¿Año Sacerdotal? ¿De qué se trata?
Nuestro Papa –Benedicto XVI – ha proclamado un año Sacerdotal desde el 19 de de junio de 2009 –fiesta litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús- hasta el 19 de junio de 2010
La ocasión son los 150 años de la muerte de san Juan María Vianney,(1786 -1859), Cura de Ars, un pequeñísimo pueblito de Francia. Este sencillo párroco rural no especialmente docto, no hizo nada “extraordinario”; se dedicó a ser cura “cien por cien”. La Iglesia lo proclamó patrono de los párrocos.
Al dedicarles este año especial el Papa quiere alentar a los sacerdotes a reflexionar sobre el particular don que el Señor les ha regalado: el sacerdocio.
El sacerdote –por el sacramento del Orden Sagrado –es una “nueva criatura”, está configurado con Cristo, Cabeza del Cuerpo Místico, en cuyo nombre actúa; es “otro Cristo”.
Esta realidad sobrenatural reclama en el ordenado un “nuevo estilo de vida”, el que inauguró Jesús e hicieron suyo los Apóstoles. El sacerdote está comprometido de una manera especial a buscar la perfección moral y la santidad.
Así ocurre con la inmensa mayoría de los sacerdotes, en el marco de las limitaciones y fragilidades propias de todo ser humano. Esa mayoría que no son “noticia”: la “noticia” –bien lo sabe el periodismo- no es repetir que la oveja es blanca, sino descubrir que apareció “una oveja negra”…
Sin “idealizar” su figura, los fieles sabemos que la inmensa mayoría de sacerdotes están empeñados en su misión, consumiendo su total existencia en el servicio al pueblo de Dios. Por eso la Iglesia se siente orgullosa de sus sacerdotes esparcidos por el mundo. Y los fieles sensatos no nos dejamos impresionar por la morbosa explotación que los críticos de la Iglesia Católica hacen de los escándalos que, lamentablemente, producen algunos sacerdotes. Más bien, debemos proclamar con firmeza la importancia de su presencia en la Iglesia y en la sociedad.
El Año Sacerdotal quiere alentar al sacerdote a profundizar su identidad y misión, a ser más fiel a su don, a vivirlo con alegría y a perseguir con ahínco la perfección moral y la santidad.
Pero este “hombre de Dios” (1ªTim. 6, 11) no es una “isla”: es sacerdote en y para una comunidad a la que sirve en los más variados aspectos de la evangelización, la liturgia y la caridad.
En consecuencia, el Año Sacerdotal no se circunscribe a los sacerdotes; involucra a todos los fieles y a cada comunidad en particular.
¡Qué fácil es decir que “necesitamos sacerdotes santos”! Los laicos somos tanto más exigentes con nuestros sacerdotes cuanto más condescendientes somos con nuestras propias debilidades. Por eso más que servir de “megáfono” de defectos y miserias ajenas, los fieles debemos preguntarnos que hacemos por aportar “algo” a la solución: ¿Rezamos por nuestros sacerdotes? ¿Les ofrecemos colaboración? ¿Nos interesamos por sus necesidades materiales? ¿Los acompañamos con nuestro interés y comprensión? ¿Tenemos en cuenta el lado “humano” del sacerdote, que también él pudo haber dormido mal esa noche, estar agotado, desalentado?
Como puede verse, además de ser un año de reflexión y recogimiento para los sacerdotes, de búsqueda de su identidad y misión, de vuelta a lo esencial, es también un año sacerdotal para toda la Iglesia, es decir para todos los bautizados. Todos debemos colaborar, de una u otra manera, para impulsar esta institución, querida por el mismo Jesucristo, donde se entrelazan misteriosamente la grandeza divina y la fragilidad humana.
El Año Sacerdotal, entre otras propuestas a nivel diocesano y parroquial, debe ser un año de oración de los sacerdotes, con los sacerdotes y por los sacerdotes
Arnaldo Cifelli
1ª Tes. 5, 21
Escuela de Ministerios y Diaconado Permanente "Pablo VI" y Diáconos Permanentes de la Diócesis de San Justo, provincia de Buenos Aires, Argentina. Noticias, comentarios, recursos e informaciones varias del quehacer pastoral.
miércoles, 9 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
domingo, 30 de mayo de 2010
Homilia para Corpus Christi 6-6-2010
Corpus Christi (6-6-2010)
Tiempo Ordinario
"Dadles vosotros de comer"
Ir a: Introducción - Comentario bíblico - Pautas para la homilía
Introducción
Tras el Ciclo Pascual, la liturgia nos conduce hacia dos solemnidades con solera: la Trinidad y el Corpus. La primera nos hace celebrar el misterio del Dios cristiano, Uno y Trino. La segunda, la que estamos introduciendo, es de tenor Eucarístico: desea que el Pueblo de Dios tome conciencia del significado de la presencia de Jesucristo en la misa. Lejos de las controversias teológicas de un tiempo, origen de la fiesta, y de las proyecciones catequéticas-visuales posteriores frente a interpretaciones unilaterales de esta presencia, el Corpus es una oportunidad para captar todas las dimensiones del estar dinámico y transformador de Jesucristo en la celebración cristina por excelencia. Esta presencia, además, tiene una clara finalidad: la comunión personal y comunitaria de Cristo con los suyos. Para ello, el Señor, por medio del Espíritu, transforma la realidad del pan y del vino. La comunión real y sacramental, así propiciada, alcanza su objetivo último, trasformar a la comunidad que celebra en aquel a quien recibe. De este modo, La Comunidad que celebra, hecha cuerpo de Cristo por el banquete eucarístico, queda edificada y renovada en su ser y lanzada en su misión evangelizadora. Todo un proyecto cristiano.
Ver la presentación animada de las lecturas
Comentario bíblico
Iª Lectura: Génesis (14,18-20): Un culto sencillo y original
I.1. Todos los textos ancestrales de AT tienen algo especial en la tradiciones de Israel, hasta el punto de poder considerar que un texto como el de Melquisedec podría ser una campaña militar, antigua, en la que se ha querido ver que los grandes, en este caso el rey de Salem, también ha querido ponerse a los pies del padre del pueblo, de Abrahán. Con los gestos del pan y el vino que se ofrecen, las cosas más naturales de la tierra, el rey misterioso le otorga a Abrahán un rango sagrado, casi de rey-sacerdote. Será en este sentido cómo la carta a los Hebreos c. 7,1-10 se permitirá hacer una lectura nueva de Jesucristo, de su sacerdocio no-dinástico, absolutamente distinto y original, que no tiene parangón como el sacerdocio ministerial. En el mismo sentido lo había ya intuido el Sal 110,4. Se ha discutido mucho sobre quién es este personaje, incluso tenemos un texto en Qumrán (11Q) que lo ve como un ser celeste.
I.2. El valor, pues, de nuestro texto es que sirve como plataforma teológica para un sentido nuevo y una actualización de la religión inaugurada por la vida de Cristo. El hecho de que en esa ofrenda de Melquisedec no se usen animales, sino las cosas sencillas de la tierra, apunta a una dimensión ecológica y personalista. Jesús, antes de morir, ofrecerá su vida ¡tal como suena! en un poco de pan y en un poco de vino. No hacía falta más que la intención misma de entregarse, de donarse, de “pro-existir” para los demás. Con ello se alza una protesta radical contra un culto de sacrificios de animales que no lleva a ninguna parte. Es la vida de Dios y de los hombres la que tiene que estar en comunión. El ser humano se fascina ante lo divino y deja de ser humano muchas veces, pero la “comunión vital” entre Dios y la humanidad no tiene por qué esclavizarnos a un culto externo y a veces inhumano. Porque lo que es inhumano, es antidivino.
I.3. En realidad es todo el texto de Heb 7 el que puede generar una lectura interesante en una fiesta como hoy. Quizás muchos hubieran preferido otro texto para esta fiesta. Pero debemos reconocer que la intención de la elección litúrgica del mismo se explica porque el gesto de Melquisedec es como un signo anticipado de los gestos del pan y el vino de Jesús en la última cena con sus discípulos. Se ha hablado que la intención del autor de la carta a los Hebreos era mostrar que el sacerdocio de Cristo, a imagen de Melquisedec, logra una verdadera “téléiôsis”, que se puede traducir de muchas formas, como “perfección” o incluso como “transformación”. Preferimos esto último, porque Jesús, con su vida, con sus palabra, con sus gestos, transforma una religión de culto sacrificial de animales, en una verdadera donación de vida, para introducirnos en la vida misma de Dios.
IIª Lectura: Primera Corintios (11,23-26): La tradición del Señor es vida
II.1. El cristianismo primitivo tuvo que hacerse “recibiendo” tradiciones del Señor. Pablo, que no lo conoció personalmente, le da mucha importancia a unas pocas que ha recibido. Y una de esas tradiciones son las palabras y los gestos de la última cena. Porque el apóstol sabía lo que el Vaticano II decía, que “la Iglesia se realiza en la Eucaristía”. Todos debemos reconocer que aquella noche marcaría para siempre a los suyos. Cuando la Iglesia intentaba un camino de identidad distinto del judaísmo, serán esos gestos y esas palabras las que le ofrecerá la oportunidad de cristalizar en el misterio de comunión con su Señor y su Dios. Esta tradición “recibida”, según la mayoría de los especialistas, pertenece a Antioquía (como en Lc 22,19-20), donde los seguidores de Jesús “recibieron” por primera vez el nombre de “cristianos”. Un poco distinta es la de Jerusalén (Mc y Mt).
II.2. Los gestos del Señor Jesús eran los que se hacían en cualquier comida judía; incluso si fue un cena pascual, lo que se hacía en aquella fiesta de recuerdo impresionante. Pero lo importante son las “palabras” y el sentido que Jesús pone en los gestos. Jesús, en la noche “en que iba a ser entregado”, se “entregó” él a los suyos. El término es elocuente. En los relatos de la pasión aparece frecuentemente este “entregar”. No obstante lo verdaderamente interesante es que antes de que lo entregaran a la muerte y le quitaran la vida, él la ofreció, la entregó, la donó a los suyos en el pan y en el vino, de la forma más sencilla y asombrosa que se podía alguien imaginar.
II.3. ¿Por qué se ha proclamar la muerte del Señor hasta su vuelta? ¿Para recordar la ignominia y la violencia de su muerte? ¿Para resaltar la dimensión sacrificial de nuestra redención? ¿Para que no se olvide lo que le ha costado a Jesús la liberación de la humanidad? Muchas cosas, con los matices pertinentes, se deben considerar al respecto. Tienen el valor de la memoria “zikarón” que es un elemento antropológico imprescindible de nuestra propia historia. No hacer memoria, significa no tener historia. Y la Iglesia sabe que “nace” de la muerte de Jesús y de su resurrección. No es simplemente memoria de un muerto o de una muerte ignominiosa, o de un sacrificio terrible. Es “memoria” (zikarón) de vida, de entrega, de amor consumado, de acción profética que se adelanta al juicio y a la condena a muerte de las autoridades; es memoria de su vida entera que entrega en aquella noche con aquellos signos proféticos sin media. Precisamente para que no se busque la vida allí donde solamente hay muerte y condena. Es, por otra parte y sobre todo, memoria de resurrección, porque quien se dona en la Eucaristía de la Iglesia, no es un muerto, ni repite su muerte gestualmente, sino el Resucitado.
Evangelio: Lucas (9, 11-17): La Eucaristía, experiencia del Reino de Dios
III.1. Lucas ha presentado la multiplicación de los panes como una Eucaristía. En este sentido podemos hablar que este gesto milagroso de Jesús ya no se explica, ni se entiende, desde ciertos parámetros de lo mágico o de lo extraordinario. Los cinco verbos del v. 16: “tomar, alzar los ojos, bendecir, partir y dar”, denotan el tipo de lectura que ha ofrecido a su comunidad el redactor del evangelio de Lucas. Quiere decir algo así: no se queden solamente con que Jesús hizo un milagro, algo extraordinario que rompía las leyes de la naturaleza (solamente tenían cinco panes y dos peces y eran cinco mil personas). Por tanto, ya tenemos una primera aproximación. Por otra parte, es muy elocuente cómo se introduce nuestro relato: los acogía, les hablaba del Reino de Dios y los curaba de sus males (v.11). E inmediatamente se desencadena nuestra narración. Por tanto la “eucaristía” debe tener esta dimensión: acogida, experiencia del Reino de Dios y curación de nuestra vida.
III.2. Sabemos que el relato de la multiplicación de los panes tiene variantes muy señaladas en la tradición evangélica: (dos veces en Mateo: 14,13-21;15,32-39); (dos en Marcos: 6,30-44; 8,1-10); (una en Juan, 6,1-13) y nuestro relato. Se ha escogido, sin duda, para la fiesta del Corpus en este ciclo por ese carácter eucarístico que Lucas nos ofrece. Incluso se apunta a que todo ocurre cuando el día declinaba, como en el caso de los discípulos de Emaús (24,29) que terminó con aquella cena prodigiosa en la que Jesús resucitado realiza los gestos de la última Cena y desaparece. Pero apuntemos otras cosas. Jesús exige a los discípulos que “ellos les den de comer”; son palabras para provocar, sin duda, y para enseñar también. El relato, pues, tiene de pedagógico tanto como de maravilloso.
III.3. La Eucaristía: acogida, experiencia del Reino y curación de nuestra vida. Deberíamos centrar la explicación de nuestro texto en ese sumario introductorio (v. 11), que Lucas se ha permitido anteponer a la descripción de la tradición que ha recibido sobre una multiplicación de los panes. Si la Eucaristía de la comunidad cristiana no es un misterio de “acogida”, entonces no haremos lo que hacía Jesús. Muchas personas necesitan la “eucaristía” como misterio de acogida de sus búsquedas, de sus frustraciones, de sus anhelos espirituales. No debe ser, pues, la “eucaristía” la experiencia de una élite de perfectos o de santos. Si fuera así muchas se quedarían fuera para siempre. También debe ser “experiencia del Reino”; el Reino anunciado por Jesús es el Reino del Padre de la misericordia y, por tanto, debe ser experiencia de su Padre y nuestro Padre, de su Dios y nuestro Dios. Y, finalmente, “curación” de nuestra vida, es decir, experiencia de gracia, de encuentro de fraternidad y de armonía. Muchos vienen a la eucaristía buscando su “curación” y la Iglesia debe ofrecérsela, según el mandato mismo de Jesús a los suyos, en el relato: “dadles vosotros de comer”.
III.4. Son posible, desde luego, otras lecturas de nuestro texto de hoy. No olvidemos que en el sustrato del mismo se han visto vínculos con la experiencia del desierto y el maná (Ex 16) o del profeta Eliseo y sus discípulos (2Re 4,42-44). Y además se ha visto como un signo de los tiempos mesiánicos en que Dios ha de dar a su pueblo la saciedad de los dones verdaderos (cf Ex 16,12; Sal 22,27; 78,29; 132, 15; Jr 31,14). De ahí que nos sea permitido no esclavizarse únicamente a un tipo de lectura exclusivamente cultual envejecida. El Oficio de la liturgia del Corpus que, en gran parte, es obra de Sto. Tomás de Aquino, nos ofrece la posibilidad de tener presente estos aspectos y otros más relevantes si cabe. La Eucaristía, sacramento de Cuerpo y la Sangre de Señor, debe ser experiencia donde lo viejo es superado. Por eso, la Iglesia debe renovarse verdaderamente en el misterio de la Eucaristía, donde la primitiva comunidad cristiana encontró fuerzas para ir rompiendo con el judaísmo y encontrar su identidad futura.
Fray Miguel de Burgos NúñezFray Miguel de Burgos Núñez
Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura
Pautas para la homilía
La frase de Jesús dirigida a sus discípulos en el evangelio de hoy, “dadles vosotros de comer”, además de sobrecoger por la responsabilidad que implica, centra muy bien el tema de la solemnidad del día del Corpus: la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Jesús confía abiertamente a los suyos la tarea de alimentar a la gente, aunque el relato lucano de la multiplicación deja muy claro que el alimento que sacia el hambre de la multitud brota de la acción generosa y sorprendente del Señor. Con todo, al final, el pan multiplicado, tal y como deseaba Jesús, llega a la gente distribuido por medio de los discípulos.
Hambre y pan. Necesidad y satisfacción. Acción de Dios y acción humana. Acción de Cristo y acción de la Iglesia se avanzan como claves para entender el evangelio de la multiplicación y adentrarse en la fiesta del Corpus.
A la luz de la revelación bíblica, sobre todo cuando se considera el acontecimiento de la encarnación, se vislumbra nítidamente que los cristianos no somos ni dualistas, ni demagogos. El ser humano está constituido por una unidad psicosomática en la que, aunque podamos distinguir lo corpóreo y lo espiritual, en modo alguno se han de separar. La acción salvífica que Jesús hizo presente con su palabra y su actuación se refiere siempre a la totalidad de lo que es la persona humana. El Maestro de Nazaret, como sabemos, buscaba sanar al hombre entero, sin reduccionismos de ningún tipo. Según esto, y regresando a nuestro evangelio, no sería correcto hacer de la multiplicación de los panes una lectura espiritualista que presentara el pan como un alimento celeste para el alma desencarnada de la gente; en la misma línea, tampoco haría justicia a la verdad considerar este relato desde una perspectiva meramente social o política. Más bien, lo adecuado sería descubrir y enseñar la armonía de ambas posibilidades, puesto que tan solo el alimento que nutre la integridad de lo que es el ser humano puede salvar y madurar a la persona. Expresado de otra forma, la acción pastoral correcta que se deduce del pasaje de Lucas que comentamos, derivada en lo concreto de la palabra de Jesús “dadles de vosotros de comer” y de la distribución del pan a la gente por parte de los discípulos tras la acción del Señor, es aquella que atienda, simultáneamente, el hambre física y el hambre espiritual de la gente. La corrección fraterna que Pablo dirige a los cristianos de Corinto en torno a su peculiar y sangrante manera de celebrar la Cena del Señor, (corrección que provoca el recuerdo del relato de la institución, que recibiera y transmitiera, 2º lectura) es nítido y muy oportuno: la injusticia en el pan material es incompatible con el sentido de la eucaristía cristiana.
Avanzando en la misma línea, en la medida en que el evangelio de la multiplicación tiene un sentido eucarístico, y que, por eso, es propuesto por la Iglesia para iluminar la celebración del Corpus, es lícito subrayar la idea de que la presencia eucarística de Cristo, real y sacramental, presencia humanizante y salvadora, persigue la comunión vivificadora y salvadora con la integridad de lo que es la persona. Por consiguiente, el pan y el vino eucarísticos, convertidos en Jesucristo, tal y como el Corpus pone de relieve, son un alimento que nutre y sacia la totalidad de lo que somos los humanos. En suma, sólo Jesucristo, hombre y Dios, pan de vida, puede colmar satisfactoriamente las hambres y las necesidades de las personas.
Lo que enseña la teología eucarística a este respecto nos puede resultar de ayuda. La presencia de Cristo en la eucaristía es una presencia real y total de Cristo, pero siempre en el sacramento, en los signos. En esta presencia, la realidad transformada de las especies del banquete no destruye para nada el aspecto de alimento físico y humano del pan y el vino, al contrario, la permanencia de la materialidad de los elementos, más bien, propicia y expresa la nueva dimensión del alimento del que Jesucristo se apropia. En este alimento, lo material y mundano, lo humano, lo espiritual y trascendente se reconcilian misteriosamente. La totalidad de Jesucristo, pues, acontece en la mediación sacramental, sumándose el sentido de alimento espiritual al físico y antropológico para, a la postre, llegar a ser el verdadero alimento que hace presente, y al mismo tiempo conduce, a la vida eterna.
Además no hemos de olvidar otro dato. La presencia de Cristo en la eucaristía tiene una intención: busca el encuentro, la comunión con la comunidad celebrante y con cada uno de sus integrantes. La finalidad última de la transformación de la realidad de las especies eucarísticas, por parte del Señor, es la de poder entrar en lo más profundo de cada uno de los cristianos reunidos en la fracción del pan; ¿para qué?, para transformarlos en él, para hacerse uno con ellos. Dicho de otra manera, la conversión más importante que Cristo realiza en la eucaristía no es de cosas (pan y vino), sino de personas; o, mejor todavía, de cosas para llegar a convertir en Cristo a los que entran en comunión con él por medio del pan y del vino transformados. En efecto, aunque no siempre sea lo que más destacamos, la eucaristía ofrece la oportunidad de que los participantes, que son Cristo por el bautismo, alimentados de Cristo en la comunión, se conviertan en quien reciben y actúen conforme a quienes son. De este modo, la presencia eucarística remite a la vida cristiana y muestra que la Cena del Señor es una auténtica escuela cristiana.
Después de estas reflexiones se entenderá mejor que Jesús, en el evangelio de hoy, invite a sus discípulos a dar de comer a le gente y a distribuir el pan bendecido. Hay aquí una clara analogía eucarística. Sólo la comunidad que se alimenta de Cristo, pan de vida, puede cumplir el encargo misionero del Maestro y entregar el pan sustancial y verdadero a la gente. Jesús ha dejado a los suyos la eucaristía como legado de su presencia, del mismo modo que les ha confiado una misión. Este misión es la de hacer llegar la salvación a todos sin excepción; y la salvación consiste en que Cristo se “todo en todas las cosas”, la comunión total con Él. La celebración de la eucaristía actualiza esta misión y la empuja.
Si lo que hemos dicho posee algún sentido, el “dadles vosotros de comer” del evangelio, hay que leerlo en sintonía con la tradición que Pablo recibiera y que recuerda a la comunidad de Corinto en la segunda lectura. El Jesús que se nos da como alimento en la Eucaristía, sostiene el ser de la comunidad eclesial (“haced esto en memoria mía”) que, a su vez, transformada en lo que recibe (cuerpo de Cristo) entrega, dándose, lo que ha recibido tanto en la celebración eucarística como en la misión.
“Dadles vosotros de comer”, ¡qué responsabilidad tan misionera nos ha dejado Jesús en la eucaristía!
Fr. Vicente Botella Cubells O.P.Fr. Vicente Botella Cubells O.P.
Casa de San Alberto Magno (Valencia
Tiempo Ordinario
"Dadles vosotros de comer"
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Introducción
Tras el Ciclo Pascual, la liturgia nos conduce hacia dos solemnidades con solera: la Trinidad y el Corpus. La primera nos hace celebrar el misterio del Dios cristiano, Uno y Trino. La segunda, la que estamos introduciendo, es de tenor Eucarístico: desea que el Pueblo de Dios tome conciencia del significado de la presencia de Jesucristo en la misa. Lejos de las controversias teológicas de un tiempo, origen de la fiesta, y de las proyecciones catequéticas-visuales posteriores frente a interpretaciones unilaterales de esta presencia, el Corpus es una oportunidad para captar todas las dimensiones del estar dinámico y transformador de Jesucristo en la celebración cristina por excelencia. Esta presencia, además, tiene una clara finalidad: la comunión personal y comunitaria de Cristo con los suyos. Para ello, el Señor, por medio del Espíritu, transforma la realidad del pan y del vino. La comunión real y sacramental, así propiciada, alcanza su objetivo último, trasformar a la comunidad que celebra en aquel a quien recibe. De este modo, La Comunidad que celebra, hecha cuerpo de Cristo por el banquete eucarístico, queda edificada y renovada en su ser y lanzada en su misión evangelizadora. Todo un proyecto cristiano.
Ver la presentación animada de las lecturas
Comentario bíblico
Iª Lectura: Génesis (14,18-20): Un culto sencillo y original
I.1. Todos los textos ancestrales de AT tienen algo especial en la tradiciones de Israel, hasta el punto de poder considerar que un texto como el de Melquisedec podría ser una campaña militar, antigua, en la que se ha querido ver que los grandes, en este caso el rey de Salem, también ha querido ponerse a los pies del padre del pueblo, de Abrahán. Con los gestos del pan y el vino que se ofrecen, las cosas más naturales de la tierra, el rey misterioso le otorga a Abrahán un rango sagrado, casi de rey-sacerdote. Será en este sentido cómo la carta a los Hebreos c. 7,1-10 se permitirá hacer una lectura nueva de Jesucristo, de su sacerdocio no-dinástico, absolutamente distinto y original, que no tiene parangón como el sacerdocio ministerial. En el mismo sentido lo había ya intuido el Sal 110,4. Se ha discutido mucho sobre quién es este personaje, incluso tenemos un texto en Qumrán (11Q) que lo ve como un ser celeste.
I.2. El valor, pues, de nuestro texto es que sirve como plataforma teológica para un sentido nuevo y una actualización de la religión inaugurada por la vida de Cristo. El hecho de que en esa ofrenda de Melquisedec no se usen animales, sino las cosas sencillas de la tierra, apunta a una dimensión ecológica y personalista. Jesús, antes de morir, ofrecerá su vida ¡tal como suena! en un poco de pan y en un poco de vino. No hacía falta más que la intención misma de entregarse, de donarse, de “pro-existir” para los demás. Con ello se alza una protesta radical contra un culto de sacrificios de animales que no lleva a ninguna parte. Es la vida de Dios y de los hombres la que tiene que estar en comunión. El ser humano se fascina ante lo divino y deja de ser humano muchas veces, pero la “comunión vital” entre Dios y la humanidad no tiene por qué esclavizarnos a un culto externo y a veces inhumano. Porque lo que es inhumano, es antidivino.
I.3. En realidad es todo el texto de Heb 7 el que puede generar una lectura interesante en una fiesta como hoy. Quizás muchos hubieran preferido otro texto para esta fiesta. Pero debemos reconocer que la intención de la elección litúrgica del mismo se explica porque el gesto de Melquisedec es como un signo anticipado de los gestos del pan y el vino de Jesús en la última cena con sus discípulos. Se ha hablado que la intención del autor de la carta a los Hebreos era mostrar que el sacerdocio de Cristo, a imagen de Melquisedec, logra una verdadera “téléiôsis”, que se puede traducir de muchas formas, como “perfección” o incluso como “transformación”. Preferimos esto último, porque Jesús, con su vida, con sus palabra, con sus gestos, transforma una religión de culto sacrificial de animales, en una verdadera donación de vida, para introducirnos en la vida misma de Dios.
IIª Lectura: Primera Corintios (11,23-26): La tradición del Señor es vida
II.1. El cristianismo primitivo tuvo que hacerse “recibiendo” tradiciones del Señor. Pablo, que no lo conoció personalmente, le da mucha importancia a unas pocas que ha recibido. Y una de esas tradiciones son las palabras y los gestos de la última cena. Porque el apóstol sabía lo que el Vaticano II decía, que “la Iglesia se realiza en la Eucaristía”. Todos debemos reconocer que aquella noche marcaría para siempre a los suyos. Cuando la Iglesia intentaba un camino de identidad distinto del judaísmo, serán esos gestos y esas palabras las que le ofrecerá la oportunidad de cristalizar en el misterio de comunión con su Señor y su Dios. Esta tradición “recibida”, según la mayoría de los especialistas, pertenece a Antioquía (como en Lc 22,19-20), donde los seguidores de Jesús “recibieron” por primera vez el nombre de “cristianos”. Un poco distinta es la de Jerusalén (Mc y Mt).
II.2. Los gestos del Señor Jesús eran los que se hacían en cualquier comida judía; incluso si fue un cena pascual, lo que se hacía en aquella fiesta de recuerdo impresionante. Pero lo importante son las “palabras” y el sentido que Jesús pone en los gestos. Jesús, en la noche “en que iba a ser entregado”, se “entregó” él a los suyos. El término es elocuente. En los relatos de la pasión aparece frecuentemente este “entregar”. No obstante lo verdaderamente interesante es que antes de que lo entregaran a la muerte y le quitaran la vida, él la ofreció, la entregó, la donó a los suyos en el pan y en el vino, de la forma más sencilla y asombrosa que se podía alguien imaginar.
II.3. ¿Por qué se ha proclamar la muerte del Señor hasta su vuelta? ¿Para recordar la ignominia y la violencia de su muerte? ¿Para resaltar la dimensión sacrificial de nuestra redención? ¿Para que no se olvide lo que le ha costado a Jesús la liberación de la humanidad? Muchas cosas, con los matices pertinentes, se deben considerar al respecto. Tienen el valor de la memoria “zikarón” que es un elemento antropológico imprescindible de nuestra propia historia. No hacer memoria, significa no tener historia. Y la Iglesia sabe que “nace” de la muerte de Jesús y de su resurrección. No es simplemente memoria de un muerto o de una muerte ignominiosa, o de un sacrificio terrible. Es “memoria” (zikarón) de vida, de entrega, de amor consumado, de acción profética que se adelanta al juicio y a la condena a muerte de las autoridades; es memoria de su vida entera que entrega en aquella noche con aquellos signos proféticos sin media. Precisamente para que no se busque la vida allí donde solamente hay muerte y condena. Es, por otra parte y sobre todo, memoria de resurrección, porque quien se dona en la Eucaristía de la Iglesia, no es un muerto, ni repite su muerte gestualmente, sino el Resucitado.
Evangelio: Lucas (9, 11-17): La Eucaristía, experiencia del Reino de Dios
III.1. Lucas ha presentado la multiplicación de los panes como una Eucaristía. En este sentido podemos hablar que este gesto milagroso de Jesús ya no se explica, ni se entiende, desde ciertos parámetros de lo mágico o de lo extraordinario. Los cinco verbos del v. 16: “tomar, alzar los ojos, bendecir, partir y dar”, denotan el tipo de lectura que ha ofrecido a su comunidad el redactor del evangelio de Lucas. Quiere decir algo así: no se queden solamente con que Jesús hizo un milagro, algo extraordinario que rompía las leyes de la naturaleza (solamente tenían cinco panes y dos peces y eran cinco mil personas). Por tanto, ya tenemos una primera aproximación. Por otra parte, es muy elocuente cómo se introduce nuestro relato: los acogía, les hablaba del Reino de Dios y los curaba de sus males (v.11). E inmediatamente se desencadena nuestra narración. Por tanto la “eucaristía” debe tener esta dimensión: acogida, experiencia del Reino de Dios y curación de nuestra vida.
III.2. Sabemos que el relato de la multiplicación de los panes tiene variantes muy señaladas en la tradición evangélica: (dos veces en Mateo: 14,13-21;15,32-39); (dos en Marcos: 6,30-44; 8,1-10); (una en Juan, 6,1-13) y nuestro relato. Se ha escogido, sin duda, para la fiesta del Corpus en este ciclo por ese carácter eucarístico que Lucas nos ofrece. Incluso se apunta a que todo ocurre cuando el día declinaba, como en el caso de los discípulos de Emaús (24,29) que terminó con aquella cena prodigiosa en la que Jesús resucitado realiza los gestos de la última Cena y desaparece. Pero apuntemos otras cosas. Jesús exige a los discípulos que “ellos les den de comer”; son palabras para provocar, sin duda, y para enseñar también. El relato, pues, tiene de pedagógico tanto como de maravilloso.
III.3. La Eucaristía: acogida, experiencia del Reino y curación de nuestra vida. Deberíamos centrar la explicación de nuestro texto en ese sumario introductorio (v. 11), que Lucas se ha permitido anteponer a la descripción de la tradición que ha recibido sobre una multiplicación de los panes. Si la Eucaristía de la comunidad cristiana no es un misterio de “acogida”, entonces no haremos lo que hacía Jesús. Muchas personas necesitan la “eucaristía” como misterio de acogida de sus búsquedas, de sus frustraciones, de sus anhelos espirituales. No debe ser, pues, la “eucaristía” la experiencia de una élite de perfectos o de santos. Si fuera así muchas se quedarían fuera para siempre. También debe ser “experiencia del Reino”; el Reino anunciado por Jesús es el Reino del Padre de la misericordia y, por tanto, debe ser experiencia de su Padre y nuestro Padre, de su Dios y nuestro Dios. Y, finalmente, “curación” de nuestra vida, es decir, experiencia de gracia, de encuentro de fraternidad y de armonía. Muchos vienen a la eucaristía buscando su “curación” y la Iglesia debe ofrecérsela, según el mandato mismo de Jesús a los suyos, en el relato: “dadles vosotros de comer”.
III.4. Son posible, desde luego, otras lecturas de nuestro texto de hoy. No olvidemos que en el sustrato del mismo se han visto vínculos con la experiencia del desierto y el maná (Ex 16) o del profeta Eliseo y sus discípulos (2Re 4,42-44). Y además se ha visto como un signo de los tiempos mesiánicos en que Dios ha de dar a su pueblo la saciedad de los dones verdaderos (cf Ex 16,12; Sal 22,27; 78,29; 132, 15; Jr 31,14). De ahí que nos sea permitido no esclavizarse únicamente a un tipo de lectura exclusivamente cultual envejecida. El Oficio de la liturgia del Corpus que, en gran parte, es obra de Sto. Tomás de Aquino, nos ofrece la posibilidad de tener presente estos aspectos y otros más relevantes si cabe. La Eucaristía, sacramento de Cuerpo y la Sangre de Señor, debe ser experiencia donde lo viejo es superado. Por eso, la Iglesia debe renovarse verdaderamente en el misterio de la Eucaristía, donde la primitiva comunidad cristiana encontró fuerzas para ir rompiendo con el judaísmo y encontrar su identidad futura.
Fray Miguel de Burgos NúñezFray Miguel de Burgos Núñez
Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura
Pautas para la homilía
La frase de Jesús dirigida a sus discípulos en el evangelio de hoy, “dadles vosotros de comer”, además de sobrecoger por la responsabilidad que implica, centra muy bien el tema de la solemnidad del día del Corpus: la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Jesús confía abiertamente a los suyos la tarea de alimentar a la gente, aunque el relato lucano de la multiplicación deja muy claro que el alimento que sacia el hambre de la multitud brota de la acción generosa y sorprendente del Señor. Con todo, al final, el pan multiplicado, tal y como deseaba Jesús, llega a la gente distribuido por medio de los discípulos.
Hambre y pan. Necesidad y satisfacción. Acción de Dios y acción humana. Acción de Cristo y acción de la Iglesia se avanzan como claves para entender el evangelio de la multiplicación y adentrarse en la fiesta del Corpus.
A la luz de la revelación bíblica, sobre todo cuando se considera el acontecimiento de la encarnación, se vislumbra nítidamente que los cristianos no somos ni dualistas, ni demagogos. El ser humano está constituido por una unidad psicosomática en la que, aunque podamos distinguir lo corpóreo y lo espiritual, en modo alguno se han de separar. La acción salvífica que Jesús hizo presente con su palabra y su actuación se refiere siempre a la totalidad de lo que es la persona humana. El Maestro de Nazaret, como sabemos, buscaba sanar al hombre entero, sin reduccionismos de ningún tipo. Según esto, y regresando a nuestro evangelio, no sería correcto hacer de la multiplicación de los panes una lectura espiritualista que presentara el pan como un alimento celeste para el alma desencarnada de la gente; en la misma línea, tampoco haría justicia a la verdad considerar este relato desde una perspectiva meramente social o política. Más bien, lo adecuado sería descubrir y enseñar la armonía de ambas posibilidades, puesto que tan solo el alimento que nutre la integridad de lo que es el ser humano puede salvar y madurar a la persona. Expresado de otra forma, la acción pastoral correcta que se deduce del pasaje de Lucas que comentamos, derivada en lo concreto de la palabra de Jesús “dadles de vosotros de comer” y de la distribución del pan a la gente por parte de los discípulos tras la acción del Señor, es aquella que atienda, simultáneamente, el hambre física y el hambre espiritual de la gente. La corrección fraterna que Pablo dirige a los cristianos de Corinto en torno a su peculiar y sangrante manera de celebrar la Cena del Señor, (corrección que provoca el recuerdo del relato de la institución, que recibiera y transmitiera, 2º lectura) es nítido y muy oportuno: la injusticia en el pan material es incompatible con el sentido de la eucaristía cristiana.
Avanzando en la misma línea, en la medida en que el evangelio de la multiplicación tiene un sentido eucarístico, y que, por eso, es propuesto por la Iglesia para iluminar la celebración del Corpus, es lícito subrayar la idea de que la presencia eucarística de Cristo, real y sacramental, presencia humanizante y salvadora, persigue la comunión vivificadora y salvadora con la integridad de lo que es la persona. Por consiguiente, el pan y el vino eucarísticos, convertidos en Jesucristo, tal y como el Corpus pone de relieve, son un alimento que nutre y sacia la totalidad de lo que somos los humanos. En suma, sólo Jesucristo, hombre y Dios, pan de vida, puede colmar satisfactoriamente las hambres y las necesidades de las personas.
Lo que enseña la teología eucarística a este respecto nos puede resultar de ayuda. La presencia de Cristo en la eucaristía es una presencia real y total de Cristo, pero siempre en el sacramento, en los signos. En esta presencia, la realidad transformada de las especies del banquete no destruye para nada el aspecto de alimento físico y humano del pan y el vino, al contrario, la permanencia de la materialidad de los elementos, más bien, propicia y expresa la nueva dimensión del alimento del que Jesucristo se apropia. En este alimento, lo material y mundano, lo humano, lo espiritual y trascendente se reconcilian misteriosamente. La totalidad de Jesucristo, pues, acontece en la mediación sacramental, sumándose el sentido de alimento espiritual al físico y antropológico para, a la postre, llegar a ser el verdadero alimento que hace presente, y al mismo tiempo conduce, a la vida eterna.
Además no hemos de olvidar otro dato. La presencia de Cristo en la eucaristía tiene una intención: busca el encuentro, la comunión con la comunidad celebrante y con cada uno de sus integrantes. La finalidad última de la transformación de la realidad de las especies eucarísticas, por parte del Señor, es la de poder entrar en lo más profundo de cada uno de los cristianos reunidos en la fracción del pan; ¿para qué?, para transformarlos en él, para hacerse uno con ellos. Dicho de otra manera, la conversión más importante que Cristo realiza en la eucaristía no es de cosas (pan y vino), sino de personas; o, mejor todavía, de cosas para llegar a convertir en Cristo a los que entran en comunión con él por medio del pan y del vino transformados. En efecto, aunque no siempre sea lo que más destacamos, la eucaristía ofrece la oportunidad de que los participantes, que son Cristo por el bautismo, alimentados de Cristo en la comunión, se conviertan en quien reciben y actúen conforme a quienes son. De este modo, la presencia eucarística remite a la vida cristiana y muestra que la Cena del Señor es una auténtica escuela cristiana.
Después de estas reflexiones se entenderá mejor que Jesús, en el evangelio de hoy, invite a sus discípulos a dar de comer a le gente y a distribuir el pan bendecido. Hay aquí una clara analogía eucarística. Sólo la comunidad que se alimenta de Cristo, pan de vida, puede cumplir el encargo misionero del Maestro y entregar el pan sustancial y verdadero a la gente. Jesús ha dejado a los suyos la eucaristía como legado de su presencia, del mismo modo que les ha confiado una misión. Este misión es la de hacer llegar la salvación a todos sin excepción; y la salvación consiste en que Cristo se “todo en todas las cosas”, la comunión total con Él. La celebración de la eucaristía actualiza esta misión y la empuja.
Si lo que hemos dicho posee algún sentido, el “dadles vosotros de comer” del evangelio, hay que leerlo en sintonía con la tradición que Pablo recibiera y que recuerda a la comunidad de Corinto en la segunda lectura. El Jesús que se nos da como alimento en la Eucaristía, sostiene el ser de la comunidad eclesial (“haced esto en memoria mía”) que, a su vez, transformada en lo que recibe (cuerpo de Cristo) entrega, dándose, lo que ha recibido tanto en la celebración eucarística como en la misión.
“Dadles vosotros de comer”, ¡qué responsabilidad tan misionera nos ha dejado Jesús en la eucaristía!
Fr. Vicente Botella Cubells O.P.Fr. Vicente Botella Cubells O.P.
Casa de San Alberto Magno (Valencia
sábado, 29 de mayo de 2010
CARTA A UN HERMANO CURA DESANIMADO
CARTA A UN HERMANO
CURA DESANIMADO
Querido hermano:
Te leí con atención. Pero fue una primera vez. Después le pedí a Jesús que me curara los ojos y me diera esa mirada repleta de amor con que miró al joven rico y te leí por segunda vez. Ahora sí me animo a contestarte.
He leído: “desánimo”; “no sabemos que hacer”; “entrego todo lo que puedo de mi vida y no veo resultados”, “estoy cansado de la ficción de los pastorales”, “el obispo me escucha y se preocupa, pero no entiende nada, es como si le hablara en chino”, “no hay curas que te pongan a disposición su corazón para acompañarte”, “cómo hago para desenamorarme”.
Me ha sorprendido. He contado otra vez los años que llevo caminando y los otros… los que llevo intentando caminar sobre las huellas de Jesús en el ministerio. He visto una larga serie de fracasos, de intentos pastorales que eran trompadas tiradas al aire. He tenido obispos con distintas actitudes. He sentido siempre la presencia inefable del hermano cura que me ha ayudado a no equivocarme ¡tanto!. Si tengo que serte sincero, desde afuera, parece una vida tirada a la basura, no he visto ningún resultado, ni en los fieles, ni en los compañeros curas, ni en los obispos.
Pero tengo muchos años de edad y de ministerio y no estoy des-animado, al contrario, siento que me hierve la sangre por predicarlo a Jesús… y sobre todo – vos los sabés – por tratar de ayudar a los hermanos curas que me pueden necesitar.
¿Qué pasó entre vos y yo o entre ustedes y nosotros?. No sé si alguna vez te agarró una ola grande, mal parado. Parece que no termina nunca el revolcón por la arena debajo del agua, que uno se ahoga. Pero la cosa termina y no pasa nada. Esa es la diferencia: que yo/nosotros ya sufrimos muchas veces esa sensación de sentirnos “tragados” por la ola. Pero sabemos que se sobrevive y que uno queda con ganas de volver a meterse al agua. Vos en cambio, sentís que es la primera vez que estás bajo el agua y que no manejás las cosas, es más, tenés casi la seguridad de que no vale la pena luchar para salir. ¡Pero vale!.
Es casi como si lo estuviera escuchando a Pablo que le dice a Timoteo que se sentía inadecuado, incómodo en el ministerio: “renová el don de la imposición de mis manos”… pero a vos te lo está diciendo Jesús.
Nos tapó la ola. La ola del mundo. Nos quedamos con el ágape y el mundo se quedó con el eros y como el eros es el principio y además el combustible del ágape, nos quedamos sin nafta en la mitad del camino. A la mayoría le importa poco lo que decimos o hacemos. Algunos se ríen. Casi nadie sabe lo que es amar de verdad. Y acá estamos vos y yo, haciendo de quijotes, tratando de amar al estilo de Jesús, con sus sentimientos, con su valentía honesta. Embarrados por el camino, pero caminando. Sucios del andar, pero con la mirada puesta en un horizonte que no somos nosotros mismos.
Nos tapó la ola. Todos los elogios y las consideraciones (también adentro de la Iglesia) son para los eficientes. O sea para los que hacen más en menos tiempo. Premio Nobel a la ineficiencia para Jesús. 2000 años después sigue esperando ver resultados. Es la parábola del sembrador que siembra y se va a dormir porque cree y confía en la potencialidad de la semilla. Te invito a que disfrutemos del sueño y no nos levantemos a cada rato para ver si hay trigo para cosechar. No hay. No va a haber nunca. Pero la semilla es capaz de dar fruto, simplemente porque nosotros la sembramos. ¿Cuándo el fruto?. No sé.
Nos tapó la ola y no sabemos qué hacer. Perdimos el control, la seguridad, la conducción, primero de nuestras vidas y también de la pastoral. El sacerdote es un hombre colgado entre el cielo y la tierra en una existencia imposible. Nos tira el mundo para abajo y el cielo para arriba. No podemos entendernos a nosotros mismos, ni tener el control. Hemos regalado a otro el control, la seguridad la conducción de nuestras vidas y de la pastoral. Pero unas 20 veces por día queremos recuperar lo que regalamos… y ¡tantas veces lo logramos!
Los tapó la ola y no saben qué hacer. Pobres obispos. Les tocó un laburo de alto riesgo, insalubre. Se los ve desorientados y por eso a la defensiva. Algunos. Otros agarrados, con uñas y dientes a pequeños e intrascendentes “éxitos pastorales”. O atrincherados en la lucha de las ideologías, creyendo que ese es el camino para encarnarse en la realidad y la gente los mira y los ve a la misma distancia de Saturno. Otros intentan ser padres y algunos de verdad lo logran. Los que no, no pueden entender el cambio de cultura y se escandalizan. Hay santos. Seguramente más de lo que imaginamos. Pero ¡qué lindo sería verlos embarrarse con nosotros en ésta lucha diaria por encontrarle la vuelta a la vida, sólo desde Jesús!. Te lo traduzco del castellano antiguo: qué lindo sería que nos quisieran, que nos demostraran que nos quieren y que no se presentaran ante nosotros como competidores. Que hicieran cartas pastorales de dos palabras: “no sé”, “no puedo”, “no me da el cuero”. Lo más lindo que escuché en Aparecida lo dijo el cardenal Madariaga: “no sabemos qué hacer. Porque justito ahí. Cuando “no sabemos qué hacer” empieza el Espíritu Santo. No antes.
Nos tapó la ola y todos estamos en la revolcada abajo del agua. Por eso los directores espirituales, esos que solían acompañar curas dándoles primero su propio corazón y no desde un “oficio”, son una especie en extinción.
Dirán: ¡ciegos que guían a otros ciegos! ¡Sí! Eso necesitamos hermano, que un ciego que camina a tientas, colgado entre el cielo y la tierra, me dé la mano fuerte, para demostrarme afecto y firmeza y me diga: no veo nada pero Jesús me ve; no sé a donde vamos, pero Jesús sabe.
Quisiera tener brazos de Evangelio para abrazarte en tu silencio y decirte que tu “servicio de dolor” es amor, y que el amor nos hace felices.
Esa chica que te mira como si fueras el David de Miguel Angel, es una forma dulce que usa Jesús para que te des cuenta de que estás vivo. No te asustes por favor. Poné tu corazón en el de Él y dale para adelante, no importa cuantos porrazos te des por el camino y con cuanto barro encima te levantes cada vez. ¡Caminá por favor!
Me preguntás como desenamorarte y me parece que nuestro corazón no puede ser un tren lechero que para en todas las estaciones, porque al final, en alguna se queda. Reíte de la mayoría de las recetas ascéticas. No sirven para nada. Para desenamorarse hay un solo camino: enamorarse más de Jesús. Inundá tu corazón de amor por Él y en la inundación, todos los demás amores se escurren.
No tengas miedo a amar, a enamorarte. Tené terror a no amar. A “frizar” el corazón.
Nos tapó la ola. Tenemos la parroquia con mil actividades En todas nos piden que seamos expertos, y que a todos les demos el mismo tiempo y la misma atención. Imposible. Ahí nacen las frustraciones y las impotencias.
Después llega el obispo que quiere llenar los casilleros de la pastoral diocesana y pide tu nombre y el de algunos laicos que todavía no alcanzaste a armar para la parroquia. Vos y el obispo saben que “de mentirita”, pero hay que llenar el casillero. Al rato llegan los de la pastoral regional… y lo mismo.
Y casi cuando te queda la última bocanada de oxígeno bajo el agua, llegan los de la pastoral nacional. Revolcados por la fuerza de la ola y de tantos casilleros para llenar, solemos pensar “no puedo”, “esto no es para mí”
Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer. Ni un poquito menos, ni un poquito más. ¡Qué los casilleros queden vacíos! Serán testigos mudos de una iglesia que sale del exilio babilónico y en pobreza y desprovista, comienza a caminar de nuevo.
Vos conocés la realidad de los matrimonios y las familias que atendemos: los que sufren, las pruebas por las que pasan, la desorientación y confusión de este momento. ¿Podíamos nosotros estar liberados absolutamente de esta realidad cuyo mundo compartimos?.
Finalmente dejame que te recuerde las tres palabras de la Anunciación:
¡Alegrate!: de que Jesús haya pensado en vos, con nombre y apellido, para que lo encarnes en medio de esta realidad difícil, como la de Él.
No tengas miedo: nunca te va a dejar, siempre va a estar al lado nuestro, para darnos fuerzas –todas las que necesitamos- para “permanecer en Él”.
El Espíritu Santo: ¡Sí! El Espíritu Santo, el Amor de Dios mismo en vos, es la única solución, el único camino de salida, la única Verdad.
Un abrazo en Jesús.
(Eduardo De Paola. Sacerdote de la Diócesis de Bariloche. Vida Pastoral nº 279 – Setiembre /Octubre 2009)
CURA DESANIMADO
Querido hermano:
Te leí con atención. Pero fue una primera vez. Después le pedí a Jesús que me curara los ojos y me diera esa mirada repleta de amor con que miró al joven rico y te leí por segunda vez. Ahora sí me animo a contestarte.
He leído: “desánimo”; “no sabemos que hacer”; “entrego todo lo que puedo de mi vida y no veo resultados”, “estoy cansado de la ficción de los pastorales”, “el obispo me escucha y se preocupa, pero no entiende nada, es como si le hablara en chino”, “no hay curas que te pongan a disposición su corazón para acompañarte”, “cómo hago para desenamorarme”.
Me ha sorprendido. He contado otra vez los años que llevo caminando y los otros… los que llevo intentando caminar sobre las huellas de Jesús en el ministerio. He visto una larga serie de fracasos, de intentos pastorales que eran trompadas tiradas al aire. He tenido obispos con distintas actitudes. He sentido siempre la presencia inefable del hermano cura que me ha ayudado a no equivocarme ¡tanto!. Si tengo que serte sincero, desde afuera, parece una vida tirada a la basura, no he visto ningún resultado, ni en los fieles, ni en los compañeros curas, ni en los obispos.
Pero tengo muchos años de edad y de ministerio y no estoy des-animado, al contrario, siento que me hierve la sangre por predicarlo a Jesús… y sobre todo – vos los sabés – por tratar de ayudar a los hermanos curas que me pueden necesitar.
¿Qué pasó entre vos y yo o entre ustedes y nosotros?. No sé si alguna vez te agarró una ola grande, mal parado. Parece que no termina nunca el revolcón por la arena debajo del agua, que uno se ahoga. Pero la cosa termina y no pasa nada. Esa es la diferencia: que yo/nosotros ya sufrimos muchas veces esa sensación de sentirnos “tragados” por la ola. Pero sabemos que se sobrevive y que uno queda con ganas de volver a meterse al agua. Vos en cambio, sentís que es la primera vez que estás bajo el agua y que no manejás las cosas, es más, tenés casi la seguridad de que no vale la pena luchar para salir. ¡Pero vale!.
Es casi como si lo estuviera escuchando a Pablo que le dice a Timoteo que se sentía inadecuado, incómodo en el ministerio: “renová el don de la imposición de mis manos”… pero a vos te lo está diciendo Jesús.
Nos tapó la ola. La ola del mundo. Nos quedamos con el ágape y el mundo se quedó con el eros y como el eros es el principio y además el combustible del ágape, nos quedamos sin nafta en la mitad del camino. A la mayoría le importa poco lo que decimos o hacemos. Algunos se ríen. Casi nadie sabe lo que es amar de verdad. Y acá estamos vos y yo, haciendo de quijotes, tratando de amar al estilo de Jesús, con sus sentimientos, con su valentía honesta. Embarrados por el camino, pero caminando. Sucios del andar, pero con la mirada puesta en un horizonte que no somos nosotros mismos.
Nos tapó la ola. Todos los elogios y las consideraciones (también adentro de la Iglesia) son para los eficientes. O sea para los que hacen más en menos tiempo. Premio Nobel a la ineficiencia para Jesús. 2000 años después sigue esperando ver resultados. Es la parábola del sembrador que siembra y se va a dormir porque cree y confía en la potencialidad de la semilla. Te invito a que disfrutemos del sueño y no nos levantemos a cada rato para ver si hay trigo para cosechar. No hay. No va a haber nunca. Pero la semilla es capaz de dar fruto, simplemente porque nosotros la sembramos. ¿Cuándo el fruto?. No sé.
Nos tapó la ola y no sabemos qué hacer. Perdimos el control, la seguridad, la conducción, primero de nuestras vidas y también de la pastoral. El sacerdote es un hombre colgado entre el cielo y la tierra en una existencia imposible. Nos tira el mundo para abajo y el cielo para arriba. No podemos entendernos a nosotros mismos, ni tener el control. Hemos regalado a otro el control, la seguridad la conducción de nuestras vidas y de la pastoral. Pero unas 20 veces por día queremos recuperar lo que regalamos… y ¡tantas veces lo logramos!
Los tapó la ola y no saben qué hacer. Pobres obispos. Les tocó un laburo de alto riesgo, insalubre. Se los ve desorientados y por eso a la defensiva. Algunos. Otros agarrados, con uñas y dientes a pequeños e intrascendentes “éxitos pastorales”. O atrincherados en la lucha de las ideologías, creyendo que ese es el camino para encarnarse en la realidad y la gente los mira y los ve a la misma distancia de Saturno. Otros intentan ser padres y algunos de verdad lo logran. Los que no, no pueden entender el cambio de cultura y se escandalizan. Hay santos. Seguramente más de lo que imaginamos. Pero ¡qué lindo sería verlos embarrarse con nosotros en ésta lucha diaria por encontrarle la vuelta a la vida, sólo desde Jesús!. Te lo traduzco del castellano antiguo: qué lindo sería que nos quisieran, que nos demostraran que nos quieren y que no se presentaran ante nosotros como competidores. Que hicieran cartas pastorales de dos palabras: “no sé”, “no puedo”, “no me da el cuero”. Lo más lindo que escuché en Aparecida lo dijo el cardenal Madariaga: “no sabemos qué hacer. Porque justito ahí. Cuando “no sabemos qué hacer” empieza el Espíritu Santo. No antes.
Nos tapó la ola y todos estamos en la revolcada abajo del agua. Por eso los directores espirituales, esos que solían acompañar curas dándoles primero su propio corazón y no desde un “oficio”, son una especie en extinción.
Dirán: ¡ciegos que guían a otros ciegos! ¡Sí! Eso necesitamos hermano, que un ciego que camina a tientas, colgado entre el cielo y la tierra, me dé la mano fuerte, para demostrarme afecto y firmeza y me diga: no veo nada pero Jesús me ve; no sé a donde vamos, pero Jesús sabe.
Quisiera tener brazos de Evangelio para abrazarte en tu silencio y decirte que tu “servicio de dolor” es amor, y que el amor nos hace felices.
Esa chica que te mira como si fueras el David de Miguel Angel, es una forma dulce que usa Jesús para que te des cuenta de que estás vivo. No te asustes por favor. Poné tu corazón en el de Él y dale para adelante, no importa cuantos porrazos te des por el camino y con cuanto barro encima te levantes cada vez. ¡Caminá por favor!
Me preguntás como desenamorarte y me parece que nuestro corazón no puede ser un tren lechero que para en todas las estaciones, porque al final, en alguna se queda. Reíte de la mayoría de las recetas ascéticas. No sirven para nada. Para desenamorarse hay un solo camino: enamorarse más de Jesús. Inundá tu corazón de amor por Él y en la inundación, todos los demás amores se escurren.
No tengas miedo a amar, a enamorarte. Tené terror a no amar. A “frizar” el corazón.
Nos tapó la ola. Tenemos la parroquia con mil actividades En todas nos piden que seamos expertos, y que a todos les demos el mismo tiempo y la misma atención. Imposible. Ahí nacen las frustraciones y las impotencias.
Después llega el obispo que quiere llenar los casilleros de la pastoral diocesana y pide tu nombre y el de algunos laicos que todavía no alcanzaste a armar para la parroquia. Vos y el obispo saben que “de mentirita”, pero hay que llenar el casillero. Al rato llegan los de la pastoral regional… y lo mismo.
Y casi cuando te queda la última bocanada de oxígeno bajo el agua, llegan los de la pastoral nacional. Revolcados por la fuerza de la ola y de tantos casilleros para llenar, solemos pensar “no puedo”, “esto no es para mí”
Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer. Ni un poquito menos, ni un poquito más. ¡Qué los casilleros queden vacíos! Serán testigos mudos de una iglesia que sale del exilio babilónico y en pobreza y desprovista, comienza a caminar de nuevo.
Vos conocés la realidad de los matrimonios y las familias que atendemos: los que sufren, las pruebas por las que pasan, la desorientación y confusión de este momento. ¿Podíamos nosotros estar liberados absolutamente de esta realidad cuyo mundo compartimos?.
Finalmente dejame que te recuerde las tres palabras de la Anunciación:
¡Alegrate!: de que Jesús haya pensado en vos, con nombre y apellido, para que lo encarnes en medio de esta realidad difícil, como la de Él.
No tengas miedo: nunca te va a dejar, siempre va a estar al lado nuestro, para darnos fuerzas –todas las que necesitamos- para “permanecer en Él”.
El Espíritu Santo: ¡Sí! El Espíritu Santo, el Amor de Dios mismo en vos, es la única solución, el único camino de salida, la única Verdad.
Un abrazo en Jesús.
(Eduardo De Paola. Sacerdote de la Diócesis de Bariloche. Vida Pastoral nº 279 – Setiembre /Octubre 2009)
jueves, 27 de mayo de 2010
Nadie es extranjero para Dios
Nadie es extranjero para Dios, dice Arzobispo Coadjutor de Los Ángeles
Nuestra misión es la de Cristo, proclamar que Él es Dios.
LOS ÁNGELES, 26 Mayo
Ante una Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles totalmente abarrotada para la Misa de bienvenida al nuevo Arzobispo Coadjutor de Los Ángeles -la arquidiócesis con mayor presencia latina en Estados Unidos- Mons. José Horacio Gómez, afirmó que "nadie es extranjero para Dios y nadie es un extranjero para los demás".
En la Misa de bienvenida celebrada esta tarde a la que asistieron unas cuatro mil personas, 50 obispos de dentro y fuera de Estados Unidos y 411 sacerdotes, destacaron los discursos, peticiones, oraciones y cantos no sólo en inglés y español sino en otros idiomas como el chino para mostrar la diversidad cultural de Los Ángeles.
Mons. Gómez, quien se convertirá automáticamente en el Arzobispo titular de Los Ángeles cuando el Cardenal Roger Mahony cumpla 75 años el próximo 27 de febrero de 2011, comenzó su discurso agradeciendo "la hermosa bienvenida" y haciendo una broma: "casi dos homilías por el mismo precio… aunque ambas son gratis, es un buen negocio".
Dirigiéndose luego al Cardenal Mahony, aún Arzobispo titular de Los Ángeles, Mons. Gómez pidió al Purpurado agradecerle al Papa Benedicto XVI por haberlo designado a esta importante arquidiócesis y le pidió decirle que "trabajaré con todo mi corazón en este servicio. Dígale que trabajaré con todas mis fuerzas, exprésele mi amor filial".
En su discurso en el que habló en inglés y español, el Arzobispo Coadjutor resaltó que "todos y cada uno de los que estamos aquí en esta imponente catedral somos discípulos que tenemos la responsabilidad de la gran misión de la Iglesia. Nuestra misión es la de Cristo, proclamar la buena nueva de que Él es Dios, que Él es más grande que la muerte. Vengo a servir y a aprender con ustedes y a continuar la misión que ya ha iniciado en esta histórica sede".
Tras agradecer los 25 años de servicio del Cardenal Mahony y saludar a todos los miembros de la arquidiócesis de Los Ángeles, Mons. Gómez señaló la urgencia de defender la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, de todos, especialmente de los que no tienen quien hable por ellos.
Seguidamente, primero en español y luego en inglés, el Arzobispo dijo: "pidamos hoy que esta Iglesia sea siempre una señal de que Dios está con nosotros y que en su mirada amorosa nadie es un extranjero para Él y nadie es un extranjero para los demás. Todos somos iguales a sus ojos", lo que provocó que la catedral entera estallara en aplausos.
Refiriéndose a la diversidad cultural de Los Ángeles, el Prelado señaló que "podemos ver que nuestra iglesia es católica aquí en Los Ángeles. Podemos ver aquí lo que Dios quiere para todos. Somos todos una familia de Dios, compuesta por diversos idiomas".
Tras resaltar que necesitará el apoyo de todos los católicos de Los Ángeles, el Arzobispo se dirigió a los sacerdotes a quienes recordó que "son hombres de Dios y de gran corazón, son los primeros colaboradores en el trabajo de la Iglesia de Dios. Lleven a Dios a la gente y la gente a Dios. Hermanos, el sacerdocio es la alegría de mi vida y me alegra estar con ustedes para servir a la Iglesia., Quiero conocerlos a todos y cada uno de ustedes".
Visiblemente emocionado, el Arzobispo hizo una pausa y comentó en español: "no puedo creer que este aquí, esto es asombroso" a lo que todos respondieron nuevamente con aplausos.
Tras comentar que su familia estaba presente en la Catedral y bromear al comentar que "se están portando bien", el Prelado recordó que "este Dios a quien servimos es un Dios de sorpresas. Recémosle para que haga que los sacerdotes respondan generosamente al llamado que les hace. Que haga fieles a los religiosos, diáconos, a los laicos de las comunidades eclesiales y los movimientos".
"Para grandes cosas hemos nacido. Cada uno de nosotros ha sido hecho por Dios para grandes cosas. No hay alma que no deba ser tocada por el mensaje de amor de Dios. Podemos ofrecerles a Dios".
Luego de pedir oraciones por su nuevo encargo pastoral, el Arzobispo Coadjutor de Los Ángeles afirmó que "en estos días he estado pensando mucho en mi familia. Mis hermanas y sus esposos están aquí hoy. Sin duda me gustaría que mis padres pudieran estar con nosotros". Emocionado nuevamente hasta las lágrimas añadió: "estoy seguro que nos acompañan desde el cielo con los santos y los ángeles".
A continuación volvió a hacer una broma, de la cual sacó una lección: "es complicado hablar inglés sin acento. Mi madre quiso que aprendiera y no le hice caso. Es una gran enseñanza la que me dejó así mi madre: siempre hacerles caso a los padres. Si lloro es culpa de mi madre".
Mons. Gómez agradeció luego a Dios por la gracia de "vivir en un hogar católico, a través de él pude ver el amor del Señor Jesús por mí. Las oraciones de mis amigos me han ayudado en mi misión como obispo. No tengo palabras para agradecer todo lo que han hecho por mí".
"Nuestros padres nos enseñaron que tenemos una Madre en el Cielo, Nuestra Señora de Guadalupe que nos ama. A ella le confío mi servicio y todos ustedes. Muchísimas gracias a todos por esta calurosa bienvenida", concluyó el nuevo Arzobispo Coadjutor de Los Ángeles.
Al final del discurso de Mons. Gomez, el Cardenal Mahony invitó al nuevo Arzobispo Coadjutor a sentarse en la sede (silla del Obispo) de la Catedral de Los Ángeles, ante los calurosos aplausos de los asistentes.
Nuestra misión es la de Cristo, proclamar que Él es Dios.
LOS ÁNGELES, 26 Mayo
Ante una Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles totalmente abarrotada para la Misa de bienvenida al nuevo Arzobispo Coadjutor de Los Ángeles -la arquidiócesis con mayor presencia latina en Estados Unidos- Mons. José Horacio Gómez, afirmó que "nadie es extranjero para Dios y nadie es un extranjero para los demás".
En la Misa de bienvenida celebrada esta tarde a la que asistieron unas cuatro mil personas, 50 obispos de dentro y fuera de Estados Unidos y 411 sacerdotes, destacaron los discursos, peticiones, oraciones y cantos no sólo en inglés y español sino en otros idiomas como el chino para mostrar la diversidad cultural de Los Ángeles.
Mons. Gómez, quien se convertirá automáticamente en el Arzobispo titular de Los Ángeles cuando el Cardenal Roger Mahony cumpla 75 años el próximo 27 de febrero de 2011, comenzó su discurso agradeciendo "la hermosa bienvenida" y haciendo una broma: "casi dos homilías por el mismo precio… aunque ambas son gratis, es un buen negocio".
Dirigiéndose luego al Cardenal Mahony, aún Arzobispo titular de Los Ángeles, Mons. Gómez pidió al Purpurado agradecerle al Papa Benedicto XVI por haberlo designado a esta importante arquidiócesis y le pidió decirle que "trabajaré con todo mi corazón en este servicio. Dígale que trabajaré con todas mis fuerzas, exprésele mi amor filial".
En su discurso en el que habló en inglés y español, el Arzobispo Coadjutor resaltó que "todos y cada uno de los que estamos aquí en esta imponente catedral somos discípulos que tenemos la responsabilidad de la gran misión de la Iglesia. Nuestra misión es la de Cristo, proclamar la buena nueva de que Él es Dios, que Él es más grande que la muerte. Vengo a servir y a aprender con ustedes y a continuar la misión que ya ha iniciado en esta histórica sede".
Tras agradecer los 25 años de servicio del Cardenal Mahony y saludar a todos los miembros de la arquidiócesis de Los Ángeles, Mons. Gómez señaló la urgencia de defender la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, de todos, especialmente de los que no tienen quien hable por ellos.
Seguidamente, primero en español y luego en inglés, el Arzobispo dijo: "pidamos hoy que esta Iglesia sea siempre una señal de que Dios está con nosotros y que en su mirada amorosa nadie es un extranjero para Él y nadie es un extranjero para los demás. Todos somos iguales a sus ojos", lo que provocó que la catedral entera estallara en aplausos.
Refiriéndose a la diversidad cultural de Los Ángeles, el Prelado señaló que "podemos ver que nuestra iglesia es católica aquí en Los Ángeles. Podemos ver aquí lo que Dios quiere para todos. Somos todos una familia de Dios, compuesta por diversos idiomas".
Tras resaltar que necesitará el apoyo de todos los católicos de Los Ángeles, el Arzobispo se dirigió a los sacerdotes a quienes recordó que "son hombres de Dios y de gran corazón, son los primeros colaboradores en el trabajo de la Iglesia de Dios. Lleven a Dios a la gente y la gente a Dios. Hermanos, el sacerdocio es la alegría de mi vida y me alegra estar con ustedes para servir a la Iglesia., Quiero conocerlos a todos y cada uno de ustedes".
Visiblemente emocionado, el Arzobispo hizo una pausa y comentó en español: "no puedo creer que este aquí, esto es asombroso" a lo que todos respondieron nuevamente con aplausos.
Tras comentar que su familia estaba presente en la Catedral y bromear al comentar que "se están portando bien", el Prelado recordó que "este Dios a quien servimos es un Dios de sorpresas. Recémosle para que haga que los sacerdotes respondan generosamente al llamado que les hace. Que haga fieles a los religiosos, diáconos, a los laicos de las comunidades eclesiales y los movimientos".
"Para grandes cosas hemos nacido. Cada uno de nosotros ha sido hecho por Dios para grandes cosas. No hay alma que no deba ser tocada por el mensaje de amor de Dios. Podemos ofrecerles a Dios".
Luego de pedir oraciones por su nuevo encargo pastoral, el Arzobispo Coadjutor de Los Ángeles afirmó que "en estos días he estado pensando mucho en mi familia. Mis hermanas y sus esposos están aquí hoy. Sin duda me gustaría que mis padres pudieran estar con nosotros". Emocionado nuevamente hasta las lágrimas añadió: "estoy seguro que nos acompañan desde el cielo con los santos y los ángeles".
A continuación volvió a hacer una broma, de la cual sacó una lección: "es complicado hablar inglés sin acento. Mi madre quiso que aprendiera y no le hice caso. Es una gran enseñanza la que me dejó así mi madre: siempre hacerles caso a los padres. Si lloro es culpa de mi madre".
Mons. Gómez agradeció luego a Dios por la gracia de "vivir en un hogar católico, a través de él pude ver el amor del Señor Jesús por mí. Las oraciones de mis amigos me han ayudado en mi misión como obispo. No tengo palabras para agradecer todo lo que han hecho por mí".
"Nuestros padres nos enseñaron que tenemos una Madre en el Cielo, Nuestra Señora de Guadalupe que nos ama. A ella le confío mi servicio y todos ustedes. Muchísimas gracias a todos por esta calurosa bienvenida", concluyó el nuevo Arzobispo Coadjutor de Los Ángeles.
Al final del discurso de Mons. Gomez, el Cardenal Mahony invitó al nuevo Arzobispo Coadjutor a sentarse en la sede (silla del Obispo) de la Catedral de Los Ángeles, ante los calurosos aplausos de los asistentes.
martes, 25 de mayo de 2010
Reverendisimos Señores Diáconos Permantes de la Diócesis de San Justo
Hnos.:Todos
Demos gracias a Dios por estos 23 Reverendisimos Señores Diáconos Permanentes que, en comunión con nuestro Obispo, su Axiliar y Sacerdotes trabajan día a día por la evangelización del pueblo de nuestra Diócesis de San Justo, y el día de su cumpleaños de ordenados comprometamonos a rezar por ellos un rosario para que María Madre de Dios los asista con su amor.
Armando
Assad Rubén..............Fecha de ordenación: 26-08-95
Ávila Marcelo ...........Fecha de ordenación: 11-04-97
Belausteguigoitia Carlos Fecha de ordenación: 29-08-92
Dominicovich Juan Carlos Fecha de ordenación: 28-05-94
Fretes Justo Pastor .....Fecha de ordenación: 29-08-92
Fuschetto Antonio .......Fecha de ordenación: 05-05-02
Gomes Esteves, Carlos ....Fecha de ordenación: 29-08-92
Guerrero Héctor ..........Fecha de ordenación: 28-05-92
Laboratto Pascual ........Fecha de ordenación: 12-08-00
Marchisio Rodolfo ........Fecha de ordenación: 28-05-94
Marcos Alfonso ...........Fecha de ordenación: 26-08-95
Muñoz Jorge ..............Fecha de ordenación: 26-08-95
Peralta Mario ............Fecha de ordenación: 11-04-97
Pérez Maldonado Calixto ..Fecha de ordenación: 28-05-94
Perharich Juan ...........Fecha de ordenación: 29-08-92
Préstamo Ambrosio ........Fecha de ordenación: 28-05-94
Roncagliolo Jorge Alberto,Fecha de ordenación: 12-08-00
Torres Norberto ..........Fecha de ordenación: 26-08-95
Varela Antolín ...........Fecha de ordenación: 11-04-97
Vargas Cristóbal Alberto .Fecha de ordenación: 28-05-94
Centurión Carlos..........Fecha de Ordenación: 00-00-08
Sanchez Rubio Rodolfo.....Fecha de Ordenación: 00-00-08
LLoveras Juan José.........Fecha de Ordenación:00-00-08
Demos gracias a Dios por estos 23 Reverendisimos Señores Diáconos Permanentes que, en comunión con nuestro Obispo, su Axiliar y Sacerdotes trabajan día a día por la evangelización del pueblo de nuestra Diócesis de San Justo, y el día de su cumpleaños de ordenados comprometamonos a rezar por ellos un rosario para que María Madre de Dios los asista con su amor.
Armando
Assad Rubén..............Fecha de ordenación: 26-08-95
Ávila Marcelo ...........Fecha de ordenación: 11-04-97
Belausteguigoitia Carlos Fecha de ordenación: 29-08-92
Dominicovich Juan Carlos Fecha de ordenación: 28-05-94
Fretes Justo Pastor .....Fecha de ordenación: 29-08-92
Fuschetto Antonio .......Fecha de ordenación: 05-05-02
Gomes Esteves, Carlos ....Fecha de ordenación: 29-08-92
Guerrero Héctor ..........Fecha de ordenación: 28-05-92
Laboratto Pascual ........Fecha de ordenación: 12-08-00
Marchisio Rodolfo ........Fecha de ordenación: 28-05-94
Marcos Alfonso ...........Fecha de ordenación: 26-08-95
Muñoz Jorge ..............Fecha de ordenación: 26-08-95
Peralta Mario ............Fecha de ordenación: 11-04-97
Pérez Maldonado Calixto ..Fecha de ordenación: 28-05-94
Perharich Juan ...........Fecha de ordenación: 29-08-92
Préstamo Ambrosio ........Fecha de ordenación: 28-05-94
Roncagliolo Jorge Alberto,Fecha de ordenación: 12-08-00
Torres Norberto ..........Fecha de ordenación: 26-08-95
Varela Antolín ...........Fecha de ordenación: 11-04-97
Vargas Cristóbal Alberto .Fecha de ordenación: 28-05-94
Centurión Carlos..........Fecha de Ordenación: 00-00-08
Sanchez Rubio Rodolfo.....Fecha de Ordenación: 00-00-08
LLoveras Juan José.........Fecha de Ordenación:00-00-08
lunes, 24 de mayo de 2010
Octava semana del Tiempo Ordinario (del 24 al 29 de Mayo 2010)
Queridos Candidatos Aspirantes al Diaconado Permanente, Diócesis de San Justo
Casi con cierta pena reiniciamos el tiempo litúrgico que se llama “Ordinario”. Digo con pena, porque nos gustaría dedicar más días para celebrar la Pascua de Pentecostés. Los cambios litúrgicos posteriores al Vaticano II han dejado las cosas así. Habíamos abandonado el tiempo Ordinario cuando comenzó la Cuaresma. Lo reiniciamos en la semana 8ª.
Las primeras lecturas de esta semana se toman de la carta de Pedro, cinco días, y el sábado de la carta de Judas. Pertenecen estas cartas a las llamadas “católicas”, porque no estaban destinadas a una comunidad, como las de Pablo, sino a todas las comunidades. Las de san Pedro –son dos- están destinadas a varias comunidades de Asia Menor. Escritas desde Roma –Babilonia, la llama él- a cristianos que antes eran paganos –escribe en griego- , que necesitan reforzar su fe en medio de las dificultades que encuentran para confesarla y vivirla. La de Judas tiene como objetivo desvelar las falsas doctrinas que algunos divulgan en las comunidades cristianas.
Los textos evangélicos retoman el Evangelio de Marcos que se venía ofreciendo desde las primeras semanas del tiempo Ordinario. Jesús ha salido ya de Galilea y de predicar a la multitud, y se centra más en la catequesis a los discípulos.
En esta semana, el lunes, en la Familia dominicana se celebra la traslación del cuerpo de Santo Domingo. Como la fiesta del Patriarca cae en agosto, cuando las vidas de las comunidades en este hemisferio norte es leve a causa del período vacacional, se aprovecha este día para poder celebrar en familia al que llamamos Nuestro Padre. Es necesario dar el mayor relieve a la fiesta del jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, en este año sacerdotal.
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Lunes, 24/5/2010 Traslación de Santo Domingo
"“No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis y creéis en Él”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego-llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.
Sal 110, 1-2. 5-6. 9ab y 10c R. El Señor recuerda siempre su alianza.
Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.
R.............................
Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles.
R............................
Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza; la alabanza del Señor dura por siempre.
R..........
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-27
En aquel tiempo, cuando salta Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: -«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: -« ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» Él replicó: -«Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.» Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: -«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: -«¡ Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios! » Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: -«Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por todo.» el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: -«Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: -«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede
II. Compartimos la Palabra
Después de la Cuaresma y de la toda la Pascua, retomamos hoy el Tiempo Ordinario.
El Tiempo Ordinario no es una vuelta a la rutina, a la monotonía (que bien podía ser), sino que el Tiempo Ordinario es un tiempo cargado de la belleza de lo sencillo, donde se juega la Felicidad.
Iniciamos, además, este tiempo con una Memoria Obligatoria dominicana: la traslación de cuerpo de Nuestro Padre Domingo. Esta es una memoria donde se celebra lo sencillo. Por parte de Santo Domingo, su voluntad de ser enterrado a los pies de los frailes. Por parte de los frailes, la negación a un culto desmesurado, lleno de barroquismo, de quien era el Patriarca (el padre) de la Orden.
Tanto la primera lectura de la 1Pe. como el Evangelio tienen un hilo conductor: descubrir lo nuevo que hay en lo conocido, en lo sabido, en lo asumido; es decir, abrir los ojos a nuestra cotidianidad y contemplar lo que hay en ella y que pasa desapercibido o que pasa por “normal” o habitual. Tendemos a no valorar lo gratuito, lo que creemos que es normal; al ser “algo” normal, habitual en nuestra vida, no le damos valor. ¿Por qué? Porque es normal. Por ejemplo, “hacer la comida” o “ordenar la habitación” es algo normal, que hacemos todos los días, pero es algo que más allá de hecho de hacer la comida, se encuentra nuestra capacidad de creatividad para hacer cada día un plato distinto o el cariño con el que se hace la comida para que disfruten los comensales... Ir más allá del hecho, de lo que se ve, y ver lo que hay detrás, es contemplar la misma realidad de todos los días con ojos sabios, con los ojos salvadores: “No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis y creéis en Él”.
Por último, un matiz. Miremos la reacción del hombre rico cuando Jesús le apunta que venda todo lo que tiene, que lo reparta a los pobres y que le siga, si quiere heredar la vida eterna. (En la Escritura donde pone vida eterna o salvación podemos sustituirlo por Felicidad; quizás esta la palabra Felicidad resuene con más fuerza en las vidas de las personas) La reacción es de tristeza, de pesadez, de amargura... No se la ha dado Dios , sino que la ha elegido el hombre libremente. En definitiva, el rico ha renunciado a su propia Felicidad, a la riqueza del corazón, de lo profundo, donde se encuentran nuestras raíces. ¿Por qué? Porque no ha sabido contemplar lo sencillo de la vida.
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Martes, 25/5/2010
"Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 10-16
Queridos hermanos: La salvación fue el tema que investigaron y escrutaron los profetas, los que predecían la gracia destinada a vosotros. El Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, les declaraba por anticipado los sufrimientos de Cristo y la gloria que seguiría; ellos indagaron para cuándo y para qué circunstancia lo indicaba el Espíritu. Se les reveló que aquello de que trataban no era para su tiempo, sino para el vuestro. Y ahora se os anuncia por medio de predicadores que os han traído el Evangelio con la fuerza del Espíritu enviado del cielo. Son cosas que los ángeles ansían penetrar. Por eso, estad interiormente preparados para la acción, controlándoos bien, a la expectativa del don que os va a traer la revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis más a los deseos que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia. El que os llamó es santo; como él, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta, porque dice la Escritura: «Seréis santos, porque yo soy santo.»
Sal 97, 1. 2-3ab. 3c-4 R. El Señor da a conocer su victoria.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
R..........................
El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
R........................
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclamad al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
R.............................
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: -«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: -«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»
II. Compartimos la Palabra
*
“El que os llamó es santo; como él, sed también vosotros santos”
La salvación, la vida en abundancia, la vida resucitada después de la muerte… nos la ha conseguido Cristo, aunque su llegada la fueron preparando los profetas. Lo que nos toca a todos los que hemos nacido después de Cristo y hemos tenido la suerte de que él se haya hecho el encontradizo con nosotros es unir nuestra vida a la suya, ser seguidores suyos en todo, transitar por el mismo camino que él transitó, tener la misma postura que él tuvo ante Dios, ante los demás, ante uno mismo, ante todas las realidades terrenas. De esta manera nos incorporamos a la salvación, a esa nueva vida que él nos ofrece. Es el único camino para ser santos como es santo el que nos llamó.
*
¿Cuál es nuestro premio?
Muchos cristianos, algunos de los cuales les veneramos como santos, han tenido con Jesús un diálogo un poco distinto del que tuvo Pedro. Cuando se han adentrado en la persona de Cristo Jesús, no le ha pedido cien veces más de lo que han dejado en esta tierra. Tanto para el primer tiempo como para el segundo de nuestra existencia, sólo le han pedido gozar de su PERSONA siempre, gozar de su amistad siempre… todo lo demás vendrá por añadidura. En frase atrevida, San Pablo llegó a decir que “juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo”.
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Miércoles, 26/5/2010 San Felipe Neri
"El Hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos ".
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 18-25
Queridos hermanos: Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por vuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza. Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis vuelto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera, porque «toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, la flor se cae; pero la palabra del Señor permanece para siempre.» Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos
Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
R.....................
Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.
R...................
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.
R....................
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 32-45
En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados. Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: -«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.» Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: -«Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: -«¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: -«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. » Jesús replicó: -«No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: -«Lo somos.» Jesús les dijo: -«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; está ya reservado. » Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: -«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos. »
II. Compartimos la Palabra
Pedro sigue con su catequesis bautismal. Jesús, con su catequesis pascual. Subiendo a Jerusalén, sabiendo y asumiendo lo que le espera allí, prepara a sus discípulos. Lo hace por tercera vez. Pero, los discípulos están a lo suyo. Lo que sea, sonará. Pero, mientras, hay que procurar colocarse bien, tomar posiciones y procurarse los primeros y mejores puestos en el futuro reino.
*
“Habéis vuelto a nacer de un padre inmortal”
“Si alguien no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,5); “Si alguien no ha nacido de nuevo de arriba…”(Jn 3,3). Pedro no hace más que repetir y sacar consecuencias de aquella conversación trascendental de Jesús con Nicodemo.
“Puesto que habéis nacido de nuevo, conducíos en la vida con respeto y con amor”. La razón es que han nacido de Dios, por tanto han de comportarse como hijos, con respecto a Dios, y como hermanos entre sí. Una familia nueva, unos valores nuevos, unas actitudes donde prevalezca el respeto y amor familiar, filial y fraternal. “Habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente”.
*
“No así vosotros”
“¿Qué queréis que haga por vosotros?” Dijo Jesús a aquellos amigos suyos que habían dejado barcas, redes, padres, negocios, para seguirle. Y si nos hiciera a cada uno de nosotros la misma pregunta, ¿se distinguiría, en el fondo, nuestra contestación de la de aquellos dos discípulos? ¿Qué es lo que solemos pedir en nuestras oraciones? Aunque no creo que andemos soñando con puestos a su lado, siendo sinceros tendremos que reconocer que, en el fondo, no nos distinguimos tanto de Santiago y Juan en cuanto a su petición se refiere.
En ese caso, sería fácil que también nosotros escucháramos a Jesús preguntándonos: ¿Hasta dónde estáis dispuestos a seguirme? ¿Hasta el bautismo con el que yo me voy a bautizar? ¿Seréis capaces de llegar a beber una copa similar a la mía? Y, si contestamos como ellos, y notamos que los demás se han percatado de nuestra codicia, ambición y egoísmo, estemos preparados para seguir escuchando al Señor:
¡Vosotros, no! “No ha de ser así entre vosotros”. Hacéis bien en querer ser importantes, pero “el que quiera ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor”. Servicio, es su consigna. Servicio hasta exprimir la vida. “Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate por todos”.
Servicio que, junto a la oración, fueron las “obsesiones” de san Felipe Neri, que le llevaron a fundar el Oratorio para que tuvieran continuidad. Oratorio, que en forma de Oratorios confederados desde 1942, siguen pujantes en distintas naciones del mundo.
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Jueves, 27/5/2010 Jesucristo, sumo y eterno sacerdote
“Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, haced esto en memoria mía”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de Isaías 52, 13-53, 12
Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenla aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.
Sal 39, 6. 7. 8-9. 10. 11 R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar. Intento proclamarlas, decirlas, pero superan todo número.
R........................
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio.
R.......................
Entonces yo digo: «Aquí estoy -como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.
R......................
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes.
R......................
No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea.
R.....................
Lectura del santo evangelio según san Lucas 22, 14-20
Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: -«He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.» Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: -«Tornad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.» Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: -«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.» Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: -«Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»
II. Compartimos la Palabra
“Cristo mediador de la Nueva Alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa”
Cristo, Pontífice máximo, entre Dios y los hombres, con un pretil en la humanidad y el otro en Dios, es el único camino que nos conduce al Padre y el único sacerdote eterno, con El y por El, se realiza la Alianza Nueva y Eterna. Alianza perfecta entre Dios y la humanidad, sellada con la sangre de Cristo, Cordero inmolado , que nos invita a acercarnos a Él con corazón sincero; Llenos de fe y gratitud digamos con él: ”Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad “.
En torno a Cristo, nace la Iglesia; Asamblea cúltica, que participando del Sacerdocio de Cristo por el bautismo, ofrece con El al Padre el único sacrificio que le agrada, el Cordero inmolado que quita el pecado del mundo.
En este día, pidamos, que no falten nunca a la Iglesia sacerdotes santos y sabios, que perpetúen el misterio haciendo presente el sacrificio de Cristo en el Altar Sacramento de nuestra fe y que nosotros respondamos de verdad anunciando su muerte, proclamando su resurrección y clamando ! Ven Señor Jesús¡.
“Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, haced esto en memoria mía”
La lectura de hoy nos introduce en el sacramento o misterio de la fe; Santo Tomás, su, en uno de sus himnos Eucarísticos afirma: “Lo que no se ve ni entiende, la fe viva lo defiende sobre el orden natural”, sólo si lo vivimos desde la fe, podremos encontrarnos con el misterio.
Misterio de Amor, Cristo que se entrega y se da, se entrega al Padre como cordero inmolado, sellando con su sangre, la Nueva Alianza y entregándose como pan partido, a todos y cada uno de los que le reciben. ¿Puede haber amor más grande?.
Toda la vida de Jesús, es una entrega continua de amor, pero cuando se manifiesta plenamente es en este momento final. Nos da su Cuerpo y su sangre, prenda de inmortalidad.
Jesús, nos manifiesta su amor en esa entrega y pide que nos amemos como Él nos ha amado. Si la Eucaristía es entrega de amor, no podemos acercarnos a ella si no vamos revestidos del amor de Cristo al padre y a los hermanos.
Que su gracia nos inunde para que vivamos de verdad este sacramento del amor en entrega a Dios y al hermano.
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Viernes, 28/5/2010
“Sed buenos administradores de la gracia de Dios”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 4,7-13
Queridos hermanos: El fin de todas las cosas está cercano. Sed, pues, moderados y sobrios, para poder orar. Ante todo, mantened en tensión el amor mutuo, porque el amor cubre la multitud de los pecados. Ofreceos mutuamente hospitalidad, sin protestar. Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Queridos hermanos, no os extrañéis de ese fuego abrasador que os pone a prueba, como si os sucediera algo extraordinario. Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
Sal 95, 10.11-12. 13 Llega el Señor a regir la tierra.
Decid a los pueblos: "El Señor es rey, / él afianzó el orbe, y no se moverá; / él gobierna a los pueblos rectamente."
R.................
Alégrese el cielo, goce la tierra, / retumbe el mar y cuanto lo llena; / vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, / aclamen los árboles del bosque.
R...............
Delante del Señor, que ya llega, / ya llega a regir la tierra: / regirá el orbe con justicia / y los pueblos con fidelidad.
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Lectura del santo evangelio según san Marcos 11, 11-26
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: -«Nunca jamás coma nadie de ti.» Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo: -« ¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos" Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.» Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: -«Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.» Jesús contestó: -«Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tirate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas. »
II. Compartimos la Palabra
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“Sed buenos administradores de la gracia de Dios”
La liturgia de esta semana ha reanudado las lecturas del Tiempo Ordinario, interrumpido para celebrar los misterios centrales de nuestra fe, en los tiempos fuertes de Cuaresma y Pascua. S. Pedro en su primera epístola nos avisa: “El fin de todas las cosas está cercano”. Se impone la preparación para el encuentro con el Señor mediante la oración y el amor mutuo, que se hace real y auténtico en la hospitalidad, el perdón y el servicio fraterno, cada cual con el don recibido.
Jesucristo, con su resurrección ha hecho nuevas todas las cosas y quiere que vivamos esa novedad en nuestra relación con Él, en la familia, en el trabajo, en todas las circunstancias favorables y adversas, permaneciendo alegres cuando compartimos los sufrimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria, rebosemos de gozo. Que se enteren todos los pueblos que el Señor es Rey, que rige las naciones con justicia y fidelidad. Él ha inaugurado el Reino de Dios, y cuenta con nosotros para extenderlo hasta los confines del orbe.
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“Tened fe en Dios”
El Evangelio nos muestra dos gestos de Jesús: la maldición de la higuera y la expulsión de los mercaderes del templo. Ambos nos alertan de la urgencia de dar frutos, aunque parezca que “no es tiempo”, porque esa frondosidad en las obras rutinarias nos dejan vacíos y estériles de cara al Reino de Dios.
Cuidado también con limitarnos a cumplir un servicio (como los vendedores de ovejas y palomas en el templo), olvidando la finalidad de nuestra vida, que es la de dar culto a Dios en espíritu y en verdad.
Dios nos pide frutos de fe y de amor. No le agradan las hojas de una piedad vacía. Es necesario acudir a Él por la oración, pero antes perdonar las ofensas recibidas, para que Dios nos perdone, y estar seguros que nuestro Padre nos escucha y concede lo que le pedimos con humildad y confianza.
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Sábado, 29/5/2010
“Manteneos así en el amor de Dios”
Lectura Judas 17.20b-25
Queridos hermanos, acordaos de lo que predijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Idos asentando sobre el cimiento de vuestra santa fe, orad movidos por el Espíritu Santo y manteneos así en el amor de Dios, aguardando a que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os dé la vida eterna. ¿Titubean algunos? Tened compasión de ellos; a unos, salvadlos, arrancándolos del fuego; a otros, mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por la carne. Al único Dios, nuestro salvador, que puede preservaros de tropiezos y presentaros ante su gloria exultantes y sin mancha, gloria y majestad, dominio y poderío, por Jesucristo, nuestro Señor, desde siempre y ahora y por todos los siglos. Amén.
Sal 62,2. 3-4. 5-6 Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, / mi alma está sedienta de ti; / mi carne tiene ansia de ti, / como tierra reseca, agostada, sin agua.
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¡Cómo te contemplaba en el santuario / viendo tu fuerza y tu gloria! / Tu gracia vale más que la vida, / te alabarán mis labios.
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Toda mi vida te bendeciré / y alzaré las manos invocándote. / Me saciaré como de enjundia y de manteca, / y mis labios te alabarán jubilosos.
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Lectura del santo evangelio según san Marcos 11, 27-33
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: -«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad? » Jesús les respondió: -«Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.» Se pusieron a deliberar: -«Si decimos que es de Dios, dirá: "¿Y por qué no le habéis creído?" Pero como digamos que es de los hombres ... » (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.) Y respondieron a Jesús: -«No sabemos.» Jesús les replicó: -«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
II. Compartimos la Palabra
Muchas veces se habla de la fe con el símil de un edificio. Ya lo hizo Jesús, con la conocida parábola de aquellos que construyeron su casa sobre roca y sobre arena. La comunidad que recibe el texto de Judas debía conocer a fondo ese ejemplo y por eso, el autor usa una idea de su Maestro –posiblemente, también esto tenía que ver entonces con la autoridad de la que nos habla el texto del evangelio de hoy–.
La cosa está en que la fe no es algo que se nos da dentro de un paquete, completo, cerrado y acabado según a cada cual. Se trata de un don, es cierto, pero como todo lo que nos viene de Dios, esta gracia hay que construirla poco a poco, piedra a piedra, cuidando en poner bien asentados los cimientos. En la Carta se nos habla de la oración y del amor a Dios, como aquello básico para lograr que esa fe recibida se vaya haciendo fuerte, estable y también productiva, diríamos nosotros. Porque no parece que tenga mucho sentido –o más bien ninguno– una fe que guardemos en el mismo paquete de antes, por aquello de que no se estropee, y neguemos el servicio a los demás al que estamos llamados como seguidores y seguidoras de Jesús.
Y eso es lo que nos puede conferir o quitar la autoridad de la que habla Jesús y que los principales dentro del espacio del Templo no alcanzaron a entender. A Jesús no le venía de cargos o ministerios como a ellos. Él tenía autoridad porque puso su sabiduría al servicio de la gente manchada y machacada, de los que estaban al borde del camino, de aquellas a las que se consideraba menos que nada.
A diferencia de los que se enfrentan dialécticamente a Jesús en el texto que contemplamos hoy, ponernos de parte de esas personas, tomar partido por ellos y ellas es lo que nos hace, nos hará tener autoridad. Estar cerca de los que carecen de una voz autorizada dentro de la iglesia, de los que van a sufrir los recortes más duramente en su pellejo, de los millones de seres humanos que viven recortados toda la vida, de los que sufren y sufrirán los abusos de aquellos que tienen poder, pero no autoridad…
Esa es la gloria de Jesús y esa es nuestra gloria. No “la gloria y majestad, dominio y poderío”, no la autoridad que ejercían y ejercen los poderosos de la tierra. Sino la que nos hace servidores a unos de otros, como Jesús.
Casi con cierta pena reiniciamos el tiempo litúrgico que se llama “Ordinario”. Digo con pena, porque nos gustaría dedicar más días para celebrar la Pascua de Pentecostés. Los cambios litúrgicos posteriores al Vaticano II han dejado las cosas así. Habíamos abandonado el tiempo Ordinario cuando comenzó la Cuaresma. Lo reiniciamos en la semana 8ª.
Las primeras lecturas de esta semana se toman de la carta de Pedro, cinco días, y el sábado de la carta de Judas. Pertenecen estas cartas a las llamadas “católicas”, porque no estaban destinadas a una comunidad, como las de Pablo, sino a todas las comunidades. Las de san Pedro –son dos- están destinadas a varias comunidades de Asia Menor. Escritas desde Roma –Babilonia, la llama él- a cristianos que antes eran paganos –escribe en griego- , que necesitan reforzar su fe en medio de las dificultades que encuentran para confesarla y vivirla. La de Judas tiene como objetivo desvelar las falsas doctrinas que algunos divulgan en las comunidades cristianas.
Los textos evangélicos retoman el Evangelio de Marcos que se venía ofreciendo desde las primeras semanas del tiempo Ordinario. Jesús ha salido ya de Galilea y de predicar a la multitud, y se centra más en la catequesis a los discípulos.
En esta semana, el lunes, en la Familia dominicana se celebra la traslación del cuerpo de Santo Domingo. Como la fiesta del Patriarca cae en agosto, cuando las vidas de las comunidades en este hemisferio norte es leve a causa del período vacacional, se aprovecha este día para poder celebrar en familia al que llamamos Nuestro Padre. Es necesario dar el mayor relieve a la fiesta del jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, en este año sacerdotal.
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Lunes, 24/5/2010 Traslación de Santo Domingo
"“No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis y creéis en Él”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego-llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.
Sal 110, 1-2. 5-6. 9ab y 10c R. El Señor recuerda siempre su alianza.
Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.
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Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles.
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Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza; la alabanza del Señor dura por siempre.
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Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-27
En aquel tiempo, cuando salta Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: -«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: -« ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» Él replicó: -«Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.» Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: -«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: -«¡ Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios! » Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: -«Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por todo.» el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: -«Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: -«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede
II. Compartimos la Palabra
Después de la Cuaresma y de la toda la Pascua, retomamos hoy el Tiempo Ordinario.
El Tiempo Ordinario no es una vuelta a la rutina, a la monotonía (que bien podía ser), sino que el Tiempo Ordinario es un tiempo cargado de la belleza de lo sencillo, donde se juega la Felicidad.
Iniciamos, además, este tiempo con una Memoria Obligatoria dominicana: la traslación de cuerpo de Nuestro Padre Domingo. Esta es una memoria donde se celebra lo sencillo. Por parte de Santo Domingo, su voluntad de ser enterrado a los pies de los frailes. Por parte de los frailes, la negación a un culto desmesurado, lleno de barroquismo, de quien era el Patriarca (el padre) de la Orden.
Tanto la primera lectura de la 1Pe. como el Evangelio tienen un hilo conductor: descubrir lo nuevo que hay en lo conocido, en lo sabido, en lo asumido; es decir, abrir los ojos a nuestra cotidianidad y contemplar lo que hay en ella y que pasa desapercibido o que pasa por “normal” o habitual. Tendemos a no valorar lo gratuito, lo que creemos que es normal; al ser “algo” normal, habitual en nuestra vida, no le damos valor. ¿Por qué? Porque es normal. Por ejemplo, “hacer la comida” o “ordenar la habitación” es algo normal, que hacemos todos los días, pero es algo que más allá de hecho de hacer la comida, se encuentra nuestra capacidad de creatividad para hacer cada día un plato distinto o el cariño con el que se hace la comida para que disfruten los comensales... Ir más allá del hecho, de lo que se ve, y ver lo que hay detrás, es contemplar la misma realidad de todos los días con ojos sabios, con los ojos salvadores: “No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis y creéis en Él”.
Por último, un matiz. Miremos la reacción del hombre rico cuando Jesús le apunta que venda todo lo que tiene, que lo reparta a los pobres y que le siga, si quiere heredar la vida eterna. (En la Escritura donde pone vida eterna o salvación podemos sustituirlo por Felicidad; quizás esta la palabra Felicidad resuene con más fuerza en las vidas de las personas) La reacción es de tristeza, de pesadez, de amargura... No se la ha dado Dios , sino que la ha elegido el hombre libremente. En definitiva, el rico ha renunciado a su propia Felicidad, a la riqueza del corazón, de lo profundo, donde se encuentran nuestras raíces. ¿Por qué? Porque no ha sabido contemplar lo sencillo de la vida.
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Martes, 25/5/2010
"Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 10-16
Queridos hermanos: La salvación fue el tema que investigaron y escrutaron los profetas, los que predecían la gracia destinada a vosotros. El Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, les declaraba por anticipado los sufrimientos de Cristo y la gloria que seguiría; ellos indagaron para cuándo y para qué circunstancia lo indicaba el Espíritu. Se les reveló que aquello de que trataban no era para su tiempo, sino para el vuestro. Y ahora se os anuncia por medio de predicadores que os han traído el Evangelio con la fuerza del Espíritu enviado del cielo. Son cosas que los ángeles ansían penetrar. Por eso, estad interiormente preparados para la acción, controlándoos bien, a la expectativa del don que os va a traer la revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis más a los deseos que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia. El que os llamó es santo; como él, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta, porque dice la Escritura: «Seréis santos, porque yo soy santo.»
Sal 97, 1. 2-3ab. 3c-4 R. El Señor da a conocer su victoria.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
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El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
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Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclamad al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
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Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: -«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: -«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»
II. Compartimos la Palabra
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“El que os llamó es santo; como él, sed también vosotros santos”
La salvación, la vida en abundancia, la vida resucitada después de la muerte… nos la ha conseguido Cristo, aunque su llegada la fueron preparando los profetas. Lo que nos toca a todos los que hemos nacido después de Cristo y hemos tenido la suerte de que él se haya hecho el encontradizo con nosotros es unir nuestra vida a la suya, ser seguidores suyos en todo, transitar por el mismo camino que él transitó, tener la misma postura que él tuvo ante Dios, ante los demás, ante uno mismo, ante todas las realidades terrenas. De esta manera nos incorporamos a la salvación, a esa nueva vida que él nos ofrece. Es el único camino para ser santos como es santo el que nos llamó.
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¿Cuál es nuestro premio?
Muchos cristianos, algunos de los cuales les veneramos como santos, han tenido con Jesús un diálogo un poco distinto del que tuvo Pedro. Cuando se han adentrado en la persona de Cristo Jesús, no le ha pedido cien veces más de lo que han dejado en esta tierra. Tanto para el primer tiempo como para el segundo de nuestra existencia, sólo le han pedido gozar de su PERSONA siempre, gozar de su amistad siempre… todo lo demás vendrá por añadidura. En frase atrevida, San Pablo llegó a decir que “juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo”.
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Miércoles, 26/5/2010 San Felipe Neri
"El Hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos ".
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 18-25
Queridos hermanos: Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por vuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza. Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis vuelto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera, porque «toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, la flor se cae; pero la palabra del Señor permanece para siempre.» Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos
Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
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Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.
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Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.
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Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 32-45
En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados. Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: -«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.» Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: -«Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: -«¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: -«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. » Jesús replicó: -«No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: -«Lo somos.» Jesús les dijo: -«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; está ya reservado. » Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: -«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos. »
II. Compartimos la Palabra
Pedro sigue con su catequesis bautismal. Jesús, con su catequesis pascual. Subiendo a Jerusalén, sabiendo y asumiendo lo que le espera allí, prepara a sus discípulos. Lo hace por tercera vez. Pero, los discípulos están a lo suyo. Lo que sea, sonará. Pero, mientras, hay que procurar colocarse bien, tomar posiciones y procurarse los primeros y mejores puestos en el futuro reino.
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“Habéis vuelto a nacer de un padre inmortal”
“Si alguien no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,5); “Si alguien no ha nacido de nuevo de arriba…”(Jn 3,3). Pedro no hace más que repetir y sacar consecuencias de aquella conversación trascendental de Jesús con Nicodemo.
“Puesto que habéis nacido de nuevo, conducíos en la vida con respeto y con amor”. La razón es que han nacido de Dios, por tanto han de comportarse como hijos, con respecto a Dios, y como hermanos entre sí. Una familia nueva, unos valores nuevos, unas actitudes donde prevalezca el respeto y amor familiar, filial y fraternal. “Habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente”.
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“No así vosotros”
“¿Qué queréis que haga por vosotros?” Dijo Jesús a aquellos amigos suyos que habían dejado barcas, redes, padres, negocios, para seguirle. Y si nos hiciera a cada uno de nosotros la misma pregunta, ¿se distinguiría, en el fondo, nuestra contestación de la de aquellos dos discípulos? ¿Qué es lo que solemos pedir en nuestras oraciones? Aunque no creo que andemos soñando con puestos a su lado, siendo sinceros tendremos que reconocer que, en el fondo, no nos distinguimos tanto de Santiago y Juan en cuanto a su petición se refiere.
En ese caso, sería fácil que también nosotros escucháramos a Jesús preguntándonos: ¿Hasta dónde estáis dispuestos a seguirme? ¿Hasta el bautismo con el que yo me voy a bautizar? ¿Seréis capaces de llegar a beber una copa similar a la mía? Y, si contestamos como ellos, y notamos que los demás se han percatado de nuestra codicia, ambición y egoísmo, estemos preparados para seguir escuchando al Señor:
¡Vosotros, no! “No ha de ser así entre vosotros”. Hacéis bien en querer ser importantes, pero “el que quiera ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor”. Servicio, es su consigna. Servicio hasta exprimir la vida. “Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate por todos”.
Servicio que, junto a la oración, fueron las “obsesiones” de san Felipe Neri, que le llevaron a fundar el Oratorio para que tuvieran continuidad. Oratorio, que en forma de Oratorios confederados desde 1942, siguen pujantes en distintas naciones del mundo.
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Jueves, 27/5/2010 Jesucristo, sumo y eterno sacerdote
“Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, haced esto en memoria mía”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura del libro de Isaías 52, 13-53, 12
Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenla aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.
Sal 39, 6. 7. 8-9. 10. 11 R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar. Intento proclamarlas, decirlas, pero superan todo número.
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Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio.
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Entonces yo digo: «Aquí estoy -como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.
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He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes.
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No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea.
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 22, 14-20
Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: -«He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.» Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: -«Tornad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.» Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: -«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.» Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: -«Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»
II. Compartimos la Palabra
“Cristo mediador de la Nueva Alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa”
Cristo, Pontífice máximo, entre Dios y los hombres, con un pretil en la humanidad y el otro en Dios, es el único camino que nos conduce al Padre y el único sacerdote eterno, con El y por El, se realiza la Alianza Nueva y Eterna. Alianza perfecta entre Dios y la humanidad, sellada con la sangre de Cristo, Cordero inmolado , que nos invita a acercarnos a Él con corazón sincero; Llenos de fe y gratitud digamos con él: ”Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad “.
En torno a Cristo, nace la Iglesia; Asamblea cúltica, que participando del Sacerdocio de Cristo por el bautismo, ofrece con El al Padre el único sacrificio que le agrada, el Cordero inmolado que quita el pecado del mundo.
En este día, pidamos, que no falten nunca a la Iglesia sacerdotes santos y sabios, que perpetúen el misterio haciendo presente el sacrificio de Cristo en el Altar Sacramento de nuestra fe y que nosotros respondamos de verdad anunciando su muerte, proclamando su resurrección y clamando ! Ven Señor Jesús¡.
“Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, haced esto en memoria mía”
La lectura de hoy nos introduce en el sacramento o misterio de la fe; Santo Tomás, su, en uno de sus himnos Eucarísticos afirma: “Lo que no se ve ni entiende, la fe viva lo defiende sobre el orden natural”, sólo si lo vivimos desde la fe, podremos encontrarnos con el misterio.
Misterio de Amor, Cristo que se entrega y se da, se entrega al Padre como cordero inmolado, sellando con su sangre, la Nueva Alianza y entregándose como pan partido, a todos y cada uno de los que le reciben. ¿Puede haber amor más grande?.
Toda la vida de Jesús, es una entrega continua de amor, pero cuando se manifiesta plenamente es en este momento final. Nos da su Cuerpo y su sangre, prenda de inmortalidad.
Jesús, nos manifiesta su amor en esa entrega y pide que nos amemos como Él nos ha amado. Si la Eucaristía es entrega de amor, no podemos acercarnos a ella si no vamos revestidos del amor de Cristo al padre y a los hermanos.
Que su gracia nos inunde para que vivamos de verdad este sacramento del amor en entrega a Dios y al hermano.
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Viernes, 28/5/2010
“Sed buenos administradores de la gracia de Dios”.
I. Contemplamos la Palabra
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 4,7-13
Queridos hermanos: El fin de todas las cosas está cercano. Sed, pues, moderados y sobrios, para poder orar. Ante todo, mantened en tensión el amor mutuo, porque el amor cubre la multitud de los pecados. Ofreceos mutuamente hospitalidad, sin protestar. Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Queridos hermanos, no os extrañéis de ese fuego abrasador que os pone a prueba, como si os sucediera algo extraordinario. Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
Sal 95, 10.11-12. 13 Llega el Señor a regir la tierra.
Decid a los pueblos: "El Señor es rey, / él afianzó el orbe, y no se moverá; / él gobierna a los pueblos rectamente."
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Alégrese el cielo, goce la tierra, / retumbe el mar y cuanto lo llena; / vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, / aclamen los árboles del bosque.
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Delante del Señor, que ya llega, / ya llega a regir la tierra: / regirá el orbe con justicia / y los pueblos con fidelidad.
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Lectura del santo evangelio según san Marcos 11, 11-26
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: -«Nunca jamás coma nadie de ti.» Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo: -« ¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos" Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.» Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: -«Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.» Jesús contestó: -«Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tirate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas. »
II. Compartimos la Palabra
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“Sed buenos administradores de la gracia de Dios”
La liturgia de esta semana ha reanudado las lecturas del Tiempo Ordinario, interrumpido para celebrar los misterios centrales de nuestra fe, en los tiempos fuertes de Cuaresma y Pascua. S. Pedro en su primera epístola nos avisa: “El fin de todas las cosas está cercano”. Se impone la preparación para el encuentro con el Señor mediante la oración y el amor mutuo, que se hace real y auténtico en la hospitalidad, el perdón y el servicio fraterno, cada cual con el don recibido.
Jesucristo, con su resurrección ha hecho nuevas todas las cosas y quiere que vivamos esa novedad en nuestra relación con Él, en la familia, en el trabajo, en todas las circunstancias favorables y adversas, permaneciendo alegres cuando compartimos los sufrimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria, rebosemos de gozo. Que se enteren todos los pueblos que el Señor es Rey, que rige las naciones con justicia y fidelidad. Él ha inaugurado el Reino de Dios, y cuenta con nosotros para extenderlo hasta los confines del orbe.
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“Tened fe en Dios”
El Evangelio nos muestra dos gestos de Jesús: la maldición de la higuera y la expulsión de los mercaderes del templo. Ambos nos alertan de la urgencia de dar frutos, aunque parezca que “no es tiempo”, porque esa frondosidad en las obras rutinarias nos dejan vacíos y estériles de cara al Reino de Dios.
Cuidado también con limitarnos a cumplir un servicio (como los vendedores de ovejas y palomas en el templo), olvidando la finalidad de nuestra vida, que es la de dar culto a Dios en espíritu y en verdad.
Dios nos pide frutos de fe y de amor. No le agradan las hojas de una piedad vacía. Es necesario acudir a Él por la oración, pero antes perdonar las ofensas recibidas, para que Dios nos perdone, y estar seguros que nuestro Padre nos escucha y concede lo que le pedimos con humildad y confianza.
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Sábado, 29/5/2010
“Manteneos así en el amor de Dios”
Lectura Judas 17.20b-25
Queridos hermanos, acordaos de lo que predijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Idos asentando sobre el cimiento de vuestra santa fe, orad movidos por el Espíritu Santo y manteneos así en el amor de Dios, aguardando a que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os dé la vida eterna. ¿Titubean algunos? Tened compasión de ellos; a unos, salvadlos, arrancándolos del fuego; a otros, mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por la carne. Al único Dios, nuestro salvador, que puede preservaros de tropiezos y presentaros ante su gloria exultantes y sin mancha, gloria y majestad, dominio y poderío, por Jesucristo, nuestro Señor, desde siempre y ahora y por todos los siglos. Amén.
Sal 62,2. 3-4. 5-6 Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, / mi alma está sedienta de ti; / mi carne tiene ansia de ti, / como tierra reseca, agostada, sin agua.
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¡Cómo te contemplaba en el santuario / viendo tu fuerza y tu gloria! / Tu gracia vale más que la vida, / te alabarán mis labios.
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Toda mi vida te bendeciré / y alzaré las manos invocándote. / Me saciaré como de enjundia y de manteca, / y mis labios te alabarán jubilosos.
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Lectura del santo evangelio según san Marcos 11, 27-33
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: -«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad? » Jesús les respondió: -«Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.» Se pusieron a deliberar: -«Si decimos que es de Dios, dirá: "¿Y por qué no le habéis creído?" Pero como digamos que es de los hombres ... » (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.) Y respondieron a Jesús: -«No sabemos.» Jesús les replicó: -«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
II. Compartimos la Palabra
Muchas veces se habla de la fe con el símil de un edificio. Ya lo hizo Jesús, con la conocida parábola de aquellos que construyeron su casa sobre roca y sobre arena. La comunidad que recibe el texto de Judas debía conocer a fondo ese ejemplo y por eso, el autor usa una idea de su Maestro –posiblemente, también esto tenía que ver entonces con la autoridad de la que nos habla el texto del evangelio de hoy–.
La cosa está en que la fe no es algo que se nos da dentro de un paquete, completo, cerrado y acabado según a cada cual. Se trata de un don, es cierto, pero como todo lo que nos viene de Dios, esta gracia hay que construirla poco a poco, piedra a piedra, cuidando en poner bien asentados los cimientos. En la Carta se nos habla de la oración y del amor a Dios, como aquello básico para lograr que esa fe recibida se vaya haciendo fuerte, estable y también productiva, diríamos nosotros. Porque no parece que tenga mucho sentido –o más bien ninguno– una fe que guardemos en el mismo paquete de antes, por aquello de que no se estropee, y neguemos el servicio a los demás al que estamos llamados como seguidores y seguidoras de Jesús.
Y eso es lo que nos puede conferir o quitar la autoridad de la que habla Jesús y que los principales dentro del espacio del Templo no alcanzaron a entender. A Jesús no le venía de cargos o ministerios como a ellos. Él tenía autoridad porque puso su sabiduría al servicio de la gente manchada y machacada, de los que estaban al borde del camino, de aquellas a las que se consideraba menos que nada.
A diferencia de los que se enfrentan dialécticamente a Jesús en el texto que contemplamos hoy, ponernos de parte de esas personas, tomar partido por ellos y ellas es lo que nos hace, nos hará tener autoridad. Estar cerca de los que carecen de una voz autorizada dentro de la iglesia, de los que van a sufrir los recortes más duramente en su pellejo, de los millones de seres humanos que viven recortados toda la vida, de los que sufren y sufrirán los abusos de aquellos que tienen poder, pero no autoridad…
Esa es la gloria de Jesús y esa es nuestra gloria. No “la gloria y majestad, dominio y poderío”, no la autoridad que ejercían y ejercen los poderosos de la tierra. Sino la que nos hace servidores a unos de otros, como Jesús.
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