domingo, 6 de febrero de 2011


Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria
  Quinta Semana del Tiempo Ordinario
Del 7/2/2011 al 12/2/2011
 
Ir a: Introducción a la semana / Lunes / Martes / Miércoles / Jueves / Viernes / Sábado
Introducción a la semana
La semana pasada terminaba la lectura de la carta a los Hebreos. En ella, la liturgia nos proponía, al concluir el ciclo dedicado a la infancia de Jesús, uno de los rasgos principales de su identidad: él es el Sumo Sacerdote de la nueva alianza, el Mediador único entre Dios y los hombres. Dejando bien sentado este mensaje, punto culminante de la historia de la salvación, nos remontamos ahora a los orígenes del proyecto que Dios quiso llevar a cabo en Cristo.
Durante dos semanas las lecturas bíblicas recorrerán la primera parte del Génesis, libro con el que se abre la Biblia. Pertenece a lo que llamamos el Pentateuco (cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), conjunto de narraciones que tratan de presentar, de manera peculiar y con una intención religiosa, los orígenes del mundo y de la humanidad, así como del pueblo de Israel.
Los primeros capítulos del Génesis (1-11) responden al decidido propósito de explicar, mediante relatos simbólicos y en la medida de lo posible, una realidad desconocida, aunque extraordinariamente importante para comprender nuestra condición humana y nuestro lugar en el mundo. ¿De dónde venimos?, ¿quiénes somos?, ¿qué puesto y qué tarea nos competen en el conjunto de las cosas que nos rodean?, ¿cómo se explican nuestros sentimientos y nuestros conflictos?, ¿cuál es nuestro destino? Los autores sagrados compusieron, sirviéndose de testimonios de culturas vecinas e inspirados por el Dios en quien creían, unas densas páginas en las que se recogían las convicciones de su fe y se establecían las bases religiosas de la historia.
Dejémonos penetrar esta semana por el asombro y la acción de gracias al redescubrir los primeros capítulos de la Escritura santa. Nos presentan, a la luz de la revelación divina, dos realidades teológicas capitales para la comprensión de nuestro ser más profundo: la creación del mundo y del ser humano, obra de la iniciativa divina (en dos relatos característicos), y el drama del primer pecado y sus secuelas.
Fray Emilio  García Álvarez



Lunes 7/2/2011 Aniversario de los padres difuntos
“Al principio creó…”

I. Contemplamos la Palabra

Comienzo del libro del Génesis 1,1-19:
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: «Que exista la luz.»
Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios: «Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.»
E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda «Cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios: «Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.»
Y así fue. Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó «Mar». Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: «Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.»
Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios: «Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.»
Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Sal 103,1-2a.5-6.10.12.24.35c R/. Goce el Señor con sus obras
endice, alma mía, al Señor,
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R/.

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R/.

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,53-56:
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, era grande la fe de quienes se conformaban con tocar el borde de tu manto para curarse. ¡Qué pequeña es mi fe, mientras todo tú vienes a mi vida en la eucaristía frecuente y apenas te hago caso! Por eso mi alma sigue con sus enfermedades.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Comenzamos este lunes V del Tiempo Ordinario escuchando las bellísimas palabras con las que empieza la Sagrada Escritura. Probablemente el capítulo primero del libro del Génesis es el capítulo más leído, comentado, estudiado, analizado por el pueblo de Dios, por los estudiosos de la Biblia y por los teólogos. Hay una especie de interés por saber como fueron nuestros orígenes, de dónde venimos… Por otro lado, hoy la ciencia también se descerebra por encontrar una explicación racional a nuestros comienzos… Conocer el origen es conocer parte de nuestra identidad, es conocer cómo estamos hechos. La lectura del libro del Génesis nos deja bien claro que nuestra identidad no es fruto de la combinación de varios elementos por casualidad… No, no… esta lectura nos deja bien claro, que detrás de este proceso de creación, de evolución…. (llámese como se quiera) se encuentra la boca de Dios que pronuncia palabras llenas de belleza. Por ello, la creación entera es fruto de la Palabra de Dios, la cual siempre es una palabra de Felicidad. Según la Escritura, nuestro origen es un origen feliz, querido, lleno de vida… Y por tanto, estamos marcados a fuego y somos portadores de la Palabra Felicidad, porque nuestra esencia es de Felicidad.
El Evangelio que se nos propone para este lunes es un evangelio de comentarios. Es decir, allí donde llegaba Jesús se disparaban unas cadenas de comentarios sobre su persona. Los comentarios que circulaban entre la gente sencilla sobre Jesús eran comentarios de Gracia. No eran comentarios malditos, que hablaban mal de la persona de Jesús; no eran comentarios con una intención de desacreditar a Jesús…. No,….. eran comentarios benditos, en el sentido de que hablaban bien de Jesús. Ante estas cadenas de comentarios yo constato una realidad: no hay una persona complemente desdeñable, de la cual no se pueda ver algo positivo de su vida. Y no hay una persona en este mundo de la cual sólo se pueda ver cosas positivas. Por ello, ¿por qué fijarnos en lo negativo de la otra persona? Quizás si metemos la mirada en lo bello de la otra persona, le ayudamos a desarrollar la belleza de su persona; pero además, esta misma mirada no sólo tendrá efectos sobre la otra persona, si no también sobre nosotros mismos, ya que, se desarrolla en nosotros la mirada de Dios, que siempre ve belleza donde hay miseria.
Fray José Rafael   Reyes GonzálezFray José Rafael Reyes González
Casa Santissima Trinità degli Spagnoli-Roma
 



Martes 8/2/2011
“Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Génesis 1,20–2,4a:
Y dijo Dios: «Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.»
Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Y Dios los bendijo, diciendo: «Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.»
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios: «Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.»
Y así fue. E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: «Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.»
Y dijo Dios: «Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento.»
Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de todo el trabajo que Dios había hecho cuando creó. Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.
Sal 8,4-5.6-7.8-9 R/. Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder? R/.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies. R/.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,1-13:
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»
Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»
Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre" y "el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte"; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: "Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo", ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.»

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, dura es la acusación de Isaías, y tuya, contra los escribas y fariseos. Yo quiero que mi vida responda a mi fe, que no te diga grandes palabras en la oración vacía, y luego me comporte como quien no te conoce.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  •  “Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno”

“Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra”. Así concluye la primera lectura de hoy. Sin ánimo científico, con lenguaje libre y poético, nos pone en bandeja una de las verdades fuertes de nuestra fe. Dios ha sido el creador del cielo y de la tierra y de todo lo que hay en ellos. Es evidente que Dios, de todo lo que ha creado, tiene una predilección especial por el hombre. Sólo de él se afirma: “Y dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Y es al hombre al que entrega todos los frutos de la tierra y al que concede dominar todos los vivientes que se mueven sobre la tierra. Éste es nuestro origen. Hemos venido a este mundo no a través del choque azaroso de unos astros, hemos salido de las manos amorosas de Dios. A Él y sólo a Él le debemos la vida, que nos ha regalado a través de nuestros padres. Y también nos prepara un buen final para nuestro trayecto terreno. Dios no está dispuesto a que nuestra vida, esa que con tanto mimo nos ha otorgado, desemboque en la nada, en la desaparición. Después de nuestra muerte nos espera para adentrarnos en su reino, en el reino de la eternidad donde sólo el Amor va a reinar y por lo tanto nuestra felicidad será plena y total. Se cumple la Escritura. “Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios”. Está en el principio y en el final de nuestra vida.
  • “Y como éstas hacéis muchas”

Ante la acusación de los fariseos y letrados de que los discípulos de Jesús no siguen la tradición de los mayores de comer sin lavarse las manos, Jesús les reprocha a ellos que anulen “el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición”. Hay que reconocer que a lo largo de estos XXI siglos de cristianismo, le hemos llenado de normas, leyes, tradiciones… que, pudieron surgir de buena fe en un tiempo y contexto determinados, queriéndose apoyar en el evangelio. Pero hay que colocar cada cosa en el lugar que le corresponde. La acusación de Jesús a los fariseos y letrados nos la puede dirigir también a nosotros. A veces nos tragamos un camello y queremos colar un mosquito. No todo en el cristianismo tiene la misma importancia. Los valores morales predicados y vividos por Jesús, como el amor, el perdón, la veracidad, la honradez… tienen un valor supremo en nuestro actuar, nunca podemos ir en contra de ellos. Todos los demás mandatos, normas, tradiciones poseen un valor relativo y tienen como finalidad hacernos vivir los valores del evangelio. Si en algún momento, se da choque entre ellos debemos quedarnos siempre con los valores del evangelio y vivirlos.
Fray Manuel Santos  SánchezFray Manuel Santos Sánchez
La Virgen del Camino
 



Miércoles 9/2/2011
”Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Génesis 2,4b-9.15-17:
Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el campo. Sólo un manantial saltaba del suelo y regaba la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara.
El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir.»
Sal 103,1-2a.27-28.29be-30 R/. Bendice, alma mía, al Señor
Bendice, alma mía, al Señor,
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R/.

Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,14-23:
En aquel tiempo, llamó. Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos.
Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, purifica mi corazón, limpia el motor y la fuente de mi vida, y podré pensar, hablar y obrar según tu Corazón. Es inútil que quiera curarme una herida externa, cuando lo que me hace falta es una transfusión de sangre: cambiar la que tengo por la tuya. ¡Que lo que salga de dentro de mí no sea esa lista de barbaridades, que alguna vez han mancillado mi vestidura blanca de bautizado!
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • ”Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”

Armonía de la creación.
La obra predilecta de Dios, en toda la creación, es la persona humana. Nos hizo semejantes a Él, somos libres, porque Dios nos hizo libres, este es el don más grande, además Dios entregó al hombre todo lo creado, armonía entre Dios, el hombre y la naturaleza, y es al hombre, por su libertad, a quien Dios encargó el cuidado y la armonía de la creación.
Esa armonía quedó rota por la acción del hombre: rompió con Dios “Quiso ser como Él”, rompió con el hermano, mató al hermano “Caín y Abel”, se dejó dominar por la naturaleza, construyó y adoró a los ídolos, “Vino la muerte”.
No obstante, Dios, sigue confiando en el hombre, y, si en Adán todos pecamos, en el nuevo Adán “Cristo” hemos sido reconciliados con el Padre, con los hermanos viviendo el mandamiento del amor y hemos vencido a la muerte, con su resurrección:”Si Cristo resucitó, también nosotros resucitaremos con Él”.
Demos gracias a Dios por tanto Don y colaboremos a restablecer la armonía de la creación.
  • “Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”

Este pasaje del evangelio (continuación del de ayer), trae la respuesta de Jesús a los fariseos, que criticaban el incumplimiento de una de las normas, que ellos mismos habían impuesto, sobre la purificación o limpieza exterior. Jesús, que siempre defiende el contenido de la Ley, critica estas prácticas impuestas, son normas que matan el espíritu de la Ley Mosaica, por eso defiende a sus discípulos aclarando que las cosas externas no son las que manchan, sino lo que brota desde dentro: Envidias, frades, impureza, altivez …esto es lo que verdaderamente mancha al hombre y por lo que este se rebaja al dejarse dominar por sus pasiones.
La libertad nos debe llevar a practicar siempre lo bueno, sin dejarnos dominar por nimiedades que a veces ahogan el espíritu y no nos dejan actuar con libertad, sólo la verdad de Cristo nos hace libres.
Hna. María Pilar  Garrúes El CidHna. María Pilar Garrúes El Cid
Misionera Dominica del Rosario
 



Jueves 10/2/2011 Santa Escolástica
“Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Génesis 2,18-25:
El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.»
Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver que nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.
El hombre dijo: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro.
Sal 127,1-2.3.4-5 R/. Dichosos los que temen al Señor
Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,24-30:
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.»
Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.»
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, pones a prueba la fe de la mujer fenicia, pero le das un gran amor a su hija, paciencia ante tus palabras de aparente desprecio, y confianza en ti. Amor, paciencia y confianza: lo que a mí me falta y espero de ti. Amor a ti y al prójimo, paciencia ante las pruebas que no faltan, confianza en tu infinita misericordia.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Una vez creado Adán, hoy toca a Eva. Ayer Dios hacía de “alfarero del hombre”, hoy de experto facultativo para, de una costilla de Adán, crear a la mujer. “Hombre y mujer los creó”, para unirse y constituir una sola carne. Distintos, por complementarios, e iguales en dignidad, misión y fines. Unidos por el amor para colaborar con el Dios de la vida.
El episodio evangélico tiene lugar en el extranjero, en Fenicia, en los alrededores de Tiro y Sidón. La mujer, protagonista de la escena, no es judía, pero conoce muy bien a Jesús.
  • La fe de una cananea

Es lo más sobresaliente del episodio, juntamente con la actuación “retardada” de Jesús. No es la única vez que Jesús “simula” no atender, de entrada, la petición de una persona muy necesitada. En las Bodas de Caná sucedió lo mismo, igual que cuando le comunicaron que su amigo Lázaro estaba enfermo y se moría. Al final, Jesús siempre echa mano de su prodigalidad, sobre todo cuando se percata de la fe de la persona demandante.
No sabemos su nombre, es la sirofenicia o la cananea. Un modelo evangélico más de la oración de petición. Recordemos a San Agustín justificando por qué algunos no consiguen –conseguimos- lo que piden y pedimos, con aquel juego de palabras latinas: por ser “aut mali, aut male, aut mala”. O son –somos- malos, o piden –pedimos- malamente, sin insistencia, o piden –pedimos- cosas malas. Esta mujer cananea es buena, pide algo bueno y lo hace postrándose a sus pies, con fe y perseverancia.
  • Posturas ante Dios

La primera reacción de Jesús nos resulta extraña y no la entendemos fácilmente. Una posible explicación pudiera estar en el deseo del evangelista en resaltar dos reacciones posteriores: la de la mujer y la de Jesús. Me llama la atención las palabras de Jesús: “Anda, vete, que por eso que has dicho…”. ¡Cómo nos gustaría conocer “eso que has dicho”! Según Jesús, fue el motivo por el que “el demonio ha salido de tu hija”. Pues bien, sin conocerlo en su materialidad, sabemos que fue la actitud hecha oración lo que agradó a Jesús, haciéndole cambiar de sus anteriores “desaires”. Esa es la postura ejemplar ante Dios que hoy nos da esta extranjera.
  • Santa Escolástica

Escolástica no sería la misma sin su hermano Benito – “frater” le llamaba ella-, y éste posiblemente hubiera sido distinto sin su hermana – “soror” la llamaba él-. Cuenta san Gregorio que ambos solían juntarse una vez al año para animarse mutuamente hablando de sus relaciones con Dios y de las de Dios con ellos. La última vez, Escolástica logró que Dios le concediera el gran favor de que Benito continuara durante la noche charlando con ella sobre la vida espiritual, al verse imposibilitado, por los elementos atmosféricos, para regresar a su monasterio. A los tres días, estando Benito en oración, vio a través de la ventana cómo el alma de su hermana, en forma de paloma, salía de su cuerpo para entrar en el cielo. Este milagro final nos ilustra y aclara la santidad de su vida que lo hizo posible. Así, después de la muerte de Escolástica, continuó existiendo entre ellos la ayuda fraterna que hasta entonces habían mantenido.
Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
 



Viernes 11/2/2011
"Seréis como Dios…”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del Génesis 3,1-8:
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»
La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."»
La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.»
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencias; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se le abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Oyeron al señor que pasaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.
Sal 31,1-2.5.6.7 R/. Dichoso el que está absuelto de su culpa
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R/.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa,»
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R/.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,31 37:
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.
Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, aunque yo no lo recuerde, en mi bautismo se pronunció la misma palabra aramea que tú dijiste para curar al sordomudo: Effetá. Abre, Señor, mis oídos a tu Palabra que salva, y mi boca a la proclamación de tu grandeza y de tu misericordia, tú que todo lo haces bien: haces oír a los sordos y hablar a los mudos. Oídos y labios, atentos a tu Palabra y a la alabanza de tu amor.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Las lecturas de este día nos presentan dos episodios que, si los confrontamos, podríamos decir que van en direcciones opuestas. En uno se describe la obra de la serpiente, del Adversario… y en el otro la obra de Dios. Veamos qué es lo que ocurre en cada uno para ir profundizando en nuestro diario discernimiento entre el bien y el mal.
  • "Seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal."

En la primera lectura contemplamos uno de los episodios clave de toda la Escritura: la entrada del pecado en la vida del hombre. Orar con estos versículos nos puede ayudar para ir conociendo las estrategias del Enemigo, y así, de la mano de Dios, poder huir del Tentador y sus mentiras.
Primera cosa a tener en cuenta: “la serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho”. Es la bestia más lista, así que… ¡ojo! Sus tentaciones a nuestro criterio racional o emocional siempre resultarán atrayentes, apetitosas, lógicas… Así lo afirma la Palabra: “la mujer se dio cuenta de que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia”. Y… ¿cómo comienza su ataque? ¡Mintiendo!: “¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?” ¡Mentira!, pero Eva “entra al trapo”… Aquí está el primer error, en escuchar las propuestas del Mentiroso y entrar en diálogo con él.
Como acabamos de decir, sus ofertas vienen envueltas en un bonito papel de regalo: “cuando comáis del fruto, seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal…” Pero tras hacerle caso y abrir el paquete… ¡qué decepción! Que te propongan ser como Dios para acabar ceñiditos con hojas de higuera y escondidos entre los árboles del jardín… ¡Qué vergüenza! ¡Qué fracaso! Pues sí, estos son los resultados de la obra del demonio: frustración y una insatisfacción profunda. Afortunadamente… ¡la historia aquí no acaba! Veamos en el Evangelio cómo es la obra de Dios. Por Él podemos cantar gozosos en la Santa Noche de Pascua, y hoy también: “¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!”
  •  “Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.”

A Adán y a Eva “se les abrieron los ojos”… y al sordo de este Evangelio que apenas podía hablar “se le abrieron los oídos y se le soltó la traba de la lengua”. Los efectos se parecen, pero las consecuencias son totalmente opuestas. Mientras que aquellos que fueron arrastrados por el Enemigo, acabaron escondidos, llenos de temor y vergüenza, con este sordo y todos aquellos que contemplaron la obra de Dios ocurre todo lo contrario: salen gozosos a contar a todo el mundo la sanación que han recibido, la liberación, la salvación que han encontrado en Jesucristo. “Y en el colmo del asombro decían: todo lo ha hecho bien”.
Pidamos al Señor la luz de su Espíritu Santo para poder discernir en cada momento dónde está la mentira que nos conduce a la insatisfacción y a la muerte, y dónde está la Verdad que nos guía a la auténtica felicidad y a la Vida, la Verdad que nos lleva a Dios.
MM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la PiedadMM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad
Palencia
 



Sábado 12/2/2011
"La gente comió hasta quedar satisfecha".

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Génesis 3,9-24:
El Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»
Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»
El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»
Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»
El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»
Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.»
El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»
A la mujer le dijo: «Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.»
Al hombre le dijo: «Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás.»
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo pellizas para el hombre y su mujer, y se las vistió.
Y el Señor Dios dijo: «Mirad, el hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal. No vaya a echarle mano al árbol de la vida, coja de él, coma y viva para siempre.»
Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde lo habían sacado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.
Sal 89,2.3-4.5-6.12-13 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Antes que naciesen los montes,
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/.

Tu reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia son un ayer,
que pasó, una vela nocturna. R/.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.
Lectura del santo Evangelio San Marcos 8,1-10:
Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discipulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.»
Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?»
Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»
Ellos contestaron: «Siete.»
Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discipulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discipulos y se fue a la región de Dalmanuta.

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, tu amor sabe remediar nuestra hambre y nuestra sed espirituales, con la Palabra de cada día y la Eucaristía que aquel día anunciaste multiplicando el pan. ¡Que siempre me sacie con el pan que viene de tu mano y la palabra que sale de tu boca!
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

En las lecturas escogidas para hoy se nos habla de dos comidas diferentes. Una que trae lo malo, la muerte. La otra, da vida. Por lo tanto, nos enfrentamos un día más al tema de la comensalidad, que es un clásico en la Palabra de Dios.
La primera comida es la de Adán y Eva en el Paraíso. Comer el fruto prohibido -¿quién dijo que era una manzana?- los enfrenta al mal y a la necesidad. El ser humano cae en la cuenta de sus necesidades básicas: comer, vestirse, reproducirse...
Sin embargo, la comida en la que participa Jesús y ¡otros cuatro mil! parece que es de otro calado. Este alimento que nos ofrece Cristo es de otra clase, y por eso estas multiplicaciones de panes y peces nos hacen pensar fácilmente en la Eucaristía.
A nosotros nos habla también de compartir, pues es la forma más sencilla de entender que los pocos alimentos que tenían los discípulos -unos pocos panes y algunos peces- se pudieran convertir en miles. De una forma u otra, el caso es que comieron, se saciaron y hasta sobró. Y que la comida, una vez más, nos refiere al Reino de Dios: ese en el que nadie pasa hambre, ni sed, ni frío, ni dolor. Que no es una promesa, que es una realidad, aquí y ahora, cuando somos capaces de ponernos en el lugar del otro y compartir lo que tenemos.
Estos días en Valencia alguien ha solicitado mantas y ropa de abrigo para un grupo grande de personas inmigrantes que, ante la situación de crisis se han quedado sin el poco trabajo que tenían y, en consecuencia, han tenido que irse a dormir a la calle. Han encontrado un antiguo cuartel y allí están, medio hacinados y en condiciones inhumanas.
Lo de Adán y Eva al lado de esto, la verdad, es de risa. Pero en seguida se movilizan algunos y reúnen unas pocas mantas. No es suficiente, claro. La pelea tiene que seguir reclamando condiciones de vida para esta personas.
Pero por supuesto que las mantas, compartidas, como los panes y los peces, son también necesarios. El reinado de Dios ya es -hay quien comparte con ellos lo que tiene- pero no es del todo, hasta que estas personas, y tantas otras en el mundo puedan vivir en plenitud, con todo lo necesario, sin calamidades ni penurias.

jueves, 3 de febrero de 2011

Contra la tibieza, Eucaristía

Contra la tibieza, Eucaristía
Porque la tibieza lleva al alma a la rutina, a la indiferencia, a la frialdad, al apartamiento de las cosas de Dios.
Autor: P. Fernando Pascual LC |

Nos asusta el avance del ateísmo y de la indiferencia religiosa en el mundo. Pero nos debería asustar igual o más ver cómo la tibieza anida en tantos corazones cristianos.

Porque la tibieza lleva al alma a la rutina, a la indiferencia, a la frialdad, al apartamiento de las cosas de Dios.

Porque la tibieza arruina a los jóvenes, los acerca al pecado, los aleja de los sacramentos, los empequeñece en su formación católica.

Porque la tibieza lleva a los esposos a descuidar los gestos de cariño, a no rezar en la mañana o en la noche, a no ir a misa los domingos, a no confesarse más que una vez al año (o incluso más tarde), a usar anticonceptivos con excusas vanas y contra lo que enseña la Iglesia, a no tener aquellos hijos que podrían recibir amorosamente como regalo de Dios.

Porque la tibieza lleva a los trabajadores al mínimo esfuerzo, a pequeñas trampas y robos “insignificantes”, a la mentira, a crearse certificados falsos para no ir a la oficina, a arrojar palabras de crítica para que otro “baje” y uno pueda ascender.

Porque la tibieza lleva a los mismos consagrados, a los religiosos, a los sacerdotes, a pensar más en sí mismos que en las almas que tienen encomendadas, a buscar el menor esfuerzo, a rehuir los trabajos difíciles, a evitarse problemas y “enemigos” al precio de no enseñar a los hombres la belleza y la exigencia del Evangelio.

Pero la tibieza se rompe si nos acercamos al fuego, si dejamos a Dios el primer lugar en la propia vida, si tomamos la Palabra divina y la aplicamos en serio, si estudiamos (para vivirlas) las enseñanzas de la Iglesia.

La tibieza queda herida de muerte, sobre todo, si nos acercamos a la Eucaristía. Si hacemos de la Misa dominical el centro de toda la semana. Si buscamos momentos para visitar, en una iglesia, a Jesucristo presente en el Tabernáculo.

La tibieza retrocede, incluso se apaga, ante la compañía del Cordero, que da su Cuerpo, que da su Sangre, que lava, que cura, que anima, que corrige, que enseña, que susurra al corazón palabras llenas de Amor pleno.

Valen, para romper el cerco de la tibieza, las palabras sinceras y exigentes que Dios dirigió a la Iglesia de Laodicea:

“Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.

Tú dices: «Soy rico; me he enriquecido; nada me falta». Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo.

Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista.

Yo, a los que amo, los reprendo y corrijo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 3,15-22).

martes, 1 de febrero de 2011

El mundo necesita a Dios y espera vocaciones de la Iglesia, dice el Papa Benedicto


VATICANO, 01 Feb. 2011 .-
                                         El Papa Benedicto XVI señaló que el mundo siempre necesita a Dios y por eso espera la respuesta generosa de miembros de la Iglesia que se dediquen de por vida a la causa del Evangelio como concreción de su vocación.

En su mensaje al II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones que se celebra en Cartago (Costa Rica) del 31 de enero al 5 de febrero bajo el lema "Maestro, en tu Palabra echaré las redes", el Papa señaló que "una acción misionera más incisiva trae como fruto precioso, junto al fortalecimiento de la vida cristiana en general, el aumento de las vocaciones de especial consagración".

"De alguna manera, la abundancia de vocaciones es un signo elocuente de vitalidad eclesial, así como de la fuerte vivencia de la fe por parte de todos los miembros del Pueblo de Dios".

En el texto con fecha 21 de enero y dado a conocer hoy, el Papa recordó que el Concilio Vaticano II afirma que "toda la comunidad cristiana tiene el deber de fomentar las vocaciones, y debe procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana".

"La experiencia nos enseña que, allí donde hay una buena planificación y una práctica constante de la pastoral vocacional, las vocaciones no faltan. Dios es generoso, e igualmente generoso debería ser el empeño pastoral vocacional en todas las Iglesias particulares".

El Papa se refirió luego a la centralidad del cuidado de la vida espiritual para el cultivo de las vocaciones: "La vocación no es fruto de ningún proyecto humano o de una hábil estrategia organizativa. En su realidad más honda, es un don de Dios", resaltó.

La vocación, continuó, es "una iniciativa misteriosa e inefable del Señor, que entra en la vida de una persona cautivándola con la belleza de su amor, y suscitando consiguientemente una entrega total y definitiva a ese amor divino".

"Es necesario ofrecer a las jóvenes generaciones la posibilidad de abrir sus corazones a una realidad más grande: a Cristo, el único que puede dar sentido y plenitud a sus vidas. Necesitamos vencer nuestra autosuficiencia e ir con humildad al Señor, suplicándole que siga llamando a muchos".

"Pero al mismo tiempo, el fortalecimiento de nuestra vida espiritual nos ha de llevar a una identificación cada vez mayor con la voluntad de Dios, y a ofrecer un testimonio más limpio y transparente de fe, esperanza y caridad".

Benedicto XVI destacó además la importancia del testimonio de la propia vocación como semilla de nuevas vocaciones: "ciertamente, el testimonio personal y comunitario de una vida de amistad e intimidad con Cristo, de total y gozosa entrega a Dios, ocupa un lugar de primer orden en la labor de promoción vocacional".

"El testimonio fiel y alegre de la propia vocación ha sido y es un medio privilegiado para despertar en tantos jóvenes el deseo de ir tras los pasos de Cristo. Y, junto a eso, la valentía de proponerles con delicadeza y respeto la posibilidad de que Dios los llame también a ellos".

Con frecuencia, continuó el Santo Padre "la vocación divina se abre paso a través de una palabra humana, o gracias a un ambiente en el que se experimenta una fe viva. Hoy, como siempre, los jóvenes 'son sensibles a la llamada de Cristo que les invita a seguirle'".

"El mundo tiene necesidad de Dios, y por eso siempre tendrá necesidad de personas que vivan para él y que lo anuncien a los demás", precisó.

Finalmente el Papa afirmó que "la preocupación por las vocaciones ocupa un lugar privilegiado en mi corazón y en mis oraciones. Les animo, pues, queridos hermanos y hermanas, a que se consagren con todas sus fuerzas y talentos a esta apasionante y urgente tarea, que el Señor sabrá recompensar con creces".

martes, 18 de enero de 2011

Señal de hondura de fe e invitación a una vida cristiana plena

Beatificación: Señal de hondura de fe e invitación a una vida cristiana plena

La proclamación por la Iglesia de un santo o un beato es fruto de la unión de varios aspectos relativos a una persona concreta. Primero, es un acto que dice algo importante en la vida de la misma Iglesia. Está ligado a un “culto”, por ejemplo, a la memoria de la persona, a su pleno reconocimiento en la conciencia de la comunidad eclesial, del país, o de la Iglesia universal en distintos países, continentes y culturas. Otro aspecto es la conciencia de que la “elevación a los altares” será un importante signo de la hondura de la fe, de la difusión de la fe en el itinerario vital de esta persona, y que este signo se convertirá en una invitación, un estímulo para todos nosotros hacia una vida cristiana incluso más profunda y plena.

Finalmente, la condición sine qua non es la santidad de la vida de la persona, verificada en los precisos y formales procedimientos canónicos. Todo ello proporciona el material para la decisión del sucesor de Pedro, del Papa, con vistas a la proclamación de un beato o un santo, del culto en el contexto de la comunidad eclesial y de su liturgia.



El pontificado de Juan Pablo II fue un elocuente y claro signo, no sólo para los católicos, sino para la opinión pública mundial, para personas de todos los colores y credos. La reacción mundial a su estilo de vida, al desarrollo de misión apostólica, al modo como soportó su sufrimiento, la decisión de continuar su misión petrina hasta el final como querida por la divida Providencia, y finalmente, la reacción a su muerte, la popularidad de la aclamación “¡Santo, ya!”, que algunos hicieron el día de su funeral, todo ello es base sólida en la experiencia de haberse encontrado con la persona que era el Papa.

Los fieles sintieron, experimentaron que era un “hombre de Dios”, que realmente ve los pasos concretos y los mecanismos del mundo contemporáneo “en Dios”, en la perspectiva de Dios, con los ojos de un místico que alza los ojos sólo a Dios. Fue claramente un hombre de oración: tanto es así que, sólo en la dinámica de unión personal con Dios, de la escucha permanente a los que Dios quiere decir en una situación concreta, fluía la entera actividad del papa Juan Pablo II.

Quienes estuvieron más cercanos a él pudieron ver que, antes de sus entrevistas con sus visitantes, ya fueran jefes de Estado, altos dignatarios de la Iglesia o sencillos ciudadanos, Juan Pablo II se recogía en oración por las intenciones de los visitantes y de la reunión a celebrar.

domingo, 26 de diciembre de 2010

San Esteban (Reflexión del Papa en el 2007 sobre un gran modelo a seguir)

San Esteban, protomártir

Benedicto XVI
Audiencia del miércoles, 10 de enero de 2007
Queridos hermanos y hermanas:
Después de las fiestas, volvemos a nuestras catequesis. Había meditado con vosotros en las figuras de los doce apóstoles y de san Pablo. Después habíamos comenzado a reflexionar en otras figuras de la Iglesia primitiva. Hoy reflexionaremos en la persona de san Esteban, que la Iglesia festeja al día siguiente de Navidad. San Esteban es el más representativo de un grupo de siete compañeros.
La tradición ve en este grupo el germen del futuro ministerio de los "diáconos", aunque es preciso constatar que esta denominación no se encuentra en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En cualquier caso, la importancia de san Esteban se manifiesta por el hecho de que san Lucas, en este importante libro, le dedica dos capítulos enteros.
La narración de san Lucas comienza constatando una subdivisión que existía dentro de la Iglesia primitiva de Jerusalén: estaba compuesta totalmente de cristianos de origen judío, pero algunos de estos eran originarios de la tierra de Israel —se les llamaba "hebreos"—, mientras que otros, de fe judía veterostestamentaria, procedían de la diáspora de lengua griega —se les llamaba "helenistas"—. Por eso comenzaba a perfilarse un problema: se corría el riesgo de descuidar a las personas más necesitadas entre los helenistas, especialmente a las viudas desprovistas de todo apoyo social, en la asistencia para su sustento diario.
Para salir al paso de estas dificultades, los Apóstoles, reservándose para sí mismos la oración y el ministerio de la Palabra como su tarea central, decidieron encargar a "siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría" que llevaran a cabo el oficio de la asistencia (cf.Hch 6,2-4), es decir, del servicio social caritativo. Con este objetivo, como escribe san Lucas, por invitación de los Apóstoles los discípulos eligieron siete hombres. Conocemos sus nombres: "Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los Apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos" (Hch 6, 5-6).
El gesto de la imposición de las manos puede tener varios significados. En el Antiguo Testamento, ese gesto tiene sobre todo el significado de transmitir un encargo importante, como hizo Moisés con Josué (cf. Nm 27, 18-23), designando así a su sucesor. En esta línea, también la Iglesia de Antioquía utilizará este gesto para enviar a Pablo y Bernabé en misión a los pueblos del mundo (cf. Hch 13, 3). A una análoga imposición de las manos sobre Timoteo, para transmitirle un encargo oficial, hacen referencia las dos cartas que san Pablo le dirigió (cf. 1 Tm 4, 14; 2 Tm 1, 6).
Que se trataba de una acción importante, que era preciso realizar después de un discernimiento, se deduce de lo que se lee en la primera carta a Timoteo: "No te precipites en imponer a nadie las manos; no te hagas partícipe de los pecados ajenos" (1 Tm 5, 22). Por tanto, vemos que el gesto de la imposición de las manos se desarrolla en la línea de un signo sacramental. En el caso de Esteban y sus compañeros se trata, ciertamente, de la transmisión oficial, por parte de los Apóstoles, de un encargo y al mismo tiempo de la imploración de una gracia para cumplirlo.
Conviene advertir que lo más importante es que, además de los servicios caritativos, san Esteban desempeña también una tarea de evangelización entre sus compatriotas, los así llamados "helenistas". En efecto, san Lucas insiste en que, "lleno de gracia y de poder" (Hch 6, 8), presenta en el nombre de Jesús una nueva interpretación de Moisés y de la misma Ley de Dios, relee el Antiguo Testamento a la luz del anuncio de la muerte y la resurrección de Jesús. Esta relectura del Antiguo Testamento, una relectura cristológica, provoca las reacciones de los judíos, que interpretan sus palabras como una blasfemia (cf. Hch 6, 11-14). Por este motivo es condenado a la lapidación. Y san Lucas nos transmite el último discurso del santo, una síntesis de su predicación.
Del mismo modo que Jesús había explicado a los discípulos de Emaús que todo el Antiguo Testamento habla de él, de su cruz y de su resurrección, también san Esteban, siguiendo la enseñanza de Jesús, lee todo el Antiguo Testamento en clave cristológica. Demuestra que el misterio de la cruz se encuentra en el centro de la historia de la salvación narrada en el Antiguo Testamento; muestra que realmente Jesús, el crucificado y resucitado, es el punto de llegada de toda esta historia. Y demuestra, por tanto, también que el culto del templo ha concluido y que Jesús, el resucitado, es el nuevo y auténtico "templo".
Precisamente este "no" al templo y a su culto provoca la condena de san Esteban, el cual, en ese momento, como nos dice san Lucas, mirando al cielo vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba a su derecha. Y viendo en el cielo a Dios y a Jesús, san Esteban dijo: "Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios" (Hch 7, 56). Siguió su martirio, que de hecho se asemejó a la pasión de Jesús mismo, pues entregó al "Señor Jesús" su espíritu y oró para que el pecado de sus asesinos no les fuera tenido en cuenta (cf. Hch 7, 59-60).
El lugar del martirio de san Esteban, en Jerusalén, se sitúa tradicionalmente fuera de la puerta de Damasco, al norte, donde ahora se encuentra precisamente la iglesia de San Esteban, junto a la conocida École Biblique de los dominicos. Tras el asesinato de san Esteban, primer mártir de Cristo, se desencadenó una persecución local contra los discípulos de Jesús (cf. Hch 8, 1), la primera de la historia de la Iglesia. Constituyó la ocasión concreta que impulsó al grupo de los cristianos judío-helenistas a huir de Jerusalén y a dispersarse. Expulsados de Jerusalén, se transformaron en misioneros itinerantes: "Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la buena nueva de la Palabra" (Hch 8, 4). La persecución y la consiguiente dispersión se convirtieron en misión. Así el Evangelio se propagó en Samaría, en Fenicia y en Siria, hasta llegar a la gran ciudad de Antioquía, donde, según san Lucas, fue anunciado por primera vez también a los paganos (cf. Hch 11, 19-20) y donde resonó por primera vez el nombre de "cristianos" (cf. Hch 11, 26).
En particular, san Lucas especifica que los que lapidaron a Esteban "pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo" (Hch 7, 58), el mismo que de perseguidor se convertiría en apóstol insigne del Evangelio. Eso significa que el joven Saulo seguramente escuchó la predicación de san Esteban y conoció sus contenidos principales. Y probablemente san Pablo se encontraba entre quienes, siguiendo y escuchando este discurso, "tenían los corazones consumidos de rabia y rechinaban sus dientes contra él" (Hch7,54).
Así podemos ver las maravillas de la Providencia divina: Saulo, adversario empedernido de la visión de Esteban, después del encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, retoma la interpretación cristológica del Antiguo Testamento hecha por el protomártir, la profundiza y la completa, y de este modo se convierte en el "Apóstol de los gentiles". Enseña que la Ley se cumple en la cruz de Cristo. Y la fe en Cristo, la comunión con el amor de Cristo, es el verdadero cumplimiento de toda la Ley. Este es el contenido de la predicación de san Pablo. Así demuestra que el Dios de Abraham se convierte en el Dios de todos. Y todos los creyentes en Cristo Jesús, como hijos de Abraham, se hacen partícipes de las promesas. En la misión de san Pablo se realiza la visión de san Esteban.
La historia de san Esteban nos da varias lecciones. Por ejemplo, nos enseña que el compromiso social de la caridad no se debe separar nunca del anuncio valiente de la fe. Era uno de los siete que se encargaban sobre todo de la caridad. Pero la caridad no se podía separar del anuncio. De este modo, con la caridad, anuncia a Cristo crucificado, hasta el punto de aceptar incluso el martirio.
Esta es la primera lección que podemos aprender de san Esteban: la caridad y el anuncio van siempre juntos.
San Esteban sobre todo nos habla de Cristo, de Cristo crucificado y resucitado como centro de la historia y de nuestra vida. Podemos comprender que la cruz ocupa siempre un lugar central en la vida de la Iglesia y también en nuestra vida personal. En la historia de la Iglesia no faltará nunca la pasión, la persecución. Y precisamente la persecución se convierte, según la famosa frase de Tertuliano, en fuente de misión para los nuevos cristianos. Cito sus palabras: "Nosotros nos multiplicamos cada vez que somos segados por vosotros: la sangre de los cristianos es una semilla" (Apologético 50, 13: "Plures efficimur quoties metimur a vobis: semen est sanguis christianorum"). Pero también en nuestra vida la cruz, que no faltará nunca, se convierte en bendición. Y aceptando la cruz, sabiendo que se convierte en bendición y es bendición, aprendemos la alegría del cristiano incluso en los momentos de dificultad. El valor del testimonio es insustituible, pues el Evangelio lleva a él y de él se alimenta la Iglesia.
Que san Esteban nos enseñe a aprender estas lecciones; que nos enseñe a amar la cruz, puesto que es el camino por el que Cristo se hace siempre presente entre nosotros.

domingo, 5 de diciembre de 2010

La pabrabra que Dios envia a nuestros Hermanos esta semana

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria


Segunda Semana de Adviento

Del 6/12/2010 al 11/12/2010

La segunda semana de Adviento contempla las lecturas del llamado Segundo Isaías (capítulos 40-55 del libro de este profeta), escrito en una época mucho más tardía que el Primer Isaías (caps. 1-39). Se suele conocer como el “libro de la consolación”, ya que el consuelo es la tónica que lo caracteriza; consuelo que el profeta quiere transmitir al pueblo, al final de un exilio de unos cincuenta años en Babilonia (s. VI a. C.). Ese consuelo se basa en la confianza en Dios, cuyo fundamento es, por una parte, su poder creador al que nada resiste, y, por otra, su continua solicitud por Israel a lo largo de su historia pasada. Ese Dios que está a punto de intervenir restaurará las fuerzas debilitadas de su pueblo, a quien atenderá con mimo, a quien enseñará el camino del bien, para quien hará florecer el desierto. Los salmos de estos días son un eco de esta certeza y una invitación a bendecir la grandeza y la bondad del Señor que ya llega. En el evangelio de Mateo, Jesús confirma la bondad de ese Padre que busca al que se ha perdido, y ofrece su propio corazón como descanso al agobiado.



Las lecturas bíblicas de esta semana evocan también la figura de Elías, un profeta vigoroso y taumatúrgico, símbolo del juicio de Dios contra los impíos. En él podemos detectar una referencia implícita al Precursor del Señor, Juan el Bautista. De él habla también Jesús, que advierte de que ha llegado ya, aunque muchos no lo han reconocido ni han querido reaccionar al imperativo de su palabra.



Celebraremos también a san Ambrosio, obispo de Milán en el siglo IV y uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina (junto con san Agustín –a quien bautizó-, san Jerónimo y san Gregorio Magno). Y la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María (la Purísima), dogma definido por la Iglesia en 1854. Esta fiesta nos recuerda que María fue la primera redimida por la muerte de su Hijo, pero también que ese es el destino que Dios proyectó para nosotros y del que ella es prototipo: ser “santos e irreprochables ante él por el amor” (Ef 1, 4).


-----------------------------------------------------------------------------------------

Lunes 6/12/2010


“La lengua del mundo cantará”


I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de Isaías 35,1-10:

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco, un manantial. En el cubil donde se tumbaban los chacales brotarán cañas y juncos. Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra: no pasará por ella el impuro, y los inexpertos no se extraviarán. No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces; sino que caminarán los redimidos, y volverán por ella los rescatados del Señor. Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.



Sal 84,9ab-10.11-12.13-14 R/. Nuestro Dios viene y nos salvará

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. R/. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R/. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,17-26:

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados.» Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?» Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó: «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados quedan perdonados", o decir "levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados... –dijo al paralítico–: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.» Él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor: «Hoy hemos visto cosas admirables.»

II. Oramos con la Palabra

JESÚS,Hombre y Dios verdadero, te compadeces del dolor del prójimo, le perdonas los pecados y, como prueba de tu divinidad, curas al paralítico, curas al paralítico. Así te acepto yo, y así espero que actúes en mí: que sigas perdonando mis pecados y que me des fuerza para caminar contigo, cargando cada día con la camilla de mi cruz. No hace falta cruz en ninguna vida, pero contigo pesa menos.

III. Compartimos la Palabra

¡Qué bellas consecuencias tiene en nuestra vida la acogida de Dios, que viene! Gritamos: ¡Ven!, pero no hacemos mucho por ir. Decimos: ¡transformanos!, pero no dejamos a un lado aquello que nos impide la preparación... ¿Qué hay dentro de muchos de nosotros para que, sabiendo la maravillosas consecuencias que tiene para nuestra vida la acogida de Dios, no lo acojamos? Es el misterio humano...


La primera lectura nos imprime, en la imaginación por medio de paradojas, la vida que brota, la Felicidad que surge, de acoger en nuestro interior el regalo de Dios. “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará” El profeta Isaías hace una descripción, utilizando imágenes, de qué es y cómo es el Reino de Dios o el reinado de Dios sobre nuestra Vida. En esencia es Vida plena, Felicidad. Esta es la gloria de Dios, la belleza de Dios.


En el Evangelio, Lucas nos presenta a Jesús como un sanador tradicional. Como casi siempre, los fariseos y letrados son “testigos” de las acciones de Jesús; pero también, como siempre, los fariseos no se encuentran abiertos a ver que hay de bueno, de bello... en aquello que hacen los otros, en este caso Jesús. No es Jesús quien los rechaza, sino que son ellos los que rechazan a Jesús. Son los fariseos, algunos de nosotros, los que no nos abrimos, no nos dejamos llevar por Dios. Miramos desde la categorías que sabemos, desde nuestro contexto, con nuestra visión colonialista, farisea... sin dejar que entre nueva luz que nos haga ver la realidad con más profundidad.


En este tiempo de adviento, ¿fariseos o caminantes? ¿cerrados a que Dios reine en nuestra vida o camilleros que portan a sus hermanos a la presencia de Dios? ¿arrogantes de saber quien es Dios o personas creyentes en que Dios da la Vida?

--------------------------------------------------------------------------------


Martes 7/12/2010 San Ambrosio de Milán

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de Isaías 40,1-11:

«Consolad, consolad a mi pueblo, –dice vuestro Dios–; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.» Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos –ha hablado la boca del Señor–.» Dice una voz: «Grita.» Respondo: «¿Qué debo gritar?» «Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.» Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.»

Sal 95,1-2.3.10ac.11-12.13-14 R/. Nuestro Dios llega con poder

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria. R/. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente.» R/. Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. R/. Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18,12-14:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

II. Oramos con la Palabra

JESÚS,yo también me veo sobre tus hombros, después que, dándote la espalda, he corrido detrás de los ídolos, he abandonado tu redil y tú has ido en busca mía. Conocer tus preferencias por los pecadores es motivo de esperanza. Como lo es saber que la voluntad del Padre es que ninguno de tus pequeños –y yo lo soy– se pierda. ¡Grande es tu amor y tu misericordia!


III. Compartimos la Palabra

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”

Una de las tareas de nuestra religión es la de consolar. “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”. Fue uno de los propósitos de Jesús: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Si hay gente desconsolada, cansada, agobiada… el consuelo es la medicina apropiada y necesaria. La vida humana, con frecuencia, nos muestra su cara hosca, y los dolores, los desgarros, los fracasos, los sinsabores dejan maltrecha y herida nuestra alma, que busca e implora consuelo. Nuestro Dios, a través de los profetas del Antiguo Testamento y, sobre todo, de Jesús nos ofrece un consuelo real y fuerte. No vale apoyarse en las realidades de nuestra existencia humana que son pasajeras, que se “agostan como la hierba y se marchitan como la flor”. Dios nos ofrece un consuelo más sólido y estable: su presencia continua. “Di a las ciudades de Judá: aquí esta vuestro Dios. Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza”.

Jesús, en el evangelio, nos recuerda que él, que es Dios, no sólo llega con fuerza y poder, sino también con amor. Todo su poder está guiado por el amor que nos tiene. Por eso, es capaz, como el buen pastor, de dejar las noventa y nueve ovejas en el aprisco y salir a buscar la oveja perdida, que sola y desorientada, camina angustiada rodeada de múltiples peligros. Y la oveja despistada y el pastor se alegran de su encuentro.

Jesús, el que nos ha amado hasta el extremo, como nos recuerda el Adviento sale siempre a nuestro encuentro y nos ofrece su consuelo regalándonos su luz, su amistad, su promesa de vida.

Celebramos la fiesta de San Ambrosio (340-397). Aclamado y elegido por el pueblo para ser obispo de Milán, dejó “su carrera política” para brindar a sus hermanos el consuelo de Dios, a través de la predicación de la buena noticia de Jesús de Nazaret.


--------------------------------------------------------------------------------
Miércoles, 8/12/2010

Este día no publicamos comentario a la Palabra, porque existe homilía. Puede consultar las ayudas homiléticas en nuestra página de predicación.

--------------------------------------------------------------------------------

Jueves 9/12/2010

“Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de Isaías 41,13-20:

Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.» No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio –oráculo del Señor–. Tu redentor es el Santo de Israel. Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel. Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estepa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

Sal 144,1.9.10-11.12-13ab R/. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R/. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que té bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas; R/. explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,11-15:

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»

II. Oramos con la Palabra

Jesús, muchos fueron los profetas que anunciaron a tu pueblo tu llegada como Mesís Salvador. Pero reservaste a tu pariente Juan el privilegio de ser el mayor de todos ellos y de todos los hombres y mujeres del Antiguo Testamento. Pero ser miembro de tu Iglesia es un honor tan grande que necesito tu ayuda para estar a la altura de dicho honor. Confío en tu Palabra, necesito de tu gracia.

III. Compartimos la Palabra

Imaginaos que nos encontramos desterrados en una nueva Babilonia… Deportados y un bastante perdidos. Imaginaos cierta hostilidad por parte de los medios hacia ese “resto de Israel”, los seguidores de Jesús de Nazaret. Pues bien, en este marco de referencia, se nos anuncia la llegada de un Salvador. Escuchamos al Profeta Isaías, primero, y a Jesús de Nazaret, en el Evangelio.

“Yo, el Dios de Israel, no les abandonaré”

“No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel”. No temas, porque el Señor te lleva de la mano. No temas por más pequeño que te sientas. Dios está contigo. Es cierta tu debilidad ante la soberbia que te rodea, ante la “sabiduría” apabullante que creen tener quienes la ostentan. No temas en tu sencillez, en tu pequeñez, en tu humildad. La diestra del Señor es para ti más fuerte que toda su apariencia. Espera activamente. Prepárate para que, cuando llegue el Salvador, te encuentre dispuesto.

Esta es la disposición interior que Isaías quiere imprimir en los israelitas, para que la esperanza les haga remontarse sobre su situación y soñar, siempre activamente, con quien está a las puertas como Salvador.

Juan, el más grande y el más pequeño

A partir de hoy y hasta el día 16 nos va a acompañar Juan Bautista en nuestra preparación de Navidad. Juan es un profeta, y más que profeta: “el más grande entre los nacidos de mujer”, en boca de Jesús. No es un elogio restringido a sus contemporáneos, sino mucho más amplio y universal.

Y, sin embargo, es, al mismo tiempo, el más pequeño en el nuevo Reino de Dios. El Reino que dividirá la historia en un antes y un después. Juan fue el puente, el que despidió en AT e inició el Nuevo. Él señaló quién era el esperado, el Mesías, y, sin empacho alguno, despidió a sus discípulos para que siguieran al Señor. Así muestra Jesús la superioridad y grandeza del NT sobre el Antiguo y la prioridad del Reino sobre la Ley.

“El Reino de los cielos está en tensión”

Juan es ejemplo de reciedumbre y de entereza. Y esta misma entereza la necesitan cuantos se consideran seguidores del Reino de los cielos. No se trata de ser violentos, de entrar por la fuerza o empujando, sino todo lo contrario. La paz será la nota de los seguidores de Jesús. Una paz seria, basada y construida en justicia. Una paz muy trabajada y reflexionada. Una paz despierta, vivida y entregada con gozo y esperanza. Compatible con el dolor, nunca con la tristeza. Seguimiento vivido en “pacífica” tensión. Tensión y compromiso, similar al de Jesús, por cuantos estén necesitados de más y mejor humanidad.

--------------------------------------------------------------------------------

Viernes 10/12/2010


"Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues".

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de Isaías 48,17-19:

Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Sal 1,1-2.3.4.6 R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R/. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R/. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,16-19:

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

II. Oramos con la Palabra

JESÚS,te llaman comilón y borracho, y me da mucha tristeza semejante calumnia. Te acusan de ser amigo de publicanos y pecadores, y más que acusación me parece una alabanza, que me llena de gozo y de esperanza. En todo caso, hagas lo que hagas eres incomprendido y criticado por quienes se han constituido enemigos y jueces del Mesías. Para mí, en este Adviento, es una lección que quiero guardar: que me sea indiferente la opinión de los demás, con tal de que, ayudado por tu gracia, cumpla tu voluntad y crea que tu opinión es favorable.

III. Compartimos la Palabra

Dios sigue llamando

El hombre de hoy, como el pueblo de Israel ayer, pretende andar en componendas con Dios. No quiere aceptar el camino que Dios le marca, y así acaba en el destierro; no tiene paz, ni conoce la justicia. Se ve privado de la bendición de Dios, porque no quiere responder a su llamada a la conversión.

El Salmo responsorial repite: “El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida”. Y canta la fecundidad, el progreso del hombre justo y fiel, que como árbol plantado al borde de la acequia, se sacia en las fuentes de agua viva que nos ofrece la Iglesia en la Palabra de Dios y en los Sacramentos.

Cierto que, mientras estamos de camino, tendremos que ir conjugando las lágrimas con las risas, el dolor con la dicha; habrá quien toque la flauta y tendremos que responder con la danza; y cuando llegue la prueba, tendemos que participar y aliviar el sufrimiento.

Es lo que hizo el Señor, que compartía nuestra vida, cuando sanaba a los enfermos y daba de comer a los que no tenían pan. Es lo que hace cada día cuando se nos da en la Eucaristía, y en el hermano, para que nos ayudemos a caminar con un espíritu sencillo y acogedor.


Con ser críticos, viendo solo lo negativo en los demás, encontrando un motivo de queja o descontento, pase lo que pase. Nuestras actitudes siempre tienen una repercusión en los que nos rodean, en nuestro entorno familiar o comunitario.

Que el Señor, amigo de publicanos y pecadores, nos haga sentir la urgencia de una verdadera conversión. Entonces, todas nuestras quejas y descontentos serán transformados en paz. Con Él, todo será ocasión de bendición y acción de gracias.


Sábado 11/12/2010


"Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo".


I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 48,1-4.9-11:

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives.

Sal 79,2ac.3b.15-16.18-19 R/. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos. R/. Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa. R/. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,10-13:

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?» Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.» Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

II. Oramos con la Palabra

JESÚS, te dolía lo que hicieron con Juan el Bautista, el que tanto me ayuda, con su palabra y su fidelidad, a preparar en mi vida los caminos de tu venida. Juan fue tu precursor: anunció que estabas en medio de nosotros y no lo conocíamos. Y dio testimonio de la Verdad con su vida. ¡Dame parte del espíritu del nuevo Elías!

III. Compartimos la Palabra

¿Escuchamos o ignoramos a nuestro Juan Bautista de cada día?

Esperanza, espera, cruzarse de brazos, ponerse manos a la obra, A Dios rogando y con el mazo dando.

¿Oímos o escuchamos? ¿Somos noticia o hablamos de desgracia y muerte? ¿Condena o salvación? ¿Evangelio o costumbre? ¿Estamos preparados?

Nos encontramos en tiempo de Adviento, de esperanza, de noticias, de llegada, de preparación, ¿qué significa todo esto? ¿Cómo esperamos? ¿Acaso esperamos a Jesús como a la lluvia, detrás de un cristal mirando al cielo a que decida descargar?

Las lecturas de hoy hablan de escucha, pero de escucha profunda, desde el corazón, escucha a nuestro Juan Bautista de cada día.

Muchas veces escuchando otros fragmentos del Evangelio nos cuestionamos: ¿Quién es mi prójimo? ¿Cuándo niego yo como Pedro a Jesús? ¿Cuándo acojo yo a Jesús en uno de sus pequeños?...

Quizá hoy la pregunta pueda ser similar: ¿Acogemos a nuestro Juan Bautista? ¿Soy Juan Bautista para mis hermanas y hermanos?

Es decir, lo que hoy el Evangelio nos cuestiona es si somos capaces de ver en lo profundo, en el misterio. Si somos capaces de profundizar en nuestra vida, en nuestro contexto y escuchar desde lo profundo la voz de Dios, desde los signos de cada día, desde nuestras opciones, desde quien está a nuestro alrededor; o si, por el contrario, necesitamos que nos digan cómo y qué tenemos que escuchar y que creer, matando así a nuestro Juan Bautista, matando así lo que anuncia la presencia de Dios en nuestras vidas.

Pero en tiempo de Adviento no podemos cometer el error de pensar que nuestro papel solo es escuchar, NO. Al contrario, en tiempo de Adviento nuestra función es la de ser voz en el desierto, anunciar que Dios está cerca, ser Buena Noticia en nuestro mundo. Siendo conscientes que nuestro mensaje, aún desgarrando nuestra vida es anuncio y gracia para los demás.

¿Cómo hacer esto?

Observemos cómo cuando se acercan las fechas navideñas la gente pasea de tienda en tienda, todo el mundo mira escaparates, todo es “alegre” y “feliz”. ¿Alguien cree que una tienda podría vender con un escaparate triste, oscuro y negro?

Quizá es hora de hacer de nuestra predicación algo alegre, con luz y lleno de vida. No podemos pretender anunciar nuestra fe en escaparates de muerte, de condena y de tristeza. Revistamos nuestra fe de luces, de vida y de felicidad, sólo con este brillo nuestro mensaje será auténticamente liberador.

¿Estamos dispuestos? ¿Anunciamos o denunciamos? ¿Construimos o destruimos? ¿VIDA O MUERTE?

Elías ya vino, ¿nos dimos cuenta de ello?