Se trata de una transformación interior, fruto de la palabra de Dios acogida en la fe, una palabra que nunca vuelve a él vacía, sin haber fecundado primero nuestra árida tierra. Es esa fe la que nos hace conscientes de la necesidad de pedir al Padre que se haga en nosotros su voluntad, reconociendo nuestra impotencia y nuestro pecado, asumiendo también nuestra responsabilidad personal en la tarea de la reconciliación con Dios y con los hermanos. Oración y compromiso: dos imperativos que resaltan, pues, en la liturgia de esta semana con que iniciamos la Cuaresma. Confianza en la ayuda de Dios (“cuando te invoqué me escuchaste”) y exigencia de ir hasta el extremo de la entrega, hasta el amor a los enemigos, que imita la generosidad de Aquel que “hace salir el sol sobre malos y buenos”. Audaz desafío, en cuya aceptación se encuentra sin embargo la fuente de una dicha que sólo conocen los que se aventuran a poner en práctica la Palabra que les habló desde arriba. Celebramos también en estos días la solemnidad de San José, el esposo de la Virgen María, el hombre que acogió en la fe la palabra de Dios y que asumió, por amor, la responsabilidad de proteger y educar a Jesús, el Mesías, en las primeras etapas de su vida. A lado de ambos, él mismo fue descubriendo progresivamente el misterio de Dios y su designio de salvar a la humanidad desde la propia realidad humana. Por eso ha sido declarado patrono de la Iglesia –continuadora de Jesús- y de los seminarios, donde se forman los pastores encargados de guiarla. “Seréis santos porque Yo vuestro Dios soy Santo“ I. Contemplamos la PalabraLectura del libro del Levítico 19,1-2.11-18: El Señor habló a Moisés: «Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: "Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No robaréis ni defraudaréis ni engañaréis a ninguno de vuestro pueblo. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de Dios. Yo soy el Señor. No explotarás a tu prójimo ni lo expropiarás. No dormirá contigo hasta el día siguiente el jornal del obrero. No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezos al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor. No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu conciudadano. No andarás con cuentos de aquí para allá, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor."»Sal 18,8.9.10.15 R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida La ley del Señor es perfectay es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R/. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R/. Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, roca mía, redentor mío. R/. Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,31-46: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»II. Oramos con la PalabraCRISTO, ya veo que al atardecer de la vida seré juzgado por ti sobre el amor. Quiero ser tu amigo de verdad para siempre, también para el día del juicio. Y quiero amarte y servirte en los hermanos: así nuestra amistad será eterna. Y quiero dedicar mi vida en amarte con obras a favor de los hermanos. Y un día, junto con ellos, te amaré directamente a ti, a quien veré en toda tu grandeza y me gozaré en tu amor eterno.
III. Compartimos la PalabraEn este primer lunes de Cuaresma podemos acercarnos, con pié más seguro, a la primera lectura si partimos desde el Evangelio.En el Evangelio de este lunes nos encontramos con el famoso pasaje de Mateo sobre el Juicio Final. Mateo, con mano maravillosa, todavía hoy es capaz de hacernos imaginar como será el juicio final. Pero la fuerza evocadora e imaginativa, que tiene este pasaje, hay que saber canalizarla y explicarla con una idea: al final de nuestra vida seremos juzgados (de esto no hay duda); pero este juicio no será cómo los que realizamos aquí, en nuestro mundo, en nuestra historia. Los juicios humanos están basados en lo bruto, en lo no bello, en lo que se ha hecho mal, en la equivocación… El juicio de Dios tiene otro fundamento: esta basado en las obras de misericordia que hemos hecho. No está basado ni en las equivocaciones que hayamos cometido, ni tampoco en las obras excepcionales que hemos hecho. El computo de Dios es la misericordia. Es sencilla de comprender, que no de vivir, la regla de tres que Mateo nos quiere expresar: a mayor misericordia derramada en esta vida, mayor misericordia derrochará Dios con nosotros, al final de nuestros días. ¿Cómo vivir y en qué consiste esta misericordia? Es ahora cuando podemos acercarnos a la primera lectura del libro del Levítico. El pasaje que se nos presenta este lunes es el conocido texto de la “Ley de la Santidad”. La Santidad, según nos expresa este texto, tiene que ver más con la misericordia que con las virtudes morales de la pureza, con las que habitualmente estamos acostumbrados a asociar la santidad. Santidad y misericordia son, según las lecturas de este primer lunes de cuaresma, dos palabras sinónimas. Por ello, podemos extraer otra regla de tres: a mayor misericordia, mayor santidad. Y a mayor santidad, más nos asemejaremos a nuestro Creador.
“Mi palabra… no volverá a mí vacía” I. Contemplamos la PalabraLectura del libro de Isaías 55,10-11: Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mí voluntad y cumplirá mi encargo.»Sal 33,4-5.6-7.16-17.18-19 R/. El Señor libra de sus angustias a los justos Proclamad conmigo la grandeza del Señor,ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. R/. Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/. Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. R/. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. R/. Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,7-15: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»II. Oramos con la PalabraCRISTO,me uno a ti en la oración al Padre, para que su nombre sea santificado, venga su reino, se haga su voluntad en mi vida. Y contigo le pido al Padre que me dé el pan de cada día, que me perdone como yo quiero perdonar y olvidar, que no me deje caer en la tentación, y me libre del Mal. Amén.
III. Compartimos la Palabra· “Mi palabra… no volverá a mí vacía”Jesús completó lo indicado por el Señor, en este fragmento de Isaías, con la parábola del sembrador. Es cierto que la palabra que sale de la boca del Señor “no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo”. A la luz de la parábola del sembrador, hay que decir que por parte del Señor su palabra siempre da fruto, es eficaz, pero para que eso sea así hay que contar con el hombre, con la tierra que la recibe. Dios no impone nada al hombre por la fuerza. Le ofrece los tesoros de su palabra, de su amor, de su luz, de su amistad… ¡algo sublime! Pero es el hombre el que, ejerciendo su libertad, los tiene que aceptar. En nuestras manos está el aceptar o rechazar los inestimables regalos que Dios nos brinda… incluido el mismo Dios.· “Padre nuestro”.No es posible comentar todo el evangelio de hoy y el Padre nuestro. Sólo tres anotaciones. La primera: Jesús nos invita a que no usemos muchas palabras con Dios. La intensidad de nuestra oración con Él no se mide por la cantidad de nuestras palabras, sino por la calidad de nuestra relación amorosa y de confianza con Él. La segunda: a Dios nos debemos dirigir como lo que es, nuestro Padre, con todo lo que esto lleva consigo. Cuando logramos experimentar que Dios es nuestro Padre y vivir esta sublime verdad… todo cambia, vivimos en este mundo, pero vivimos en otro: en el mundo de la confianza de un hijo con su Padre Dios. Desde aquí, todo, las alegrías, los dolores, los días de sol, los días nublados, el pasado, el presente, el futuro… se vive de manera distinta, con más luz, con más sentido, con más esperanza. Tercera: hemos de pedir a nuestro Padre Dios que nos dé el alimento para ese día, el pan, las fuerzas y luces necesarias para seguir el camino de su Hijo ese día. Al día siguiente le pediremos el alimento para ese nuevo día.“Un corazón quebrantado y humillado, tú, no lo desprecias” I. Contemplamos la PalabraLectura de la profecía de Jonás 3,1-10: Vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive: «Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos.» Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó. Sal 50,3-4.12-13.18-19 R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias Misericordia, Dios mío, por tu bondad,por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R/. Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R/. Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,29-32: En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»II. Oramos con la PalabraCRISTO, nadie hay tan grande, tan sabio, tan misericordioso como tú. Por eso, me apiño entre la gente para que me llegue tu Palabra de vida y me convierta en otro Cristo: que no sea yo quien viva, sino tú en mí.
III. Compartimos la Palabra· “Un corazón quebrantado y humillado, tú, no lo desprecias” (Sal 50)Nínive, importante ciudad de Asiria, al igual que Babilonia, en el lenguaje bíblico, es figura del mal, tal vez, por la presión que con frecuencia ejercieron sobre Israel. No obstante, a esta ciudad fuera de Palestina, es enviado el profeta Jonás, quien, muy a su pesar, va a anunciar el mensaje que Dios le ha dado:”Dentro de cuarenta días, Nínive será destruída”.Los ninivitas escucharon el mensaje y reacionaron ante tal anuncio:
· “Aquí está uno que es más que Jonás”Los contemporáneos de Jesús, exigen pruebas apoteósicas para aceptar su mensaje. Jesús se resiste a ello, apelando a la malicia de sus corazones :”Esta generación perversa pide un signo, pero no se le dará mas signo que el de Jonás”…Los ninivitas creyeron y se convirtieron, los judíos contemporáneos de Jesús, no lo aceptan, sólo quieren ver sus milagros. Jesús les recuerda que él está por encima de todo y apela a la sabiduría de Salomón a quien la reina de Saba vino para conocerlo, también está por encima del profeta Jonás, que expulsado del vientre del cetáceo, no es más que un signo de la resurrección de Cristo: El Hijo del Hombre, también estará tres días y tres noches en el seno de la tierra (Mt 12,40) . Estamos preparándonos para la Pascua ¿Creemos verdaderamente en Cristo?. ¿Creemos que verdaderamente resucitó y nos trajo la nueva vida?, ¿Creemos que resucitaremos con Él? Como los ninivitas convirtámonos, preparémonos para la Pascua, vayamos al encuentro con el Resucitado, resucitemos con Él. “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá” I. Contemplamos la PalabraLectura del libro de Ester 14,1.3-5.12-14: En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor y rezó así al Señor, Dios de Israel: «Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro. Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido. Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos. Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices. A nosotros, líbranos con tu mano; y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo sabes todo.»Sal 137,1-2a.2bc.3.7c-8 R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor Te doy gracias, Señor, de todo corazón;delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R/. Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R/. Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R/. Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,7-12: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden! En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.»II. Oramos con la PalabraCRISTO, siguiendo tu consejo, le pido al Padre que me dé la fe, la amistad divina que nada ni nadie me pueda arrebatar, el poder tratar a los demás como quiero que ellos me traten. ¡Apoya ante el Padre mi oración, pues pido con fe y en tu nombre lo que necesito para ser cristiano!
III. Compartimos la PalabraSe ha dicho que orar y la oración no es monopolio de los cristianos y será cierto, pero que Jesús oraba y que nos habló de su necesidad, enseñándonos a hacerla, es innegable. Hoy la Primera Lectura nos pone el modelo de una bella oración de la Reina Ester. Y, en el Evangelio, Jesús nos urge a practicarla y a creer en su eficacia.· Oración y acciónParafraseando a Santa Teresa cuando decía que “el amante en todas partes ama”, hay que empezar diciendo que el orante en todas partes ora. Esto no significa que quien ora se desentienda de sus obligaciones como persona, pidiendo la solución de los problemas a Dios, sino que se pide a Dios todo lo que se necesita, aunque trabajando y procurando su solución como si todo dependiera sólo de nosotros. Entre la oración y la acción tendría que existir perfecta armonía. Tener espacios para orar, como Jesús cuando se retiraba a la montaña o a algún sitio solitario para ponerse en contacto con su Padre; y espacios para trabajar y desempeñar con eficacia nuestras obligaciones personales, familiares, sociales y profesionales. Y todo con equilibrio, paz y armonía.· Oración de petición“Vosotros, cuando oréis decid: Padre” (Lc 11,2). Esta es la clave. Oramos y pedimos porque Dios es nuestro Padre. “Y si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues, si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden?”¿Y qué hay que pedir? Como hijos y en cuanto hijos, todo; todo lo que necesitamos. Pero guardando las formas. No podemos pedir a nuestro Padre Dios que resuelva los problemas que tenemos que solventar nosotros. No podemos intentar “seducir” a Dios, por más Padre que sea, para que cambie sus planes y nos conceda nuestros deseos. Todo lo contrario, oramos y pedimos cambiar nosotros para que nos conceda sus deseos, los suyos. Como él nos enseñó, pedimos que “se haga tu voluntad”, no la nuestra, sabedores que en esa voluntad suya está todo lo mejor para nosotros. Le pedimos a él, no pedimos cosas. Y, al llamarle “Padre nuestro”, no “mío”, implícitamente pedimos por nosotros y por todos nuestros hermanos. · Eficacia de la oraciónLas palabras del Señor hoy no pueden ser más rotundas: “Pedid, buscad, llamad, y se os dará, encontraréis y se os abrirá”. Y esto porque Dios es más y mejor Padre que cualquiera de los de aquí abajo. De ahí su promesa de darnos, si lo pedimos con sinceridad, “cosas buenas” y “el Espíritu Santo”. Pero, si nuestra oración no es “verdadera”, es decir, si es egoísta o, por la razón que sea, equivocada, no puede ser eficaz, y, pensando en nosotros y en los demás, mejor que no lo sea.Buen momento la Cuaresma, el desierto, para reflexionar sobre la oración, sobre la confianza con la que oramos, y, muy en particular, sobre el agradecimiento que mostramos a nuestro Padre Dios, al hacerla, y el compromiso que adquirimos por habernos encontrado con Dios. Lo demás, aunque importante, no es decisivo, porque “ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (Mt 6,33). "Vete primero a reconciliarte con tu hermano". I. Contemplamos la PalabraPrimera lectura: Libro de Ezequiel 18,21-28 “Así dice el Señor Dios: Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor-, y no que se convierta de su conducta y que viva? Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando las abominaciones del malvado, ¿vivirá acaso?; no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió, morirá. Comentáis: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá”. Sal 129,1-2.3-4.5-7a.7bc-8 R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. R/. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. R/. Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R/. Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,20-26 “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama renegado, merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto”. II. Oramos con la PalabraCRISTO, es tan serio el perdón y la reconciliación, que es lo único que comentas del Padrenuestro. Dame la humildad para pedir perdón cuando he hecho algún mal a otro, y el amor para reconciliarme con quienes tienen algo contra mí. La reconciliación es el clima habitual de quienes queremos ser discípulos tuyos.
III. Compartimos la Palabra· La conversión es siempre posibleEl profeta Ezequiel, sacerdote del templo de Jerusalén, que ve a su pueblo desterrado a causa de la infidelidad a su Dios, les amonesta a la conversión personal. “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta viva”.Cada día celebramos en el altar el memorial vivo y perenne de la Pasión y muerte de Jesucristo, testimonio supremo de su amor a los hombres, y fuente inagotable de vida sobrenatural, que eso es la Eucaristía: sacrificio y comunión. “Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis mandamientos, ciertamente vivirá”. Estamos a tiempo. Clamemos con el salmista: “Desde lo hondo a ti grito, Señor, escucha mi voz. Porque si llevas cuenta de los delitos, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, porque tienes misericordia”. · La reconciliación, condición indispensable.No nos hagamos ilusiones, no basta clamar a Dios, ofrecerle culto: antes está el precepto del amor. Ya lo dijo un maestro de la Ley: “Amar a Dios y al prójimo es antes que todos los sacrificios y holocaustos” (Mc. 12, 33). Jesucristo, con la autoridad con que enseñaba explica el alcance del precepto “No matarás”. Y os digo: “Todo el que esté peleado con su hermano, será procesado. Antes de presentar tu ofrenda ante el altar, vete a reconciliarte con tu hermano, y después, vuelve a presentar tu ofrenda”.El amor a los hermanos, hecho unión, servicio, perdón, es lo que tenemos que potenciar en nuestra familia y en las relaciones con los demás, que eso lo exige la conversión a la que nos invita este tiempo cuaresmal. “Todo es gracia” I. Contemplamos la PalabraLectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16 En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre." »Sal 88 R. Su linaje será perpetuo. Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R. Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.» R. Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. R. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22 Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: Maria, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor. II. Oramos con la PalabraJESÚS, quiero acompañarte y estar contigo al lado de José, el esposo de tu Madre, el buen padre para ti. Y pedirle que me enseñe como te enseñó a ti. Y rogarle que ayude a los seminaristas y aspirantes al sacerdocio a parecerse más a ti. Y suplicar que ayude a los padres de familia a educar a sus hijos, que también lo son de Dios. Y poner a toda la Iglesia, y de modo especial a los moribundos, en manos de su Patrono celestial.
III. Compartimos la PalabraNuestra comunidad celebra especialmente la festividad de hoy, pues es San José. Vivimos en la ciudad de Valencia y aunque en la actualidad no todos residimos en ella sí que conocemos bien las fiestas que aquí se celebran, las Fallas. Les aseguro que siempre hemos disfrutado juntos de ellas y que han sido muy importantes en nuestras biografías. Pero además tenemos también otros motivos que nos llenan de alegría, como es poder reflexionar uno de los pocos textos evangélicos en los que aparece la figura de José de Nazaret.El texto de Mateo no es mucho lo que nos dice acerca de él, sin embargo, los detalles que nos brinda nos han parecido preciosos. Pues de José se dice que era una persona justa, que soñaba, que escuchó el mensaje que venía de parte de Dios y que se atrevió a ponerlo en práctica. No está nada mal el retrato que se ofrece de este hombre, ¿verdad? Intentando ir un poco más allá, hemos buscado aquello a lo que el texto puede apuntar y que podríamos poner en marcha en nuestras vidas tanto personales, comunitarias como también eclesiales. Así que la Palabra de hoy nos ha hecho caer en la cuenta de algunas actitudes que queremos rescatar para esta Cuaresma. La primera de ellas es encontrarnos con José de Nazaret como un ser humano “justo”. Parece que la noticia de que su prometida María esperaba un hijo le hizo iniciar un hondo discernimiento. La situación no se presentaba sencilla. Por un lado estaba la Ley, que regía su vida judía. Así que si cumplía sus rígidos preceptos, debía repudiar a María. Eso hubiera supuesto el dejar a la mujer que amaba en un estado de vulnerabilidad total frente a su sociedad. Por otro lado, no quiso ejercer el poder que le otorgaba la Ley, se dejó vencer por los sentimientos hacia María. A José de Nazaret le pudo el amor y decidió “repudiarla en secreto”. Esta decisión dolorosa y traumática muestra la relación profunda que debió darse entre estos dos jóvenes, María y José. La segunda pincelada que queremos rescatar es la de “soñador”. José de Nazaret viene de una estirpe en la que ya a otros Dios se les había revelado a través de ese estado, como le sucedió a José –que supo interpretar los sueños de otros – y a Jacob –que en medio del sueño luchó contra Dios–. Nos ha parecido el sueño un medio muy sugerente para poder dejar un espacio por donde la divinidad pueda colarse y manifiestar sus proyectos hacia nosotros/as. Estamos tércamente convencidos de que los sueños manifiestan lo que somos y en ellos la Sabiruría nos muestra sus propuestas.La última es la de su capacidad para la “escucha” y su atrevimiento al ponerla en práctica. No nos resulta siempre sencillo escuchar. A veces no invertimos el tiempo necesario para hacerlo atentamente, ni a los otros ni tampoco a Dios. Simplemente, estamos en otras voces que parecen tener más autoridad. De ahí que nos siga sorprendiendo cómo José de Nazaret se atrevió a tomar una decisión que “complicaría” tanto su vida. Nos encantaría saber que la justicia, los sueños, la escucha atenta y el atrevimiento están cerca de nuestras vidas y de nuestras instituciones eclesiales. Pues también en esta festividad se celebra el día del Seminario. Acontecimiento que nos hace reflexionar acerca del largo camino que nos queda aún para lograr sueños en los que se reconozca la plenitud de las mujeres, que se escuche su vergonzosa minoridad y que se den pasos atrevidos para lograr su derecho a recibir los siete sacramentos, en lugar de quedar fuera de los órganos de gobierno, en nombre de una menor capacidad sacramental. Para felicitarles queremos compartir esta imagen-predicadora del pintor dominico Juan Bautista Maíno (Pastrana 1581-Madrid 1649) en la que aparece una figura de José de Nazaret poco común: está “comiéndose” a besos a su hijo recién nacido, al Salvador. Imagen extraida de: Alicia Pérez Tripiana y Maria Ángeles Sobrino López, Jesús en el Museo del Prado. PPC, Madrid 2009. |
Escuela de Ministerios y Diaconado Permanente "Pablo VI" y Diáconos Permanentes de la Diócesis de San Justo, provincia de Buenos Aires, Argentina. Noticias, comentarios, recursos e informaciones varias del quehacer pastoral.
domingo, 13 de marzo de 2011
Evengelio de la semana y meditación para las homilias
lunes, 7 de marzo de 2011
Renovar en esta cuaresma la gracia recibida en el bautismo
Renovar en esta cuaresma la gracia recibida en el bautismo
CIUDAD DEL VATICANO, FEBRERO 2011
Se ha publicado el Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2011. El texto, fechado el 4 de noviembre de 2010, lleva por título la siguiente afirmación de San Pablo en su Carta a los Colosenses: "Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado". Siguen extractos del documento.
"El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia "los mismos sentimientos que Cristo Jesús" (Flp 2,5) se comunica al hombre gratuitamente".
"El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo".
"Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. (...) En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo. (...) Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia".
"Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor -la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico-, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él".
"El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos "del agua y del Espíritu Santo", y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos".
"Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la "tierra", que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. (...) Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo".
"El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa -y no sólo de lo superfluo- aprendemos a apartar la mirada de nuestro "yo", para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo".
"En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida".
"La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia".
"En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración. (...) La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que "sus palabras no pasarán" (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que "nadie podrá quitarnos" (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna".
"El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo".
"Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico".
CIUDAD DEL VATICANO, FEBRERO 2011
Se ha publicado el Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2011. El texto, fechado el 4 de noviembre de 2010, lleva por título la siguiente afirmación de San Pablo en su Carta a los Colosenses: "Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado". Siguen extractos del documento.
"El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia "los mismos sentimientos que Cristo Jesús" (Flp 2,5) se comunica al hombre gratuitamente".
"El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo".
"Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. (...) En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo. (...) Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia".
"Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor -la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico-, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él".
"El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos "del agua y del Espíritu Santo", y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos".
"Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la "tierra", que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. (...) Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo".
"El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa -y no sólo de lo superfluo- aprendemos a apartar la mirada de nuestro "yo", para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo".
"En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida".
"La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia".
"En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración. (...) La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que "sus palabras no pasarán" (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que "nadie podrá quitarnos" (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna".
"El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo".
"Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico".
viernes, 25 de febrero de 2011
¿Tiene la persona una meta en la vida?
La meta de la persona: conocer y amar a Dios
¿Tiene la persona una meta en la vida?
Ser persona es estar capacitado del amor divino para amar.
¿Qué es la persona? ¿De dónde viene y hacia dónde va? ¿Tiene la persona una meta en la vida? Pero, ¿qué es ser persona? La persona es una unidad, un compuesto formado de alma y cuerpo, por esto la persona es un ser espiritual. Lo que determina a un ser que es persona (Dios, los ángeles, los hombres) es la permanencia de su vida en sí mismo y por sí mismo, por medio del espíritu que es quien lo sostiene. Por lo tanto, ser persona es ser espiritual.
Todas las personas somos espirituales porque el espíritu es la sustancia, el elemento que nos sostiene en la vida, en el vivir. La persona es un espíritu encarnado en un cuerpo único e irrepetible. Que la persona sea un ser espiritual quiere decir, amigo, que tú puedes elegir y actuar libremente. Imagínate, los animales no pueden hacer esto, por eso los animales no tienen ninguna naturaleza o principio espiritual. El ser de naturaleza espiritual es un bien dado por Dios que sólo corresponde al hombre. Sólo la persona tiene la facultad de conocer a Dios por sí mismo y por lo tanto de amarle. El hombre es una persona corporal hecha para conocer y amar.(1) La meta pues de la persona humana es conocer y amar a Dios.
La persona es el único ser de la creación que sabe que es un ser libre, un ser inteligente, un ser que puede hacer cosas. Esa libertad tiene que ayudarlo a perseguir su propio bien, su realización en el amor. Ser persona es estar capacitado del amor divino para amar, es descubrir que no sólo se es biología e instinto, es descubrir que se está hecho para vivir en comunión con lo divino hasta llegar a la plenitud de la gloria.
Querido lector, realmente sólo la persona ama y puede conocer y amar a Dios. Sin embargo, para que esto suceda se requiere que sea ella misma desde su libertad individual y busque ese bien, esa comunión y ese amor.
Tomás de Aquino, gran pensador católico del siglo XVII, entiende a la persona como “subsistente espiritual”. La persona es lo más noble y digno que existe en la naturaleza. Cuando el niño, el joven, el adulto es iluminado por esta verdad se encuentra a sí mismo con que es verdaderamente superior. Se encuentra que por ser de naturaleza espiritual, noble y digna está llamado a vivir una vida llena de valor y de plenitud, una vida llena de sentido, una vida que le lleve a expresar: ¡he sido creado para el bien! Pero hay todavía más, así como Dios se ha dado a sí mismo creándote a ti y a mí, así tú y yo podemos darnos a Dios y a los otros amando y haciendo el bien.
Por eso es importante saber que ser persona quiere decir que tú y yo somos un ser de amor. El amor es el poder, la naturaleza de Dios. Como cada uno es hecho a su imagen y semejanza no estaremos completos o seremos perfectos hasta dejar que el espíritu del amor gobierne en nuestro corazón y empuje nuestra existencia a vivirse consciente y apasionadamente persona. Persona masculina y persona femenina: dos modos de la persona de ser en el mundo para dar Gloria a Dios.
¿Tiene la persona una meta en la vida?
Ser persona es estar capacitado del amor divino para amar.
¿Qué es la persona? ¿De dónde viene y hacia dónde va? ¿Tiene la persona una meta en la vida? Pero, ¿qué es ser persona? La persona es una unidad, un compuesto formado de alma y cuerpo, por esto la persona es un ser espiritual. Lo que determina a un ser que es persona (Dios, los ángeles, los hombres) es la permanencia de su vida en sí mismo y por sí mismo, por medio del espíritu que es quien lo sostiene. Por lo tanto, ser persona es ser espiritual.
Todas las personas somos espirituales porque el espíritu es la sustancia, el elemento que nos sostiene en la vida, en el vivir. La persona es un espíritu encarnado en un cuerpo único e irrepetible. Que la persona sea un ser espiritual quiere decir, amigo, que tú puedes elegir y actuar libremente. Imagínate, los animales no pueden hacer esto, por eso los animales no tienen ninguna naturaleza o principio espiritual. El ser de naturaleza espiritual es un bien dado por Dios que sólo corresponde al hombre. Sólo la persona tiene la facultad de conocer a Dios por sí mismo y por lo tanto de amarle. El hombre es una persona corporal hecha para conocer y amar.(1) La meta pues de la persona humana es conocer y amar a Dios.
La persona es el único ser de la creación que sabe que es un ser libre, un ser inteligente, un ser que puede hacer cosas. Esa libertad tiene que ayudarlo a perseguir su propio bien, su realización en el amor. Ser persona es estar capacitado del amor divino para amar, es descubrir que no sólo se es biología e instinto, es descubrir que se está hecho para vivir en comunión con lo divino hasta llegar a la plenitud de la gloria.
Querido lector, realmente sólo la persona ama y puede conocer y amar a Dios. Sin embargo, para que esto suceda se requiere que sea ella misma desde su libertad individual y busque ese bien, esa comunión y ese amor.
Tomás de Aquino, gran pensador católico del siglo XVII, entiende a la persona como “subsistente espiritual”. La persona es lo más noble y digno que existe en la naturaleza. Cuando el niño, el joven, el adulto es iluminado por esta verdad se encuentra a sí mismo con que es verdaderamente superior. Se encuentra que por ser de naturaleza espiritual, noble y digna está llamado a vivir una vida llena de valor y de plenitud, una vida llena de sentido, una vida que le lleve a expresar: ¡he sido creado para el bien! Pero hay todavía más, así como Dios se ha dado a sí mismo creándote a ti y a mí, así tú y yo podemos darnos a Dios y a los otros amando y haciendo el bien.
Por eso es importante saber que ser persona quiere decir que tú y yo somos un ser de amor. El amor es el poder, la naturaleza de Dios. Como cada uno es hecho a su imagen y semejanza no estaremos completos o seremos perfectos hasta dejar que el espíritu del amor gobierne en nuestro corazón y empuje nuestra existencia a vivirse consciente y apasionadamente persona. Persona masculina y persona femenina: dos modos de la persona de ser en el mundo para dar Gloria a Dios.
miércoles, 23 de febrero de 2011
¡Ser Discípulos! Aprende a defender tu fe.
¡Ser Discípulos! Aprende a defender tu fe.
| Un Dios castigador Y Él les dijo: “¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Simón Pedro contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Autor: André Manaranche | Fuente: Libro preguntas jóvenes a la vieja fe. | |
Boletín ¡Ser discípulos! Aprende a defender tu fe Tema: Preguntas jóvenes Fuente: Libro preguntas jóvenes a la vieja fe. Autor André Manaranche, I. TUS PREGUNTAS SOBRE DIOS ¿UN DIOS CASTIGADOR? Esta es la pregunta que me planteas: «¿Cómo se puede decir que el Sida es un castigo de Dios, cuando hay niños totalmente inocentes que mueren por culpa de esta terrible enfermedad?». Siempre es lo mismo: un Dios-explicación de una plaga contemporánea. En primer lugar, debo confiarte que estos dos últimos años ayudé a bien morir, en un hospital de París, a dos jóvenes amigos, afectados por el Sida: Frank, muerto el 18 de mayo de 1988, a los 22 años, y Martín, muerto el 22 de enero de 1988, a los 29 años de edad. También debo decirte que Martín, pensando en su caso personal, me había planteado tu misma pregunta. Evidentemente, no le traté como un maldito de Dios, sino como el hijo querido del Abba, nuestro Padre del cielo, y así, poco a poco, le fui convenciendo. Comprenderás que, si el mismo Dios hubiese enviado desde lo alto del cielo este virus terrible, para castigar a la gente, no nos iba a pedir que amásemos a los afectados en su nombre. ¡Al menos que estuviese arrepentido y quisiese reparar un mal del que se avergonzase! ¡Seamos lógicos! En ese caso no nos habría dicho: «amaros los unos a los otros», sino «apartaos de los sidosos, están malditos...». Mi actitud contigo no será diferente a la que mantuve con mis amigos, que en paz descansen, aunque mi respuesta tratará de ser más reflexiva y profunda. ¿Quién plantea esta pregunta? Permíteme, en primer lugar, preguntarte con qué actitud planteas esta pregunta. Porque hay dos formas de reaccionar. Por un lado está, sin duda, tu reacción, que traduce una perplejidad o, incluso, un escándalo doloroso. Y por otro lado, la del «deshacedor de entuertos», que muestra su alegría, constatando que -¡por fin!- Dios defiende su causa, sanciona enérgicamente el mal, y detiene la decadencia creando esta terrible pero benéfica disuasión. ¡Ya iba siendo hora! ¡El principio de la sabiduría es el miedo del policía... Y de la enfermedad mortal! Además, la amenaza comienza ya a dar sus frutos: aunque la permisividad moral continúe, ya no se muestra tan triunfante. A lo que algunos, más pesimistas, añaden: «es cierto, pero llega demasiado tarde; la Virgen predijo la inminencia de la catástrofe y la hora ha llegado; preparémonos para el Apocalipsis». Ten en cuenta, además, que no es raro encontrarse con esta actitud. Después de escribir un artículo en «Familia cristiana», para restablecer la verdad, es decir, la bondad de Dios, recibí una carta indignadísima de un lector, reprochándome el haber desfigurado el verdadero rostro de Dios y haber apoyado la inmoralidad. Le respondí preguntándole sencillamente si, cuando comulgaba, recibía en la hostia el cuerpo de un .verdugo de los demás... Y el episodio me hizo recordar un pasaje de la película «Señor Vicente». Unas señoras de la alta sociedad, a las que San Vicente Paul había invitado a acoger a unos niños abandonados, le responden indignadas: «¡Dios no quiere que vivan; son los hijos del pecado!». A lo que el santo, muy serio, replicó: «Señoras, cuando Dios quiere que alguien muera por el pecado, envía a su propio hijo». ¡Qué respuesta! ¿Qué dice la Escritura? Y, sin embargo, la idea de un Dios castigador, que a ti y a mí nos aterroriza, puede basarse en argumentos bíblicos nada despreciables. Es verdad que, desde el primer pecado (Génesis 3,14-19) hasta los de hoy (Romanos 1,18-32), el Señor castiga la rebeldía con penas diversas, de las que la peor es la muerte. Su palabra anuncia el juicio: «por haber hecho esto..., ¡OH hombre!..., te pasará esto.» De esta forma enérgica fue tratado el pueblo de Dios, cuando se mostraba infiel, por los profetas. Así, en tiempo de los Jueces, el pueblo puede elegir entre la zanahoria o el palo. Además, en la Biblia, Dios no se contenta con dejar que el pecado dé su propio fruto automáticamente (es lo que se llama la «justicia inmanente»), sino que infringe el castigo en persona. Pero esta táctica divina del golpe por golpe puede que funcione a nivel colectivo, pero no a nivel individual. En este segundo nivel, lejos de sancionar inmediatamente al malo, a menudo Dios le deja prosperar y pavonearse en un lujo insolente. Ya tiene papada y, mientras sigue engordando (Salmo 73,6-7), se burla de un cielo que parece sordo, ciego y manco (versículos 10-11). En cambio, el justo soporta toda clase de calamidades... ¡Realmente la justicia divina escandaliza y confunde! Es el mundo al revés. Algo de eso vivió el pobre Job ahogado por las desgracias, mientras sus amigos intentaban hacerle confesar un pecado secreto que justificase sus males. ¡Y Yahvé se contentaba con mandarle guardar silencio! En la misma época, los profetas se ponen a proclamar que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que viva (Ezequiel 18,23). Sin aflojar su exigencia, Yahvé se muestra dispuesto al perdón y multiplica sus llamadas al arrepentimiento. El tono va cambiando: se acercan los nuevos tiempos. El Evangelio confirma esta oferta de misericordia. Puesto en presencia del ciego de nacimiento, Jesús rechaza categóricamente la idea de un castigo personal o familiar (Juan 9,1-3). Asimismo, al hablar de la torre de Siloé, que había sepultado bajo sus escombros a dieciocho personas, evita poner en relación directa la catástrofe con un eventual pecado cometido por las victimas (Lucas 13, 4-5). Además, el Padre celestial no mira la buena o mala conciencia de los campesinos para sobre sus tierras el sol y la lluvia. En efecto, calienta y riega indistintamente a justos y pecadores sin que las nubes salten las tierras de los malos para castigarles por sus pecados también nosotros hemos de hacer lo mismo y saludar a nuestros enemigos como si fuesen amigos. A la inversa, el Señor no cura a todos los enfermos, y cuando cura a algunos, no se trata de una recompensa, sino de un signo, y los que no son librados de su enfermedad no pueden tomárselo como un castigo. ¡Aléjate, pues, de este simplísimo que te proporciona débiles explicaciones! ¿Y el Sida? Volvamos al Sida. Aunque a menudo vaya unido a la homosexualidad (sobre todo el principio) o la toxicomanía (por el uso de jeringuillas contaminadas), esta terrible enfermedad se transmite también por otras causas. Por ejemplo por una simple transfusión sanguínea. El personal hospitalario se arriesga permanentemente a un accidente, a pesar de las precauciones tomadas. No debes pues establecer una relación directa entre el Sida y la inmoralidad. Por otra parte, guardándote muy mucho de imaginar un Dios vengador, entregando una especie de querrá bacteriológica contra los impuros, como los rusos en Afganistán. El Sida muestra simplemente que el hombre no puede jugar con su humanidad de una manera insensata, contraviniendo la sabiduría inscrita en la naturaleza. No se puede hacer el amor de forma cualquiera. ¡No se maltratan impunemente las mucosas ni los sentimientos! Desgracia también para los poderes públicos que, bajo el pretexto de acabar por todos los medios con esta grave amenaza, no consiguiesen más que amentar y legalizar la permisividad banalizando la distribución de preservativos. La urgencia a corto plazo no debe hacemos olvidar el problema de fondo, que no es sólo un asunto de la Iglesia, a la que, por otra parte, se acusa de intolerancia y se ridiculiza. El asunto no es nuevo. En todas las épocas, más menos turbulentas, algunos creyentes predijeron catástrofes o atribuyeron una catástrofe presente al pecado social del momento. ¡Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos predicadores presentaron la derrota de Francia como un castigo por su laicismo! No interpretes a tu gusto los acontecimientos de este mundo, atribuyéndolos a los designios del cielo. En ese caso estarás proyectando sobre Dios tus terrores y tus violencias. Es verdad que el Sida es una tremenda amenaza ante la que no se pueden cerrar los ojos, ya que su presencia es cada vez más evidente. Se comprende también que algunos vean un juicio de Dios en una plaga de una amplitud galopante. Pero sería totalmente erróneo buscar en el Sida el horóscopo divino. Lo que Dios quiere de ti es que te armes con el coraje de la pureza y de la caridad. ¡No busques en otra parte! (1: A mediados del siglo XVI, un teólogo flamenco, Miguel Bayo, defendió que todo sufrimiento humano era el castigo del pecado original o de los pecados personales. Concluyó, además, que la Virgen Maria no era inmaculada, por lo mucho que había sufrido durante su vida, y que incluso había pecado como todo el mundo. ¡Ya ves a donde conducen las teorías! el Papa San Pío V condenó este error en 1567. Mucho antes, San Agustín había dicho que el sufrimiento funciona como un remedio más que como un castigo). |
domingo, 20 de febrero de 2011
El verdadero cambio necesario que sí precisa la Iglesia
| El verdadero cambio necesario que sí precisa la Iglesia Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comunión eclesial, autenticidad, lealtad, conversión y pasión por Jesucristo, por su Iglesia y por la misión evangelizadora a favor de la humanidad Autor: Editorial Ecclesia | Fuente: www.revistaecclesia.com | |
El pasado 3 de febrero un grupo de 144 teólogos alemanes, austriacos y suizos -un tercio de su actual totalidad en ejercicio- hicieron público un memorandum titulado «Iglesia 2011: Un cambio necesario Necesidad de avanzar hacia un nuevo comienzo». La supresión del celibato sacerdotal, el acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial, una mayor participación de los laicos y procesos más democráticos en las elecciones episcopales son los reclamos principales del mismo. En España, tres antiguos profesores de Teología han encabezado asimismo una campaña de recogida de firmas de adhesión al manifiesto. ¿Es este el verdadero cambio que necesita nuestra Iglesia? ¿Nuestra propia identidad cristiana y eclesial y los problemas y limitaciones pastorales con que topamos hoy día y hasta nuestros mismos pecados pasados o presentes demandan en realidad abordar cuestiones de esta naturaleza? ¿Con medidas similares han conseguido otras Iglesias y confesiones cristianas revitalizar, redinamizar y fertilizar sus comunidades o, al contrario, han sido sumidas todavía más en la crisis y en las crisis? ¿Siguiendo estas propuestas -no todas de la misma envergadura y cualificación-, seríamos más fieles al Evangelio y prestaríamos mejor servicio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? Creemos sincera, humilde y firmemente que no. En referencia a la supuesta posibilidad y conveniencia del sacerdocio femenino, la Iglesia -repite paciente y fundamentadamente el magisterio papal de las últimas décadas- no puede dar lo que no tiene y a lo que no está legitimada. Las razones del celibato sacerdotal, de carácter disciplinar, sí, y también de amplio respaldo y cobertura espiritual, pastoral y doctrinal -al menos en cuanto a imitación y seguimiento de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y de cuyo sacerdocio participan los sacerdotes ministeriales-, son muy poderosas, fecundas y válidas. Y la mayor y mejor participación de los laicos en la vida de la Iglesia no puede ser jamás cuestión de aspiraciones en lograr simplemente por lograr poderes humanos o influencias sociales, en fomentar grupos de presión, en alcanzar cuotas estadísticas y en seguir meros eslóganes publicitarios. Y por lo respecta a los procesos de los nombramientos de los obispos, bueno será recordar que estos nunca se producen sin una amplia y detenida consulta intraeclesial, que obviamente en ningún lugar está escrito que no pueda ser de otra manera ni aún mayor o también menor a tenor de las circunstancias. El verdadero cambio necesario que urge nuestra Iglesia pasa siempre y también ahora por el reto de la santidad, de la fidelidad, de la comunión, de la constante renovación espiritual y del ardor evangelizador. El verdadero cambio necesario es vivir de la Palabra de Dios, que encuentra en la Iglesia -como recordó días atrás en el Congreso sobre la Biblia de la CEE el teólogo y arzobispo Ladaria- el único ámbito adecuado para su interpretación como Palabra actual de Dios. El verdadero cambio que necesitamos es el del desapego iluminado desde la fe y desde la independencia ideológica ante las consignas y reclamos de la moda y de lo política, social o culturalmente correcto, que aunque pueda conllevar renuncias, son, en realidad, ofrendas libres, generosas y en positivo por la auténtica causa del Reino. Claro que hay que escuchar y discernir los signos de los tiempos. Claro que siempre es bueno el diálogo y el encuentro. Y estos mismos signos de los tiempos y desde el diálogo y el encuentro precisos lo que se reclama de nosotros los cristianos, de nosotros miembros de la Iglesia, no son posturas acomodaticias ni posicionamientos ideologizados y trasplantados desde fuera. No son viejas y superadas polémicas, ni nuevas o larvadas divisiones o disensiones. No son posiciones lejanas y hasta contrarias al magisterio eclesial, sino todo lo contrario. En medio de estos presentes tiempos recios de increencia y secularización, lo que reclaman los signos de los tiempos no es que nosotros también nos secularicemos y presentemos, vivamos y transmitamos un Evangelio «light» o bajo en calorías para así, supuestamente -solo supuestamente- hacerlo más atractivo y simpático, porque si la sal se vuelve sosa... Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comunión eclesial, autenticidad, lealtad, conversión y pasión por Jesucristo, por su Iglesia y por la misión evangelizadora a favor de la humanidad. Es, en suma, ser más de Dios, del Dios de Jesucristo, para así ser más y mejor de y para los hombres nuestros hermanos. |
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Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria 7ma. semana T.O.
Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Séptima semana del Tiempo Ordinario Del 21/2/2011 al 26/2/2011 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
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La segunda pincelada que queremos rescatar es la de “soñador”. José de Nazaret viene de una estirpe en la que ya a otros Dios se les había revelado a través de ese estado, como le sucedió a José –que supo interpretar los sueños de otros – y a Jacob –que en medio del sueño luchó contra Dios–. Nos ha parecido el sueño un medio muy sugerente para poder dejar un espacio por donde la divinidad pueda colarse y manifiestar sus proyectos hacia nosotros/as. Estamos tércamente convencidos de que los sueños manifiestan lo que somos y en ellos la Sabiruría nos muestra sus propuestas.











