Vigésima octava semana del Tiempo Ordinario (del 11/10/2010 al 16/10/2010)
Introducción a la semana - Lunes - Martes - Miércoles - Jueves - Viernes - Sábado
Introducción a la semana
En esta semana celebramos la fiesta de Ntra.Sra. del Pilar, el martes, día 12 y la de santa Teresa de Jesús, el viernes, día 15. La fiesta del Pilar alude a los inicios de la evangelización española, se basa en que la intervención de María hizo que Santiago siguiera en su misión y superara las dificultades que encontraba. Una tradición mantenida desde hace tiempo. Lo de santa Teresa es historia. Ella misma escribió la historia de su alma. La fiesta del Pilar, al coincidir ese día en el 1492, con el descubrimiento por los españoles de América, tiene una dimensión que quiere abarcar al mundo hispánico. Santa Teresa es quizás la santa más significativa de lo mejor de la espiritualidad española, espiritualidad que tiene sus raíces en nuestra idiosincrasia. Ambas fiestas tienen lecturas propias.
En la primera lectura de los días de “feria”, continúa la carta a los Gálatas, la magnífica carta de la libertad, la proclamación tan paulina de que es la fe la que salva, no la ley. A partir del jueves se proclamaran textos de la carta a los Efesios: el hondo documento en el que se muestra la centralidad de Cristo. Las lecturas del evangelio de Lucas de los días en lo que se sigue la lectura “continua”, manifiestan a un Jesús duro en el anuncio de los que les espera a los que se manifestaron ciegos y sordos a sus signos y palabras, y aún más duro en la denuncia del modo de ser y actuar de los fariseos. Son palabras para tener muy en cuenta.
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Lunes, 11/10/2010
“ Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,22-24.26-27.31–5,1:
En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios. Esto tiene un significado: Las dos mujeres representan dos alianzas. Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí. La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, como dice la Escritura: «Alégrate, estéril, que no das a luz, rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto, porque la abandonada tiene más hijos que la que vive con el marido.» Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre. Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.
Sal 112,1-2.3-4.5-7 R/. Bendito sea el nombre del Señor por siempre
Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. R/. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. R/. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,29-32:
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»
II. Compartimos la Palabra
En la primera lectura continuamos con la lectura de la carta a los Gálatas. Pablo, en el fragmento de hoy, realiza una interpretación de la Escritura del Antiguo Testamento. No es cualquier interpretación la que hace Pablo, ya que su formación judaica es excelente, como sabemos, a los pies de Gamaiel. Por tanto, la interpretación paulina de la historia de Abraham es una interpretación fundamentada.
La comunidad de Galacia se encuentra retrocediendo, mirando atrás... por culpa de los “cristianos” judaizantes, venidos de Jerusalén tras la predicación paulina con la intención de volver a las raíces judías. El problema de estos “judaizantes” no era que predicaran en contra de Pablo y este tuviera que defenderse, sino que el problema en que conocían a Jesús de oídas u, aún, no habían experimentado la liberación del Evangelio de Jesucristo. Continuaban atados a las tradiciones judías más ortodoxas, las cuales, eran hechura humana y no divina. Pablo, viendo el estado de “vuelta atrás”, en que se estaba sumiendo la comunidad de Galacia emprende con fuerza una interpretación de la Escrituras del Antiguo Testamento para que se dieran cuenta de que todo lo dicho por tradición judaica apunta a Jesús, Hijo de Dios. Pablo lo que hace es revelar el significado oculto en las Escrituras a la cabezas, a la intelectualidad de Galacia.
Pero hay una parte de la fe cristiana, y que Pablo conoce muy bien, que no se revela por el conocimiento intelectual, sino por la experiencia. Esta parte de la fe cristiana no se adquiere, sino que se recibe gratuitamente... es don, regalo. De esta parte es la que habla Pablo en el fragmento que tenemos hoy en la primera lectura: la libertad que nace de vivir desde Jesucristo y no desde la ortodoxia judía.
El Evangelio se abre con una sentencia fuerte: “Esta generación es una generación perversa” Lo que me pregunto es que habrían hecho o dicho para que Jesús se despache con esta sentencia. A renglón seguido viene la razón: Piden un signo. ¿Qué más signos quieren los judíos de que Él, es el Mesías anunciado en las Escrituras? No llama perversos a las personas, sino a la cerrazón, a la incredulidad de sus mentes, las cuales les impide ver el gran signo: Adonai, Yahév, el Mesías se deja ver en el rostro de Jesús.
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Martes, 12/10/2010 Ntra. Sra. del Pilar
"Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen"
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del primer libro de las Crónicas 15,3-4. 15-16;16,1-2:
En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le habla preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como habla mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le habla preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.
Sal 26,1.3.4.5 R/. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R/. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. R/. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R/. El me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,27-28:
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.» Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
II. Compartimos la Palabra
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¿Qué guardamos y rumiamos en nuestro corazón?
Según la tradición, la Virgen se apareció al apóstol Santiago en Zaragoza. Como signo de su presencia trajo una columna o pilar. Éste es el origen de la advocación de la Virgen del Pilar.
Además de la alabanza que Jesús hace de su madre, de manera indirecta, en el evangelio de hoy, porque nadie mejor que ella escuchó la palabra de Dios y la cumplió, podemos apoyarnos en lo que el evangelista Lucas dice de ella: “guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón”, para hacernos alguna pregunta. Lo que guardaba y meditaba María en su corazón eran todas las cosas que sucedían en torno a su Hijo Jesús. ¿Qué guardamos y rumiamos nosotros en nuestro corazón? Con harta frecuencia guardamos y rumiamos todo lo malo que nos ha sucedido en la vida, guardamos también los brotes crecidos de maldad que anidan en él, como envidias, celos, agresividades, egoísmos, rencores… El resultado es claro: un corazón agriado por el mal. Y como sabemos que “de la abundancia del corazón habla la lengua” y que de él proceden todas nuestras acciones… el mal reina en nuestra vida, en nuestro pensar y en nuestro actuar.
María nos invita a algo bien distinto. Nos invita a que guardemos en nuestro corazón a su hijo Jesús y que le dejemos actuar en él. El irá, poco a poco, moldeando nuestro corazón a su corazón, moldeando nuestros pensamientos, sentimientos a los suyos y, como consecuencia de ello, nuestras obras también irán en la línea de Cristo Jesús. Pidamos a nuestra madre María, la Virgen del Pilar, que guardemos y meditemos en nuestro corazón lo mismo que ella.
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Miércoles, 13/10/2010
“Habría que practicar el derecho y el amor de Dios sin descuidar los diezmos”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 18-25
Hermanos: Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de si. Contra esto no va la ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 R. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 42-46
En aquel tiempo, dijo el Señor: -«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo! » Un maestro de la Ley intervino y le dijo: -«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.» Jesús replicó: -«¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo! »
II. Compartimos la Palabra
Todos somos humanos, solemos decir para disculpar nuestros errores. Pero, ante párrafos evangélicos como el de hoy me inclino a dudar de la veracidad de la frase. Si fuéramos humanos, hondamente humanos, nos equivocaríamos menos, de entrada, y nos disculparíamos diciendo: “Fui inhumano. No me porté como se espera de una persona profundamente humana”. Quizá de forma un tanto o un bastante inconsciente, tendemos a solicitar humanidad hacia nosotros, sin pensar que primero somos nosotros los que tenemos que mostrarla hacia los demás. Jesús, que era Dios, sin dejar de serlo, se mostró siempre como la persona más humana, más cercana a nosotros. Si hay algo que detestó fue la inhumanidad que vivían y padecían tantos pobres, enfermos, desamparados y desgraciados como se encontró.
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Los diezmos y el amor de Dios. Los detalles y lo esencial
En tiempos de Jesús la religión oficial funcionaba. En el Templo de Jerusalén había un culto espléndido. Los sacerdotes, los escribas, los fariseos, saduceos y demás autoridades se preocupaban no sólo de interpretar la Ley sino de cumplirla y hacerla cumplir. Los fariseos, al margen de sus defectos, eran cumplidores rigurosísimos de todo lo relacionado con Yahvé, el Templo y el culto. Se entregaban los diezmos del comino y de la menta… Exteriormente todo marchaba muy bien.
Sin embargo no era así como Jesús entendía la religión, el culto, la relación del hombre con Dios y la relación de unos con otros. En otro momento llegó a decirles sobre la adoración que Dios quería: “Llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como El mismo lo quiere.” (Jn. 4, 23-24). Bien está lo externo cuando es expresión de lo interno. “Esto habría que practicar sin descuidar aquello”
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¿Sobre qué hombros cargo las cargas no siempre soportables?
Otra de las ideas de Jesús en el párrafo evangélico de hoy es la de la hipocresía de muchos dirigentes religiosos de Israel, su falta de coherencia. Hasta tal punto que llega a aconsejar: “Haced lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen. Porque ellos no hacen lo que dicen”. Queda, al menos, el consuelo de que el mensaje está correctamente trasmitido; la doctrina es auténtica. Pero, el testimonio es incorrecto. Hay una contradicción entre lo que se dice y lo que se hace.
Fácilmente esto puede degenerar en manipulación de la conciencia de personas buenas, pero sin gran formación. Algo deleznable. “Cargan a la gente fardos insoportables sobre sus hombros, pero ellos no mueven un dedo para ayudar”.
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Jueves, 14/10/2010
“Nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo”
I. Contemplamos la Palabra
Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,1-10:
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús, que residen en Éfeso. Os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
Sal 97,1.2-3ab.3cd-4.5-6 R/. El Señor da a conocer su victoria
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R/. El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,47-54):
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: "Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán"; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!» Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.
II. Compartimos la Palabra
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“Nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo”
Este himno, cristológico, es uno de los pasajes más bellos y profundos de las cartas de Pablo. En él, está resumida la Historia de nuestra Salvación.
Comienza dando gracias y bendiciendo al Padre, que en Cristo, nos ha colmado de toda clase de bienes, antes de crear el mundo, por Él y en El, gozamos de:
* Bendición-:Nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
* Elección - Nos ha elegido para que seamos santos e irreprochables ante Él , por el Amor.
* Filiación – Nos ha hecho hijos suyos, por propia iniciativa para que seamos alabanza suya.
* Redención-Por este Hijo , por su sangre, hemos sido redimidos.
* Revelación-Nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad: Su Plan de Salvación.
* Recapitular todas las cosas en Cristo, las del cielo y las de la tierra.
La Iglesia lo recita todos los lunes en el rezo de vísperas, que sepamos hacerlo vida dando gracias a Dios por tanto Don.
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“Les enviaré profetas y apóstoles, a algunos los perseguirán y matarán”
Seguimos con la lectura del capítulo 11, días atrás, hemos visto a Jesús, dialogando con sus opositores. El fariseo, que invitó a Jesús a comer, critica que no se ha lavado las manos, Jesús, les hace ver que eso no está dentro de la Ley, viene de las tradiciones rabínicas. Hay cosas mas importantes en la Ley , que los fariseos se saltan. Para aparentar que son muy religiosos, levantan monumentos a los profetas a quienes sus antepasados mataron”. Jesús les achaca a ellos el consentimiento de esas muertes (Tal vez con estas palabras hace un anuncio de su pasión). Creen conocer la Ley mejor que nadie y muchas veces, ponen más fuerza en sus opiniones que en contenido mismo de la Escritura. Es este el motivo por el cual, Jesús les echa en cara que se creen dueños de la Ley, interpretándola a su modo, impidiendo al pueblo entrar en el verdadero contenido “porqu:” ellos se guardan la llave”.
Demos gracias a Dios, porque nosotros podemos acercarnos a la Escritura, que sepamos llegar a Ella y con la fuerza del Espíritu, no nos quedemos en la letra, leámosla démosle vida..
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Viernes, 15/10/2010 Santa Teresa de Jesús
"Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla"
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro del Eclesiástico 15,1-6:
El que teme al Señor obrará así, observando la ley, alcanzará la sabiduría. Ella le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como la esposa de la juventud; lo alimentará con pan de sensatez y le dará a beber agua de prudencia; apoyado en ella no vacilará y confiado en ella no fracasará; lo ensalzará sobre sus compañeros, para que abra la boca en la asamblea; lo llena de sabiduría e inteligencia, lo cubre con vestidos de gloria; alcanzará gozo y alegría, le dará un nombre perdurable.
Sal 88,2-3.6-7.8-9.16-17.18-19 R/. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré
Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/. El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles. ¿Quién sobre las nubes se compara a Dios? ¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/. Dios es temible en el consejo de los ángeles, es grande y terrible para toda su corte. Señor de los ejércitos, ¿quién como tú? El poder y la fidelidad te rodean. R/. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. R/.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30:
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
II. Compartimos la Palabra
En este día se interrumpe la lectura continuada de la Liturgia de los días de feria para celebrar a Santa Teresa de Jesús con rango de Fiesta Litúrgica (al menos en España). Y precisamente las lecturas de este día van con ella como anillo al dedo.
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" Alcanzará gozo y alegría, le dará un nombre perdurable".
El Sirácida hace un elogio de aquel que teme al Señor, y alcanzará la sabiduría. Temor del Señor que significa no miedo, sino que es nada menos que un don del Espíritu Santo que nos infunde el deseo de no separarnos de Dios, de sólo servirle a Él. El fruto: la sabiduría como madre y esposa; la sensatez, la prudencia, gozo, alegría y un nombre perdurable. Un tenor de vida que no puede comprenderse solo con las categorías humanas, sino que trasciende nuestras fuerzas.
Teresa no nació santa. A Dios no le fue fácil convencer a Teresa para salir de su “comodidad”, de sus “amistades”, de su “vida regalada”, aun en el convento. Estas son sus propias palabras en la obra de su vida: “Fíe de la bondad de Dios, que es mayor que todos los males que podemos hacer…, y miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cansé de ofenderle que su Majestad de perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir”.
Tras el encuentro transformador con el Señor en la Cuaresma de 1554, ante la imagen de un Cristo muy llagado, comenzó a experimentar un cambio profundo en su vida. Se siente convertida, salvada por pura misericordia de Dios. Y la sabiduría de Dios de la que nos habla la lectura comienza a obrar en ella.
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"Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla"
San Mateo nos presenta a Cristo como Maestro, que inicia a sus discípulos en el misterio del Reino, destinado preferentemente a los sencillos, a los pequeños. Toda la riqueza del Padre es de Jesucristo, que la comparte con los suyos, ofreciéndose como descanso y alivio en sus necesidades.
Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, nos dirá en sus escritos que “andar en humildad es andar en verdad”. Ella cifró toda su vida en el amor. Pudo repetir con S. Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Ella lo expresaba así: “Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero”.
Que nuestra vida sea siempre una proclamación de la misericordia y fidelidad de Dios, como reza el salmista y proclamó Santa Teresa con su vida.
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Sábado, 16/10/2010
“El Espíritu Santo os enseñará”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,15-23:
Yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.
Sal 8,2-3a.4-5.6-7a R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza. R/. Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? R/. Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 8-12:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»
II. Compartimos la Palabra
Dice el anuncio de una famosa compañía aseguradora: “Hazte socio y ten la seguridad de que estaremos contigo y tu familia ante cualquier imprevisto durante tus viajes o en tu vida diaria”. La famosa “asistencia en carretera” 24h al día, 7 días a la semana. Pues Dios Padre-Madre, a través del evangelio de hoy, nos está ofreciendo su Espíritu; una muy particular “asistencia en carretera”…
Él/Ella nos brinda su cobertura en cualquier parte y ámbito de nuestra vida. Nos da la seguridad y la confianza de que estará junto a nosotros apoyándonos, inspirándonos la palabra y el gesto oportuno. Ayudándonos a optar por las causas más humanas, es decir, las que tienen que ver con el Amor, la Esperanza y la Alegría. Las que identifican a seres humanos libres y felices que se fían de su Dios y que se acercan a sus favoritos, los que viven al y en el margen. Personas valientes, que no se amilanan porque han comprendido que callar o ignorar significa ser cómplice de situaciones que oprimen y rebajan la dignidad humana hasta mínimos inconcebibles.
Él/Ella nos ofrecen su Espíritu (Ruah) que nos hace sensibles al dolor de otros. La Ruah nos moldea para salir de nosotros mismos e interesarnos por los otros, nos sitúa en actitud de escucha sincera y paciente. Nos ayuda a cuestionarnos viejos lenguajes y formas de relación que recortan constantemente la obra de Dios Padre-Madre en el mundo. Estas actitudes nos incapacitan para participar en el fomento de sociedades que se mueven a golpe de tópico socio-cultural y que impiden el descubrimiento de realidades que revelan a la divinidad a través de nuevas formas e imágenes, incluso fuera de la atmósfera religiosa. Sin embargo, la Ruah nos infunde un espíritu libre y responsable que no se contenta con ayudarnos a reconocer antiguos análisis, sino que sabedora del dinamismo de la Verdad que se revela, nos anima a ahondar en razonamientos más maduros y precisos que nos ayuden a descubrir recintos de Autenticidad en los que merezca la pena dejarse la piel en nombre del evangelio, de la buena noticia del Amor de Dios.
Escuela de Ministerios y Diaconado Permanente "Pablo VI" y Diáconos Permanentes de la Diócesis de San Justo, provincia de Buenos Aires, Argentina. Noticias, comentarios, recursos e informaciones varias del quehacer pastoral.
domingo, 10 de octubre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
Preparando la homilia del 3-10-2010
XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (3-10-2010)
Tiempo Ordinario
"El justo vive por su fe"
Ir a: Introducción - Comentario bíblico - Pautas para la homilía
Introducción
No hace falta acudir a ningún dicho popular o clásico para darnos cuenta de que la vida es lucha. La lucha del cristiano consiste en ser fiel a la palabra dada de seguir a Jesús en todo momento, habiendo caído en la cuenta de que es el mejor camino para encontrar el sentido, la esperanza y la felicidad ansiada.
En esta lucha no estamos nunca solos. El Señor nos ha prometido acompañarnos siempre, en todo momento. Debemos vivir con esa certeza, vivir de la fe, es decir, con la confianza total en la Persona de Jesús, que es hombre y Dios verdadero, de que cumplirá siempre su palabra de no abandonarnos nunca. Por esto mismo, el orgullo ante Dios y ante nuestros hermanos, estará prohibido: “El auxilio nos viene del Señor”. Él es la fuente de nuestra energía.
Ver la presentación animada de las lecturas
Comentario bíblico
La fe como don y gracia
Iª Lectura: Habacuc (1,2-3; 2,2-4): El justo vivirá por su fe
I.1. La primera lectura de este domingo está tomada del profeta Habacuc (1,2-3;2,2-4). Es una lectura reconstruida sobre el texto del profeta en la que aparece primeramente una lamentación, una queja por la opresión y la violación del derecho en Judá. Habacuc es un profeta de los siglos VII-VI a. C. Pero es un profeta que no habla al pueblo, sino que habla con Dios; le pregunta, le interpela ante lo que ven sus ojos. Así es todo el libro. ¿Hay respuestas para el hombre de Dios que quiere defender los valores radicales de la vida? La respuesta de Dios, según la experiencia teológica y espiritual del profeta, el hombre de Dios, es que, quien sepa mantenerse fiel en medio de la injusticia y la violación de los derechos, vivirá. La promesa de vida es la síntesis más completa de toda la predicación del profeta. Es una promesa a Israel, pero es una promesa que incumbe a todos los cristianos: el mal nunca se apoderará de la historia definitivamente.
I.2. El texto de Hab 2,4 tendrá un carácter germinal en el planteamiento decisivo de la teología paulina, tanto en Gal 3,11, como en Rom 1,17 cuando se enuncia el tema que ha de desarrollar en toda la epístola: el evangelio de la salvación por la fe y no por las obras. La fe en la Biblia (emunah) no es defender una doctrina, sino tener una experiencia radical de “confianza” en Dios. Eso es lo que propone el profeta, y en ese sentido es como lo entendió Pablo para lanzar al judaísmo o al judeo-cristianismo de su tiempo el reto que habría de darle la identidad religiosa verdadera.
IIª Lectura: IIª Timoteo (1,6-14): El depósito evangélico de la libertad
La segunda lectura de este domingo es el comienzo de la 2ª carta a Timoteo en la que se ponen de manifiesto los elementos pastorales del que, según la tradición, ha recibido el encargo de Pablo para dirigir una comunidad cristiana. Se habla del don de Dios que ha recibido, y que nos es un don para temer, sino para luchar con fuerza y energía por los valores del evangelio frente a este mundo. Defender los valores éticos en nombre del Señor Jesús debe ser una tarea decisiva para quien es responsable de una comunidad cristiana. Existe un “depósito de la fe”. Ese depósito, no obstante, no es una doctrina extraña al Evangelio; es el Evangelio de Jesucristo liberador. Es eso lo que hay que defender con energía frente a otros evangelios mundanos que no liberan.
Evangelio: Lucas (17,5-10): La fe, reto de la “confianza” en Dios
III.1. El evangelio de este domingo se toma de Lucas: un conjunto literario con dos partes: 1) el diálogo sobre la petición de los apóstoles para que aumente la fe de los mismos y la comparación con un pequeño grano de mostaza; 2) la parábola del siervo inútil. Lo primero que debemos considerar en este aspecto es que la fe no es una experiencia que se pueda medir en cantidad, en todo caso en calidad. La fe es el misterio por el que nos fiamos de Dios como Padre, ahí está la calidad de la fe; ponemos nuestra vida en sus manos sencillamente porque su palabra, revelada en Jesús y en su evangelio, llena el corazón. Por eso, la fe se la compara aquí con un grano de mostaza, pequeño, muy pequeño, porque en esa pequeñez hay mucha calidad en la que puede encerrarse, sin duda, el fiarse verdaderamente de Dios. Puede que objetivamente no se presenten razones evidentes para ello. No es que la fe sea ilógica, o simplemente ciega, es una opción inquebrantable de confianza. Es como el que ama, que no puede explicarse muchas veces por qué se ama a alguien. Por tanto, existe una razón secreta que nos impulsa a amar, como a creer.
III.2. La fe que mueve montañas debe cambiar muchas cosas. La comparación del que, por la fe, arranca una morera o un sicómoro y lo planta en el mar, da que pensar. ¿Qué sentido puede tener? Un sicómoro no puede crecer en el mar. En realidad es un símbolo de Israel y este no es un pueblo del mar; no hay tradición de ello. La frondosidad que tiene, como la de la higuera que protege con su sombra, es como un reto: son árboles de secano, de estío, protectores… pero no pueden estar en el mar, se pudrirían. Es un imposible, como un “imposible” es el misterio de la fe, de la confianza en Dios. Cuando todo está perdido, cuando lo imposible nos avasalla, “confiar en Dios” pone en entredicho una religiosidad de oropel, de cosas, de ritos, de ceremonias, de purificación. La fe es algo del corazón, donde está la sede de lo mejor y de lo peor en la Biblia. Por ello, tener fe, confianza (emunah), y pensar que una morera puede ser trasladada al mar y crecer allí es poner en entredicho la religión vacía. Sin la fe, la religión no lleva a ninguna parte. Y muy frecuentemente sucede que se tiene “una religión”, pero en ella no habita la fe.
III.3. La parábola conocida como del “siervo inútil” no es una narración absurda. No es propiamente la parábola del siervo inútil, porque no es ese su sentido, sino del que acepta simplemente en su vida que es un siervo y no pretende otra cosa. El amo que llega cansado del trabajo es servido por su criado; el criado tiene la conciencia de haber cumplido su oficio; esas eran las reglas de contratación social. ¿Qué sentido puede tener esto en el planteamiento de la fe y la recompensa? No podemos aplicar aquí la lógica reivindicativamente social de que el patrón y el siervo no pueden relacionarse tal como se propone en esta lectura. El juicio moral sobre la servitud o la misma esclavitud de aquellos tiempos, está demás a la hora de la interpretación. Se parte de la costumbre de aquella época para mostrar que el siervo, lo que tenía que hacer era servir (se usa el verbo diakoneô), porque era su oficio, y el amo ser servido.
III.4. Jesús quería partir de esta experiencia cotidiana para mostrar al final algo inusual: por ello, la vida cristiana no se puede plantear con afán de recompensa; no podemos servir a Dios y seguir a Jesús por lo que podamos conseguir, sino que debemos hacernos un planteamiento de gracia. El buen discípulo se fía de Jesús y de su Dios. Cuando se da esa razón secreta para seguir a Jesús, no se vive pendiente de recompensas; se hace lo que se debe hacer y entonces se es feliz en ello. Existe, sin duda, la secreta esperanza e incluso la promesa de que Dios nos sentará a su mesa (símbolo de compartir sus dones), pero sin que tengamos que presentar méritos; sin que sea un salario que se nos paga, sino por pura gracia, por puro amor. Así es como Lucas ha entendido este conjunto en que pone en conexión el diálogo sobre la fe con la parábola del siervo (que no es inútil). Con Dios no vale do ut des, sino lo que cuenta es abrirse a Él como lo que somos y con lo que somos… y se nos invita, por gracia, a sentarnos a su mesa, lo que no ocurre precisamente en las relaciones sociales de este mundo de clases.
Fray Miguel de Burgos NúñezFray Miguel de Burgos Núñez
Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura
Pautas para la homilía
*
El justo vive de la fe, es decir, de la confianza en una Persona
Cuán equivocados están los que piensan que el cristianismo es aceptar un conjunto de verdades, algunas de ellas bastante difíciles de explicar. El cristianismo es, ante todo, una historia, una historia entre un Dios personal y cada uno de los hombres que aceptamos su intervención en nuestra vida. Esta historia sabemos cómo empieza. También sabemos que, por regalo de Dios, va a terminar bien. Pero nos queda el trayecto entre el principio y el final. En ese trayecto, además de Dios y de nosotros, los principales protagonistas de cada historia personal, intervienen otras personas, otras libertades, otras circunstancias, diversos acontecimientos sociales y personales…
En cada historia personal, en la que se mezclan múltiples, variados y contradictorios factores, el cristiano vivirá momentos apacibles y momentos de desierto en los que puede pensar que Dios le ha dejado a su suerte, le ha abandonado y gritar con el profeta: “¿Hasta cuando clamaré, Señor, sin que me escuches?”. Puede tener también momentos de desánimo como Timoteo al participar en “los duros trabajos del evangelio”.
Pero estos posibles desfallecimientos y la vivencia de soledad divina siempre son pasajeros, porque “el justo vive por su fe”. Es decir, vive gracias a depositar toda su confianza en la persona del Hijo de Dios, que le ha prometido no dejarle nunca en las distintas vicisitudes por las que pueda atravesar su vida: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo”. En los momentos más delicados, nuestro Padre Dios se le acercará y le dirá como al hijo mayor: “Tú siempre estás conmigo. Y todo lo mío es tuyo”. En esta misma línea, Pablo anima a Timoteo y le recuerda que Dios nos ha regalado su propio Espíritu, “el Espíritu Santo habita en nosotros”, que “no es un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio”.
*
Ante Dios y… ante los hombres, nada de engreírse
Pocas cosas hay que tengan tan buena acogida entre nosotros como encontrarse con personas sencillas, de las que siempre se colocan al nivel del común de los humanos, sea cual sea el cargo que ocupan. Pocas cosas hay que molesten tanto a la mayoría de las personas humanas, como encontrarse con un hombre orgulloso, altivo, muy creído de sí mismo, que mira a todos por encima del hombro, incluidos a los jugadores de baloncesto que miden de dos metros en adelante, que nos hace sentir su supuesta superioridad, que cada dos por tres, o mejor dicho, cada tres por tres, nos recuerda las grandes cosas que ha hecho en la vida, algo, según él, que sólo está al alcance de unos pocos privilegiados.
Jesús, en el evangelio, siempre se muestra en contra, muy en contra, de los orgullosos, como, por ejemplo, de los fariseos, que se creían muy por encima de los demás y Jesús les descubre su hipocresía y debilidad… su realidad. Esta actitud de los orgullos fariseos podemos decir que irrita sobremanera a Jesús y las palabras más duras que salieron de su boca se las dirige a ellos: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, que por dentro están llenos de rapiñas y codicias! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que os parecéis a sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, mas por dentro llenos de huesos muertos y toda clase de inmundicias!”.
Si hay algo claro en Jesús es que todos los hombres y mujeres, aunque tengamos diferentes talentos, gozamos de la misma dignidad. Todos somos hijos de Dios y hermanos unos de otros. Nadie, pues, tiene derecho a considerarse más que los demás. Incluso si uno, con la ayuda de Dios, trabaja fuerte en la dirección de Jesús, es decir entrega su vida por amor al servicio de sus hermanos… tampoco puede engreírse por ello: “Cuando hayáis hecho lo mandado decid. Somos uno pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Nada de que se nos suban los humos a la cabeza.
Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est al hablarnos de la ayuda que todo cristiano, guiado por el amor, debe estar dispuesto a ofrecer a cualquier persona, nos advierte que lo primero que el ayudador debe reconocer es que todo lo ha recibido de Dios, sus dones y cualidades, y que estar en situación de ayudar a otros es un regalo que Dios le hace. El Papa dice textualmente: “Cuanto más se esfuerza uno por los demás, mejor comprenderá y hará suya la palabra de Cristo: ‘Somos unos pobres siervos’ (Lc 17,10). En efecto, reconoce que no actúa fundándose en una superioridad o mayor capacidad personal, sino porque el Señor le concede este don”.
Como siempre nuestro referente es Jesús de Nazaret. Si alguien podía gloriarse de estar por encima de nosotros era él, Dios y hombre verdadero. Sin embargo, conocemos el camino que siguió. “No hizo alarde de su categoría de Dios; al contario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”. Éste es el camino que debemos imitar: hacernos esclavos de nuestros hermanos por amor, y nada de creerse superior a nadie, sino pasar por uno de tantos y decir: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Nuestra recompensa y nuestro gozo es siempre el amor, dar y recibir amor.
Tiempo Ordinario
"El justo vive por su fe"
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Introducción
No hace falta acudir a ningún dicho popular o clásico para darnos cuenta de que la vida es lucha. La lucha del cristiano consiste en ser fiel a la palabra dada de seguir a Jesús en todo momento, habiendo caído en la cuenta de que es el mejor camino para encontrar el sentido, la esperanza y la felicidad ansiada.
En esta lucha no estamos nunca solos. El Señor nos ha prometido acompañarnos siempre, en todo momento. Debemos vivir con esa certeza, vivir de la fe, es decir, con la confianza total en la Persona de Jesús, que es hombre y Dios verdadero, de que cumplirá siempre su palabra de no abandonarnos nunca. Por esto mismo, el orgullo ante Dios y ante nuestros hermanos, estará prohibido: “El auxilio nos viene del Señor”. Él es la fuente de nuestra energía.
Ver la presentación animada de las lecturas
Comentario bíblico
La fe como don y gracia
Iª Lectura: Habacuc (1,2-3; 2,2-4): El justo vivirá por su fe
I.1. La primera lectura de este domingo está tomada del profeta Habacuc (1,2-3;2,2-4). Es una lectura reconstruida sobre el texto del profeta en la que aparece primeramente una lamentación, una queja por la opresión y la violación del derecho en Judá. Habacuc es un profeta de los siglos VII-VI a. C. Pero es un profeta que no habla al pueblo, sino que habla con Dios; le pregunta, le interpela ante lo que ven sus ojos. Así es todo el libro. ¿Hay respuestas para el hombre de Dios que quiere defender los valores radicales de la vida? La respuesta de Dios, según la experiencia teológica y espiritual del profeta, el hombre de Dios, es que, quien sepa mantenerse fiel en medio de la injusticia y la violación de los derechos, vivirá. La promesa de vida es la síntesis más completa de toda la predicación del profeta. Es una promesa a Israel, pero es una promesa que incumbe a todos los cristianos: el mal nunca se apoderará de la historia definitivamente.
I.2. El texto de Hab 2,4 tendrá un carácter germinal en el planteamiento decisivo de la teología paulina, tanto en Gal 3,11, como en Rom 1,17 cuando se enuncia el tema que ha de desarrollar en toda la epístola: el evangelio de la salvación por la fe y no por las obras. La fe en la Biblia (emunah) no es defender una doctrina, sino tener una experiencia radical de “confianza” en Dios. Eso es lo que propone el profeta, y en ese sentido es como lo entendió Pablo para lanzar al judaísmo o al judeo-cristianismo de su tiempo el reto que habría de darle la identidad religiosa verdadera.
IIª Lectura: IIª Timoteo (1,6-14): El depósito evangélico de la libertad
La segunda lectura de este domingo es el comienzo de la 2ª carta a Timoteo en la que se ponen de manifiesto los elementos pastorales del que, según la tradición, ha recibido el encargo de Pablo para dirigir una comunidad cristiana. Se habla del don de Dios que ha recibido, y que nos es un don para temer, sino para luchar con fuerza y energía por los valores del evangelio frente a este mundo. Defender los valores éticos en nombre del Señor Jesús debe ser una tarea decisiva para quien es responsable de una comunidad cristiana. Existe un “depósito de la fe”. Ese depósito, no obstante, no es una doctrina extraña al Evangelio; es el Evangelio de Jesucristo liberador. Es eso lo que hay que defender con energía frente a otros evangelios mundanos que no liberan.
Evangelio: Lucas (17,5-10): La fe, reto de la “confianza” en Dios
III.1. El evangelio de este domingo se toma de Lucas: un conjunto literario con dos partes: 1) el diálogo sobre la petición de los apóstoles para que aumente la fe de los mismos y la comparación con un pequeño grano de mostaza; 2) la parábola del siervo inútil. Lo primero que debemos considerar en este aspecto es que la fe no es una experiencia que se pueda medir en cantidad, en todo caso en calidad. La fe es el misterio por el que nos fiamos de Dios como Padre, ahí está la calidad de la fe; ponemos nuestra vida en sus manos sencillamente porque su palabra, revelada en Jesús y en su evangelio, llena el corazón. Por eso, la fe se la compara aquí con un grano de mostaza, pequeño, muy pequeño, porque en esa pequeñez hay mucha calidad en la que puede encerrarse, sin duda, el fiarse verdaderamente de Dios. Puede que objetivamente no se presenten razones evidentes para ello. No es que la fe sea ilógica, o simplemente ciega, es una opción inquebrantable de confianza. Es como el que ama, que no puede explicarse muchas veces por qué se ama a alguien. Por tanto, existe una razón secreta que nos impulsa a amar, como a creer.
III.2. La fe que mueve montañas debe cambiar muchas cosas. La comparación del que, por la fe, arranca una morera o un sicómoro y lo planta en el mar, da que pensar. ¿Qué sentido puede tener? Un sicómoro no puede crecer en el mar. En realidad es un símbolo de Israel y este no es un pueblo del mar; no hay tradición de ello. La frondosidad que tiene, como la de la higuera que protege con su sombra, es como un reto: son árboles de secano, de estío, protectores… pero no pueden estar en el mar, se pudrirían. Es un imposible, como un “imposible” es el misterio de la fe, de la confianza en Dios. Cuando todo está perdido, cuando lo imposible nos avasalla, “confiar en Dios” pone en entredicho una religiosidad de oropel, de cosas, de ritos, de ceremonias, de purificación. La fe es algo del corazón, donde está la sede de lo mejor y de lo peor en la Biblia. Por ello, tener fe, confianza (emunah), y pensar que una morera puede ser trasladada al mar y crecer allí es poner en entredicho la religión vacía. Sin la fe, la religión no lleva a ninguna parte. Y muy frecuentemente sucede que se tiene “una religión”, pero en ella no habita la fe.
III.3. La parábola conocida como del “siervo inútil” no es una narración absurda. No es propiamente la parábola del siervo inútil, porque no es ese su sentido, sino del que acepta simplemente en su vida que es un siervo y no pretende otra cosa. El amo que llega cansado del trabajo es servido por su criado; el criado tiene la conciencia de haber cumplido su oficio; esas eran las reglas de contratación social. ¿Qué sentido puede tener esto en el planteamiento de la fe y la recompensa? No podemos aplicar aquí la lógica reivindicativamente social de que el patrón y el siervo no pueden relacionarse tal como se propone en esta lectura. El juicio moral sobre la servitud o la misma esclavitud de aquellos tiempos, está demás a la hora de la interpretación. Se parte de la costumbre de aquella época para mostrar que el siervo, lo que tenía que hacer era servir (se usa el verbo diakoneô), porque era su oficio, y el amo ser servido.
III.4. Jesús quería partir de esta experiencia cotidiana para mostrar al final algo inusual: por ello, la vida cristiana no se puede plantear con afán de recompensa; no podemos servir a Dios y seguir a Jesús por lo que podamos conseguir, sino que debemos hacernos un planteamiento de gracia. El buen discípulo se fía de Jesús y de su Dios. Cuando se da esa razón secreta para seguir a Jesús, no se vive pendiente de recompensas; se hace lo que se debe hacer y entonces se es feliz en ello. Existe, sin duda, la secreta esperanza e incluso la promesa de que Dios nos sentará a su mesa (símbolo de compartir sus dones), pero sin que tengamos que presentar méritos; sin que sea un salario que se nos paga, sino por pura gracia, por puro amor. Así es como Lucas ha entendido este conjunto en que pone en conexión el diálogo sobre la fe con la parábola del siervo (que no es inútil). Con Dios no vale do ut des, sino lo que cuenta es abrirse a Él como lo que somos y con lo que somos… y se nos invita, por gracia, a sentarnos a su mesa, lo que no ocurre precisamente en las relaciones sociales de este mundo de clases.
Fray Miguel de Burgos NúñezFray Miguel de Burgos Núñez
Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura
Pautas para la homilía
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El justo vive de la fe, es decir, de la confianza en una Persona
Cuán equivocados están los que piensan que el cristianismo es aceptar un conjunto de verdades, algunas de ellas bastante difíciles de explicar. El cristianismo es, ante todo, una historia, una historia entre un Dios personal y cada uno de los hombres que aceptamos su intervención en nuestra vida. Esta historia sabemos cómo empieza. También sabemos que, por regalo de Dios, va a terminar bien. Pero nos queda el trayecto entre el principio y el final. En ese trayecto, además de Dios y de nosotros, los principales protagonistas de cada historia personal, intervienen otras personas, otras libertades, otras circunstancias, diversos acontecimientos sociales y personales…
En cada historia personal, en la que se mezclan múltiples, variados y contradictorios factores, el cristiano vivirá momentos apacibles y momentos de desierto en los que puede pensar que Dios le ha dejado a su suerte, le ha abandonado y gritar con el profeta: “¿Hasta cuando clamaré, Señor, sin que me escuches?”. Puede tener también momentos de desánimo como Timoteo al participar en “los duros trabajos del evangelio”.
Pero estos posibles desfallecimientos y la vivencia de soledad divina siempre son pasajeros, porque “el justo vive por su fe”. Es decir, vive gracias a depositar toda su confianza en la persona del Hijo de Dios, que le ha prometido no dejarle nunca en las distintas vicisitudes por las que pueda atravesar su vida: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo”. En los momentos más delicados, nuestro Padre Dios se le acercará y le dirá como al hijo mayor: “Tú siempre estás conmigo. Y todo lo mío es tuyo”. En esta misma línea, Pablo anima a Timoteo y le recuerda que Dios nos ha regalado su propio Espíritu, “el Espíritu Santo habita en nosotros”, que “no es un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio”.
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Ante Dios y… ante los hombres, nada de engreírse
Pocas cosas hay que tengan tan buena acogida entre nosotros como encontrarse con personas sencillas, de las que siempre se colocan al nivel del común de los humanos, sea cual sea el cargo que ocupan. Pocas cosas hay que molesten tanto a la mayoría de las personas humanas, como encontrarse con un hombre orgulloso, altivo, muy creído de sí mismo, que mira a todos por encima del hombro, incluidos a los jugadores de baloncesto que miden de dos metros en adelante, que nos hace sentir su supuesta superioridad, que cada dos por tres, o mejor dicho, cada tres por tres, nos recuerda las grandes cosas que ha hecho en la vida, algo, según él, que sólo está al alcance de unos pocos privilegiados.
Jesús, en el evangelio, siempre se muestra en contra, muy en contra, de los orgullosos, como, por ejemplo, de los fariseos, que se creían muy por encima de los demás y Jesús les descubre su hipocresía y debilidad… su realidad. Esta actitud de los orgullos fariseos podemos decir que irrita sobremanera a Jesús y las palabras más duras que salieron de su boca se las dirige a ellos: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, que por dentro están llenos de rapiñas y codicias! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que os parecéis a sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, mas por dentro llenos de huesos muertos y toda clase de inmundicias!”.
Si hay algo claro en Jesús es que todos los hombres y mujeres, aunque tengamos diferentes talentos, gozamos de la misma dignidad. Todos somos hijos de Dios y hermanos unos de otros. Nadie, pues, tiene derecho a considerarse más que los demás. Incluso si uno, con la ayuda de Dios, trabaja fuerte en la dirección de Jesús, es decir entrega su vida por amor al servicio de sus hermanos… tampoco puede engreírse por ello: “Cuando hayáis hecho lo mandado decid. Somos uno pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Nada de que se nos suban los humos a la cabeza.
Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est al hablarnos de la ayuda que todo cristiano, guiado por el amor, debe estar dispuesto a ofrecer a cualquier persona, nos advierte que lo primero que el ayudador debe reconocer es que todo lo ha recibido de Dios, sus dones y cualidades, y que estar en situación de ayudar a otros es un regalo que Dios le hace. El Papa dice textualmente: “Cuanto más se esfuerza uno por los demás, mejor comprenderá y hará suya la palabra de Cristo: ‘Somos unos pobres siervos’ (Lc 17,10). En efecto, reconoce que no actúa fundándose en una superioridad o mayor capacidad personal, sino porque el Señor le concede este don”.
Como siempre nuestro referente es Jesús de Nazaret. Si alguien podía gloriarse de estar por encima de nosotros era él, Dios y hombre verdadero. Sin embargo, conocemos el camino que siguió. “No hizo alarde de su categoría de Dios; al contario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”. Éste es el camino que debemos imitar: hacernos esclavos de nuestros hermanos por amor, y nada de creerse superior a nadie, sino pasar por uno de tantos y decir: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Nuestra recompensa y nuestro gozo es siempre el amor, dar y recibir amor.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Vigésima quinta semana del Tiempo Ordinario (del 20/9/2010 al 25/9/2010)
Las lecturas y homilias de la semana
Brilla de modo especial en la semana la fiesta de san Mateo apóstol y evangelista. ¡Qué agradecidos hemos de estar a quien nos ha transmitido con tanta profundidad las palabras y lo hechos de Jesús! Se hace memoria en ella de mártires de Corea, el lunes, día 20, y de la figura sorprendente y tan venerada en algunos lugares de san Pio de Pietralcina.
En las primeras lecturas volvemos al Antiguo Testamento. En concreto a libros sapienciales. A Proverbios y Eclesiastés. Libros no esencialmente religiosos, que buscan el modo de bien vivir. La primera y elemental “sabiduría” queda reflejada en proverbios. Así se recoge en el libro de ese nombre. El autor del Eclesiastés se manifiesta desorientado por situaciones que no entiende, como la prosperidad de los malos y el fracaso de los buenos. De ahí viene a deducir que todo es vanidad. Pero en fin, humilde, cree que no tiene que pedir cuentas a Dios. Que Él sabrá por qué las cosas son así.
Los textos evangélicos de san Lucas exponen enseñanzas y episodios muy diversos en la vida de Jesús. Desde valorar más escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica que los lazos de sangre, incluidos la maternidad, hasta la necesidad que tienen los apóstoles de manifestar lo aprendido, no guardárselo para sí. Y así los envía a proclamar el Reino de Dios. Todo ello ante la pregunta de cercanos y lejanos sobre quién es él. El reconocimiento de su autoridad, de la grandeza de su enseñanza y de sus hechos sorprendentes no van a evitar la persecución. ¡Que los apóstoles tomen buena nota de ello!
Lunes, 20/9/2010 San Andrés Kim Taegon y S. Pablo Chong Hasang y compañeros, mártires
“No niegues un favor a quien lo necesita”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Proverbios 3,27-34:
Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré.» No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los hombres rectos; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del honrado; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes; otorga honores a los sensatos y reserva baldón para los necios.
Sal 14 R/. El justo habitará en tu monte santo, Señor
El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R/. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R/. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,16-18:
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»
II. Compartimos la Palabra
El fragmento evangélico lucano que nos presenta la Palabra de Dios este lunes es, cuanto, menos desconcertante. Desconcertante sobre todo por la última sentencia de Jesús: “Al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”. Esto contrasta fuertemente no sólo con la experiencia que tenemos del Evangelio, sino también con el propio contenido de la primera lectura del libro de los proverbios: “No niegues un favor a quien lo necesita” Nuestra razón parece presentar resistencias a escuchar, aparentemente, palabras de injusticia en los labios de Jesús: ¿Cómo va a ser posible que a los que no tienen nada, a los pobres, encima se les quite lo poco que tienen? ¿Cómo es posible encontrar esto en el Evangelio?
Para entender este último “dicho contradictorio” de Jesús hemos de considerar como mínimo todo el fragmento en el cual aparece. Encender una vela y esconderla, ¿qué sentido tiene?. Un verdad escondida, oculta, ¿qué utilidad tiene? Ninguna, porque no es útil, porque no se utiliza. Jesús, simplemente, advierte de una realidad, por todos comprobable: cuanto menos utilizamos una cosa menos sentido tiene. Cuidado porque parecería que se está cayendo en un utilitarismo; No. Lo que se quiere poner de relieve es que el Evangelio es la Luz, es la Verdad de nuestra vida. Cuanto menos nos refiramos al Evangelio (a la Luz y Verdad de nuestra vida) más lo iremos perdiendo, más nos iremos olvidándolo, hasta que lo hayamos perdido de vista. En este momento, todos tenemos la experiencia, nos sentimos perdidos, nos sentimos si norte, sin rumbo... hay desorden en nuestra vida, no nos comprendemos a nosotros mismos... Comienza un circuito que nos lleva a la “muerte”, a la infelicidad. Entonces, la vida la habremos perdido, nos la habremos quitado. Por eso, a quien vive a la luz de la Palabra de Dios recibirá más Vida; y al contrario: el que conociendo la Palabra de Dios no vive en base a ella, pues dejará pasar la Vida.
Hay una cuestión implícita en el Evangelio que cierra toda la idea del fragmento: la luz se enciende para que los otros vean, la verdad sale a la luz para que los otros la comprendan y la gusten... pero hay que encender la luz... hay que predicar la Verdad para que eso sea posible. Pablo lo dijo de otra manera más clara: la fe viene por la predicación. La predicación es el presupuesto necesario para que los otros sean iluminados por la luz de Dios y por la Verdad del Evangelio. Sin predicación no florece la fe.
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Martes, 21/9/2010 San Mateo, apóstol y evangelista
"Sígueme. Él se levantó y lo siguió”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,1-7.11-13:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vinculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
Sal 18 R/. A toda la tierra alcanza su pregón
El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. R/. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los limites del orbe su lenguaje. R/.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9,9-13:
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
II. Compartimos la Palabra
*
“Para la edificación del cuerpo de Cristo”
Con frecuencia, se ha exaltado a los cardenales, obispos, sacerdotes… por encima de los fieles cristianos. Algunos afirman que los viejos tratados sobre la Iglesia se centraban en la jerarquía, eran una auténtica “jerarcología”, un tratado sobre la jerarquía y desde ahí se estudiaba todo lo demás. El Vaticano II corrigió esta orientación. Colocó el capítulo del “pueblo de Dios”, el de todos los seguidores de Jesús, antes que el de la jerarquía. Todo, también la jerarquía, está en función y al servicio del pueblo de Dios. Ésta es también la orientación de San Pablo. Es cierto que “Cristo ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros”, pero todos ellos “para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo”. La jerarquía, incluidos los apóstoles como san Mateo, no tiene más dignidad que el resto de cristianos y al final de sus vidas no van a poder presentar sus cargos, su ministerio como un seguro para traspasar la entrada a la eternidad gozosa. Se les va a hacer la misma pregunta que a todos, la pregunta sobre el amor: “¿Tuve hambre y me disteis de comer…?”. El amor es la gran dignidad del cristiano y todo en la iglesia, en “el cuerpo de Cristo”, los apóstoles, sus sucesores y los fieles cristianos, tiene que estar al servicio del amor.
*
Sígueme. Él se levantó y lo siguió”
Jesús, a la hora de elegir a sus apóstoles, a sus sucesores, parece que no tiene buen ojo. Probablemente, hablando en lenguaje de hoy, ninguno de los doce pasaría “un examen de admisión” para cualquier empresa comercial. Para extender su proyecto del reino de Dios elige a pescadores, a hombres “sin estudios”, a un recaudador de hacienda con mala fama… incluso a uno que al final le iba a traicionar.
Eligió a “los doce” porque, en principio tuvieron un corazón generoso a su propuesta, como Mateo: “Sígueme. Él se levantó y lo siguió”. Estaban dispuestos a cambiar su corazón de piedra por un corazón a lo Cristo, un corazón que se dejó empapar por los sentimientos de Jesús, un corazón dispuesto a confiar más en la fuerza amatoria que Jesús les regalaba que en sus propias fuerzas… Y Mateo, en medio de sus debilidades como las de Pedro, las de Tomás… le siguió hasta el final. Hasta nos regaló el evangelio de la vida, muerte y resurrección de Jesús… algo que todos los cristianos debemos agradecerle.
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Miércoles, 22/9/2010
“Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes” .
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Proverbios 30,5-9:
La palabra de Dios es acendrada, él es escudo para los que se refugian en él. No añadas nada a sus palabras, porque te replicará y quedarás por mentiroso. Dos cosas te he pedido; no me las niegues antes de morir: aleja de mi falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «¿Quién es el Señor?»; no sea que, necesitando, robe y blasfeme el nombre de mi Dios.
Sal 118 R/. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor
Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad. R/. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R/. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo. R/. Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. R/. Considero tus decretos, y odio el camino de la mentira. R/. Detesto y aborrezco la mentira, y amo tu voluntad. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,1-6:
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.
II. Compartimos la Palabra
La Buena Noticia es la Palabra de Dios de que nos habla el libro de los Proverbios. Felices los que escuchan y, más todavía, los que practican esta Palabra de Dios, esta Buena Noticia, que nos puede llegar por los Libros Sagrados, por los sacramentos, por la oración, por medio del sacerdote, de un amigo, de una amiga. Dios se puede servir de todo para hacernos llegar su Noticia siempre buena.
Lucas reseña dos veces consignas para los enviados, para los misioneros, para la misión. Hoy se dirige a los Doce. En el capítulo siguiente lo hará a los “setenta y dos”. Las diferencias son mínimas. Lo que dice a los Doce es aplicable a los “setenta y dos”, o sea, a todos.
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Anunciar la Buena Noticia
“Habiendo convocado Jesús a los Doce les dio poder para proclamar el reino de Dios”. La orden es clara. La dificultad entonces y ahora es el cómo hacerlo. Es cierto que Jesús no hizo otra cosa durante su vida que enseñar a sus discípulos el modo según el cual tenían que proclamarlo: sin oro, sin pan, sin alforja, sin túnica de repuesto, sin nada. Sin pedir al cielo fuego sobre los que no escuchen o sobre los que, escuchando, no quieran hacer caso. Cuanto se consiga con estos medios será algo que no tendrá nada que ver con el Reino.
Pero, tampoco “sin nada”. Con mucha ilusión, con el optimismo propio de los sencillos. Si a esto se añade ciencia, oratoria, erudición, experiencia, miel sobre hojuelas. Pero lo fundamental es creer, estar convencidos, ser testigos. Que nadie pueda decir de nosotros lo que un político –en este caso, una-, espetó a otro en medio de una discusión: “¿Eso lo dice Vd. por convicción o por estrategia?”
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Expulsar demonios y curar enfermedades
“Habiendo convocado Jesús a los Doce les dio poder para expulsar los demonios y curar las enfermedades”. No podemos contentarnos con hablar, por más convicción que pongamos en nuestras palabras. La compasión tiene que llevarnos, como a Jesús, al amor samaritano. No se trata de unas veces hablar, otras obrar. Ambas cosas son simultáneas. Hay que hablar y validar cuanto decimos con actos que humanicen, que liberen de cualquier clase de atadura, sea del demonio o de la injusticia.
Un modelo de cuanto decimos lo tenemos en el Beato Francisco de Posadas, un dominico del siglo XVIII cuya fiesta celebramos hoy. Supo encarnar en su persona ambos cometidos. Tuvo un estilo de vida evangelizador, de tal forma que fue apopado el nuevo San Vicente Ferrer. Brilló por su virtud, por su talento y, muy en particular, por su predicación persuasiva y ejemplar. Proclamó el reino de Dios, curó enfermedades y expulsó los demonios de la ignorancia, la injusticia, el pecado y cualquier atisbo de inhumanidad.
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Jueves, 23/9/2010 San Pío de Pietralcina
"¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?"
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro del Eclesiastés 1,2-11:
¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan bajo el sol? Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siempre está quieta. Sale el sol, se pone el sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir. Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento. Todos los ríos caminan al mar, y el mar no se llena; llegados al sitio adonde caminan, desde allí vuelven a caminar. Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver ni se hartan los oídos de oír. Lo que pasó, eso pasará; lo que sucedió, eso sucederá: nada hay nuevo bajo el sol. Si de algo se dice:«Mira, esto es nuevo», ya sucedió en otros tiempos mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de los antiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus sucesores.
Sal 89 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; una vela nocturna. R/. Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R/. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R/. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,7-9:
En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que habla aparecido Elías, y otros que habla vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?» Y tenla ganas de ver a Jesús.
II. Compartimos la Palabra
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“Nada hay nuevo bajo el sol”
Al leer este pasaje, solo queda decir: Sólo Dios es permanece inmutable.
Israel, tiene en la Biblia, por su fe, un gran sentido del valor de la creación, pero también sabe de la precariedad de la misma, lo cual, aunque doloroso, no le lleva a la resignación ante el fracaso, sino que conserva la absoluta certeza de una victoria definitiva.
El Eclesiastés observa estos cambios continuos de la naturaleza y empieza recordando:”Vanidad de vanidades y todo vanidad” y pegunta: ¿que saca el hombre de todas sus fatigas?
La Palabra de Dios, siempre nos deja una lección, nosotros también nos afanamos para alcanzar las cosas, pero, al final, nada y vacío, nos cansamos de todo.
Bueno es recordar la frase de San Agustín:”Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón, no descansa, mientras no descanse en Ti”.
Sólo Dios puede saciar nuestros anhelos, lo demás vuelve a ser “Vanidad e Vanidades…”
*
¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?
Herodes, que había mandado decapitar a Juan el Bautista, vive obsesionado con su figura; por eso, cuando oye hablar de Jesús y de sus milagros, piensa en Juan, tiene miedo de perder su poder político, ese hombre , que hace tantos milagros, puede quitárselo, la gente se va tras de él, y, ¿Si fuera Juan?
Aprendamos la lección, muchas veces, tenemos miedo de perder nuestros derechos (poder), que vengan otros y nos quiten el puesto, nuestros privilegios…pensamos e inventamos las cosas más inverosímiles, como Herodes, que quiere cerciorarse,” quiere ver a Jesús”. También nosotros queremos ver, enfrentarnos, con quienes” creemos” que nos desafían, a veces, sin ningún fundamento, sólo en nuestra imaginación.
Ojala queramos ver a Jesús, no como Herodes, sino, como aquellos griegos que se acercaron a Felipe y le dijeron “Queremos ver a Jesús” Veamos a Jesús en nuestros hermanos, en ellos está reflejo la bondad de Dios . Lo demás como hemos visto en la primera lectura :”Vanidad de vanidades”
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Viernes, 24/9/2010
"¿Y vosotros quién decís que soy yo? ”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro del Eclesiastés 3,1-11:
Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.
Sal 143 R/. Bendito el Señor, mi Roca
Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio. R/. Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?; ¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-22:
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
II. Compartimos la Palabra
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"¿Qué saca el obrero de sus fatigas? ”
El sabio Quoelet sabía que Dios había hecho todo hermoso y a su tiempo. En consonancia con la sabiduría hebrea está el salmo de hoy que canta: ¿qué es el hombre para que te fijes en él?; ¿qué saca el obrero de sus fatigas?.
En otro libro sapiencial dice: “Todas las cosas van en pareja, una frente a la otra, y nada lo ha hecho incompleto (Ecles 42, 24). Una cosa asegura el bien de la otra; frente al mal está el bien y frente a la muerte, la vida (Ecles 33,14).
Si hay tiempo para todo lo que tenemos que hacer en esta vida, no hemos de obrar precipitadamente, ni adelantarnos a lo que tendremos que hacer dentro de un rato, pues de ahí viene la pre-ocupación. Estamos en las manos del Señor para una misión, Él nos ha llamado a trabajar en su viña, no seamos perezosos en la labor que nos toca, ni tampoco demasiado activistas, que también son necesarios los tiempos de reposo.
"¿Y vosotros quién decís que soy yo? ”
Jesús se encuentra orando como intercesor entre su Padre y sus discípulos que están allí presentes. Frente a la curiosidad de Herodes del evangelio de ayer, hace una pregunta a sus discípulos sobre lo que la gente piensa de él.
Por supuesto que Jesús no tiene dudas de identidad, ni tampoco le importa lo que digan de su persona; ni siquiera aclara las respuestas que le dan sus discípulos. A Jesús le interesa que sus amigos le conozcan bien y por eso cuando Pedro responde a su pregunta, Jesús se lo aclara explicando el tipo de mesianismo que anuncia con su persona y a continuación impone secreto porque aún no ha llegado su Hora y no es fácil de entender.
A nosotros también nos hace Jesús hoy esta pregunta y corremos el riesgo de responder como sus discípulos más allegados confesándole como Señor de nuestra vida, pero evitando unirnos a Él en el sufrimiento. Si el necesitado no nos encuentra en su dolor, no comprenderemos la gloria de la resurrección.
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Sábado, 25/9/2010
“Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro del Eclesiastés 11,9–12,8:
Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón, de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo. Rechaza las penas del corazón y rehuye los dolores del cuerpo: niñez y juventud son efímeras. Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: «No les saco gusto.» Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y a la lluvia siga el nublado. Ese día temblarán los guardianes de casa y los robustos se encorvarán, las que muelen serán pocas y se pararán, las que miran por las ventanas se ofuscarán, las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del molino se apagará, se debilitará el canto de los pájaros, las canciones se irán callando, darán miedo las alturas y rondarán los terrores. Cuando florezca el almendro, y se arrastre la langosta, y no dé gusto la alcaparra, porque el hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre recorre las calles. Antes de que se rompa el hilo de planta, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente, y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio. Vanidad de vanidades, dice Qohelet, todo es vanidad.
Sal 89 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. R/. Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R/. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R/. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,43b-45:
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.» Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
II. Compartimos la Palabra
El primer párrafo de la lectura propuesta para hoy del Eclesiastés es uno de esos textos que debieran haber escuchado, sobre todo, nuestros mayores en su juventud, cuando las enseñanzas eclesiásticas les animaban, seguramente a lo contrario. Esa llamada a “disfrutar de la vida y pasarlo bien”, a “rechazar las penas del corazón y rehuir los dolores del cuerpo”, que forma parte de esa Biblia que tenemos como Palabra de Dios, parece que no haya sido del gusto de los predicadores de la desgracia, de la resignación y que hace no tanto, reclamaban a los cristianos y cristianas que asumieran los dolores, que callaran los golpes y que vivieran como deseo divino los males que les acosaban.
Todo lo bueno se acaba, lo sabe bien Qohelet, el autor de este libro, el cantor del archiconocido “vanidad de vanidades”, y pretende que nosotros, lectores de esas palabras que escribió hace más de mil años no lo olvidemos. Todo lo que es terso tiende a arrugarse y lo suave se acaba haciendo áspero. Mejor es que seamos conscientes de ello y que lo disfrutemos mientras podamos hacerlo. Después llegarán –o no–, los malos momentos: en los que se “arrastre la langosta, y no dé gusto la alcaparra”, “se rompa el hilo de la planta, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cátaro en la fuente” (“tanto va el cántaro a la fuente”… dice el refranero español”).
¿Qué ganamos con ocuparnos y preocuparnos por las desgracias venideras mientras éstas no han llegado? Jesús también era de los que pensaban así, y por eso avisa a sus amigos/as de que algo malo le va a ocurrir. Pero mientras tanto disfruta de su compañía, atiende a los niños y niñas que se le acercan, acompaña a las mujeres y aprende de todos y todas los que están con él. Esa es la clave, creemos, que también se vislumbra en el texto del Eclesiastés: “acuérdate de tu Hacedor”. Lo fundamental es la forma en que vivamos mientras llegan esos dolores y cuando ya estén aquí. Y acordarse de Él, es decir, saber que forma parte de nuestras vidas significa, muchas cosas, pero sin duda: estar cerca de los que sufren, comprometerse con la justicia, intentar mejorar el mundo que nos rodea y trabajar para que la vida de los que nos sucedan en esta tierra sea un poco mejor.
Brilla de modo especial en la semana la fiesta de san Mateo apóstol y evangelista. ¡Qué agradecidos hemos de estar a quien nos ha transmitido con tanta profundidad las palabras y lo hechos de Jesús! Se hace memoria en ella de mártires de Corea, el lunes, día 20, y de la figura sorprendente y tan venerada en algunos lugares de san Pio de Pietralcina.
En las primeras lecturas volvemos al Antiguo Testamento. En concreto a libros sapienciales. A Proverbios y Eclesiastés. Libros no esencialmente religiosos, que buscan el modo de bien vivir. La primera y elemental “sabiduría” queda reflejada en proverbios. Así se recoge en el libro de ese nombre. El autor del Eclesiastés se manifiesta desorientado por situaciones que no entiende, como la prosperidad de los malos y el fracaso de los buenos. De ahí viene a deducir que todo es vanidad. Pero en fin, humilde, cree que no tiene que pedir cuentas a Dios. Que Él sabrá por qué las cosas son así.
Los textos evangélicos de san Lucas exponen enseñanzas y episodios muy diversos en la vida de Jesús. Desde valorar más escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica que los lazos de sangre, incluidos la maternidad, hasta la necesidad que tienen los apóstoles de manifestar lo aprendido, no guardárselo para sí. Y así los envía a proclamar el Reino de Dios. Todo ello ante la pregunta de cercanos y lejanos sobre quién es él. El reconocimiento de su autoridad, de la grandeza de su enseñanza y de sus hechos sorprendentes no van a evitar la persecución. ¡Que los apóstoles tomen buena nota de ello!
Lunes, 20/9/2010 San Andrés Kim Taegon y S. Pablo Chong Hasang y compañeros, mártires
“No niegues un favor a quien lo necesita”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Proverbios 3,27-34:
Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré.» No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los hombres rectos; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del honrado; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes; otorga honores a los sensatos y reserva baldón para los necios.
Sal 14 R/. El justo habitará en tu monte santo, Señor
El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R/. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R/. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,16-18:
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»
II. Compartimos la Palabra
El fragmento evangélico lucano que nos presenta la Palabra de Dios este lunes es, cuanto, menos desconcertante. Desconcertante sobre todo por la última sentencia de Jesús: “Al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”. Esto contrasta fuertemente no sólo con la experiencia que tenemos del Evangelio, sino también con el propio contenido de la primera lectura del libro de los proverbios: “No niegues un favor a quien lo necesita” Nuestra razón parece presentar resistencias a escuchar, aparentemente, palabras de injusticia en los labios de Jesús: ¿Cómo va a ser posible que a los que no tienen nada, a los pobres, encima se les quite lo poco que tienen? ¿Cómo es posible encontrar esto en el Evangelio?
Para entender este último “dicho contradictorio” de Jesús hemos de considerar como mínimo todo el fragmento en el cual aparece. Encender una vela y esconderla, ¿qué sentido tiene?. Un verdad escondida, oculta, ¿qué utilidad tiene? Ninguna, porque no es útil, porque no se utiliza. Jesús, simplemente, advierte de una realidad, por todos comprobable: cuanto menos utilizamos una cosa menos sentido tiene. Cuidado porque parecería que se está cayendo en un utilitarismo; No. Lo que se quiere poner de relieve es que el Evangelio es la Luz, es la Verdad de nuestra vida. Cuanto menos nos refiramos al Evangelio (a la Luz y Verdad de nuestra vida) más lo iremos perdiendo, más nos iremos olvidándolo, hasta que lo hayamos perdido de vista. En este momento, todos tenemos la experiencia, nos sentimos perdidos, nos sentimos si norte, sin rumbo... hay desorden en nuestra vida, no nos comprendemos a nosotros mismos... Comienza un circuito que nos lleva a la “muerte”, a la infelicidad. Entonces, la vida la habremos perdido, nos la habremos quitado. Por eso, a quien vive a la luz de la Palabra de Dios recibirá más Vida; y al contrario: el que conociendo la Palabra de Dios no vive en base a ella, pues dejará pasar la Vida.
Hay una cuestión implícita en el Evangelio que cierra toda la idea del fragmento: la luz se enciende para que los otros vean, la verdad sale a la luz para que los otros la comprendan y la gusten... pero hay que encender la luz... hay que predicar la Verdad para que eso sea posible. Pablo lo dijo de otra manera más clara: la fe viene por la predicación. La predicación es el presupuesto necesario para que los otros sean iluminados por la luz de Dios y por la Verdad del Evangelio. Sin predicación no florece la fe.
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Martes, 21/9/2010 San Mateo, apóstol y evangelista
"Sígueme. Él se levantó y lo siguió”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,1-7.11-13:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vinculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
Sal 18 R/. A toda la tierra alcanza su pregón
El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. R/. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los limites del orbe su lenguaje. R/.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9,9-13:
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
II. Compartimos la Palabra
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“Para la edificación del cuerpo de Cristo”
Con frecuencia, se ha exaltado a los cardenales, obispos, sacerdotes… por encima de los fieles cristianos. Algunos afirman que los viejos tratados sobre la Iglesia se centraban en la jerarquía, eran una auténtica “jerarcología”, un tratado sobre la jerarquía y desde ahí se estudiaba todo lo demás. El Vaticano II corrigió esta orientación. Colocó el capítulo del “pueblo de Dios”, el de todos los seguidores de Jesús, antes que el de la jerarquía. Todo, también la jerarquía, está en función y al servicio del pueblo de Dios. Ésta es también la orientación de San Pablo. Es cierto que “Cristo ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros”, pero todos ellos “para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo”. La jerarquía, incluidos los apóstoles como san Mateo, no tiene más dignidad que el resto de cristianos y al final de sus vidas no van a poder presentar sus cargos, su ministerio como un seguro para traspasar la entrada a la eternidad gozosa. Se les va a hacer la misma pregunta que a todos, la pregunta sobre el amor: “¿Tuve hambre y me disteis de comer…?”. El amor es la gran dignidad del cristiano y todo en la iglesia, en “el cuerpo de Cristo”, los apóstoles, sus sucesores y los fieles cristianos, tiene que estar al servicio del amor.
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Sígueme. Él se levantó y lo siguió”
Jesús, a la hora de elegir a sus apóstoles, a sus sucesores, parece que no tiene buen ojo. Probablemente, hablando en lenguaje de hoy, ninguno de los doce pasaría “un examen de admisión” para cualquier empresa comercial. Para extender su proyecto del reino de Dios elige a pescadores, a hombres “sin estudios”, a un recaudador de hacienda con mala fama… incluso a uno que al final le iba a traicionar.
Eligió a “los doce” porque, en principio tuvieron un corazón generoso a su propuesta, como Mateo: “Sígueme. Él se levantó y lo siguió”. Estaban dispuestos a cambiar su corazón de piedra por un corazón a lo Cristo, un corazón que se dejó empapar por los sentimientos de Jesús, un corazón dispuesto a confiar más en la fuerza amatoria que Jesús les regalaba que en sus propias fuerzas… Y Mateo, en medio de sus debilidades como las de Pedro, las de Tomás… le siguió hasta el final. Hasta nos regaló el evangelio de la vida, muerte y resurrección de Jesús… algo que todos los cristianos debemos agradecerle.
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Miércoles, 22/9/2010
“Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes” .
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Proverbios 30,5-9:
La palabra de Dios es acendrada, él es escudo para los que se refugian en él. No añadas nada a sus palabras, porque te replicará y quedarás por mentiroso. Dos cosas te he pedido; no me las niegues antes de morir: aleja de mi falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «¿Quién es el Señor?»; no sea que, necesitando, robe y blasfeme el nombre de mi Dios.
Sal 118 R/. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor
Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad. R/. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R/. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo. R/. Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. R/. Considero tus decretos, y odio el camino de la mentira. R/. Detesto y aborrezco la mentira, y amo tu voluntad. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,1-6:
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.
II. Compartimos la Palabra
La Buena Noticia es la Palabra de Dios de que nos habla el libro de los Proverbios. Felices los que escuchan y, más todavía, los que practican esta Palabra de Dios, esta Buena Noticia, que nos puede llegar por los Libros Sagrados, por los sacramentos, por la oración, por medio del sacerdote, de un amigo, de una amiga. Dios se puede servir de todo para hacernos llegar su Noticia siempre buena.
Lucas reseña dos veces consignas para los enviados, para los misioneros, para la misión. Hoy se dirige a los Doce. En el capítulo siguiente lo hará a los “setenta y dos”. Las diferencias son mínimas. Lo que dice a los Doce es aplicable a los “setenta y dos”, o sea, a todos.
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Anunciar la Buena Noticia
“Habiendo convocado Jesús a los Doce les dio poder para proclamar el reino de Dios”. La orden es clara. La dificultad entonces y ahora es el cómo hacerlo. Es cierto que Jesús no hizo otra cosa durante su vida que enseñar a sus discípulos el modo según el cual tenían que proclamarlo: sin oro, sin pan, sin alforja, sin túnica de repuesto, sin nada. Sin pedir al cielo fuego sobre los que no escuchen o sobre los que, escuchando, no quieran hacer caso. Cuanto se consiga con estos medios será algo que no tendrá nada que ver con el Reino.
Pero, tampoco “sin nada”. Con mucha ilusión, con el optimismo propio de los sencillos. Si a esto se añade ciencia, oratoria, erudición, experiencia, miel sobre hojuelas. Pero lo fundamental es creer, estar convencidos, ser testigos. Que nadie pueda decir de nosotros lo que un político –en este caso, una-, espetó a otro en medio de una discusión: “¿Eso lo dice Vd. por convicción o por estrategia?”
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Expulsar demonios y curar enfermedades
“Habiendo convocado Jesús a los Doce les dio poder para expulsar los demonios y curar las enfermedades”. No podemos contentarnos con hablar, por más convicción que pongamos en nuestras palabras. La compasión tiene que llevarnos, como a Jesús, al amor samaritano. No se trata de unas veces hablar, otras obrar. Ambas cosas son simultáneas. Hay que hablar y validar cuanto decimos con actos que humanicen, que liberen de cualquier clase de atadura, sea del demonio o de la injusticia.
Un modelo de cuanto decimos lo tenemos en el Beato Francisco de Posadas, un dominico del siglo XVIII cuya fiesta celebramos hoy. Supo encarnar en su persona ambos cometidos. Tuvo un estilo de vida evangelizador, de tal forma que fue apopado el nuevo San Vicente Ferrer. Brilló por su virtud, por su talento y, muy en particular, por su predicación persuasiva y ejemplar. Proclamó el reino de Dios, curó enfermedades y expulsó los demonios de la ignorancia, la injusticia, el pecado y cualquier atisbo de inhumanidad.
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Jueves, 23/9/2010 San Pío de Pietralcina
"¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?"
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro del Eclesiastés 1,2-11:
¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan bajo el sol? Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siempre está quieta. Sale el sol, se pone el sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir. Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento. Todos los ríos caminan al mar, y el mar no se llena; llegados al sitio adonde caminan, desde allí vuelven a caminar. Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver ni se hartan los oídos de oír. Lo que pasó, eso pasará; lo que sucedió, eso sucederá: nada hay nuevo bajo el sol. Si de algo se dice:«Mira, esto es nuevo», ya sucedió en otros tiempos mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de los antiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus sucesores.
Sal 89 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; una vela nocturna. R/. Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R/. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R/. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,7-9:
En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que habla aparecido Elías, y otros que habla vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?» Y tenla ganas de ver a Jesús.
II. Compartimos la Palabra
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“Nada hay nuevo bajo el sol”
Al leer este pasaje, solo queda decir: Sólo Dios es permanece inmutable.
Israel, tiene en la Biblia, por su fe, un gran sentido del valor de la creación, pero también sabe de la precariedad de la misma, lo cual, aunque doloroso, no le lleva a la resignación ante el fracaso, sino que conserva la absoluta certeza de una victoria definitiva.
El Eclesiastés observa estos cambios continuos de la naturaleza y empieza recordando:”Vanidad de vanidades y todo vanidad” y pegunta: ¿que saca el hombre de todas sus fatigas?
La Palabra de Dios, siempre nos deja una lección, nosotros también nos afanamos para alcanzar las cosas, pero, al final, nada y vacío, nos cansamos de todo.
Bueno es recordar la frase de San Agustín:”Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón, no descansa, mientras no descanse en Ti”.
Sólo Dios puede saciar nuestros anhelos, lo demás vuelve a ser “Vanidad e Vanidades…”
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¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?
Herodes, que había mandado decapitar a Juan el Bautista, vive obsesionado con su figura; por eso, cuando oye hablar de Jesús y de sus milagros, piensa en Juan, tiene miedo de perder su poder político, ese hombre , que hace tantos milagros, puede quitárselo, la gente se va tras de él, y, ¿Si fuera Juan?
Aprendamos la lección, muchas veces, tenemos miedo de perder nuestros derechos (poder), que vengan otros y nos quiten el puesto, nuestros privilegios…pensamos e inventamos las cosas más inverosímiles, como Herodes, que quiere cerciorarse,” quiere ver a Jesús”. También nosotros queremos ver, enfrentarnos, con quienes” creemos” que nos desafían, a veces, sin ningún fundamento, sólo en nuestra imaginación.
Ojala queramos ver a Jesús, no como Herodes, sino, como aquellos griegos que se acercaron a Felipe y le dijeron “Queremos ver a Jesús” Veamos a Jesús en nuestros hermanos, en ellos está reflejo la bondad de Dios . Lo demás como hemos visto en la primera lectura :”Vanidad de vanidades”
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Viernes, 24/9/2010
"¿Y vosotros quién decís que soy yo? ”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro del Eclesiastés 3,1-11:
Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.
Sal 143 R/. Bendito el Señor, mi Roca
Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio. R/. Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?; ¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-22:
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
II. Compartimos la Palabra
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"¿Qué saca el obrero de sus fatigas? ”
El sabio Quoelet sabía que Dios había hecho todo hermoso y a su tiempo. En consonancia con la sabiduría hebrea está el salmo de hoy que canta: ¿qué es el hombre para que te fijes en él?; ¿qué saca el obrero de sus fatigas?.
En otro libro sapiencial dice: “Todas las cosas van en pareja, una frente a la otra, y nada lo ha hecho incompleto (Ecles 42, 24). Una cosa asegura el bien de la otra; frente al mal está el bien y frente a la muerte, la vida (Ecles 33,14).
Si hay tiempo para todo lo que tenemos que hacer en esta vida, no hemos de obrar precipitadamente, ni adelantarnos a lo que tendremos que hacer dentro de un rato, pues de ahí viene la pre-ocupación. Estamos en las manos del Señor para una misión, Él nos ha llamado a trabajar en su viña, no seamos perezosos en la labor que nos toca, ni tampoco demasiado activistas, que también son necesarios los tiempos de reposo.
"¿Y vosotros quién decís que soy yo? ”
Jesús se encuentra orando como intercesor entre su Padre y sus discípulos que están allí presentes. Frente a la curiosidad de Herodes del evangelio de ayer, hace una pregunta a sus discípulos sobre lo que la gente piensa de él.
Por supuesto que Jesús no tiene dudas de identidad, ni tampoco le importa lo que digan de su persona; ni siquiera aclara las respuestas que le dan sus discípulos. A Jesús le interesa que sus amigos le conozcan bien y por eso cuando Pedro responde a su pregunta, Jesús se lo aclara explicando el tipo de mesianismo que anuncia con su persona y a continuación impone secreto porque aún no ha llegado su Hora y no es fácil de entender.
A nosotros también nos hace Jesús hoy esta pregunta y corremos el riesgo de responder como sus discípulos más allegados confesándole como Señor de nuestra vida, pero evitando unirnos a Él en el sufrimiento. Si el necesitado no nos encuentra en su dolor, no comprenderemos la gloria de la resurrección.
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Sábado, 25/9/2010
“Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro del Eclesiastés 11,9–12,8:
Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón, de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo. Rechaza las penas del corazón y rehuye los dolores del cuerpo: niñez y juventud son efímeras. Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: «No les saco gusto.» Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y a la lluvia siga el nublado. Ese día temblarán los guardianes de casa y los robustos se encorvarán, las que muelen serán pocas y se pararán, las que miran por las ventanas se ofuscarán, las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del molino se apagará, se debilitará el canto de los pájaros, las canciones se irán callando, darán miedo las alturas y rondarán los terrores. Cuando florezca el almendro, y se arrastre la langosta, y no dé gusto la alcaparra, porque el hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre recorre las calles. Antes de que se rompa el hilo de planta, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente, y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio. Vanidad de vanidades, dice Qohelet, todo es vanidad.
Sal 89 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. R/. Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R/. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R/. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,43b-45:
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.» Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
II. Compartimos la Palabra
El primer párrafo de la lectura propuesta para hoy del Eclesiastés es uno de esos textos que debieran haber escuchado, sobre todo, nuestros mayores en su juventud, cuando las enseñanzas eclesiásticas les animaban, seguramente a lo contrario. Esa llamada a “disfrutar de la vida y pasarlo bien”, a “rechazar las penas del corazón y rehuir los dolores del cuerpo”, que forma parte de esa Biblia que tenemos como Palabra de Dios, parece que no haya sido del gusto de los predicadores de la desgracia, de la resignación y que hace no tanto, reclamaban a los cristianos y cristianas que asumieran los dolores, que callaran los golpes y que vivieran como deseo divino los males que les acosaban.
Todo lo bueno se acaba, lo sabe bien Qohelet, el autor de este libro, el cantor del archiconocido “vanidad de vanidades”, y pretende que nosotros, lectores de esas palabras que escribió hace más de mil años no lo olvidemos. Todo lo que es terso tiende a arrugarse y lo suave se acaba haciendo áspero. Mejor es que seamos conscientes de ello y que lo disfrutemos mientras podamos hacerlo. Después llegarán –o no–, los malos momentos: en los que se “arrastre la langosta, y no dé gusto la alcaparra”, “se rompa el hilo de la planta, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cátaro en la fuente” (“tanto va el cántaro a la fuente”… dice el refranero español”).
¿Qué ganamos con ocuparnos y preocuparnos por las desgracias venideras mientras éstas no han llegado? Jesús también era de los que pensaban así, y por eso avisa a sus amigos/as de que algo malo le va a ocurrir. Pero mientras tanto disfruta de su compañía, atiende a los niños y niñas que se le acercan, acompaña a las mujeres y aprende de todos y todas los que están con él. Esa es la clave, creemos, que también se vislumbra en el texto del Eclesiastés: “acuérdate de tu Hacedor”. Lo fundamental es la forma en que vivamos mientras llegan esos dolores y cuando ya estén aquí. Y acordarse de Él, es decir, saber que forma parte de nuestras vidas significa, muchas cosas, pero sin duda: estar cerca de los que sufren, comprometerse con la justicia, intentar mejorar el mundo que nos rodea y trabajar para que la vida de los que nos sucedan en esta tierra sea un poco mejor.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Vigésima cuarta semana del Tiempo Ordinario (del 13/9/2010 al 18/9/2010)
Vigésima cuarta semana del Tiempo Ordinario (del 13/9/2010 al 18/9/2010)
Introducción a la semana - Lunes - Martes - Miércoles - Jueves - Viernes - Sábado
Introducción a la semana
En esta semana afloran con fuerza dos celebraciones. La fiesta de la Exaltación de la santa Cruz y la memoria de Nuestra Señora de los Dolores. También es obligatoria la memoria de san Juan Crisóstomo y los santos mártires Cornelio y Cipriano, éstos sin lecturas propias. Dominicos y dominicas celebran el sábado, día 18, la memoria obligatoria del sencillo y entrañable santo Juan Macías.
En las primeras lecturas se continúa con la primera carta de Pablo a los Corintios. Aparte de seguir con prescripciones morales, se abordan cuestiones esenciales de la fe cristiana, como el hecho de la resurrección. La resurrección de hombres y mujeres tiene su fundamento en la resurrección de Cristo. Sin resurrección nuestra fe sería vana.
Sigue Jesús en los textos evangélicos derramando su enseñanza. En esta semana encontramos a Jesús que quiere alegría en los suyos. Que sepan disfrutar de la vida. Él asiste, invitado, a un banquete. Ve cómo una mujer tiene deferencias cariñosas con él. Y le da lugar a relacionar perdón y amor, con una relación recíproca. En fin, vemos a Jesús dejarse querer y ayudar por las mujeres que le siguen. Jesús no es un áspero profeta que ve el mal en todo, sino que descubre el gusto de vivir, la necesidad de amar y de tener amigos y amigas. Un gran y cercano Jesús.
Lunes, 13/9/2010 San Juan Crisostomo, obispo y doctor
"Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe."
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,17-26.33:
Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba. Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros.
Sal 39 R/. Proclamad la muerte del Señor, hasta que vuelva
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/. «Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/. Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,1-10:
En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.» Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace.» Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.
II. Compartimos la Palabra
Pablo, en la 1ª lectura de la carta a los Corintios, nos deja entrever un problema importante que existía en las comunidades primitivas: “al reuníos en Asamblea hay divisiones”. Acto seguido Pablo entra de lleno en el problema sin ningún tipo de vacilación, ofreciendo la siguiente metodología a la hora de afrontar problemas en cristiano:
- Las dificultades pueden ayudar a avanzar en el camino del seguimiento a Jesús tanto personal como comunitario. La referencia con la cual confrontarse, tanto personal como comunitariamente, es Jesús, el Señor de nuestras vidas.
- La pregunta a la cual nos tenemos que asomar sin miedo para reorientarnos en el seguimiento es: Y esta dificultad que tengo en este momento, ¿qué dice, dicho problema, de mi mismo? ¿qué nos dice comunitariamente? Sin verdad y sin misericordia no es posible contestar estas preguntas que nos impulsan en el camino del seguimiento.
- Frente a lo que nos revelen estas preguntas, se desprende unos compromisos lo cuales requieren determinación para llevarlos a cabo.
Dicho todo esto, podemos entender la severas advertencias que hace Pablo a la comunidad de Corintio con respecto al tema de la Cena del Señor u Eucaristía. Sólo hay una Mesa en la cual se sientan los cristianos por igual. No hay cristianos de primera ni de segunda. La rotura de la unidad en torno a la Mesa del Señor conlleva la no presencia del Señor en medio de la comunidad. ¡Duras consecuencias las de romper la comunión!
En cuanto al Evangelio de Lucas una palabra. Llama la atención que el centurión (pagano), a lo largo de todo el pasaje, no se encuentra con Jesús. Los que se encuentran con Jesús son, primero los criados y luego los amigos. El centurión solo conoce a Jesús de oídas, lo cual implica que alguien ya le había predicado el mensaje cristiano. Por ello, al ser la predicación presupuesto de la fe, cuando se produce el encuentro entre la Palabra de Dios (Jesús) y la fe de este centurión se produce la sanación del siervo, la salvación, la Felicidad.
Martes, 14/9/2010 Exaltación de la Santa Cruz
"Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él."
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Números 21, 4b-9:
En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: -«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.» El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: -«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.» Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: -«Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.» Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.
Salmo: Sal 77 R. No olvidéis las acciones del Señor
Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado. R. Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo su redentor. R. Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza. R. Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
II. Compartimos la Palabra
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La exaltación del amor
Hay que repetirlo cuantas veces sea preciso. La historia de las relaciones de Dios con los hombres es la historia de un amor apasionado de Dios hacia todos nosotros. La demostración más clara de este amor fue el envío de su propio Hijo a nuestra tierra. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo”. Y Jesús, su Hijo, no vino para regañarnos, criticarnos, recodarnos nuestras debilidades y fallos, para hacer justicia al modo humano… sino para ayudarnos, para salvarnos, para otorgarnos esa vida plena que todos tanto deseamos. Dios Padre nos lo envió “para que no perezca ninguno de los que creen en él sino que tengan vida eterna”.
Nos señaló el camino que debemos recorrer en nuestra existencia terrena para que gocemos de “vida en abundancia”. No se limitó a predicar, sino que vivió todo lo que predicó y nos anunció. Su modo de vivir, en el que sobresale el amor, el que conduce a la verdadera vida, le llevó paradójicamente a la muerte en cruz, porque algunos hombres de su tiempo creyeron que era un camino equivocado que desestabilizaba la religión y el poder civil de entonces, y le mataron.
Jesús, por amor a nosotros, no se desdijo de la buena noticia que nos traía ni ante la amenaza de su muerte. Siguió predicando desde lo alto de la cruz el camino del amor, del perdón, de la paz, de la justicia, de las bienaventuranzas…
Por eso, la exaltación de la cruz es la exaltación no del dolor sino, en primer lugar, del gran amor de Jesús hacia nosotros, un amor que sobresale en el sufrimiento de la cruz. Agradezcamos a Jesús su última lección, antes de su resurrección, de vivir el amor como lo primero y principal de nuestra existencia. Pidámosle también que nos siga atrayendo hacia él, hacia su cruz, para que gastemos nuestra vida como él la gastó en servicio permanente del amor hacia los hermanos.
Miércoles, 15/9/2010 Nuestra Señora de los Dolores
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la carta a los Hebreos 5,7-9:
Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
Sal 30 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí. R/. Ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R/. Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. R/. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen. R/. Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27:
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
II. Compartimos la Palabra
Entre las muchas facetas destacables de María con relación a la experiencia humana de todos los tiempos, la del sufrimiento, la de sus dolores es la más antigua y una de las más veneradas a lo largo de toda la historia. Para comprenderlo, no hay más que pensar en los cuadros de la “piedad”, en las imágenes de la “piedad”, en las poesías sobre la “piedad”, en las capillas de nuestras catedrales, santuarios e iglesias sobre la “piedad”.
• “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre…”
Todos los datos del Evangelio sobre María pasan, de una u otra forma, por sus dolores, por su sufrimiento:
• En Belén, da a luz en medio de las circunstancias más penosas para una madre
• Porque el rey Herodes persigue al Niño, emigra a Egipto
• “Una espada atravesará tu corazón”, le dice el anciano Simeón en el Templo
• Cree que su Hijo está perdido en Jerusalén, con lo que esto significaba para sus padres
• En la vida pública de Jesús, los sobresaltos de la madre “intuimos” que tuvieron que ser continuos
• Y, al final, apresamiento, juicio, condenación, pasión, muerte, entierro… de su Hijo.
Hay que evitar, sin embargo, una pura consideración sentimental de su sufrimiento. María sufre la Pasión y muerte de Cristo como misterio de salvación. Y lo hace desde la fe, desde la esperanza y con caridad. Sufre unida a su Hijo, con sentimientos compartidos con los de su Hijo y dando a la Pasión y muerte de Cristo el único sentido que tienen.
• Madre dolorosa y, paradójicamente, nadie más feliz que ella.
A María la celebramos dolorosa, porque lo fue. Pero, ya no es dolorosa. María ahora, asunta a los cielos en cuerpo y alma, Madre de Dios y Madre nuestra, goza en el cielo de la gloria y el puesto que estos títulos llevan consigo. María, ahora más que nunca, “es bendita entre las mujeres” y “dichosa porque creyó”, como le dijo su prima Isabel. Y ahora se cumple a la perfección lo que ella mismo dijo de sí misma: “Mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador. Y, desde ahora –dijo entonces- todas las generaciones me llamarán bienaventurada”.
Bien es cierto que, como madre y buenísima madre que es, sigue “sufriendo” cuando sus hijos sufren. Y enjuga sus lágrimas, acalla y suaviza sus dolores y trata de contagiar su equilibrio y coherencia.
Jueves, 16/9/2010
“Tu fe te ha salvado, vete en paz”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11:
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
Sal 117 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R/. «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.» No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R/. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,36-50:
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»
II. Compartimos la Palabra
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“Por la gracia de Dios soy lo que soy”
Pablo se siente tan apóstol como los otros apóstoles. El, también fue testigo de la Resurrección de Cristo, también a él se le apareció Cristo resucitado, se considera el menor de los apóstoles, lo es, no por méritos propios, sino por la gracia de Dios.
Ante los corintios defiende el Evangelio que les predicó, que ellos recibieron y aceptaron, no basta con oír, la aceptación es la respuesta a la Palabra.
Pablo insiste que lo primero que les transmitió, lo más importante, tal como lo había recibido, es el misterio de nuestra Salvación, realizada por Cristo, que murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado según las Escrituras y que resucitó según las Escrituras.
Al repetir, según las Escrituras, Pablo quiere enmarcar la muerte –Resurrección de Cristo, dentro del Plan Salvífico de Dios. El cumplimiento de las Escrituras, da una unidad a toda la acción salvadora del Padre; anunciada por los profetas, realizada por Cristo y continuada por el Espíritu Santo.
Pablo es el transmisor, no es doctrina suya, es recibida e insiste que predica lo mismo que los otros apóstoles respondiendo a la gracia de Dios que en él “No ha sido estéril.”
“Tu fe te ha salvado, vete en paz”
En la primera lectura, San Pablo nos ha recordado el misterio de nuestra salvación, Jesús, vino para reconciliar, a la humanidad pecadora con el Padre, por el Amor. En este pasaje tan conocido, de la mujer pecadora, Jesús dice:”Se le perdonan sus muchos pecado, porque ha amado mucho”; está mujer, creyó en Jesús y lo amó, Él la defiende ante quienes la juzgan, como mujer conocida por pecadora. Simón juzgó a Jesús: ”Si fuera profeta sabría que esta mujer es pecadora”. Cristo, le demuestra que no sólo es profeta, es algo más, sabe leer, en el corazón de la mujer y en el de Simón que los está juzgando.
La mujer amó mucho y se le perdonó mucho, Jesús actúa con más autoridad que los profetas, perdona los pecados, lo cual solamente puede hacer Dios, se manifiesta como el Mesías y perdona los pecados con el poder de Dios.
Hoy, Cristo, sigue perdonando nuestros pecados, sólo nos pide como a la mujer pecadora: Fe y Amor. Recibir el perdón y perdonar con amor.
Viernes, 17/9/2010
"Jesús iba caminando, predicando el Evangelio del reino de Dios"
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,12-20:
Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que lo muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo, cosa que no ha hecho, si es verdad que los muertos no resucitan. Porque, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Sal 16 R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor
Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. R/. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha. R/. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,1-3:
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
II. Compartimos la Palabra
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"Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido”
Pablo quiere fortalecer a los Corintios en la fe en la resurrección. Y lo hace con una lógica aplastante: “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido”.
El hecho de la resurrección de Cristo y la consiguiente predicación de los apóstoles dio un vuelco a la historia, porque fue un acontecimiento inaudito. Ya en Atenas Pablo había tenido que soportar las burlas cuando predicaba en el areópago. Y esta duda y falsas doctrinas entran también en las primeras comunidades. Pablo debe repetir una y otra vez que Cristo ha resucitado, y que nosotros resucitaremos con Él.
Esta es la base de nuestra fe, el sólido fundamento del cristianismo: la muerte ha sido vencida por la resurrección de Cristo. Y todo lo que se salga de ahí, se sale de la fe predicada y transmitida por los apóstoles.
En nuestros días también se oyen a veces doctrinas extrañas, y no pocos cristianos se ven confundidos por ellas: reencarnaciones, espiritualismos y otras falacias. Por ello, debemos también nosotros fortalecernos y estar firmes en la fe y en la esperanza de la resurrección. Porque por el bautismo, ya hemos muerto con Cristo y hemos resucitado con Él. Aunque para el encuentro definitivo, cara a cara, aún nos falte recorrer un trecho del camino.
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"Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres”
Breve es el Evangelio de hoy, pero no por ello exento de riqueza y enseñanzas para nosotros. En primer lugar, el anuncio del Reino no puede detenerse, es itinerante por naturaleza: “de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo predicando”. Da la sensación de que Jesús tiene prisa, mucha prisa, para que cuantos más mejor conozcan que el Reino ya está aquí. ¿Nos urge de igual modo a nosotros? ¿O estamos instalados en la comodidad y la mediocridad, “resignados” ante las dificultades del momento presente?
Ciertamente, el grupo de Jesús y sus seguidores debía llamar la atención por donde quiera que fueran. Un galileo, a quien su propia familia tacha de loco, con doce discípulos que él mismo ha escogido (entre los que se encuentran pescadores, publicanos y zelotes) y “algunas mujeres”.
Los doce le acompañan por expreso deseo del Maestro. ¿Y las mujeres? Tampoco tienen muchos méritos de qué presumir. Pero uno sí: la gratitud. Jesús las ha “curado de malos espíritus y enfermedades”. Y esto las basta para dejarlo todo, acompañarlo, e, incluso, poner sus bienes al servicio de su causa.
Si hacemos un poco de balance en nuestra vida, nuestras “liberaciones” particulares no han sido menores que las de ellas. Por ello esta gratitud al Señor debe manifestarse en nuestro caminar con Él, contribuyendo a que otros puedan también ser liberados y se unan a este grupo tan dispar y original; pero, al fin y al cabo, un grupo “sanado” por el poder de Jesús.
Sábado, 18/9/2010
"Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra".
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,35-37.42-49:
Alguno preguntará: « ¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo traerán?» ¡Necio! Lo que tú siembras no recibe vida si antes no muere. Y, al sembrar, no siembras lo mismo que va a brotar después, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de otra planta. Igual pasa en la resurrección de los muertos: se siembra lo corruptible, resucita incorruptible; se siembra lo miserable, resucita glorioso; se siembra lo débil, resucita fuerte; se siembra un cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual. En efecto, así es como dice la Escritura: «El primer hombre, Adán, fue un ser animado.» El último Adán, un espíritu que da vida. No es primero lo espiritual, sino lo animal. Lo espiritual viene después. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.
Sal 55 R/. Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco, y así sabré que eres mi Dios. R/. En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre? R/. Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias; porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída; para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,4-15:
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.» Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?» Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»
II. Compartimos la Palabra
En tiempos de recesión económica se nos anuncia que hay alguien que ofrece el “ciento por uno”. La verdad es que este anuncio es para recibirlo, en un primer momento, con total desconfianza ya que la oferta es increíblemente desmesurada. La primera de las lecturas, de la carta dirigida a la comunidad de Corinto intenta dar respuesta a unas personas que se preocupan por el futuro. Preguntas del tipo ¿qué sucederá? ¿qué pasará con nosotros? o ¿qué beneficios obtendremos a partir de nuestras acciones cotidianas? parece que son lógicas todas ellas ahora que estamos en este mes de septiembre, que para una buena parte de nosotros/as, supone el comienzo de una nueva etapa, como veíamos la semana anterior.
Quizá estos textos se refieran a los lugares en donde debemos poner nuestra atención si queremos desvelar parte de lo que el futuro nos depara y no son otros que los sitios en donde “sembramos”. Estos lugares de siembra requieren humanidad. Es decir, necesitan previsión, calculo y cuidado. El verbo sembrar indica al mismo tiempo que hay espacios y lugares en los que podemos poner nuestra atención y que nos resultan muy queridos. Pues la siembra es al mismo tiempo un esfuerzo y un acto de confianza en un futuro próximo donde, si todo va bien, obtendremos buenos frutos. Por ello, requiere precisión y necesita llevarse a cabo de un modo adecuado.
Nuestras inversiones han de estar precedidas de unos ciertos cuidados necesarios. Así la siembra tendrá como resultado una buena cosecha. Esos cuidados han de tener en consideración el estado del terreno del que disponemos. No es posible sembrar sin más, sino que hemos de preparar el espacio que va a recibir la semilla para que pueda transformarse y llegar a ser aquello que tiene previsto. Lejos de romanticismos, sabemos que estos trabajos no son sencillos y requieren sabiduría. Por ello, debemos descubrir cuáles son los terrenos personales, comunitarios y sociales de los que disponemos. Según sean estos tendremos que elegir el tipo de semilla que pueda adaptarse y contar con los riegos y abonos necesarios para que puedan convertirse y dar fruto.
Sin embargo, todas estas cualidades están ya a nuestra disposición: “Nosotros tenemos oídos” pues la Sabiduría misma se ha empeñado en ello. Además se nos pide que exprimamos nuestras capacidades humanas y disfrutemos de este conocimiento que nos ha sido regalado. Así sabremos cuándo y dónde podemos sembrar en medio de nuestras comunidades dominicanas ahora que se está celebrando el Capítulo General; qué elementos pedregosos hemos de eliminar de nuestra Iglesia para que no ahogue la semilla del evangelio; o bien cómo cultivar corazones sociales, “nobles y generosos” para seguir construyendo una democracia que permita crecer a sus ciudadanos y ciudadanas en todos aquellos valores que ayuden a reconocer nuestra plena dignidad.
Introducción a la semana - Lunes - Martes - Miércoles - Jueves - Viernes - Sábado
Introducción a la semana
En esta semana afloran con fuerza dos celebraciones. La fiesta de la Exaltación de la santa Cruz y la memoria de Nuestra Señora de los Dolores. También es obligatoria la memoria de san Juan Crisóstomo y los santos mártires Cornelio y Cipriano, éstos sin lecturas propias. Dominicos y dominicas celebran el sábado, día 18, la memoria obligatoria del sencillo y entrañable santo Juan Macías.
En las primeras lecturas se continúa con la primera carta de Pablo a los Corintios. Aparte de seguir con prescripciones morales, se abordan cuestiones esenciales de la fe cristiana, como el hecho de la resurrección. La resurrección de hombres y mujeres tiene su fundamento en la resurrección de Cristo. Sin resurrección nuestra fe sería vana.
Sigue Jesús en los textos evangélicos derramando su enseñanza. En esta semana encontramos a Jesús que quiere alegría en los suyos. Que sepan disfrutar de la vida. Él asiste, invitado, a un banquete. Ve cómo una mujer tiene deferencias cariñosas con él. Y le da lugar a relacionar perdón y amor, con una relación recíproca. En fin, vemos a Jesús dejarse querer y ayudar por las mujeres que le siguen. Jesús no es un áspero profeta que ve el mal en todo, sino que descubre el gusto de vivir, la necesidad de amar y de tener amigos y amigas. Un gran y cercano Jesús.
Lunes, 13/9/2010 San Juan Crisostomo, obispo y doctor
"Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe."
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,17-26.33:
Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba. Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros.
Sal 39 R/. Proclamad la muerte del Señor, hasta que vuelva
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/. «Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/. Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,1-10:
En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.» Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace.» Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.
II. Compartimos la Palabra
Pablo, en la 1ª lectura de la carta a los Corintios, nos deja entrever un problema importante que existía en las comunidades primitivas: “al reuníos en Asamblea hay divisiones”. Acto seguido Pablo entra de lleno en el problema sin ningún tipo de vacilación, ofreciendo la siguiente metodología a la hora de afrontar problemas en cristiano:
- Las dificultades pueden ayudar a avanzar en el camino del seguimiento a Jesús tanto personal como comunitario. La referencia con la cual confrontarse, tanto personal como comunitariamente, es Jesús, el Señor de nuestras vidas.
- La pregunta a la cual nos tenemos que asomar sin miedo para reorientarnos en el seguimiento es: Y esta dificultad que tengo en este momento, ¿qué dice, dicho problema, de mi mismo? ¿qué nos dice comunitariamente? Sin verdad y sin misericordia no es posible contestar estas preguntas que nos impulsan en el camino del seguimiento.
- Frente a lo que nos revelen estas preguntas, se desprende unos compromisos lo cuales requieren determinación para llevarlos a cabo.
Dicho todo esto, podemos entender la severas advertencias que hace Pablo a la comunidad de Corintio con respecto al tema de la Cena del Señor u Eucaristía. Sólo hay una Mesa en la cual se sientan los cristianos por igual. No hay cristianos de primera ni de segunda. La rotura de la unidad en torno a la Mesa del Señor conlleva la no presencia del Señor en medio de la comunidad. ¡Duras consecuencias las de romper la comunión!
En cuanto al Evangelio de Lucas una palabra. Llama la atención que el centurión (pagano), a lo largo de todo el pasaje, no se encuentra con Jesús. Los que se encuentran con Jesús son, primero los criados y luego los amigos. El centurión solo conoce a Jesús de oídas, lo cual implica que alguien ya le había predicado el mensaje cristiano. Por ello, al ser la predicación presupuesto de la fe, cuando se produce el encuentro entre la Palabra de Dios (Jesús) y la fe de este centurión se produce la sanación del siervo, la salvación, la Felicidad.
Martes, 14/9/2010 Exaltación de la Santa Cruz
"Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él."
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de los Números 21, 4b-9:
En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: -«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.» El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: -«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.» Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: -«Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.» Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.
Salmo: Sal 77 R. No olvidéis las acciones del Señor
Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado. R. Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo su redentor. R. Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza. R. Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
II. Compartimos la Palabra
*
La exaltación del amor
Hay que repetirlo cuantas veces sea preciso. La historia de las relaciones de Dios con los hombres es la historia de un amor apasionado de Dios hacia todos nosotros. La demostración más clara de este amor fue el envío de su propio Hijo a nuestra tierra. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo”. Y Jesús, su Hijo, no vino para regañarnos, criticarnos, recodarnos nuestras debilidades y fallos, para hacer justicia al modo humano… sino para ayudarnos, para salvarnos, para otorgarnos esa vida plena que todos tanto deseamos. Dios Padre nos lo envió “para que no perezca ninguno de los que creen en él sino que tengan vida eterna”.
Nos señaló el camino que debemos recorrer en nuestra existencia terrena para que gocemos de “vida en abundancia”. No se limitó a predicar, sino que vivió todo lo que predicó y nos anunció. Su modo de vivir, en el que sobresale el amor, el que conduce a la verdadera vida, le llevó paradójicamente a la muerte en cruz, porque algunos hombres de su tiempo creyeron que era un camino equivocado que desestabilizaba la religión y el poder civil de entonces, y le mataron.
Jesús, por amor a nosotros, no se desdijo de la buena noticia que nos traía ni ante la amenaza de su muerte. Siguió predicando desde lo alto de la cruz el camino del amor, del perdón, de la paz, de la justicia, de las bienaventuranzas…
Por eso, la exaltación de la cruz es la exaltación no del dolor sino, en primer lugar, del gran amor de Jesús hacia nosotros, un amor que sobresale en el sufrimiento de la cruz. Agradezcamos a Jesús su última lección, antes de su resurrección, de vivir el amor como lo primero y principal de nuestra existencia. Pidámosle también que nos siga atrayendo hacia él, hacia su cruz, para que gastemos nuestra vida como él la gastó en servicio permanente del amor hacia los hermanos.
Miércoles, 15/9/2010 Nuestra Señora de los Dolores
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la carta a los Hebreos 5,7-9:
Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
Sal 30 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí. R/. Ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R/. Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. R/. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen. R/. Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos. R/.
Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27:
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
II. Compartimos la Palabra
Entre las muchas facetas destacables de María con relación a la experiencia humana de todos los tiempos, la del sufrimiento, la de sus dolores es la más antigua y una de las más veneradas a lo largo de toda la historia. Para comprenderlo, no hay más que pensar en los cuadros de la “piedad”, en las imágenes de la “piedad”, en las poesías sobre la “piedad”, en las capillas de nuestras catedrales, santuarios e iglesias sobre la “piedad”.
• “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre…”
Todos los datos del Evangelio sobre María pasan, de una u otra forma, por sus dolores, por su sufrimiento:
• En Belén, da a luz en medio de las circunstancias más penosas para una madre
• Porque el rey Herodes persigue al Niño, emigra a Egipto
• “Una espada atravesará tu corazón”, le dice el anciano Simeón en el Templo
• Cree que su Hijo está perdido en Jerusalén, con lo que esto significaba para sus padres
• En la vida pública de Jesús, los sobresaltos de la madre “intuimos” que tuvieron que ser continuos
• Y, al final, apresamiento, juicio, condenación, pasión, muerte, entierro… de su Hijo.
Hay que evitar, sin embargo, una pura consideración sentimental de su sufrimiento. María sufre la Pasión y muerte de Cristo como misterio de salvación. Y lo hace desde la fe, desde la esperanza y con caridad. Sufre unida a su Hijo, con sentimientos compartidos con los de su Hijo y dando a la Pasión y muerte de Cristo el único sentido que tienen.
• Madre dolorosa y, paradójicamente, nadie más feliz que ella.
A María la celebramos dolorosa, porque lo fue. Pero, ya no es dolorosa. María ahora, asunta a los cielos en cuerpo y alma, Madre de Dios y Madre nuestra, goza en el cielo de la gloria y el puesto que estos títulos llevan consigo. María, ahora más que nunca, “es bendita entre las mujeres” y “dichosa porque creyó”, como le dijo su prima Isabel. Y ahora se cumple a la perfección lo que ella mismo dijo de sí misma: “Mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador. Y, desde ahora –dijo entonces- todas las generaciones me llamarán bienaventurada”.
Bien es cierto que, como madre y buenísima madre que es, sigue “sufriendo” cuando sus hijos sufren. Y enjuga sus lágrimas, acalla y suaviza sus dolores y trata de contagiar su equilibrio y coherencia.
Jueves, 16/9/2010
“Tu fe te ha salvado, vete en paz”
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11:
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
Sal 117 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R/. «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.» No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R/. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,36-50:
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»
II. Compartimos la Palabra
*
“Por la gracia de Dios soy lo que soy”
Pablo se siente tan apóstol como los otros apóstoles. El, también fue testigo de la Resurrección de Cristo, también a él se le apareció Cristo resucitado, se considera el menor de los apóstoles, lo es, no por méritos propios, sino por la gracia de Dios.
Ante los corintios defiende el Evangelio que les predicó, que ellos recibieron y aceptaron, no basta con oír, la aceptación es la respuesta a la Palabra.
Pablo insiste que lo primero que les transmitió, lo más importante, tal como lo había recibido, es el misterio de nuestra Salvación, realizada por Cristo, que murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado según las Escrituras y que resucitó según las Escrituras.
Al repetir, según las Escrituras, Pablo quiere enmarcar la muerte –Resurrección de Cristo, dentro del Plan Salvífico de Dios. El cumplimiento de las Escrituras, da una unidad a toda la acción salvadora del Padre; anunciada por los profetas, realizada por Cristo y continuada por el Espíritu Santo.
Pablo es el transmisor, no es doctrina suya, es recibida e insiste que predica lo mismo que los otros apóstoles respondiendo a la gracia de Dios que en él “No ha sido estéril.”
“Tu fe te ha salvado, vete en paz”
En la primera lectura, San Pablo nos ha recordado el misterio de nuestra salvación, Jesús, vino para reconciliar, a la humanidad pecadora con el Padre, por el Amor. En este pasaje tan conocido, de la mujer pecadora, Jesús dice:”Se le perdonan sus muchos pecado, porque ha amado mucho”; está mujer, creyó en Jesús y lo amó, Él la defiende ante quienes la juzgan, como mujer conocida por pecadora. Simón juzgó a Jesús: ”Si fuera profeta sabría que esta mujer es pecadora”. Cristo, le demuestra que no sólo es profeta, es algo más, sabe leer, en el corazón de la mujer y en el de Simón que los está juzgando.
La mujer amó mucho y se le perdonó mucho, Jesús actúa con más autoridad que los profetas, perdona los pecados, lo cual solamente puede hacer Dios, se manifiesta como el Mesías y perdona los pecados con el poder de Dios.
Hoy, Cristo, sigue perdonando nuestros pecados, sólo nos pide como a la mujer pecadora: Fe y Amor. Recibir el perdón y perdonar con amor.
Viernes, 17/9/2010
"Jesús iba caminando, predicando el Evangelio del reino de Dios"
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,12-20:
Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que lo muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo, cosa que no ha hecho, si es verdad que los muertos no resucitan. Porque, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Sal 16 R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor
Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. R/. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha. R/. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,1-3:
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
II. Compartimos la Palabra
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"Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido”
Pablo quiere fortalecer a los Corintios en la fe en la resurrección. Y lo hace con una lógica aplastante: “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido”.
El hecho de la resurrección de Cristo y la consiguiente predicación de los apóstoles dio un vuelco a la historia, porque fue un acontecimiento inaudito. Ya en Atenas Pablo había tenido que soportar las burlas cuando predicaba en el areópago. Y esta duda y falsas doctrinas entran también en las primeras comunidades. Pablo debe repetir una y otra vez que Cristo ha resucitado, y que nosotros resucitaremos con Él.
Esta es la base de nuestra fe, el sólido fundamento del cristianismo: la muerte ha sido vencida por la resurrección de Cristo. Y todo lo que se salga de ahí, se sale de la fe predicada y transmitida por los apóstoles.
En nuestros días también se oyen a veces doctrinas extrañas, y no pocos cristianos se ven confundidos por ellas: reencarnaciones, espiritualismos y otras falacias. Por ello, debemos también nosotros fortalecernos y estar firmes en la fe y en la esperanza de la resurrección. Porque por el bautismo, ya hemos muerto con Cristo y hemos resucitado con Él. Aunque para el encuentro definitivo, cara a cara, aún nos falte recorrer un trecho del camino.
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"Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres”
Breve es el Evangelio de hoy, pero no por ello exento de riqueza y enseñanzas para nosotros. En primer lugar, el anuncio del Reino no puede detenerse, es itinerante por naturaleza: “de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo predicando”. Da la sensación de que Jesús tiene prisa, mucha prisa, para que cuantos más mejor conozcan que el Reino ya está aquí. ¿Nos urge de igual modo a nosotros? ¿O estamos instalados en la comodidad y la mediocridad, “resignados” ante las dificultades del momento presente?
Ciertamente, el grupo de Jesús y sus seguidores debía llamar la atención por donde quiera que fueran. Un galileo, a quien su propia familia tacha de loco, con doce discípulos que él mismo ha escogido (entre los que se encuentran pescadores, publicanos y zelotes) y “algunas mujeres”.
Los doce le acompañan por expreso deseo del Maestro. ¿Y las mujeres? Tampoco tienen muchos méritos de qué presumir. Pero uno sí: la gratitud. Jesús las ha “curado de malos espíritus y enfermedades”. Y esto las basta para dejarlo todo, acompañarlo, e, incluso, poner sus bienes al servicio de su causa.
Si hacemos un poco de balance en nuestra vida, nuestras “liberaciones” particulares no han sido menores que las de ellas. Por ello esta gratitud al Señor debe manifestarse en nuestro caminar con Él, contribuyendo a que otros puedan también ser liberados y se unan a este grupo tan dispar y original; pero, al fin y al cabo, un grupo “sanado” por el poder de Jesús.
Sábado, 18/9/2010
"Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra".
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,35-37.42-49:
Alguno preguntará: « ¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo traerán?» ¡Necio! Lo que tú siembras no recibe vida si antes no muere. Y, al sembrar, no siembras lo mismo que va a brotar después, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de otra planta. Igual pasa en la resurrección de los muertos: se siembra lo corruptible, resucita incorruptible; se siembra lo miserable, resucita glorioso; se siembra lo débil, resucita fuerte; se siembra un cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual. En efecto, así es como dice la Escritura: «El primer hombre, Adán, fue un ser animado.» El último Adán, un espíritu que da vida. No es primero lo espiritual, sino lo animal. Lo espiritual viene después. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.
Sal 55 R/. Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco, y así sabré que eres mi Dios. R/. En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre? R/. Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias; porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída; para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,4-15:
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.» Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?» Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»
II. Compartimos la Palabra
En tiempos de recesión económica se nos anuncia que hay alguien que ofrece el “ciento por uno”. La verdad es que este anuncio es para recibirlo, en un primer momento, con total desconfianza ya que la oferta es increíblemente desmesurada. La primera de las lecturas, de la carta dirigida a la comunidad de Corinto intenta dar respuesta a unas personas que se preocupan por el futuro. Preguntas del tipo ¿qué sucederá? ¿qué pasará con nosotros? o ¿qué beneficios obtendremos a partir de nuestras acciones cotidianas? parece que son lógicas todas ellas ahora que estamos en este mes de septiembre, que para una buena parte de nosotros/as, supone el comienzo de una nueva etapa, como veíamos la semana anterior.
Quizá estos textos se refieran a los lugares en donde debemos poner nuestra atención si queremos desvelar parte de lo que el futuro nos depara y no son otros que los sitios en donde “sembramos”. Estos lugares de siembra requieren humanidad. Es decir, necesitan previsión, calculo y cuidado. El verbo sembrar indica al mismo tiempo que hay espacios y lugares en los que podemos poner nuestra atención y que nos resultan muy queridos. Pues la siembra es al mismo tiempo un esfuerzo y un acto de confianza en un futuro próximo donde, si todo va bien, obtendremos buenos frutos. Por ello, requiere precisión y necesita llevarse a cabo de un modo adecuado.
Nuestras inversiones han de estar precedidas de unos ciertos cuidados necesarios. Así la siembra tendrá como resultado una buena cosecha. Esos cuidados han de tener en consideración el estado del terreno del que disponemos. No es posible sembrar sin más, sino que hemos de preparar el espacio que va a recibir la semilla para que pueda transformarse y llegar a ser aquello que tiene previsto. Lejos de romanticismos, sabemos que estos trabajos no son sencillos y requieren sabiduría. Por ello, debemos descubrir cuáles son los terrenos personales, comunitarios y sociales de los que disponemos. Según sean estos tendremos que elegir el tipo de semilla que pueda adaptarse y contar con los riegos y abonos necesarios para que puedan convertirse y dar fruto.
Sin embargo, todas estas cualidades están ya a nuestra disposición: “Nosotros tenemos oídos” pues la Sabiduría misma se ha empeñado en ello. Además se nos pide que exprimamos nuestras capacidades humanas y disfrutemos de este conocimiento que nos ha sido regalado. Así sabremos cuándo y dónde podemos sembrar en medio de nuestras comunidades dominicanas ahora que se está celebrando el Capítulo General; qué elementos pedregosos hemos de eliminar de nuestra Iglesia para que no ahogue la semilla del evangelio; o bien cómo cultivar corazones sociales, “nobles y generosos” para seguir construyendo una democracia que permita crecer a sus ciudadanos y ciudadanas en todos aquellos valores que ayuden a reconocer nuestra plena dignidad.
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