los enfermos y cuiden con empeño de la catequesis, para que conserven siempre esa alegría que nace de la entrega y que tanto ayuda incluso a los más alejados del Señor…
Hoy es un día en el que podemos pedir más especialmente para que los sacerdotes estén siempre abiertos a todos y desprendidos de sí mismos, “pues el sacerdote no se pertenece a sí mismo, como no pertenece a sus parientes y amigos, ni siquiera a una determinada patria: la caridad universal es lo que ha de inspirar los mismos pensamientos, voluntad, sentimientos, no son suyos, sino de Cristo, su vida”.
El sacerdote es instrumento de unidad. El deseo del Señor es Ut omnes umum sint , que todos sean uno. Él mismo señaló que todo reino dividido contra sí será desolado y que no hay ciudad ni hogar que subsista si se pierde la unidad. Los sacerdotes deben ser solícitos en conservar la unidad, y esta exhortación de San Pablo “se refiere, sobre todo, a los que han sido investidos del Orden sagrado para continuar la misión de Cristo”. Es el sacerdote el que principalmente debe velar por la concordia entre los hermanos, el que vigila para que la unidad en la fe sea más fuerte que los antagonismos provocados por diferencias de ideas en cosas accidentales y terrenas. Al sacerdote corresponde, con su ejemplo y su palabra, mantener entre sus hermanos la conciencia de que ninguna cosa humana es tan importante como para destruir la maravillosa realidad del cor umum et anima una que vivieron los primeros cristianos y que hemos de vivir nosotros. Esta misión de unidad la podrá lograr con más facilidad si está abierto a todos, si es apreciado por sus hermanos. “Pide para los sacerdotes, los de ahora y los que vendrán, que amen de verdad, cada día más y sin discriminaciones, a sus hermanos los hombres, y que sepan hacerse querer de ellos”.
El Papa Juan Pablo II, dirigiéndose a todos los sacerdotes del mundo, les exhortaba con estas palabras: “Al celebrar la Eucaristía en tantos altares del mundo, agradecemos al eterno Sacerdote el don que nos ha dado en el sacramento del Sacerdocio. Y que en esta acción de gracias se puedan escuchar las palabras puestas por el evangelista en boca de María con ocasión de la visita a su prima Isabel: Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre (Lc 1,49). Demos también gracias a María por el inefable don del Sacerdocio por el cual podemos servir en la Iglesia a cada hombre. ¡Que el agradecimiento despierte también nuestro celo (…)!.
“Demos gracias incesantemente por esto; con toda nuestra vida; con todo aquello de que somos capaces. Juntos demos gracias a María, Madre de los sacerdotes. ¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho?. La copa de salvación levantaré e invocaré el nombre del Señor (Sal 115,12-13)”.

7.- Para profundizar EL ÚNICO SACERDOTE
Hebreos 5,5-10
(Philippe Gruson. JESUS. Trece textos del Nuevo Testamento. Cuad. Bíblico 50. Verbo Divino)

“Lo mismo sucedió con Cristo: cuando fue hecho sumo sacerdote, no se buscó él mismo esta gloria, sino que la recibió de Dios que le dijo: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”; o como se lee en otro salmo: “tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec”.
Durante los días de su vida mortal, presentó, con un gran grito y con lágrimas, sus plegarias y súplicas a Dios que podía salvarle de la muerte; y porque se hizo sumiso en todo, fue escuchado. Sin embargo, a pesar de ser Hijo, aprendió a obedecer por los sufrimientos de su pasión; y conducido así a su perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. Pues Dios lo proclamó sumo sacerdote según el orden de Melquisedec”.
La carta a los Hebreos es muy original; presenta un lenguaje sobre Cristo y una visión de la historia de la salvación que no se parecen a ninguna otra teología del Nuevo Testamento. El texto, elegido entre otros posibles de esta carta, destaca la figura de Cristo sumo sacerdote, un tema que no figura en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. El autor anónimo de esta predicación escrita es un gran teólogo y un maestro en la interpretación cristiana de las Escrituras.
Después de un majestuoso prólogo en donde Jesús, el Hijo superior a los ángeles, es proclamado sacerdote, profeta y rey, los primeros capítulos lo presentan como el hermano de los hombres (c. 2) y como el mediador entre Dios y su pueblo, superior a Moisés y a Josué (c. 3,4). Desde 2,17-18, el autor anuncia lo esencial de su mensaje: “Por eso (Jesús) tenía que hacerse semejante en todo a sus hermanos, para convertirse en un sumo sacerdote misericordioso y al mismo tiempo acreditado ante Dios, para borrar los pecados del pueblo. Pues, por haber sufrido él mismo la prueba, está en disposición de socorrer a los que son probados”.

EL TEXTO
La simple lectura permite ver en nuestro texto una comparación entre “todo sumo sacerdote” (1,4) y Cristo (5-10). Detallemos los elementos de esta comparación:
- la finalidad: el sumo sacerdote es mediador de la salvación para los hombres (1a y 9-10).
- el medio: la ofrenda de sacrificios (1b-3 y 7-8).
- la condición: ser llamado por Dios para esta función (4 y 5-6).
El paralelismo es claro, especialmente en el tercer miembro, que aparece en el centro de una composición concéntrica. Pero al mismo tiempo este paralelismo hace destacar diferencias importantes:
- Cristo no es sacerdote según Aarón, sino según el orden de Melquisedec: por tanto, no tiene que ver con el sacerdocio judío.
- Las dos únicas palabras de Dios se dirigen a Cristo y proclaman sus títulos: “hijo” de Dios y “sacerdote eterno”.
- Cristo no ofrece dones y sacrificios, ofrendas vegetales y animales, sino oraciones y súplicas; por tanto, este culto no guarda relación con los ritos levíticos del templo de Jerusalén. Hay ciertamente una inmolación, pero es la suya (v. 7).
- Todo sumo sacerdote tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, así como por los del pueblo, mientras que el sacrificio de Cristo es “sumisión” y “obediencia”.
En resumen, el paralelismo no está más que en la forma del texto y permite justificar el título de sumo sacerdote que se da a Cristo, pero las diferencias subrayan más aún la superioridad radical del sacerdocio de Cristo sobre el de los descendientes de Aarón.
Notemos además, en la descripción de Cristo, la importancia de los dos títulos: “hijo” (v. 5 y8) y “sumo sacerdote” (v. 5 y 10) o “sacerdote” (v. 6). La última fórmula “según el orden de Melquisedec” viene por otra parte a recoger, en inclusión, la segunda palabra divina para anunciar la gran exposición de los c. 7-10 sobre el sacerdocio de Cristo. Entretanto, la exhortación que sigue a nuestro texto (5, 11-6,20) interrumpe la exposición para dirigirse expresamente a los lectores e implicarles en esta reflexión sobre Cristo.

EL SACRIFICIO DE JESÚS
Adentrémonos más aún en el corazón del texto, los v. 7-8 que evocan el sacrificio ofrecido por Jesús. Su lenguaje nos desconcierta, ya que no contiene ninguna de las expresiones habituales del Nuevo Testamento para designar la cruz, el derramamiento de sangre, la muerte y la resurrección. A diferencia de los relatos de los evangelios es más bien desde dentro, desde el punto de vista de Jesús, desde donde se evocan los acontecimientos.
“Las plegarias y súplicas a aquel que podía salvarle de la muerte” son exactamente las de la agonía en Getsemaní. El vocabulario no es el de los evangelios, si exceptuamos el “gran grito” de Cristo en la cruz: la petición de ayuda del Sal 22 (Mc 15,34) y luego el otro grito que acompañó a su muerte (Mc 15,37). Pero la plegaria de Jesús la recogen los sinópticos como una súplica para que la muerte, la hora o el cáliz, se la evite el Padre que todo lo puede (Mc 14,35-36). El texto correlativo de Juan contiene también el verbo salvar: “Padre, sálvame de esta hora” (Jn 12,27), Dios puede salvar de la muerte y Jesús le suplica que así lo haga con él, ya que él no puede hacerlo por sí mismo. Tenemos aquí una expresión fuerte de la humanidad auténtica de Jesús, cuya vida, como la de cualquier hombre, depende sólo del Padre. Éste es el sentido de “los días de su carne”, donde la carne designa la fragilidad de la condición humana hasta la muerte.
Como en otros textos bíblicos, el título de Hijo de Dios, en sus diversos sentidos posibles, se piensa que garantiza una protección y una inmunidad absoluta contra el sufrimiento y la muerte. Así razonaban los impíos ante el justo. “Si el justo es hijo de Dios, entonces Dios vendrá en su ayuda” (Sab 2,18), y Mateo pone estas mismas palabras en boca de los adversarios de Jesús en el calvario (Mt 27,42-43). Esta misma es la confianza de los creyentes tal como se expresa en los salmos de súplica (Sal 22,10-12, Is 63,15-16). Los justos y los pecadores están de acuerdo en este punto: Dios no puede abandonar a su hijo, a su fiel. “Si eres Hijo de Dios ordena que estas piedras se conviertan en pan… Échate abajo desde el alero del templo…” (Mt 4,3-5). Pero la experiencia está ahí, imposible de refutar: Dios podría salvar, pero no siempre salva. ¿Por qué le deja a Satanás que haga daño a Job?. ¿Por qué deja a su Hijo morir en la cruz?. Nuestro autor evita estas cuestiones sin respuesta y adopta otro punto de vista: “A pesar de ser Hijo, aprendió a obedecer por los sufrimientos”. Después de la evocación de las súplicas de Getsemaní, las palabras “fue escuchado” resultan chocantes. ¿En qué fue escuchado?. ¿Acaso no acabó su vida en la cruz y en el sepulcro?. Este lenguaje para hablar de la resurrección es muy atrevido. La pascua es la gran respuesta del Padre a la obediencia y al grito de su Hijo. Dios intervino, no ya concediendo un plazo de vida suplementaria, como en el caso del rey Exequias (2 Re 20) o en el de Lázaro, sino de forma total y definitiva: “La muerte ya no tiene dominio sobre él (Jesús)” (Rom 6,9). Pues bien, fue escuchado precisamente por su “sumisión”: en este caso, nuestro autor se expresa como el himno de los Filipenses:“Haciéndose obediente hasta la muerte por eso Dios lo elevó soberanamente” (Fp 2,8-9).
Tal es el sacrificio de Cristo: “presentó sus plegarias y súplicas… fue escuchado porque se hizo sumiso en todo”. El autor emplea el verbo “presentar” que tiene un sentido sacrificial. Y cuando invita a los cristianos a “presentar un sacrificio de alabanza”, explica que se trata del “fruto de unos labios que confiesan su nombre” (13,15 citando a Os 14,3). La súplica y la alabanza pueden expresar la actitud profunda y el compromiso del creyente con su Dios, de la misma manera como Jesús “presentó en ofrenda” las palabras de su plegaria filial, frente a la muerte.

UN SACERDOCIO NUEVO
El genio de nuestro autor inspirado consiste en haber expresado el misterio de Cristo en términos de sacerdocio, de mediación. En el Antiguo Testamento, la mediación de los sacerdotes y de toda la tribu de Leví consistía en transmitir a los hombres la palabra de Dios y en presentar a Dios los sacrificios de los hombres. El sumo sacerdote es aquel que el Señor ha elegido y admite en su presencia (cf Nm 19,1-7). Al mismo tiempo, tiene que ser tomado del pueblo y seguir siendo solidario de él, para poder representarlo.
En Jesús se cumple esta doble condición, pero de otra manera muy distinta. No pertenece a la tribu de Leví, como Juan Bautista, sino a la de Judá, ya que es hijo de David (7,14). Si es aceptado, es porque Dios lo ha proclamado “sacerdote” o “hijo”. ¿A quién otro podía Dios decirle: “Siéntate a mi derecha”, más que a aquel que él mismo resucitó y entronizó como mesías y señor, según los salmos 2 y 110, citados por nuestro texto?. Sin embargo, esta exaltación no impide ni mucho menos a Jesús ser y seguir siendo el hermano de los hombres, no solamente por su nacimiento, sino sobre todo por sus pruebas y su muerte. “No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades: fue probado en todo a semejanza nuestra pero sin pecar” (4,15). El autor de nuestra carta supera de este modo la ilusión perpetua de las religiones que no pueden hacer otra cosa más que oponer a Dios y al hombre, mientras que Cristo está en perfecta comunión con el uno y con el otro. Su sacerdocio no lo sitúa aparte de los demás, sino por el contrario, en relación con los hombres y con Dios, ya que es a la vez “hermano” nuestro e “hijo” de Dios. Comparte nuestra condición humana, nuestra “carne y sangre”, pero no tiene que ofrecer sacrificios por sus pecados: su sacrificio no es más que adhesión a la voluntad del Padre y obediencia filial para liberar a sus hermanos. Y esto lo cambia todo.
La ambigüedad frecuente de los sacrificios deja creer a veces que es la inmolación, la muerte, la que obtiene el perdón y la salvación, como si la muerte pudiera agradar a Dios. No es así ni mucho menos, porque lo que importa no es la muerte, sino la vida, a través de su “sacramento”: la sangre. No es el sufrimiento lo que hace el sacrificio, sino el amor, el don libre de un inocente, como ya lo anunciaba la figura misteriosa de siervo doliente: “Si hace de su persona un sacrificio de expiación, verá una descendencia… el designio del Señor se realizará por su mano” (Is 53,10).
Así todo el juego está en el corazón del hombre que ofrece, que se ofrece. Cristo, se ofreció a sí mismo, por el Espíritu eterno, como “victima sin mancha” (9,14). Su mediación es toda ella acción de Dios: el Espíritu es el que lo conduce en la obediencia filial y la hace entrar en el santuario celestial, la gloria del Padre.
Pero, ¿cómo puede Cristo ejercer esta mediación con todos los hombres, con nosotros?. ¿No será su sacerdocio más que un modelo de obediencia que imitar?. La carta no deja de insistir en el cambio radical de nuestra situación. En el sacrificio de Cristo se nos dio ya el perdón, se concluyó ya la nueva alianza (c. 8,9). A diferencia de la primera alianza, ésta se les ofrece a todos los hombres y es interiorizada. Al ofrecerse a sí mismo, Cristo “purifica nuestra conciencia de las obras muertas para servir al Dios vivo” (8-14). Ya no hay en adelante ritos sacrificiales, ni figuras, como en el templo de Jerusalén, puesto que Cristo es la realidad, el templo nuevo.
Pero esta novedad de culto cristiano es tremenda, ya que pone de manifiesto la ambigüedad de todos los ritos; ningún cristiano debería utilizar el sacrificio eucarístico como un sacrificio del templo en el que el corazón puede estar muy alejado de los gestos. Es grande la tentación de seguir concediendo la prioridad a los rituales, de buscarlos por ellos mismos. ¡Qué tranquilizantes pueden parecer a veces los ritos, encerrando el único sacrificio en unos lugares y en unos tiempos sagrados, muy al abrigo de la vida profana!. Pero el culto cristiano, “en espíritu y en verdad”, no tiene más tiempos ni lugares que los de toda la vida, animada por el Espíritu Santo. Los mismos profetas de Israel habían puesto ya en guardia muchas veces contra un culto ritualista y formalista; sus advertencias y sus críticas siguen siendo necesarias, dada la gran novedad del sacerdocio de Cristo. Al darnos la presencia de Cristo, la eucaristía nos arrastra a todos nosotros por entero en su sacrificio, para consagrar en él nuestra existencia y llevar a cabo nuestro paso al Padre.

DOCUMENTOS
- Concilio Vaticano II. Lumen Gentium; Presbyterorum Ordinis; Perfectae Caritatis.
- San Pío X, Haerent animo (4- VII -1908)
- San Pío XI, Ad catholic, sacerdotii (20- XII - 1935)
- Pío XII, Mediator Dei (20- XI- 1942)
- Juan XXIII, Sacerdotii nostri primordia (I – VIII – 1959)
- Juan Pablo II, Novo incipiente (8- IV – 1979)

domingo, 9 de mayo de 2010

LECTURAS Y HOMILIAS DE LA SEXTA SEMANA DE PASCUA

La Palabra al día - Semana del 10/5/2010 al 15/5/2010 (Sexta semana de pascua)‏

Si nos atenemos al calendario litúrgico universal sólo celebraríamos en esta semana la fiesta de san Matías, apóstol y la memoria obligatoria de san Isidro Labrador. Si tenemos en cuenta el calendario de la Orden de Predicadores habría que añadir la memoria obligatoria de san Antonio de Florencia, el gran pastor y moralista el lunes. Ese día, sobre todo en España, se celebra la fiesta de san Juan de Ávila, patrono en España de los sacerdotes seculares. Día especial, pues, en este año dedicado al sacerdote, para agradecer a Dios el ministerio sacerdotal y pedir por ellos. Y si consideramos un sentir religioso bastante general el jueves, día 13, habrá que celebrar a Nuestra Señora de Fátima. Existen lugares fuera de España donde ese jueves se celebra la fiesta de la Ascensión, como antes de la reforma litúrgica.
La primera lectura de las eucaristías del día sigue presentando en la primera lectura Hechos de los Apóstoles, las peripecias misionales de Pablo en Filipos, Atenas, Corinto y Éfeso. Los textos evangélicos pertenecen al discurso de Jesús dirigido a sus discípulos en la Última cena, que el evangelista Juan nos ofrece. Va avanzando el tiempo pascual. Es necesario seguir impregnándose de su mensaje alegre y esperanzador, también exigente de coherencia entre lo que celebramos y vivimos para que la Pascua no termine sin haber dejado poso en nuestro interior.


Fray Juan José de León Lastra, OP
Coordinador de "La Palabra al día"
Lunes, 10/5/2010 S. Juan de Ávila
"El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí".

I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16,11-15

En aquellos días, zarpamos de Troas rumbo a Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, colonia romana, capital del distrito de Macedonia. Allí nos detuvimos unos días. El sábado salimos de la ciudad y fuimos por la orilla del río a un sitio donde pensábamos que se reunían para orar; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. Se bautizó con toda su familia y nos invitó: - «Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa.» Y nos obligó a aceptar.
Sal 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b R. El Señor ama a su pueblo.

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey. R. Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria avios humildes. R. Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas, con vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus fieles. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan 15,26-16,4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

II. Compartimos la Palabra
*
La alternativas del apóstol

Podemos decir que no existe demasiada relación entre la primera lectura y el texto evangélico. La lectura de los Hechos relata la buena, cariñosa, acogida que tiene Pablo en Filipos, “obligado” a aceptar la invitación de Lidia. El texto evangélico contiene el aviso de Jesús de las dificultades que encontrarán los discípulos cuando den testimonio de él. Es seguro que los dos episodios expresan las alternativas con las se encuentra quien sea testigo de la fe, y quien la proclame. Ni siquiera la actuación del Espíritu de la verdad conseguirá la buena acogida siempre de ésta. Mas también habrá personas a las que “Dios les abra el corazón”, celebrarán la fe y agradecerán el servicio de quienes se la han mostrado. No podemos cegarnos por el éxito de nuestra confesión de la fe en privado y de la proclamación en público. Pero tampoco desesperanzarnos y acobardarnos porque la confesión y la proclamación no es bien recibida en la sociedad y quienes la confiesan y proclaman tampoco. Lo importantes es que aceptemos al Espíritu Santo, que es espíritu de Verdad, y nos sintamos en comunión con Cristo y con el Padre. Es bastante para que podamos proclamar el festivo salmo responsorial de este día.

De todo esto tienen buena experiencia los sacerdotes. En concreto los que tiene cura inmediata de almas en las parroquias. Los que asumen la responsabilizar de construir comunidad parroquial en torno a la persona de Cristo. ¡Cuántas dificultades!. Pero también ¡Cuántas alegrías por la acogida de los fieles! Que san Juan de Ávila, su patrono, cuya memoria obligatoria hoy celebramos, les ayude a procesar alegrías y dificultades, desde el objetivo irrenunciable de mostrar al Padre y al ser humano, reflejados ambos en Cristo.

Fray Juan José de León LastraFray Juan José de León Lastra
Licenciado en Teología

Martes, 11/5/2010
“La tristeza os ha llenado el corazón”.

I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16, 22-34

En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados dieron orden de que los desnudaran y los apalearan; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo. A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los otros presos escuchaban. De repente, vino una sacudida tan violenta que temblaron los cimientos de la cárcel. Las puertas se abrieron de golpe, y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pablo lo llamó a gritos: - «No te hagas nada, que estamos todos aquí.» El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó y les preguntó: - «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?» Le contestaron: - «Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.» Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa. El carcelero se los llevó a aquellas horas de la noche, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos, los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.
Sal 137, 1-2a. 2bc y 3. 7c-8 R. Señor, tu derecha me salva

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R. Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R. Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Adónde vas?" Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

II. Compartimos la Palabra
*
“Cree en el Señor Jesús”

En síntesis apretada, y con milagro incluido, la primera lectura nos indica quién es una persona cristiana: la que “cree en el Señor Jesús”. Sabiendo bien que este creer en el Señor Jesús incluye dejar que Él conquiste nuestro corazón, y, a partir de ahí, dejar que Él guíe nuestra vida, guíe nuestros amores, guíe nuestros rechazos, porque hay situaciones y valores que hay que rechazar, guíe nuestros sentimientos, guíe nuestras esperanzas, nos sostenga en nuestros sufrimientos… y que, en cualquier momento, en este continuo proceso de cristificación, pueda decir, sin perder la propia personalidad: “Ya no soy yo quien vive es Cristo quien vive en mí”. En Él encontramos nuestra salvación, nuestra liberación… la vida abundante que nos regala.

*
“La tristeza os ha llenado el corazón”

Seguimos con el discurso de despedida de Jesús. Los apóstoles no pueden menos que entristecerse: “la tristeza os ha llenado el corazón”. De nuevo, Jesús trata de consolarles y darles ánimo. En sus palabras de hoy apela a una razón fuerte: “os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré”. El Defensor, el Espíritu Santo, una de las cosas que va a hacer es argüir al mundo de un pecado. El gran pecado, del cual se lamenta Jesús, es que muchos no han creído en Él. Habiendo hecho Dios el gran prodigio, en favor de la humanidad, de enviarnos a su Hijo, habiendo hecho el Hijo el gran prodigio, como prueba de su gran amor hacia nosotros, de hablarnos, de indicarnos el camino por donde encontrar la vida, la felicidad… muchos le han rechazado, y algunos hasta lo mataron de muerte escandalosa. Pidamos al Defensor, al Espíritu de Jesús, que no nos deje caer en este gran pecado, que aceptemos a Jesús como lo que es, nuestro gran Amigo y Salvador.

Fray Manuel Santos SánchezFray Manuel Santos Sánchez
La Virgen del Camino

Miércoles, 12/5/2010
"Cuando venga el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena ".

I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 17,15.22-18,1

En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes. Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: - «Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido." Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo. De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios. Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: "Somos estirpe suya." Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto, resucitándolo de entre los muertos.» Al oír «resurrección de muertos" unos lo tomaban a broma, otros dijeron: - «De esto te oiremos hablar en otra ocasión.» Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.
Sal 148,1-2.11-12.13.14 R. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles; alabadlo, todos sus ejércitos. R. Reyes y pueblos del orbe, príncipes y jefes del mundo, los jóvenes y también las doncellas, los viejos junto con los niños. R. Alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime. Su majestad sobre el cielo y la tierra. R. Él acrece el vigor de su pueblo. Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan 16,12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

II. Compartimos la Palabra

Hoy los protagonistas son Pablo, en la primera Lectura y el Espíritu Santo en el Evangelio.
*
El areópago de Atenas y el de Jesucristo

Lo más importante en el apostolado es el testimonio y la coherencia. Pero, no basta. Pablo, además de testigo íntegro y coherente, prepara concienzudamente su presencia en Atenas y su intervención en el Areópago. Eso es ser honrado, responsable y respetuoso. Eso es hacerse griego con los griegos, lo mismo que otras veces se hacía “judío con los judíos y todo para todos”.

¿Cuál es hoy nuestro “areópago” para presentar allí, ante agnósticos, escépticos, practicantes y no practicantes, la opción de Jesús de Nazaret? En un mundo globalizado como el nuestro, areópago es todo lo que hace posible el encuentro. Hoy los libros que merecen la pena se traducen a todos los idiomas; los discursos de Obama en su camino hacia La Casa Blanca se escucharon por todos los medios; los blogs “con gancho” son patrimonio de la humanidad, lo mismo que cualquier página web que atraiga. Necesitamos imitar a Pablo, ser imaginativos, tener ilusión por lo que decimos, creer en lo llevamos entre manos, y, con respeto, coherencia y honradez, hacer presente la opción del Reino. Y no desanimarnos aunque, como en el caso de Pablo, sólo algunos se nos junten y crean.
*
“El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”

La oferta está hecha en forma de promesa. Y las promesas de Dios no son como las nuestras. En aquéllas se puede creer. Como buen pedagogo, Jesús no nos lo dijo todo, sino sólo lo que necesitábamos para empezar a caminar en la construcción del Reino. El Catecismo nos recuerda que hoy “es el Espíritu quien da la gracia de la fe, la fortalece y la hace crecer en la comunidad” (1102). Más todavía, en la celebración de la Palabra, “el Espíritu Santo es quien da a los lectores y a los oyentes la inteligencia espiritual de la Palabra de Dios” (1101). Y, cuando en el misterio de lo divino prescindimos un tanto del significado, por hipótesis misterioso, para adentrarnos con preferencia en su referencia hacia nosotros, estamos atendiendo al Espíritu que intenta guiarnos hacia la verdad plena.

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5). Prueba de que, cuando descubrimos el amor por el Espíritu, ha sido él quien nos ha guiado hacia la verdad plena: el amor de Dios, el amor a Dios y el amor a los demás.

Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino

Jueves, 13/5/2010
“Vuestra tristeza se convertirá en alegría”.

I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 18, 1-8

En aquellos días, Pablo dejó Atenas y se fue a Corinto. Allí encontró a un tal Aquila, judío natural del Ponto, y a su mujer Priscila; habían llegado hacía poco de Italia, porque Claudio había decretado que todos los judíos abandonasen Roma. Se juntó con ellos y, como ejercía el mismo oficio, se quedó a trabajar en su casa; eran tejedores de lona. Todos los sábados discutía en la sinagoga, esforzándose por convencer a judíos y griegos. Cuando Silas y Timoteo bajaron de Macedonia, Pablo se dedicó enteramente a predicar, sosteniendo ante los judíos que Jesús es el Mesías. Como ellos se oponían y respondían con insultos, Pablo se sacudió la ropa y les dijo: - «Vosotros sois responsables de lo que os ocurra, yo no tengo culpa. En adelante me voy con los gentiles.» Se marcho de allí y se fue a casa de Ticio justo, hombre temeroso de Dios, que vivía al lado de la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; también otros muchos corintios que escuchaban creían y se bautizaban.
Sal 97, 1-2ab. 2cd-3ab. 3cd-4 R. El Señor revela a las naciones su victoria.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R. El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan 16,16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.» Comentaron entonces algunos discípulos: - «¿Qué significa eso de "dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver", y eso de "me voy con el Padre"?» Y se preguntaban: - «¿Qué significa ese "poco";? No entendemos lo que dice.» Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: - «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: "Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver"? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

II. Compartimos la Palabra
*
“Trabajaba y discutía en las sinagogas”

La lectura de hoy, nos presenta nuevamente a Pablo, del cual podemos aprender varias enseñanzas: Hoy que se habla tanto de itinerancia, vemos a Pablo, que no para en su labor apostólica, pasando de ciudad en ciudad y a distintas naciones para anunciar la Buena Nueva del Evangelio.

Esto no le exoneraba del trabajo, lo hacía para ganar el pan de cada día y con razón podía decir que no era gravoso a nadie.

Como buen judío, amaba a su pueblo, por eso su predicación comenzaba en las sinagogas, demostrando como, en Jesús se cumplían las Escrituras, unos lo aceptaban, otros lo rechazaban insultándole. A pesar de ello, no perdía el entusiasmo. “Hay de mi si no evangelizara”, y como la salvación de Cristo es para todos iba a los gentiles, sin dejar el trabajo de las sinagogas, para hacer a todos discípulos de Cristo.

Buen ejemplo para nosotros aprendamos: la itinerancia no solo de lugar sino saliendo de nosotros mismos. Trabajemos para no ser gravosos a los otros,. Amemos, a los de cerca y a los de lejos. Anunciemos la Palabra con entusiasmo, aunque no nos escuchen , nos toca sembrar, el fruto lo dará Dios
*
“Vuestra tristeza se convertirá en alegría”

En algunos lugares, hoy se celebra la fiesta de la Ascensión. Jesús se va al Padre, pero antes se lo comunica a los suyos: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco después me volveréis a ver”.

na vez más, los apóstoles no entienden lo que Jesús les dice: que es el camino, para llegar al Padre ”yo soy el camino la vedad y la vida, nadie va al Padre sino por mi. Camino único para llegar al Padre, Verdad: si me habéis conocido a mi conoceréis también al Padre. Vida: esta es la vida eterna, que te conozcan a ti único Dios verdadero y al que enviaste Jesucristo.
Nuestro peregrinar debe ser por el único camino: Cristo, él nos lleva al encuentro con el Padre. En estos días de Pascua nos hemos encontrado con Cristo resucitado y hemos escuchado su promesa: de que resucitaremos con Él.

Trabajemos incansablemente para llegar al encuentro definitivo, no nos distraigamos de nuestra meta y pidamos que Cristo sea reconocido por todos como el único Camino ,Verdad y Vida.y que nuestra tristeza se convierta en gozo.

Que la Stma. Virgen de Fátima, cuya fiesta celebramos hoy, nos guíe a Jesús.

Hna. Maria Pilar Garrúes El CidHna. Maria Pilar Garrúes El Cid
Misionera Dominica del Rosario

Enviar comentario al autor

Viernes, 14/5/2010 Fiesta de San Matías, apóstol
"Nadie os quitará vuestra alegría".

I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26

Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (había reunidas unas ciento veinte personas): -«Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Era uno de nuestro grupo y compartia el mismo ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: "Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella", y también: "Que su cargo lo ocupe otro. " Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba, hasta el día de su ascensión.» Propusieron dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezaron así: -«Señor, tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que, en este ministerio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas para marcharse al suyo propio.» Echaron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.
Sal 112,1-2.3-4.5-6.7-8 R. El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo.

Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. R. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

II. Compartimos la Palabra
*
Yo estoy contigo".

En esta afirmación pudo apoyar S. Pablo toda su actividad misional. Qué seguridad, qué empuje, qué alegría experimentaba el apóstol, aunque fuera acusado ante los tribunales. ¡Jesús interviene siempre!. Y en esta ocasión, pone en el ánimo del procónsul Galión un desinterés y desprecio que desarma a los acusadores. Resultado: Pablo continuó allí explicando la Palabra de Dios. En Corinto nació una comunidad numerosa y ferviente, fruto sin duda de la intervención divina, pues se trataba en verdad de un pueblo escogido por Dios.

También el Señor está con nosotros. Nos lo asegura repetidas veces en su nombre el ministro que preside nuestra Eucaristía. Nuestra madre, la Iglesia, nos congrega como pueblo numeroso, y nos invita a dar un testimonio veraz de la presencia y actuación del Espíritu de Jesucristo en nuestra vida de cada día.
*
"Nadie os quitará vuestra alegría".

Jesús se despide de sus discípulos y, al verles tristes y desorientados, les anuncia: “vuestra tristeza se convertirá en gozo”. Y les pone el ejemplo de la mujer que espera la llegada del hijo. Según la mentalidad judía, es superior el gozo de la vida que nace. Y también hoy, a pesar de la cultura de la muerte que pretende abrirse paso en nuestra sociedad, es mayor la alegría de vivir y disfrutar de la luz, que ser sepultado en la tiniebla del no ser.

La fuente de nuestra alegría está en esta certeza que sostiene nuestra esperanza: la victoria de Cristo sobre la muerte en su resurrección, y la presencia constante del Señor, por medio de su Espíritu.

Somos guiados por este Espíritu, siempre que aceptamos su amor, y respondemos a él con el cumplimiento amoroso de su voluntad en nuestra vida personal, familiar, laboral y cívica. Es preciso abrirnos a Dios y a los demás. Y con ello seremos más persona, según el proyecto que el Señor tiene sobre nosotros.

Cristo es fiel a sus promesas y cambiará nuestra tristeza, nuestro desánimo, en el continuo esfuerzo por permanecer en su amor, en un gozo indestructible. Pidámosle su fuerza, su luz, su alegría, para seguir firmes en la fe hasta el día de Cristo. Y presentemos a nuestro mundo que gime bajo el peso de la increencia y desesperanza. “Dios quiere que todos los hombres se salven, y lleguen al conocimiento de la Verdad”.

MM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la PiedadMM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad
Palencia


Sábado, 15/5/2010 S. Isidro Labrador
"El Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios".

I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 18,23-28

Pasado algún tiempo en Antioquía, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, animando a los discípulos. Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en la Escritura. Lo habían instruido en el camino del Señor, y era muy entusiasta; aunque no conocía más que el bautismo de Juan, exponía la vida de Jesús con mucha exactitud. Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Su presencia, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.
Sal 46,2-18-9.10 R. Dios es el rey del mundo.

Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra. R. Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. R. Los príncipes de los entiles se reúnen con el pueblo del Ros de Abrahán; porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 23b-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

II. Compartimos la Palabra

Nos acercamos al final del tiempo Pascual (mañana celebraremos la Ascensión del Señor y el próximo domingo Pentecostés). La liturgia nos trae en estos días las palabras que el evangelista Juan puso en boca de Jesús a modo de “despedida” en aquella última cena con sus discípulos.

No hemos de olvidar que los evangelios son escritos tras la experiencia de la resurrección y que están marcados por ella. Tras la experiencia de la resurrección, la vida, obra y palabras de Jesús cobran una nueva dimensión. A la luz de la resurrección entendemos las parábolas y acciones de Jesús, que no tienen otra intención sino mostrarnos la naturaleza de Dios, Padre y Madre. Dios que nos ama y nos salva. Por cuyo amor somos capaces de conseguir los mayores logros, cambios y transformaciones.

Creer que Jesús es el Hijo de Dios, que él encarnó el proyecto de Dios para con nosotros y nosotras, proyecto liberador y de amor, es sabernos nosotros mismos hijos e hijas de Dios. Y, como tales, capaces de cambiar el mundo y sus estructuras injustas y opresoras.

La experiencia de resurrección, el saber que Dios, en Jesús, ha vencido a la muerte y a todo lo que ella significa (miedos, inseguridades, injusticia, desigualdades…) nos hace tomar conciencia de que nosotros, como hijos e hijas de Dios que somos, también seremos y somos capaces de vencer y superar todas esas limitaciones.

Pedir a Dios, Padre y Madre, es ponerle palabras y hacernos conscientes de nuestras propias necesidades y las del mundo. Pero no para esperar una “acción milagrosa” por parte de Dios, sino para intervenir y actuar nosotros mismos para superarlas y solucionarlas. Con el convencimiento de que, como hijos e hijas de Dios, seremos capaces de vencer incluso a la muerte.

jueves, 6 de mayo de 2010

Homilia del VI Domingo de Pascua

C - Domingo VI de Pascua
 
Primera: Hch 15, 1-2, 22-29.
Salmo: 66, 2-8.
Segunda: Ap 21, 10-14, 22-23.
Evangelio: Jn 14, 23-29

Nexo entre las lecturas

En la primera lectura, la comunidad cristiana primitiva se da cuenta de los resultados de discutir acerca de la justificación sin haber consultado con los apóstoles. El Salmo 66 presenta el carácter universal de la alabanza que le debemos a Dios. En la segunda lectura se describe la grandeza de la nueva Jerusalén, fundada sobre doce columnas con los nombres de los doce apóstoles del Cordero. En el Evangelio, Jesús asegura a sus discípulos que les enviará un maestro en el Espíritu Santo y los anima a prepararse para su partida.

Mensaje doctrinal

1. El consuelo de la autoridad. Dios nos ha dado una palabra de autoridad en el mundo para hacer juicios objetivos y resolver disputas: Pedro, la roca sobre la que ha sido edificada la Iglesia contra la que no prevalecerán las puertas del infierno. Él y sus sucesores, los papas, tienen las llaves del Reino. Lo que atan en la tierra es atado en el cielo (Mt 16:18-19). Jesús oró por la Iglesia y especialmente por su jerarquía (ver Juan 17). ¿Podría Cristo orar en vano? Ruega especialmente por Pedro, en la Última Cena, para que una vez vuelto, confirmara a sus hermanos (lc 22, 32)

2. La palabra griega "sterison" significa "confirmar" en el sentido de "consolidación". En el Antiguo Testamento, "sterison" tiene un significado personal profundo: "enfréntate" o "fortalécete" (ver Ezequiel 29,2; o Jueces 19,5). Cada vez que se utiliza esta palabra en el Nuevo Testamento, esta asociada con las anterioriores. A menudo es Dios quien promete fortalecer a alguien. Así en el caso de la Carta de Santiago (5,8), donde está en plural, parece significar "fortalezcanse unos a otros" (cada uno a los demás). Santiago se dirige a los ricos (5,1-8). En el versículo 9, el autor comienza con "amados", significando un cambio de referencia. Es curioso como la palabra "fortalecer" tiene una connotación personal cuando es utilizado en el viejo convenio. El mismo término en el Nuevo Testamento adquiere un contexto verdaderamente cristiano: altruismo y caridad hacia otros.

3. El Señor, luz de la nueva Jerusalén. Jesús había dicho que él es la luz del mundo (Juan 8,12). La luz también simboliza verdad. Nuestra inteligencia percibe la verdad así como nuestros ojos perciben la luz. Dios es la Verdad en sí mismo. Cristo se expresa de sí mismo como "el camino, la verdad y la vida"; nadie va al Padre si no es a través de él (Juan 14,6). Jesús quiere que lo encontremos como la Verdad. "Conocereis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8,32). Podríamos continuar un rato más evaluándolo. Pero por ahora, vamos a esforzarnos por eadentrarnos un poco en el reino del Magisterio y la verdad:

  • El hombre tiene un intelecto e intenta sobre todo saber. Adán y Eva quisieron ser sabios (GEN 3,6), así que comieron del árbol prohibido. Siendo inteligentes (supuestamente), somos capaces de reflexionar nuestras acciones. Aquí es donde interviene nuestra libertad. Sabemos lo que estamos haciendo, y podemos elegir seguir haciéndolo o parar. Sin embargo, no todo lo que podemos pensar es verdad (una parte de la realidad), y ésto ha hecho que algunos filósofos concluyan que no hay realmente verdad, sólo una serie de convenciones sobre las cosas que nos permiten vivir y trabajar en este mundo en una manera ordenada. Pero no, están equivocados. Hay una verdad y con ella también habrá una comprobación.
  • La Verdad revelada. Más allá de nuestra capacidad natural de saber, Dios ha venido en nuestra ayuda con la Revelación. Por medio de la fe podemos llegar a las verdades que caen más allá de nuestro poder de razonamiento. Pero la dificultad que implica adquirir muchas de estas verdades es tan grande que Dios también nos dio a la Iglesia -un sacramento de salvación para toda la humanidad. Pero la Iglesia está formada por seres humanos, y estaría en peligro del capricho y el error si nuestro Señor no hubiera enviado al Espíritu Santo para guiarnos hacia la plenitud de la verdad (Juan 16,13), si no nos hubiera prometido que Pedro sería la Roca. La Iglesia es un baluarte de la verdad, alentado por el contrafuerte del ministerio Petrino, e irradiando brillantemente certeza y claridad. Todo lo que necesitamos hacer es escuchar la voz del Vaticano. El Papa, como un centinela solitario al servicio de los derechos humanos y de la moralidad, está articulando continuamente lo que es correcto, llamando nuestra atención hacia lo bueno, lo noble, lo que es justo y santo.
  • ¡Qué aflicción si sentimos que no la necesitamos! ¿Esto no sería soberbia? ¿Pienso que puedo salvarme a mí mismo; rechazar al Salvador? La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo. Cuando somos miembros verdaderos, integrados interiormente con lo que ella dice y representa, estamos unidos con Dios mismo; la Palabra que se hizo carne, sufrió, murió y resucitó por nosotros; nuestra salvación

Respetar la verdad del género humano no es una opción

Hnos.: Todos
Amemos a los pecadores y rechazemos el pecado, si Dios hubiese estado de acuerdo desde la creación del hombre en que se pudieran unir personas del mismo sexo, los habría dado tanto al hombre como a la mujer los dos horganos sexuales para que pudiesen optar por uno u otro sexo para formar pareja.

Dos leonas no hacen pareja. Dos gatos, tampoco; no pueden aparearse. Para ello tendrían que ser de distinto sexo y de la misma especie. Son cosas de la naturaleza. No es producto de la cultura hitita, fenicia, maya, cristiana o musulmana, y, por supuesto, no es un invento de la Iglesia Católica.

Muchos siglos antes de que Jesús naciera en Belén, el Derecho Romano reconocía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Después ellos se divertían con los efebos, que para eso estaban, para el disfrute. La esposa era para tener hijos.

La palabra matrimonio procede de dos palabras romanas: "matris" y "munio". La primera significa "madre", la segunda "defensa". El matrimonio es la defensa, el amparo, la protección de la mujer que es madre, el mayor y más sublime oficio humano.

Cada palabra tiene su significado propio. Una compraventa gratuita no es una compraventa, sino una donación. Y una enfiteusis por cinco años no es una enfiteusis, sino un arriendo vulgar.

Llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo me parece como poco serio. Jurídicamente, un disparate. De carcajada. Que le llamen "homomonio", "chulimonio", "seximonio", lo que quieran, todo menos matrimonio, que ya está inventado hace tiempo. Nadie llama tarta de manzana a la que está hecha de peras.

Lo curioso es que cuando dices cosas como estas, algunos te miran como extrañados de que no reconozcas la libertad de las personas. Y por más que les dices que sí, que respeto la libertad de todos, que cada uno puede vivir con quien quiera, incluso con su perro, pero que eso no es un matrimonio, van y te llaman intolerante.

No sé lo que harán los parlamentarios españoles a la hora de votar. Son políticos, no juristas. Votarán por razones políticas, no según Derecho. Las consecuencias son graves. Si un varón tiene derecho a casarse con otro varón y una mujer a hacerlo con otra mujer, ¿le vas a negar el derecho a un hermano a casarse con su propia hermana? ¿O a un padre a hacerlo con su hija? ¿No tienen el mismo derecho? La sociedad se quiebra. Huele a podrido, como en el CEAMSE.

Téngase en cuenta que es una pareciación personal, hablo por mí, por lo cual, nadie está obligado a compartirla.
Armando