domingo, 13 de marzo de 2011

Evengelio de la semana y meditación para las homilias



FacebookÚnase a nosotros en Facebook

Introducción a la semana
En el dintel de la Cuaresma hay una llamada perentoria a la conversión, a cambiar, a regirse por criterios nuevos. Y a hacerlo en la perspectiva de la Pascua, pasando de las tinieblas a la luz. El horizonte es, pues, luminoso, aunque de una claridad que nos deslumbra: “Sed santos, porque yo soy santo”, dice el Señor. Una meta que parece inasequible, si no fuera porque Jesús nos la acerca, invitándonos a alcanzarla mediante la ayuda a cualquier necesitado, en quien él mismo se nos hace presente.
Se trata de una transformación interior, fruto de la palabra de Dios acogida en la fe, una palabra que nunca vuelve a él vacía, sin haber fecundado primero nuestra árida tierra. Es esa fe la que nos hace conscientes de la necesidad de pedir al Padre que se haga en nosotros su voluntad, reconociendo nuestra impotencia y nuestro pecado, asumiendo también nuestra responsabilidad personal en la tarea de la reconciliación con Dios y con los hermanos.
Oración y compromiso: dos imperativos que resaltan, pues, en la liturgia de esta semana con que iniciamos la Cuaresma. Confianza en la ayuda de Dios (“cuando te invoqué me escuchaste”) y exigencia de ir hasta el extremo de la entrega, hasta el amor a los enemigos, que imita la generosidad de Aquel que “hace salir el sol sobre malos y buenos”. Audaz desafío, en cuya aceptación se encuentra sin embargo la fuente de una dicha que sólo conocen los que se aventuran a poner en práctica la Palabra que les habló desde arriba.
Celebramos también en estos días la solemnidad de San José, el esposo de la Virgen María, el hombre que acogió en la fe la palabra de Dios y que asumió, por amor, la responsabilidad de proteger y educar a Jesús, el Mesías, en las primeras etapas de su vida. A lado de ambos, él mismo fue descubriendo progresivamente el misterio de Dios y su designio de salvar a la humanidad desde la propia realidad humana. Por eso ha sido declarado patrono de la Iglesia –continuadora de Jesús- y de los seminarios, donde se forman los pastores encargados de guiarla.
Fray Emilio  García ÁlvarezFray Emilio García Álvarez
Convento de Santo Domingo. Caleruega (Burgos)
Enviar comentario al autor


Lunes 14/3/2011
“Seréis santos porque Yo vuestro Dios soy Santo“

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Levítico 19,1-2.11-18:
El Señor habló a Moisés: «Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: "Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No robaréis ni defraudaréis ni engañaréis a ninguno de vuestro pueblo. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de Dios. Yo soy el Señor. No explotarás a tu prójimo ni lo expropiarás. No dormirá contigo hasta el día siguiente el jornal del obrero. No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezos al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor. No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu conciudadano. No andarás con cuentos de aquí para allá, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor."»
Sal 18,8.9.10.15 R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia
el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,31-46:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

II. Oramos con la Palabra

CRISTO, ya veo que al atardecer de la vida seré juzgado por ti sobre el amor. Quiero ser tu amigo de verdad para siempre, también para el día del juicio. Y quiero amarte y servirte en los hermanos: así nuestra amistad será eterna. Y quiero dedicar mi vida en amarte con obras a favor de los hermanos. Y un día, junto con ellos, te amaré directamente a ti, a quien veré en toda tu grandeza y me gozaré en tu amor eterno.

Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

En este primer lunes de Cuaresma podemos acercarnos, con pié más seguro, a la primera lectura si partimos desde el Evangelio.
En el Evangelio de este lunes nos encontramos con el famoso pasaje de Mateo sobre el Juicio Final. Mateo, con mano maravillosa, todavía hoy es capaz de hacernos imaginar como será el juicio final. Pero la fuerza evocadora e imaginativa, que tiene este pasaje, hay que saber canalizarla y explicarla con una idea: al final de nuestra vida seremos juzgados (de esto no hay duda); pero este juicio no será cómo los que realizamos aquí, en nuestro mundo, en nuestra historia. Los juicios humanos están basados en lo bruto, en lo no bello, en lo que se ha hecho mal, en la equivocación… El juicio de Dios tiene otro fundamento: esta basado en las obras de misericordia que hemos hecho. No está basado ni en las equivocaciones que hayamos cometido, ni tampoco en las obras excepcionales que hemos hecho. El computo de Dios es la misericordia. Es sencilla de comprender, que no de vivir, la regla de tres que Mateo nos quiere expresar: a mayor misericordia derramada en esta vida, mayor misericordia derrochará Dios con nosotros, al final de nuestros días.
¿Cómo vivir y en qué consiste esta misericordia? Es ahora cuando podemos acercarnos a la primera lectura del libro del Levítico. El pasaje que se nos presenta este lunes es el conocido texto de la “Ley de la Santidad”. La Santidad, según nos expresa este texto, tiene que ver más con la misericordia que con las virtudes morales de la pureza, con las que habitualmente estamos acostumbrados a asociar la santidad.
Santidad y misericordia son, según las lecturas de este primer lunes de cuaresma, dos palabras sinónimas. Por ello, podemos extraer otra regla de tres: a mayor misericordia, mayor santidad. Y a mayor santidad, más nos asemejaremos a nuestro Creador.
Fray José Rafael   Reyes GonzálezFray José Rafael Reyes González
Casa Santissima Trinità degli Spagnoli-Roma
Enviar comentario al autor


Martes 15/3/2011
“Mi palabra… no volverá a mí vacía”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de Isaías 55,10-11:
Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mí voluntad y cumplirá mi encargo.»
Sal 33,4-5.6-7.16-17.18-19 R/. El Señor libra de sus angustias a los justos
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,7-15:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

II. Oramos con la Palabra

CRISTO,me uno a ti en la oración al Padre, para que su nombre sea santificado, venga su reino, se haga su voluntad en mi vida. Y contigo le pido al Padre que me dé el pan de cada día, que me perdone como yo quiero perdonar y olvidar, que no me deje caer en la tentación, y me libre del Mal. Amén.

Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

·         “Mi palabra… no volverá a mí vacía”

Jesús completó lo indicado por el Señor, en este fragmento de Isaías, con la parábola del sembrador. Es cierto que la palabra que sale de la boca del Señor “no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo”. A la luz de la parábola del sembrador, hay que decir que por parte del Señor su palabra siempre da fruto, es eficaz, pero para que eso sea así hay que contar con el hombre, con la tierra que la recibe. Dios no impone nada al hombre por la fuerza. Le ofrece los tesoros de su palabra, de su amor, de su luz, de su amistad… ¡algo sublime! Pero es el hombre el que, ejerciendo su libertad, los tiene que aceptar. En nuestras manos está el aceptar o rechazar los inestimables regalos que Dios nos brinda… incluido el mismo Dios.

·          “Padre nuestro”.

No es posible comentar todo el evangelio de hoy y el Padre nuestro. Sólo tres anotaciones. La primera: Jesús nos invita a que no usemos muchas palabras con Dios. La intensidad de nuestra oración con Él no se mide por la cantidad de nuestras palabras, sino por la calidad de nuestra relación amorosa y de confianza con Él. La segunda: a Dios nos debemos dirigir como lo que es, nuestro Padre, con todo lo que esto lleva consigo. Cuando logramos experimentar que Dios es nuestro Padre y vivir esta sublime verdad… todo cambia, vivimos en este mundo, pero vivimos en otro: en el mundo de la confianza de un hijo con su Padre Dios. Desde aquí, todo, las alegrías, los dolores, los días de sol, los días nublados, el pasado, el presente, el futuro… se vive de manera distinta, con más luz, con más sentido, con más esperanza. Tercera: hemos de pedir a nuestro Padre Dios que nos dé el alimento para ese día, el pan, las fuerzas y luces necesarias para seguir el camino de su Hijo ese día. Al día siguiente le pediremos el alimento para ese nuevo día.
Fray Manuel Santos  SánchezFray Manuel Santos Sánchez
La Virgen del Camino
Enviar comentario al autor


Miércoles 16/3/2011
“Un corazón quebrantado y humillado, tú, no lo desprecias”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura de la profecía de Jonás 3,1-10:
Vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»
Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!»
Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.
Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive: «Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos.»
Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Sal 50,3-4.12-13.18-19 R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. R/.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,29-32:
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

II. Oramos con la Palabra

CRISTO, nadie hay tan grande, tan sabio, tan misericordioso como tú. Por eso, me apiño entre la gente para que me llegue tu Palabra de vida y me convierta en otro Cristo: que no sea yo quien viva, sino tú en mí.

Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

·         “Un corazón quebrantado y humillado, tú, no lo desprecias” (Sal 50)

Nínive, importante ciudad de Asiria, al igual que Babilonia, en el lenguaje bíblico, es figura del mal, tal vez, por la presión que con frecuencia ejercieron sobre Israel. No obstante, a esta ciudad fuera de Palestina, es enviado el profeta Jonás, quien, muy a su pesar, va a anunciar el mensaje que Dios le ha dado:”Dentro de cuarenta días, Nínive será destruída”.
Los ninivitas escucharon el mensaje y reacionaron ante tal anuncio:
  1. Creen en la Palabra de Dios anunciada por el profeta.
  2. Actúan :Proclaman un ayuno y se visten de saco sentándose en la ceniza.
  3. Oran : Invocan a Dios, para que se compadezca de ellos.
Dios ve sus obras, su vuelta a Él y les perdona, no ejecuta las amenazas anunciadas. El Dios fiel, siempre está dispuesto a perdonar. Así lo rezamos en el salmo del día “Un corazón quebrantado y humillado tu no lo desprecias”.

·         “Aquí está uno que es más que Jonás”

Los contemporáneos de Jesús, exigen pruebas apoteósicas para aceptar su mensaje. Jesús se resiste a ello, apelando a la malicia de sus corazones :”Esta generación perversa pide un signo, pero no se le dará mas signo que el de Jonás”…
Los ninivitas creyeron y se convirtieron, los judíos contemporáneos de Jesús, no lo aceptan, sólo quieren ver sus milagros.
Jesús les recuerda que él está por encima de todo y apela a la sabiduría de Salomón a quien la reina de Saba vino para conocerlo, también está por encima del profeta Jonás, que expulsado del vientre del cetáceo, no es más que un signo de la resurrección de Cristo: El Hijo del Hombre, también estará tres días y tres noches en el seno de la tierra (Mt 12,40) .
Estamos preparándonos para la Pascua ¿Creemos verdaderamente en Cristo?. ¿Creemos que verdaderamente resucitó y nos trajo la nueva vida?, ¿Creemos que resucitaremos con Él?
Como los ninivitas convirtámonos, preparémonos para la Pascua, vayamos al encuentro con el Resucitado, resucitemos con Él.
Hna. María Pilar  Garrúes El CidHna. María Pilar Garrúes El Cid
Misionera Dominica del Rosario
Enviar comentario al autor


Jueves 17/3/2011
“Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de Ester 14,1.3-5.12-14:
En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor y rezó así al Señor, Dios de Israel: «Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro. Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido. Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos. Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices. A nosotros, líbranos con tu mano; y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo sabes todo.»
Sal 137,1-2a.2bc.3.7c-8 R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,7-12:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden! En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.»

II. Oramos con la Palabra

CRISTO, siguiendo tu consejo, le pido al Padre que me dé la fe, la amistad divina que nada ni nadie me pueda arrebatar, el poder tratar a los demás como quiero que ellos me traten. ¡Apoya ante el Padre mi oración, pues pido con fe y en tu nombre lo que necesito para ser cristiano!

Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Se ha dicho que orar y la oración no es monopolio de los cristianos y será cierto, pero que Jesús oraba y que nos habló de su necesidad, enseñándonos a hacerla, es innegable. Hoy la Primera Lectura nos pone el modelo de una bella oración de la Reina Ester. Y, en el Evangelio, Jesús nos urge a practicarla y a creer en su eficacia.

·         Oración y acción

Parafraseando a Santa Teresa cuando decía que “el amante en todas partes ama”, hay que empezar diciendo que el orante en todas partes ora. Esto no significa que quien ora se desentienda de sus obligaciones como persona, pidiendo la solución de los problemas a Dios, sino que se pide a Dios todo lo que se necesita, aunque trabajando y procurando su solución como si todo dependiera sólo de nosotros. Entre la oración y la acción tendría que existir perfecta armonía. Tener espacios para orar, como Jesús cuando se retiraba a la montaña o a algún sitio solitario para ponerse en contacto con su Padre; y espacios para trabajar y desempeñar con eficacia nuestras obligaciones personales, familiares, sociales y profesionales. Y todo con equilibrio, paz y armonía.

·         Oración de petición

“Vosotros, cuando oréis decid: Padre” (Lc 11,2). Esta es la clave. Oramos y pedimos porque Dios es nuestro Padre. “Y si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues, si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden?”
¿Y qué hay que pedir? Como hijos y en cuanto hijos, todo; todo lo que necesitamos. Pero guardando las formas. No podemos pedir a nuestro Padre Dios que resuelva los problemas que tenemos que solventar nosotros. No podemos intentar “seducir” a Dios, por más Padre que sea, para que cambie sus planes y nos conceda nuestros deseos. Todo lo contrario, oramos y pedimos cambiar nosotros para que nos conceda sus deseos, los suyos. Como él nos enseñó, pedimos que “se haga tu voluntad”, no la nuestra, sabedores que en esa voluntad suya está todo lo mejor para nosotros. Le pedimos a él, no pedimos cosas. Y, al llamarle “Padre nuestro”, no “mío”, implícitamente pedimos por nosotros y por todos nuestros hermanos.

·         Eficacia de la oración

Las palabras del Señor hoy no pueden ser más rotundas: “Pedid, buscad, llamad, y se os dará, encontraréis y se os abrirá”. Y esto porque Dios es más y mejor Padre que cualquiera de los de aquí abajo. De ahí su promesa de darnos, si lo pedimos con sinceridad, “cosas buenas” y “el Espíritu Santo”. Pero, si nuestra oración no es “verdadera”, es decir, si es egoísta o, por la razón que sea, equivocada, no puede ser eficaz, y, pensando en nosotros y en los demás, mejor que no lo sea.
Buen momento la Cuaresma, el desierto, para reflexionar sobre la oración, sobre la confianza con la que oramos, y, muy en particular, sobre el agradecimiento que mostramos a nuestro Padre Dios, al hacerla, y el compromiso que adquirimos por habernos encontrado con Dios. Lo demás, aunque importante, no es decisivo, porque “ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (Mt 6,33).
Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
Enviar comentario al autor


Viernes 18/3/2011
"Vete primero a reconciliarte con tu hermano".

I. Contemplamos la Palabra

Primera lectura: Libro de Ezequiel 18,21-28
“Así dice el Señor Dios: Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor-, y no que se convierta de su conducta y que viva? Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando las abominaciones del malvado, ¿vivirá acaso?; no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió, morirá.
Comentáis: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá”.

Sal 129,1-2.3-4.5-7a.7bc-8 R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuenta de los delitos,
Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,20-26
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama renegado, merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto”.

II. Oramos con la Palabra

CRISTO, es tan serio el perdón y la reconciliación, que es lo único que comentas del Padrenuestro. Dame la humildad para pedir perdón cuando he hecho algún mal a otro, y el amor para reconciliarme con quienes tienen algo contra mí. La reconciliación es el clima habitual de quienes queremos ser discípulos tuyos.

Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

·         La conversión es siempre posible

El profeta Ezequiel, sacerdote del templo de Jerusalén, que ve a su pueblo desterrado a causa de la infidelidad a su Dios, les amonesta a la conversión personal. “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta viva”.
Cada día celebramos en el altar el memorial vivo y perenne de la Pasión y muerte de Jesucristo, testimonio supremo de su amor a los hombres, y fuente inagotable de vida sobrenatural, que eso es la Eucaristía: sacrificio y comunión.
“Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis mandamientos, ciertamente vivirá”. Estamos a tiempo. Clamemos con el salmista: “Desde lo hondo a ti grito, Señor, escucha mi voz. Porque si llevas cuenta de los delitos, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, porque tienes misericordia”.

·         La reconciliación, condición indispensable.

No nos hagamos ilusiones, no basta clamar a Dios, ofrecerle culto: antes está el precepto del amor. Ya lo dijo un maestro de la Ley: “Amar a Dios y al prójimo es antes que todos los sacrificios y holocaustos” (Mc. 12, 33). Jesucristo, con la autoridad con que enseñaba explica el alcance del precepto “No matarás”. Y os digo: “Todo el que esté peleado con su hermano, será procesado. Antes de presentar tu ofrenda ante el altar, vete a reconciliarte con tu hermano, y después, vuelve a presentar tu ofrenda”.
El amor a los hermanos, hecho unión, servicio, perdón, es lo que tenemos que potenciar en nuestra familia y en las relaciones con los demás, que eso lo exige la conversión a la que nos invita este tiempo cuaresmal.
MM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la PiedadMM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad
Palencia
Enviar comentario al autor


Sábado 19/3/2011
“Todo es gracia”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16
En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre." »
Sal 88 R. Su linaje será perpetuo.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R.

Él me invocará:
«Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22
Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: Maria, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

II. Oramos con la Palabra

JESÚS, quiero acompañarte y estar contigo al lado de José, el esposo de tu Madre, el buen padre para ti. Y pedirle que me enseñe como te enseñó a ti. Y rogarle que ayude a los seminaristas y aspirantes al sacerdocio a parecerse más a ti. Y suplicar que ayude a los padres de familia a educar a sus hijos, que también lo son de Dios. Y poner a toda la Iglesia, y de modo especial a los moribundos, en manos de su Patrono celestial.

Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Nuestra comunidad celebra especialmente la festividad de hoy, pues es San José. Vivimos en la ciudad de Valencia y aunque en la actualidad no todos residimos en ella sí que conocemos bien las fiestas que aquí se celebran, las Fallas. Les aseguro que siempre hemos disfrutado juntos de ellas y que han sido muy importantes en nuestras biografías. Pero además tenemos también otros motivos que nos llenan de alegría, como es poder reflexionar uno de los pocos textos evangélicos en los que aparece la figura de José de Nazaret.
El texto de Mateo no es mucho lo que nos dice acerca de él, sin embargo, los detalles que nos brinda nos han parecido preciosos. Pues de José se dice que era una persona justa, que soñaba, que escuchó el mensaje que venía de parte de Dios y que se atrevió a ponerlo en práctica. No está nada mal el retrato que se ofrece de este hombre, ¿verdad?
Intentando ir un poco más allá, hemos buscado aquello a lo que el texto puede apuntar y que podríamos poner en marcha en nuestras vidas tanto personales, comunitarias como también eclesiales. Así que la Palabra de hoy nos ha hecho caer en la cuenta de algunas actitudes que queremos rescatar para esta Cuaresma.
La primera de ellas es encontrarnos con José de Nazaret como un ser humano “justo”. Parece que la noticia de que su prometida María esperaba un hijo le hizo iniciar un hondo discernimiento. La situación no se presentaba sencilla. Por un lado estaba la Ley, que regía su vida judía. Así que si cumplía sus rígidos preceptos, debía repudiar a María. Eso hubiera supuesto el dejar a la mujer que amaba en un estado de vulnerabilidad total frente a su sociedad. Por otro lado, no quiso ejercer el poder que le otorgaba la Ley, se dejó vencer por los sentimientos hacia María. A José de Nazaret le pudo el amor y decidió “repudiarla en secreto”. Esta decisión dolorosa y traumática muestra la relación profunda que debió darse entre estos dos jóvenes, María y José.
La segunda pincelada que queremos rescatar es la de “soñador”. José de Nazaret viene de una estirpe en la que ya a otros Dios se les había revelado a través de ese estado, como le sucedió a José –que supo interpretar los sueños de otros – y a Jacob –que en medio del sueño luchó contra Dios–. Nos ha parecido el sueño un medio muy sugerente para poder dejar un espacio por donde la divinidad pueda colarse y manifiestar sus proyectos hacia nosotros/as. Estamos tércamente convencidos de que los sueños manifiestan lo que somos y en ellos la Sabiruría nos muestra sus propuestas.
La última es la de su capacidad para la “escucha” y su atrevimiento al ponerla en práctica. No nos resulta siempre sencillo escuchar. A veces no invertimos el tiempo necesario para hacerlo atentamente, ni a los otros ni tampoco a Dios. Simplemente, estamos en otras voces que parecen tener más autoridad. De ahí que nos siga sorprendiendo cómo José de Nazaret se atrevió a tomar una decisión que “complicaría” tanto su vida.
Nos encantaría saber que la justicia, los sueños, la escucha atenta y el atrevimiento están cerca de nuestras vidas y de nuestras instituciones eclesiales. Pues también en esta festividad se celebra el día del Seminario. Acontecimiento que nos hace reflexionar acerca del largo camino que nos queda aún para lograr sueños en los que se reconozca la plenitud de las mujeres, que se escuche su vergonzosa minoridad y que se den pasos atrevidos para lograr su derecho a recibir los siete sacramentos, en lugar de quedar fuera de los órganos de gobierno, en nombre de una menor capacidad sacramental.
Para felicitarles queremos compartir esta imagen-predicadora del pintor dominico Juan Bautista Maíno (Pastrana 1581-Madrid 1649) en la que aparece una figura de José de Nazaret poco común: está “comiéndose” a besos a su hijo recién nacido, al Salvador.
Imagen extraida de: Alicia Pérez Tripiana y Maria Ángeles Sobrino López, Jesús en el Museo del Prado. PPC, Madrid 2009.
Comunidad El Levantazo Comunidad El Levantazo
CPJA - Valencia
Enviar comentario al autor


lunes, 7 de marzo de 2011

Renovar en esta cuaresma la gracia recibida en el bautismo

Renovar en esta cuaresma la gracia recibida en el bautismo


CIUDAD DEL VATICANO, FEBRERO 2011

Se ha publicado el Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2011. El texto, fechado el 4 de noviembre de 2010, lleva por título la siguiente afirmación de San Pablo en su Carta a los Colosenses: "Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado". Siguen extractos del documento.

"El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia "los mismos sentimientos que Cristo Jesús" (Flp 2,5) se comunica al hombre gratuitamente".

"El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo".

"Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. (...) En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo. (...) Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia".

"Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor -la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico-, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él".

"El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos "del agua y del Espíritu Santo", y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos".

"Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la "tierra", que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. (...) Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo".

"El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa -y no sólo de lo superfluo- aprendemos a apartar la mirada de nuestro "yo", para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo".

"En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida".

"La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia".

"En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración. (...) La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que "sus palabras no pasarán" (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que "nadie podrá quitarnos" (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna".

"El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo".

"Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico".

viernes, 25 de febrero de 2011

¿Tiene la persona una meta en la vida?

La meta de la persona: conocer y amar a Dios

¿Tiene la persona una meta en la vida?

Ser persona es estar capacitado del amor divino para amar.
¿Qué es la persona? ¿De dónde viene y hacia dónde va? ¿Tiene la persona una meta en la vida? Pero, ¿qué es ser persona? La persona es una unidad, un compuesto formado de alma y cuerpo, por esto la persona es un ser espiritual. Lo que determina a un ser que es persona (Dios, los ángeles, los hombres) es la permanencia de su vida en sí mismo y por sí mismo, por medio del espíritu que es quien lo sostiene. Por lo tanto, ser persona es ser espiritual.

Todas las personas somos espirituales porque el espíritu es la sustancia, el elemento que nos sostiene en la vida, en el vivir. La persona es un espíritu encarnado en un cuerpo único e irrepetible. Que la persona sea un ser espiritual quiere decir, amigo, que tú puedes elegir y actuar libremente. Imagínate, los animales no pueden hacer esto, por eso los animales no tienen ninguna naturaleza o principio espiritual. El ser de naturaleza espiritual es un bien dado por Dios que sólo corresponde al hombre. Sólo la persona tiene la facultad de conocer a Dios por sí mismo y por lo tanto de amarle. El hombre es una persona corporal hecha para conocer y amar.(1) La meta pues de la persona humana es conocer y amar a Dios.

La persona es el único ser de la creación que sabe que es un ser libre, un ser inteligente, un ser que puede hacer cosas. Esa libertad tiene que ayudarlo a perseguir su propio bien, su realización en el amor. Ser persona es estar capacitado del amor divino para amar, es descubrir que no sólo se es biología e instinto, es descubrir que se está hecho para vivir en comunión con lo divino hasta llegar a la plenitud de la gloria.

Querido lector, realmente sólo la persona ama y puede conocer y amar a Dios. Sin embargo, para que esto suceda se requiere que sea ella misma desde su libertad individual y busque ese bien, esa comunión y ese amor.

Tomás de Aquino, gran pensador católico del siglo XVII, entiende a la persona como “subsistente espiritual”. La persona es lo más noble y digno que existe en la naturaleza. Cuando el niño, el joven, el adulto es iluminado por esta verdad se encuentra a sí mismo con que es verdaderamente superior. Se encuentra que por ser de naturaleza espiritual, noble y digna está llamado a vivir una vida llena de valor y de plenitud, una vida llena de sentido, una vida que le lleve a expresar: ¡he sido creado para el bien! Pero hay todavía más, así como Dios se ha dado a sí mismo creándote a ti y a mí, así tú y yo podemos darnos a Dios y a los otros amando y haciendo el bien.

Por eso es importante saber que ser persona quiere decir que tú y yo somos un ser de amor. El amor es el poder, la naturaleza de Dios. Como cada uno es hecho a su imagen y semejanza no estaremos completos o seremos perfectos hasta dejar que el espíritu del amor gobierne en nuestro corazón y empuje nuestra existencia a vivirse consciente y apasionadamente persona. Persona masculina y persona femenina: dos modos de la persona de ser en el mundo para dar Gloria a Dios.

miércoles, 23 de febrero de 2011

¡Ser Discípulos! Aprende a defender tu fe.

¡Ser Discípulos! Aprende a defender tu fe.
Un Dios castigador
Y Él les dijo: “¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Simón Pedro contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”.
Autor: André Manaranche | Fuente: Libro preguntas jóvenes a la vieja fe.

Boletín ¡Ser discípulos! Aprende a defender tu fe
Tema: Preguntas jóvenes
Fuente: Libro preguntas jóvenes a la vieja fe. Autor André Manaranche,


I. TUS PREGUNTAS SOBRE DIOS


¿UN DIOS CASTIGADOR?

Esta es la pregunta que me planteas:

«¿Cómo se puede decir que el Sida es un castigo de Dios, cuando hay niños totalmente inocentes que mueren por culpa de esta terrible enfermedad?».

Siempre es lo mismo: un Dios-explicación de una plaga contemporánea. En primer lugar, debo confiarte que estos dos últimos años ayudé a bien morir, en un hospital de París, a dos jóvenes amigos, afectados por el Sida: Frank, muerto el 18 de mayo de 1988, a los 22 años, y Martín, muerto el 22 de enero de 1988, a los 29 años de edad. También debo decirte que Martín, pensando en su caso personal, me había planteado tu misma pregunta. Evidentemente, no le traté como un maldito de Dios, sino como el hijo querido del Abba, nuestro Padre del cielo, y así, poco a poco, le fui convenciendo. Comprenderás que, si el mismo Dios hubiese enviado desde lo alto del cielo este virus terrible, para castigar a la gente, no nos iba a pedir que amásemos a los afectados en su nombre. ¡Al menos que estuviese arrepentido y quisiese reparar un mal del que se avergonzase! ¡Seamos lógicos! En ese caso no nos habría dicho: «amaros los unos a los otros», sino «apartaos de los sidosos, están malditos...».

Mi actitud contigo no será diferente a la que mantuve con mis amigos, que en paz descansen, aunque mi respuesta tratará de ser más reflexiva y profunda.

¿Quién plantea esta pregunta?

Permíteme, en primer lugar, preguntarte con qué actitud planteas esta pregunta. Porque hay dos formas de reaccionar. Por un lado está, sin duda, tu reacción, que traduce una perplejidad o, incluso, un escándalo doloroso. Y por otro lado, la del «deshacedor de entuertos», que muestra su alegría, constatando que -¡por fin!- Dios defiende su causa, sanciona enérgicamente el mal, y detiene la decadencia creando esta terrible pero benéfica disuasión. ¡Ya iba siendo hora! ¡El principio de la sabiduría es el miedo del policía... Y de la enfermedad mortal! Además, la amenaza comienza ya a dar sus frutos: aunque la permisividad moral continúe, ya no se muestra tan triunfante. A lo que algunos, más pesimistas, añaden: «es cierto, pero llega demasiado tarde; la Virgen predijo la inminencia de la catástrofe y la hora ha llegado; preparémonos para el Apocalipsis».

Ten en cuenta, además, que no es raro encontrarse con esta actitud. Después de escribir un artículo en «Familia cristiana», para restablecer la verdad, es decir, la bondad de Dios, recibí una carta indignadísima de un lector, reprochándome el haber desfigurado el verdadero rostro de Dios y haber apoyado la inmoralidad. Le respondí preguntándole sencillamente si, cuando comulgaba, recibía en la hostia el cuerpo de un .verdugo de los demás... Y el episodio me hizo recordar un pasaje de la película «Señor Vicente». Unas señoras de la alta sociedad, a las que San Vicente Paul había invitado a acoger a unos niños abandonados, le responden indignadas: «¡Dios no quiere que vivan; son los hijos del pecado!». A lo que el santo, muy serio, replicó: «Señoras, cuando Dios quiere que alguien muera por el pecado, envía a su propio hijo». ¡Qué respuesta!

¿Qué dice la Escritura?

Y, sin embargo, la idea de un Dios castigador, que a ti y a mí nos aterroriza, puede basarse en argumentos bíblicos nada despreciables. Es verdad que, desde el primer pecado (Génesis 3,14-19) hasta los de hoy (Romanos 1,18-32), el Señor castiga la rebeldía con penas diversas, de las que la peor es la muerte. Su palabra anuncia el juicio: «por haber hecho esto..., ¡OH hombre!..., te pasará esto.»

De esta forma enérgica fue tratado el pueblo de Dios, cuando se mostraba infiel, por los profetas. Así, en tiempo de los Jueces, el pueblo puede elegir entre la zanahoria o el palo. Además, en la Biblia, Dios no se contenta con dejar que el pecado dé su propio fruto automáticamente (es lo que se llama la «justicia inmanente»), sino que infringe el castigo en persona.

Pero esta táctica divina del golpe por golpe puede que funcione a nivel colectivo, pero no a nivel individual. En este segundo nivel, lejos de sancionar inmediatamente al malo, a menudo Dios le deja prosperar y pavonearse en un lujo insolente. Ya tiene papada y, mientras sigue engordando (Salmo 73,6-7), se burla de un cielo que parece sordo, ciego y manco (versículos 10-11). En cambio, el justo soporta toda clase de calamidades... ¡Realmente la justicia divina escandaliza y confunde! Es el mundo al revés. Algo de eso vivió el pobre Job ahogado por las desgracias, mientras sus amigos intentaban hacerle confesar un pecado secreto que justificase sus males. ¡Y Yahvé se contentaba con mandarle guardar silencio!

En la misma época, los profetas se ponen a proclamar que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que viva (Ezequiel 18,23). Sin aflojar su exigencia, Yahvé se muestra dispuesto al perdón y multiplica sus llamadas al arrepentimiento. El tono va cambiando: se acercan los nuevos tiempos.

El Evangelio confirma esta oferta de misericordia. Puesto en presencia del ciego de nacimiento, Jesús rechaza categóricamente la idea de un castigo personal o familiar (Juan 9,1-3). Asimismo, al hablar de la torre de Siloé, que había sepultado bajo sus escombros a dieciocho personas, evita poner en relación directa la catástrofe con un eventual pecado cometido por las victimas (Lucas 13, 4-5). Además, el Padre celestial no mira la buena o mala conciencia de los campesinos para sobre sus tierras el sol y la lluvia. En efecto, calienta y riega indistintamente a justos y pecadores sin que las nubes salten las tierras de los malos para castigarles por sus pecados también nosotros hemos de hacer lo mismo y saludar a nuestros enemigos como si fuesen amigos.

A la inversa, el Señor no cura a todos los enfermos, y cuando cura a algunos, no se trata de una recompensa, sino de un signo, y los que no son librados de su enfermedad no pueden tomárselo como un castigo. ¡Aléjate, pues, de este simplísimo que te proporciona débiles explicaciones!

¿Y el Sida?

Volvamos al Sida. Aunque a menudo vaya unido a la homosexualidad (sobre todo el principio) o la toxicomanía (por el uso de jeringuillas contaminadas), esta terrible enfermedad se transmite también por otras causas. Por ejemplo por una simple transfusión sanguínea. El personal hospitalario se arriesga permanentemente a un accidente, a pesar de las precauciones tomadas. No debes pues establecer una relación directa entre el Sida y la inmoralidad.

Por otra parte, guardándote muy mucho de imaginar un Dios vengador, entregando una especie de querrá bacteriológica contra los impuros, como los rusos en Afganistán. El Sida muestra simplemente que el hombre no puede jugar con su humanidad de una manera insensata, contraviniendo la sabiduría inscrita en la naturaleza. No se puede hacer el amor de forma cualquiera. ¡No se maltratan impunemente las mucosas ni los sentimientos! Desgracia también para los poderes públicos que, bajo el pretexto de acabar por todos los medios con esta grave amenaza, no consiguiesen más que amentar y legalizar la permisividad banalizando la distribución de preservativos. La urgencia a corto plazo no debe hacemos olvidar el problema de fondo, que no es sólo un asunto de la Iglesia, a la que, por otra parte, se acusa de intolerancia y se ridiculiza.

El asunto no es nuevo. En todas las épocas, más menos turbulentas, algunos creyentes predijeron catástrofes o atribuyeron una catástrofe presente al pecado social del momento. ¡Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos predicadores presentaron la derrota de Francia como un castigo por su laicismo! No interpretes a tu gusto los acontecimientos de este mundo, atribuyéndolos a los designios del cielo. En ese caso estarás proyectando sobre Dios tus terrores y tus violencias. Es verdad que el Sida es una tremenda amenaza ante la que no se pueden cerrar los ojos, ya que su presencia es cada vez más evidente. Se comprende también que algunos vean un juicio de Dios en una plaga de una amplitud galopante. Pero sería totalmente erróneo buscar en el Sida el horóscopo divino. Lo que Dios quiere de ti es que te armes con el coraje de la pureza y de la caridad. ¡No busques en otra parte! (1: A mediados del siglo XVI, un teólogo flamenco, Miguel Bayo, defendió que todo sufrimiento humano era el castigo del pecado original o de los pecados personales. Concluyó, además, que la Virgen Maria no era inmaculada, por lo mucho que había sufrido durante su vida, y que incluso había pecado como todo el mundo. ¡Ya ves a donde conducen las teorías! el Papa San Pío V condenó este error en 1567. Mucho antes, San Agustín había dicho que el sufrimiento funciona como un remedio más que como un castigo).

domingo, 20 de febrero de 2011

El verdadero cambio necesario que sí precisa la Iglesia

El verdadero cambio necesario que sí precisa la Iglesia
Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comunión eclesial, autenticidad, lealtad, conversión y pasión por Jesucristo, por su Iglesia y por la misión evangelizadora a favor de la humanidad
Autor: Editorial Ecclesia | Fuente: www.revistaecclesia.com

El pasado 3 de febrero un grupo de 144 teólogos alemanes, austriacos y suizos -un tercio de su actual totalidad en ejercicio- hicieron público un memorandum titulado «Iglesia 2011: Un cambio necesario Necesidad de avanzar hacia un nuevo comienzo». La supresión del celibato sacerdotal, el acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial, una mayor participación de los laicos y procesos más democráticos en las elecciones episcopales son los reclamos principales del mismo. En España, tres antiguos profesores de Teología han encabezado asimismo una campaña de recogida de firmas de adhesión al manifiesto.

¿Es este el verdadero cambio que necesita nuestra Iglesia? ¿Nuestra propia identidad cristiana y eclesial y los problemas y limitaciones pastorales con que topamos hoy día y hasta nuestros mismos pecados pasados o presentes demandan en realidad abordar cuestiones de esta naturaleza? ¿Con medidas similares han conseguido otras Iglesias y confesiones cristianas revitalizar, redinamizar y fertilizar sus comunidades o, al contrario, han sido sumidas todavía más en la crisis y en las crisis? ¿Siguiendo estas propuestas -no todas de la misma envergadura y cualificación-, seríamos más fieles al Evangelio y prestaríamos mejor servicio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? Creemos sincera, humilde y firmemente que no.

En referencia a la supuesta posibilidad y conveniencia del sacerdocio femenino, la Iglesia -repite paciente y fundamentadamente el magisterio papal de las últimas décadas- no puede dar lo que no tiene y a lo que no está legitimada. Las razones del celibato sacerdotal, de carácter disciplinar, sí, y también de amplio respaldo y cobertura espiritual, pastoral y doctrinal -al menos en cuanto a imitación y seguimiento de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y de cuyo sacerdocio participan los sacerdotes ministeriales-, son muy poderosas, fecundas y válidas. Y la mayor y mejor participación de los laicos en la vida de la Iglesia no puede ser jamás cuestión de aspiraciones en lograr simplemente por lograr poderes humanos o influencias sociales, en fomentar grupos de presión, en alcanzar cuotas estadísticas y en seguir meros eslóganes publicitarios. Y por lo respecta a los procesos de los nombramientos de los obispos, bueno será recordar que estos nunca se producen sin una amplia y detenida consulta intraeclesial, que obviamente en ningún lugar está escrito que no pueda ser de otra manera ni aún mayor o también menor a tenor de las circunstancias.

El verdadero cambio necesario que urge nuestra Iglesia pasa siempre y también ahora por el reto de la santidad, de la fidelidad, de la comunión, de la constante renovación espiritual y del ardor evangelizador. El verdadero cambio necesario es vivir de la Palabra de Dios, que encuentra en la Iglesia -como recordó días atrás en el Congreso sobre la Biblia de la CEE el teólogo y arzobispo Ladaria- el único ámbito adecuado para su interpretación como Palabra actual de Dios. El verdadero cambio que necesitamos es el del desapego iluminado desde la fe y desde la independencia ideológica ante las consignas y reclamos de la moda y de lo política, social o culturalmente correcto, que aunque pueda conllevar renuncias, son, en realidad, ofrendas libres, generosas y en positivo por la auténtica causa del Reino.

Claro que hay que escuchar y discernir los signos de los tiempos. Claro que siempre es bueno el diálogo y el encuentro. Y estos mismos signos de los tiempos y desde el diálogo y el encuentro precisos lo que se reclama de nosotros los cristianos, de nosotros miembros de la Iglesia, no son posturas acomodaticias ni posicionamientos ideologizados y trasplantados desde fuera. No son viejas y superadas polémicas, ni nuevas o larvadas divisiones o disensiones. No son posiciones lejanas y hasta contrarias al magisterio eclesial, sino todo lo contrario.

En medio de estos presentes tiempos recios de increencia y secularización, lo que reclaman los signos de los tiempos no es que nosotros también nos secularicemos y presentemos, vivamos y transmitamos un Evangelio «light» o bajo en calorías para así, supuestamente -solo supuestamente- hacerlo más atractivo y simpático, porque si la sal se vuelve sosa... Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comunión eclesial, autenticidad, lealtad, conversión y pasión por Jesucristo, por su Iglesia y por la misión evangelizadora a favor de la humanidad. Es, en suma, ser más de Dios, del Dios de Jesucristo, para así ser más y mejor de y para los hombres nuestros hermanos.
 
Compartir:
  |   Imprimir   |   En

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria 7ma. semana T.O.


Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria
  Séptima semana del Tiempo Ordinario
Del 21/2/2011 al 26/2/2011
 
Ir a: Introducción a la semana / Lunes / Martes / Miércoles / Jueves / Viernes / Sábado
Facebook Únase a nosotros en Facebook
Introducción a la semana
La liturgia nos introduce ahora en la lectura del Eclesiástico, uno de los libros sapienciales de la Biblia, es decir, en los que se refleja la sabiduría de Israel. Dicho en pocas palabras, la sabiduría es una reflexión sobre la realidad de las cosas y la experiencia humana para conducirse bien en la vida, tanto en el ámbito privado como en el público. Se centra más en el hombre y sus problemas que en Dios y en la historia de Israel. No obstante, esta reflexión se ilumina con la referencia a la creación (tal como se presenta en los primeros capítulos del Génesis, que hemos recorrido en las últimas semanas) y se enriquece al incorporar también los temas clásicos de la alianza y de la ley.
Precisamente en el Eclesiástico (así llamado en la época cristiana por su frecuente uso en la “ecclesía”, es decir, en las asambleas litúrgicas) se identifica la voz de la sabiduría con la voz de la ley, que es la palabra del Dios de la alianza. El autor de la sabiduría es Dios mismo y el principio de la sabiduría humana es “el temor del Señor”; no el miedo, sino el reconocimiento de la soberanía de Dios y la actitud de reverencia y obediencia que corresponden a la criatura.
Dentro de este marco, se subraya la confianza que genera ese temor de Dios ante las pruebas de la vida, o cómo nos acerca al Señor el amor a la sabiduría, que nos enseña a ser sencillos ante él y siempre dispuestos a la conversión, a la vez que nos permite discernir con acierto en la elección y el trato con los amigos. Todo ello se desprende de nuestra condición de criaturas de Dios, hechas a su imagen e invitadas a la alabanza de su nombre y al cumplimiento de su voluntad.
Del santoral de estos días mencionamos únicamente la fiesta de la Cátedra de san Pedro, una de las más antiguas fiestas cristianas. En ella se celebra a Pedro como cimiento de la fe y supremo pastor de la Iglesia por voluntad de Jesús (ver Mt 16, 13-19; Jn 21, 15-19). El Papa le sucede en la “presidencia de la caridad”, según la bella expresión de san Ignacio de Antioquía hablando de la autoridad del obispo de Roma.
Fray Emilio  García ÁlvarezFray Emilio García Álvarez
Convento de Santo Domingo. Caleruega (Burgos)
Enviar comentario al autor



Lunes 21/2/2011
“La Sabiduría viene del Señor”

I. Contemplamos la Palabra

Comienzo del libro del Eclesiástico 1,1-10:
Toda sabiduría viene del Señor y está con él eternamente. La arena de las playas, las gotas de la lluvia, los días de los siglos, ¿quién los contará? La altura del cielo, la anchura de la tierra, la hondura del abismo, ¿quién los rastreará? Antes que todo fue creada la sabiduría; la inteligencia y la prudencia, antes de los siglos. La raíz de la sabiduría, ¿a quién se reveló?; la destreza de sus obras, ¿quién la conoció? Uno solo es sabio, temible en extremo; está sentado en su trono. El Señor en persona la creó, la conoció y la midió, la derramó sobre todas sus obras; la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen.
Sal 92,1ab.1c-2.5 R/. El Señor reina, vestido de majestad
El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R/.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa, Señor,
por días sin término. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,14-29:
En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: «¿De qué discutís?»
Uno le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.»
Él les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?»
Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.»
Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.»
Entonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe, pero dudo; ayúdame.»
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él.»
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Él les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.»

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, una vez más me recuerdas la necesidad de la oración. Sabes lo que cuesta dejar las cosas que llenan la jornada para “estar a solas con aquel que te ama”. Con la oración no sólo conseguiré lo que creo necesitar, si es tu voluntad, sino sobre todo alcanzaré tener tus sentimientos, tus criterios, tu amistad, tu Vida.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

En las lecturas de este lunes VII del Tiempo Ordinario encontramos una idea que viene esbozada en las dos lecturas en conjunto: la sabiduría es el perfume de la experiencia de vida, bastón para levantarse tras la caída y seguir caminando. La sabiduría es la prueba de que Dios escucha el gemido de su pueblo.
En la primera lectura encontramos la primera parte de esta idea. Una de las enfermedades de nuestro tiempo es pensar que el conocimiento es sabiduría. La lectura del libro del Eclesiástico nos deja claramente esbozado que el conocimiento intelectual no es un buen suelo donde cimentar nuestra vida. En contraste, vemos que nuestro mundo se encuentra articulado en función del conocimiento: quien tiene el conocimiento tiene el poder; la gloria, la fama en nuestro mundo viene por el conocimiento. Y el conocimiento humano suele llevar anejo un pecado: la arrogancia. El conocimiento no es accesible a todos, es parcial, es injusto, se mueve sólo en el espacio del intelecto. La propuesta que nos hace el libro del Eclesiástico para sustentar la vida es en la Sabiduría. Esta, se mueve en el escenario de la vida, de lo real. Afecta a la realidad personal completa, al corazón y a la inteligencia. La sabiduría no conoce de teorías, de teoremas, de paradigmas… La sabiduría es experiencia de vida, camino recorrido, herida de caída… La sabiduría
En el Evangelio, Marcos nos narra una escena de la vida de Jesús con mucho realismo. Es plástica, muy imaginativa… todos somos capaces de hacernos una representación visual de cómo fue la escena. Me llama la atención, el diálogo que se establece entre el padre del niño poseído por el espíritu inmundo desde pequeño y Jesús. La voz del padre se convierte en la voz del hijo que sufre. El niño no puede hablar y lo hace el padre, en su nombre. El diálogo entre el padre y Jesús es una oración bellísima en forma de diálogo. La oración, la súplica del Padre es el grito humano por el sufrimiento. La oración es la voz que clama a Dios para que tenga compasión del que sufre. Y todos tenemos la experiencia de ver que unas veces Dios escucha nuestro grito y otras veces parece que nuestra voz cae en el abismo sin ser escuchada. La fe que requiere la oración no se encuentra tras ver que se ha escuchado nuestra voz y se cumple lo que hemos pedido, a modo de magia. No… La fe se requiere en el momento del grito. Fe, confianza en que Dios escucha nuestra grito y hará cumplir su voluntad no a nuestro modo, sino a su modo. El grito humano se transforma en lágrimas al no verse cumplidas las expectativas humanas… Las lágrimas son, precisamente, el signo de que Dios ha escuchado la súplica. Por ello, Jesús, ante la pregunta de sus discípulos, afirma: Esta especia sólo puede salir con oración. Esta es también la sabiduría del corazón que nos habla la primera lectura.
Fray José Rafael   Reyes GonzálezFray José Rafael Reyes González
Casa Santissima Trinità degli Spagnoli-Roma
Enviar comentario al autor



Martes 22/2/2011 Cátedra de San Pedro
“Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”

I. Contemplamos la Palabra

Primera Lectura: I Pedro 5,1-4
Queridos hermanos: A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
Sal 22,1-3.4.5.6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara, mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R/.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.
Evangelio: Mateo 16,13-19
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, tu pregunta me llega directa: Y tú ¿quién dices que soy yo? Te respondo que para mí lo eres todo, el Mesías, el Hijo de Dios, el amigo que nunca defrauda. Pero quisiera que no fueran palabras vacías. Aumenta mi fe en ti y en tu Iglesia que, desde la Cátedra de Pedro, enseña la verdad y reúne en el amor. Que se cumpla siempre tu palabra: El poder del mal no la derrotará.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  •  “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”

La enseñanza que Pedro desde su cátedra, es decir, desde su experiencia personal, nos brinda es que Jesús es “El Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Todo en él brota de esta experiencia. El encuentro con Jesús le cambió la vida. Fue otro hombre antes y después de conocer a Jesús. Y ésta su experiencia gozosa es la que trató de contagiar a todas las personas a las que se dirigió, principalmente después de la muerte y resurrección de Jesús, después de “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificará mi iglesia” y del encargo recibido de “id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.
A sus sucesores, “como pastores del rebaño de Dios”, les exhorta a que sean pastores como lo fue Cristo Jesús y que constantemente se miren en este modelo. Nada de gobernarlo “a la fuerza… como déspotas… esperando sórdida ganancia”, sino siguiendo siempre los pasos y los modos del “Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Jesús, el Hijo de Dios, no deja de sorprendernos. Ningún consejo de administración de una gran empresa hubiese puesto al frente de ella a Pedro, el pescador de Galilea. Sin embargo, Jesús le pone al frente de su comunidad, de su iglesia, porque Pedro ha reconocido su debilidad, la he confesado, ha reconocido a Jesús como el Hijo de Dios, ha reconocido que sin Él no puede hacer nada y confía plenamente en la asistencia amorosa de Jesús en su corazón y en toda la comunidad de sus seguidores. “El Señor dice a Simón Pedro: Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos”.
Fray Manuel Santos  SánchezFray Manuel Santos Sánchez
La Virgen del Camino
Enviar comentario al autor



Miércoles 23/2/2011
“El que no está contra nosotros está a favor nuestro”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 4,12-22:
La sabiduría instruye a sus hijos, estimula a los que la comprenden. Los que la aman aman la vida, los que la buscan alcanzan el favor del Señor; los que la retienen consiguen gloria del Señor, el Señor bendecirá su morada; los que la sirven sirven al Santo, Dios ama a los que la aman. Quien me escucha juzgará rectamente, quien me hace caso habitará en mis atrios; disimulada caminaré con él, comenzaré probándolo con tentaciones; cuando su corazón se entregue a mí, volveré a él para guiarlo y revelarle mis secretos; pero, si se desvía, lo rechazaré y lo encerraré en la prisión; si se aparte de mí, lo arrojaré y lo entregaré a la ruina.
Sal 118,165.168.171.172.174.175 R/. Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor
Mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace tropezar. R/.

Guardo tus decretos,
y tú tienes presentes mis caminos. R/.

De mis labios brota la alabanza,
porque me enseñaste tus leyes. R/.

Mi lengua canta tu fidelidad,
porque todos tus preceptos son justos. R/.

Ansío tu salvación, Señor;
tu voluntad es mi delicia. R/.

Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me auxilien. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,38-40:
En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.»
Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.»

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, frente a la mezquindad de miras que cierra las puertas de mi corazón a quienes no coinciden conmigo, está la apertura de tu amor y de tu salvación a todos los hombres. Que mi egoísmo no sea nunca obstáculo para que otros puedan conocerte y ser felices. “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Te pido por los amigos y por los enemigos.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • “Los que buscan la Sabiduría alcanzan el favor de Dios”

Poseer la sabiduría, es saborear las cosas de Dios.
El Sirácida se caracteriza por personificar la Sabiduría. Sus hijos son los que la buscan ellos se llenarán de alegría y hallarán la gloria. A veces, a través de dificultades, Dios, comienza provocando a sus discípulos, pero volverá por el recto camino y encontrarán la felicidad
La Sabiduría de Dios es reconocida, y vivida por los que aceptan su obra y aman la vida. Ella les instruye y estimula para que alcancen el favor de Dios.
El texto, sigue enumerando una serie de bienes para cuantos se esfuerzan por alcanzarla y procuran vivir de acuerdo a la misma.
Pidamos que el Espíritu Santo nos llene de su Sabiduría, que seamos guiados por Ella para entender, vivir y saborear lo que Dios nos revela.
  • “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”

Esta fue la respuesta de Jesús a su discípulo Juan, que, llevado por un celo mal entendido, quería impedir que otros actuaran en nombre de Jesús.
La gracia es don y este lo da Dios a quien quiere. No podemos oponernos a la acción de aquellas personas que trabajan con entusiasmo por la extensión del Reino, aunque no pertenezcan a ningún grupo eclesial establecido, habrá que observar si su enseñanza y trabajo, es verdadero anuncio del Reino, tal como nos enseñó Cristo, visto esto, dejarles libertad de acción.
A veces somos tan celosos, que apagamos el entusiasmo de quien verdaderamente quiere anunciar el Reino con la Palabra o con la vida.
¿Tenemos miedo de que nos lleven la delantera?
Estar con Cristo es buscar y propagar el Reino en su doble dimensión de amor a Dios y a los hermanos. Acojamos a cuantos quieren trabajar por él.
Hna. María Pilar  Garrúes El CidHna. María Pilar Garrúes El Cid
Misionera Dominica del Rosario
Enviar comentario al autor



Jueves 24/2/2011
“Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 5,1-10:
No confíes en tus riquezas ni digas: «Soy poderoso»; no confíes en tus fuerzas para seguir tus caprichos; no sigas tus antojos y condiciones ni camines según tus pasiones. No digas: «¿Quién me podrá?», porque el Señor te exigirá cuentas; no digas: «He pecado, y nada malo me ha sucedido» porque él es un Dios paciente; no digas:«El Señor es compasivo y borrará todas mis culpas.» No te fíes de su perdón para añadir culpas a culpas, pensando: «Es grande su compasión y perdonará mis muchas culpas»; porque tiene compasión y cólera, y su ira recae sobre los malvados. No tardes en volverte a él ni des largas de una día para otro; porque su furor brota de repente, y el día de la venganza perecerás. No confíes en riquezas injustas, que no te servirán el día de su ira.
Sal 1 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Sera como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,41-50:
En aquel tiempo,, dijo Jesús a sus discípulos: «El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hacer caer, córtatelo; más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo; más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la salva se vuelve sosa, ¿con qué la sazonaréis? Que no falte entre vosotros la sal, y vivid en paz unos con otros.»

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, tu palabra de hoy llega directa y tajante a mi corazón: tengo que odiar todo lo que me aparta de ti y alejarme de lo que me hace caer en el pecado. Así, en lugar de ser motivo de escándalo, con tu gracia podré ser testigo de tu amor y servirte en los hombres, mis hermanos, estén en la Iglesia o alejados de ti.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

Si fuéramos ángeles o santos no necesitaríamos los consejos del “sabio” del Eclesiástico. Pero somos humanos, con posibilidad de equivocarnos en el discernimiento y en la ejecución. Por eso necesitamos esos sabios consejos.
En el Evangelio se nos habla hoy de detalles. Unos positivos que debemos imitar; otros, negativos que, como cristianos, tenemos que eliminar.
  • Porque Dios es misericordioso, sed sabios

En el Antiguo Testamento, en el Libro de la Sabiduría, ya se nos dice que Dios es misericordioso. Pero, al mismo tiempo, el “sabio” nos dice que seamos cautos. Que podemos y debemos apoyarnos en la misericordia para obrar el bien con confianza y con alegría, con sabiduría. Pero que no obremos el mal, fiados en la misericordia, como si a Dios, por su bondad, le diera igual nuestro comportamiento. Al hombre se le pide que obre el bien, pudiendo, porque es libre, hacer lo contrario. De esa forma podrá ir por la vida tranquilo, confiado no en sus obras, sino en la misericordia de Dios. Esa es la coherencia, honradez y sabiduría que se nos pide.
  • Importancia de los gestos. Marcan toda la diferencia

Según el relato evangélico de hoy, los seguidores de Jesús tendríamos que intentar parecernos a él en el ejercicio y práctica de algunos gestos positivos y por el vacío y carencia de otros negativos.
En cuanto a los primeros, se nos habla del servicio, algo que Jesús hizo hasta la saciedad: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20,28). Hoy se nos pide que lleguemos al detalle de dar un vaso de agua a quien pudiera necesitarlo, y no sólo por motivos altruistas –que ya sería mucho- sino viendo en el otro al mismo Cristo. Se nos pide también ser sal en el entorno donde nos toque vivir. Sazonar, construir, edificar, conservar lo bueno. Y que vivamos en paz unos con otros, para lo cual tendremos que empezar teniendo paz con Dios y con nosotros mismos para, siendo pacíficos, poder pacificar.
Pero se hace más hincapié en el texto evangélico en el aspecto negativo, en concreto, en el escándalo. Y se usan los términos más duros y contundentes contra los que escandalizaren “a uno de estos pequeñuelos que creen”, a cualquier persona sencilla y buena, niños y adultos, cuya inocencia y bondad habría que cuidar y fomentar con el mayor esmero. Llegar a escandalizar a estas personas es un “crimen”: “más les valdría que les echasen al fondo del mar”. La delicadeza en este campo debe llegar, según el Evangelio, a cuidar sobremanera todo aquello –manos, pies, ojos- que pudiera escandalizar, hacer daño, no ya sólo a los demás, sino ni siquiera a nosotros mismos.
Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
Enviar comentario al autor



Viernes 25/2/2011
"Son los dos una sola carne".

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 6,5-7:
Una voz suave aumenta los amigos, unos labios amables aumentan los saludos. Sean muchos los que te saludan, pero confidente, uno entre mil; si adquieres un amigo, hazlo con tiento, no te fíes en seguida de él; porque hay amigos de un momento que no duran en tiempo de peligro; hay amigos que se vuelven enemigos y te afrentan descubriendo tus riñas; hay amigos que acompañan en la mesa y no aparecen a la hora de la desgracia; cuando te va bien, están contigo, cuando te va mal, huyen de ti; si te alcanza la desgracia, cambian de actitud y se esconden de tu vista. Apártate de tu enemigo y sé cauto con tu amigo. Al amigo fiel tenlo por amigo, el que lo encuentra, encuentra un tesoro; un amigo fiel no tiene precio ni se puede pagar su valor; un amigo fiel es un talismán, el que teme a Dios lo alcanza; su camarada será como él, y sus acciones como su fama.
Sal 118,12.16.18.27.34.35 R/. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos
Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes. R/.

Tu voluntad es mi delicia,
no olvidaré tus palabras. R/.

Ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad. R/.

Instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas. R/.

Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón. R/.

Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,1-12:
En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba.
Se acercaron unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?»
Contestaron: «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»
Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne." De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, tu palabra es tajante y no admite dudas sobre la santidad e indisolubilidad del matrimonio. Hoy quiero pedirte por tantos matrimonios cuyo amor se enfría y cuya unidad se resquebraja. Tú puedes convertir el agua de sus egoísmos en el mejor vino de tu amor: por ese amor tú das la vida por ta esposa, que es la Iglesia.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

  • Quien ha encontrado un amigo, ha encontrado un tesoro

El Eclesiástico nos describe hoy una de las relaciones humanas más plenificantes que podemos tener en nuestra vida: la amistad. En ocasiones llega incluso a ser un vínculo más fuerte que los propios lazos familiares. Y también es una relación que hace sufrir enormemente cuando se corrompe y desvirtúa.
Desde que Dios se hizo hombre en Jesucristo, ninguna realidad humana le es ajena. Tampoco la amistad. Jesús dijo: “A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Llegó a una intimidad tal que no se reservó nada para sí. Y también sufrió las consecuencias del abandono y traición de sus amigos. Hoy nosotros somos también los amigos de Jesús.
Un “plus” en la relación de amistad es el vínculo espiritual de los amigos. Muchos ejemplos en la historia de los santos nos hablan de amistades espirituales, en las que se comparte también la cercanía con el Señor, y el enriquecimiento mutuo puede llegar a límites insospechados de intimidad.
  • Son los dos una sola carne.

La realidad del matrimonio y la familia es tan antigua como el ser humano. Y Yahveh dio a Moisés normas y leyes para regularla. Jesús, ante una pregunta con ánimo de comprobar si su enseñanza se ajustaba a los cánones del judaísmo más ortodoxo, se remonta no ya a Moisés, sino “al principio”, es decir, al momento de la Creación, antes del pecado de Adán y Eva. Cuando el hombre y la mujer vivían en plena comunión entre ellos y con Dios; cuando Yahveh paseaba con ellos por el jardín del Edén a la hora de la brisa.
Jesús “no ha venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud”. Su máxima aspiración es la felicidad del hombre, no su sufrimiento. Precisamente por esto murió en la cruz y resucitó. Y desde ese momento, hace nuevas todas las cosas, y es posible, de nuevo que el hombre y la mujer puedan entregarse mutuamente en total donación, sin reservas; que vuelvan a ser “una sola carne”. Esta nueva relación sólo será posible si entre ellos está el Espíritu Santo, el Amor de Dios. Por lo que ya no sólo serán dos, sino TRES; y estarán unidos por Cristo, con Cristo y en Cristo. No en sus fuerzas, sino con las de Dios, por la gracia del sacramento, para dar testimonio de la Nueva Creación.
MM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la PiedadMM. Dominicas Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad
Palencia
Enviar comentario al autor



Sábado 26/2/2011
“De los que son como ellos es el reino de Dios”

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico 17,1-13:
El Señor formó al hombre de tierra y le hizo volver de nuevo a ella; le concedió un plazo de días contados y le dio dominio sobre la tierra; lo revistió de un poder como el suyo y lo hizo a su propia imagen; impuso su temor a todo viviente, para que dominara a bestias y aves. Les formó boca y lengua y ojos y oídos y mente para entender; los colmó de inteligencia y sabiduría y les enseñó el bien y el mal; les mostró sus maravillas, para que se fijaran en ellas, para que alaben el santo nombre y cuenten sus grandes hazañas. Les concedió inteligencia y en herencia una ley que da vida; hizo con ellos alianza eterna, enseñándoles sus mandamientos. Sus ojos vieron la grandeza de su gloria, y sus oídos oyeron la majestad de su voz. Les ordenó abstenerse de toda idolatría y les dio preceptos acerca del prójimo. Sus caminos están siempre en su presencia, no se ocultan a sus ojos.
Sal 102,13-14.15-16.17-18a R/. La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos de barro. R/.

Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla. R/.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R/.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,13-16:
En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

II. Oramos con la Palabra

SEÑOR, qué poco significaba un niño en tu tiempo. Y, sin embargo, para ti son los más importantes: los abrazas, los bendices, les impones las manos. Y me dices claramente que, si quiero entrar en tu reino, tengo que aceptar tu Evangelio, anuncio del reino de Dios, con la sencillez y la pureza de un niño.
Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de EDIBESA.

III. Compartimos la Palabra

 

Oferta del día:
Amor y Vida gratis
Razón: Dios Padre-Madre

¿Qué tendrá la palabra gratis que a todos nos gusta?

No hace mucho un anuncio se presentaba con esta frase. Y es cierto. No vamos a explicar lo que cuesta todo, ni vamos a hacer referencia a lo caro que está esto o aquello. Más bien vamos a reflexionar sobre el concepto gratis.
Si alguien toca a la puerta de su casa ofreciéndole cualquier cosa gratis, seguro que piensa que tiene truco, que algo va a tener que comprar a cambio. Formamos parte de la cultura del “te doy a cambio de…”
Sin embargo, en la primera lectura nos encontramos con un gesto que nace del Amor, de la gratuidad, de la auténtica, la que no busca nada a cambio. Dios Padre-Madre crea al ser humano por Amor, pero no sólo lo crea, le da dones: boca, ojos, inteligencia, sabiduría… y además le dio una ley, una clave, que acompañada de la sabiduría entregada se convierte en una clave de sentido: deseo de Felicidad y capacidad para buscarla; deseo de Amor y capacidad para sentirlo; deseo de Vida y capacidad para disfrutarla.
Todo esto con un detalle que no nos puede pasar desapercibido: hace al ser humano a su propia imagen, es decir, como Dios: BUENO. Cuando el mundo, la sociedad se pregunta dónde están las raíces del Ser Humano, nosotros desde la fe solo podemos contestar: en Dios, pero podemos decirlo de muchas maneras: en el Amor, en la Bondad.
El problema es incluso que los cristianos y cristianas hemos olvidado este episodio de amor de nuestras vidas y parece que somos más descendientes del pecado que de la gracia. Podríamos decir que nos hemos convertido en anoréxicos en la fe, cuanta más gracia recibimos más pecadores nos empeñamos en vernos. ¿Acaso no traicionamos nuestra esencia si no vemos el Amor del que venimos y con el que se nos creó?
Pero claro, hay que ser muy ingenuo, infantil, ignorante, o ciego para afirmar que nuestro origen está en el Amor, en la Bondad, viendo lo que nos rodea, la injusticia, la violencia, la necesidad de tener más, la necesidad de poder, nuestras propias limitaciones. Definitivamente, hay que ser muy ciego… o muy infante.
Quizá hace algunos años en nuestra comunidad lo entendíamos, o lo teorizábamos. Pero en la actualidad, que gozamos de la dicha de contar con criaturas corriendo y jugando a nuestro alrededor, podemos ver con más claridad lo que implica ser infante, lo que es crecer y vivir desde la confianza y el amor.
Nuestros hermanos y hermanas no solo han transmitido vida, lo han hecho desde el amor, desde su inicio hasta el momento presente, y es el don más grande que como comunidad sentimos, ver que crecen en el Amor y no en el sufrimiento.
Confían, descansan, disfrutan, ríen porque alguien vela por su seguridad, alguien desea profundamente, sin límites, que sean felices. Y no por nada a cambio, por puro Amor y Gratuidad.
Vivir desde esta experiencia quizá no sea el pasaporte al Reino de Dios, quizá sea el mismo Reino de Dios.
Comunidad El Levantazo Comunidad El Levantazo
CPJA - Valencia
Enviar comentario